En Roma se ha celebrado el 300° aniversario de la canonización de San Estanislao Kostka
Con una peregrinación a pie desde Viena y una solemne Eucaristía en la iglesia de Sant’Andrea al Quirinale
Frente al Palacio del Quirinal se encuentra una perla del barroco romano, una de las obras maestras de Gian Lorenzo Bernini: la iglesia de Sant’Andrea al Quirinale. No todos saben que este templo dedicado al apóstol Andrés es también el lugar de culto de un joven santo polaco, san Estanislao Kostka. Aquí se encuentran su tumba, la capilla de san Estanislao Kostka y, en una habitación del adyacente exnoviciado de los jesuitas, una bellísima estatua del Santo realizada por Pierre Legros.
El 15 de septiembre, junto a la tumba de san Estanislao en la iglesia de Sant’Andrea al Quirinale, los peregrinos procedentes de Polonia que realizaron la peregrinación a pie tras las huellas de san Estanislao Kostka participaron en una Misa de acción de gracias por la peregrinación. La celebración estuvo presidida por el cardenal Gianfranco Ghirlanda; concelebraron monseñor Szymon Stułkowski, obispo de Płock (la diócesis de donde procedía el joven santo polaco), monseñor Adam Bab, obispo auxiliar de Lublin, y numerosos sacerdotes polacos. A la Misa también asistieron los embajadores de Polonia y Lituania ante la Santa Sede y la Soberana Orden Militar de Malta, Adam Kwiatkowski y Sigita Maslauskaitė-Mažylienė, así como un numeroso grupo de peregrinos.
Estanislao nació en 1550 en la propiedad familiar en Rostków (al norte de Varsovia) en el seno de una familia de la nobleza polaca. A la edad de catorce años, Estanislao fue enviado, junto con su hermano mayor Paweł y un tutor, a Viena para estudiar en el colegio de los jesuitas. Entre los años 1564 y 1567 permaneció en la capital austriaca dedicándose al estudio, profundizando en su vida espiritual y cultivando un deseo cada vez más fuerte de ingresar en la Compañía de Jesús. Dado que su padre se oponía por completo a este último proyecto, Estanislao abandonó en secreto Viena y, en el verano de 1567, llegó a Dillingen, en Baviera. En la ciudad bávara fue recibido por san Pedro Canisio, entonces provincial de los jesuitas alemanes, quien a finales de septiembre del mismo año lo envió a Roma con una carta de recomendación dirigida al padre general san Francisco de Borja. Estanislao fue uno de los primeros inquilinos de la casa del nuevo noviciado de los jesuitas junto a Sant’Andrea al Quirinale. Desgraciadamente, en el verano de 1568 contrajo probablemente la malaria y, tras una breve enfermedad, falleció en la noche entre el 14 y el 15 agosto a los 18 años de edad en la casa del noviciado junto a Sant’Andrea, donde también fue sepultado. En la capilla de san Estanislao Kostka, bajo el altar, se encuentra la urna de bronce dorado y lapislázuli que contiene los restos del santo, mientras que el lienzo situado sobre el altar, «Comunión de san Estanislao», es obra de Ludovico Mazzanti. Estanislao Kostka fue canonizado el 31 de diciembre de 1726 por el papa Benedicto XIII; es el patrono de los novicios y de los jóvenes.

La ocasión para las celebraciones y la iniciativa de la peregrinación fue precisamente el 300.° aniversario de la canonización de san Estanislao Kostka. La peregrinación se llevó a cabo en forma de relevos. En total, participaron 160 personas. La primera etapa, de Viena a Linz, partió el 4 de julio. «Queríamos recordar a san Estanislao ante el mundo y ante Europa», explicó monseñor Stułkowski, ideólogo de este viaje que atravesó Austria, Alemania e Italia.
En su homilía, el cardenal Ghirlanda subrayó que san Estanislao, procedente de una familia acomodada e influyente, «comprendió plenamente la vanidad de las cosas del mundo, en el sentido de que se desvanecen como la niebla, mientras que lo que permanece eternamente es la voluntad de Dios». De ahí deriva la actualidad de este santo polaco. «La sociedad pagana en la que actualmente vivimos —subrayó de nuevo el purpurado— es una continua tentación para todos nosotros, porque de muchas maneras nos seduce con su vanidad y el maligno, engañándonos, nos la presenta como algo consistente, como aquello que nos da la felicidad. San Estanislao nos enseña que debemos resistirnos a ella y permanecer fieles a Dios, aunque esto pueda acarrear la incomprensión de quienes nos rodean».
Durante la santa Misa, ante el altar se expusieron las reliquias de san Estanislao Kostka y de Carlo Acutis, que los peregrinos llevaron consigo en un maletín durante la peregrinación.

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