En un mundo en guerra, el Papa León XIV invita a aprender de Cristo y cargar la Cruz
Durante el Viernes Santo de 2026, el Pontífice preside la Pasión del Señor y recorre personalmente el Vía Crucis en el Coliseo, destacando la lógica del amor que no devuelve el mal
En un Viernes Santo marcado por la solemnidad y la actualidad de los conflictos globales, León XIV presidió dos momentos centrales de la liturgia: la Celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro y el tradicional Vía Crucis en el Coliseo de Roma. En ambos actos, el mensaje central giró en torno a la Cruz como camino de salvación y de no violencia en un mundo lacerado por el odio y las guerras.

La homilía: romper la cadena del mal
En la homilía de la Celebración de la Pasión del Señor, pronunciada por el padre Roberto Pasolini, predicador de la Casa Pontificia, se recordó cómo Jesús encarnó plenamente la figura del Siervo del Señor descrita por el profeta Isaías. El predicador franciscano subrayó que Cristo, “traspasado por nuestras culpas”, introdujo en la historia una lógica nueva: acoger el mal recibido sin devolverlo, transformando así su crucifixión en un acontecimiento de salvación.
“En las guerras, en las divisiones, en las heridas que marcan las relaciones, el mal sigue circulando porque siempre encuentra a alguien dispuesto a devolverlo y a multiplicarlo”, afirmó Pasolini. Frente a esta dinámica, la Cruz propone “una melodía nueva”: deponer las armas, incluso las pequeñas que dañan las relaciones cotidianas, y poner la vida al servicio de los demás. El predicador destacó que son “hombres y mujeres que recorren, a veces sin siquiera saberlo, el mismo camino del Siervo del Señor”, llevando cargas no elegidas y buscando el bien aunque parezca inútil.
El mensaje concluyó con una llamada clara: en una época “lacerada por el odio y la violencia”, los cristianos están invitados a acercarse “con plena confianza” a la Cruz, reconociéndola como el trono desde el cual se aprende a reinar sirviendo.

León XIV carga la Cruz en el Coliseo
Por la noche, en el Coliseo, más de 30.000 fieles acompañaron al Papa en su primer Vía Crucis como Pontífice. León XIV, siguiendo el ejemplo de san Juan Pablo II, cargó personalmente la Cruz durante las catorce estaciones, cinco dentro y nueve fuera del anfiteatro. Este gesto simbólico, realizado en un contexto de guerras y fracturas sociales, buscó mostrar que “Cristo aún sufre” y elevar los dolores de la humanidad en la oración.
Las meditaciones, preparadas por el padre Francesco Patton, fraile menor y excustodio de Tierra Santa, invitaron a encarnar la fe, la esperanza y la caridad en la vida real, frente al ruido y la indiferencia del mundo actual. Al finalizar cada estación, los fieles rezaron el Padre Nuestro y cantaron el Stabat Mater. La celebración concluyó con la Bendición Apostólica impartida por el Papa, quien cerró el acto con una oración de san Francisco de Asís que expresa abandono total en Dios y deseo de seguir las huellas de Cristo.
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