06 julio, 2026

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«Es necesario que nos formemos para responder con fidelidad a los desafíos de nuestro tiempo»

El padre Héctor Oswaldo Salinas es párroco además de juez en la diócesis de Santo Domingo (Ecuador). Su experiencia como sacerdote le dice que para responder a los grandes retos de hoy urge una buena y excelente formación, a la vez que un espíritu lleno de caridad para poder conocer a aquel a quien tienen que servir

«Es necesario que nos formemos para responder con fidelidad a los desafíos de nuestro tiempo»

Si algo caracteriza a los sacerdotes de hoy es que apenas tienen un minuto libre. Ante la caída de las vocaciones los sacerdotes deben multiplicarse para atender con fidelidad esa hambre de Dios que hay en el mundo, lo que provoca que muchos de ellos tengan varios cargos pastorales simultáneamente y todos ellos repletos de grandes responsabilidades.

Es lo que ocurre en este caso con el sacerdote Héctor Oswaldo Salinas Calva, presbítero de la diócesis ecuatoriana de Santo Domingo, un obispado relativamente reciente, pues esta diócesis fue erigida por Roma en 1996. No falta trabajo en este territorio, pues en él viven casi 900.000 personas de las que más del 80 % son católicas.  Con una superficie similar a la de la Comunidad de Madrid, la Iglesia católica cuenta con poco más de 50 sacerdotes diocesanos y una veintena de religiosos, lo cual convierte la labor de estos sacerdotes en una abnegada misión.

De hecho, en estos momentos el padre Héctor es párroco de la Santísima Trinidad en la ciudad de Santo Domingo, a la vez que juez eclesiástico como defensor del vínculo para las causas matrimoniales y notario para las causas penales, una formación específica que recibió en España, cuando su obispo le envío a Pamplona a estudiar la licenciatura en Derecho Canónico en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.

Su etapa como estudiante en Pamplona

De su etapa de tres años en Pamplona no sólo se llevó conocimientos de Derecho que pone en juego cada día en la curia, sino también unas enseñanzas transversales que van mucho más allá de lo meramente académico.

En esta entrevista con la Fundación CARF recuerda con cariño este tiempo en la Universidad de Navarra: «Me ayudó sobremanera a conocer mejor el ámbito eclesial y la misión de la Iglesia, pero en lo personal también se ha dado en mi un crecimiento espiritual y me ha ayudado a tener más claridad de la administración parroquial y el servicio social, concretamente a través de Cáritas».

Para mostrar la formación tan excelente que recibió en Derecho Canónico nos cuenta una anécdota que le ha ocurrido como juez eclesiástico, donde en uno de los casos en los que ha participado, una de las partes le pidió que, por favor, le sirviera como abogado defensor en una cuestión civil que tenía que resolver.

La vocación de sacerdote

El padre Héctor no tuvo una infancia religiosa ni cercana a la Iglesia, pero cuando conoció bien la Iglesia ya nunca quiso alejarse de ella. «Cuando cumplí la mayoría de edad comencé a asistir a la misa dominical e ingresé en el grupo juvenil de la parroquia y más tarde me hice catequista», comenta.

Fue, precisamente, en esas circunstancias donde nació en él su vocación sacerdotal. El involucrarse cada vez más en la pastoral de su parroquia le hacía a su vez intimar más en su relación con Dios, hasta que se despertó esa llamada «a servir y, de manera particular, a los más vulnerables», llamada a la que sigue respondiendo hoy.

Este sacerdote ecuatoriano se ordenó en 2010 y en estos más de quince años de experiencia pastoral tiene un aspecto muy claro: «no es suficiente la formación recibida en el seminario». En su opinión, «es necesario que los sacerdotes nos formemos con estudios superiores para responder de la mejor manera y con fidelidad a la doctrina a los desafíos de nuestro tiempo».

Pero no sólo cree que la clave esté únicamente en tener una formación superior, sino también en trabajar y en formarse para tener  un espíritu caritativo y cercano a los fieles, pues la mejor forma de poder ayudarles es «conocer de cerca sus necesidades espirituales y materiales».

Agradecimiento a la Fundación CARF

Por último, Héctor agradece “infinitamente” la labor de los benefactores, socios y amigos de la Fundación CARF por «su preocupación en beneficio de los sacerdotes para que nos formemos y podamos responder con fidelidad a la misión de la Iglesia».

La historia de Héctor es un ejemplo más de fidelidad y entrega a los demás, como la historia de Pedro Pablo. El documental que presentamos aquí es solo un ápice de la labor que estos sacerdotes hacen en sus diócesis.

🎥 Descubre cómo el compromiso de tantas personas genera vocaciones sacerdotales para todas las diócesis.

Fundación CARF

Trabajamos para llevar la sonrisa de Dios a todos los rincones del mundo a través de los sacerdotes y ayudando a su formación. Gracias a nuestros benefactores, ayudamos a la formación de los sacerdotes, difundimos su buen nombre y rezamos por su fidelidad y las vocaciones. Trabajamos para servir a la Iglesia y que ninguna vocación se pierda y luego ellos puedan transmitir en su labor pastoral toda la luz, ciencia y doctrina recibida. Académico Las licenciaturas, programas de especialización o doctorados, otorgan a cada candidato una formación específica en Teología, Filosofía, Derecho Canónico o Comunicación Social Institucional. Espiritual Los seminaristas y sacerdotes complementan su formación académica y humana con la espiritual, ya que deben estar preparados para seguir su vocación y prestar su cuerpo y su espíritu al Señor. Humano A través del ambiente de familia y de preparación, se consigue el desarrollo de actitudes, capacidades y valores que impactan en el crecimiento personal y social de los sacerdotes.