02 octubre, 2026

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El secreto mejor guardado de Dios para cambiar el mundo desde la cola del súper

¿Pensabas que la santidad era cosa de monjes en la cima de una montaña? Spoiler: se consigue lavando platos, respondiendo emails y riéndote de tus propias manías

El secreto mejor guardado de Dios para cambiar el mundo desde la cola del súper

El calendario eclesial nos regala este próximo 2 de octubre una de esas fechas que despiertan una sonrisa inmediata y una profunda cascada de esperanza: el aniversario de la fundación del Opus Dei, ocurrida en 1928 de la mano de san Josemaría Escrivá.

Lejos de ser una efeméride gris o de manual de historia, este día nos recuerda una revolución espiritual tan gorda que, casi un siglo después, sigue rompiendo esquemas. Imagínate la escena: un joven sacerdote ve de repente, con luces de Dios, que la santidad no está reservada para unos pocos elegidos que huyen del mundo, sino que la calle, la oficina, el mercado y el autobús son los auténticos altares de lo cotidiano. ¡Toma ya!

La santidad en vaqueros y con delantal

La gran genialidad del mensaje del Opus Dei —siempre fiel a la más pura tradición católica y al Evangelio— es que Dios no nos quiere «a pesar» de nuestras ocupaciones ordinarias, sino exactamente a través de ellas.

¿Tienes que lidiar con un jefe insoportable? Ahí está tu cielo. ¿Te toca preparar la cena después de doce horas fuera de casa con los niños pidiendo guerra? Ese es tu sagrario. El trabajo diario, bien hecho, acabado con profesionalidad y ofrecido a Dios, se convierte en materia de santidad. Como le gustaba decir a san Josemaría, hay que «santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar a los demás con el trabajo». Es decir: transformar la rutina en una carta de amor diario a Dios.

Una alegría que es contagiosa o no es alegría

Hay un mito falso que a veces ronda por ahí: que los santos son seres aburridos que viven con cara de amargura y ayunando perpetuamente. ¡Nada más lejos de la realidad!

El espíritu del Opus Dei respira un optimismo sobrenatural tremendo. ¿Por qué? Porque quien se sabe hijo de un Dios que es Padre y nos quiere con locura no puede ir por la vida arrastrando los pies. La alegría es un síntoma infalible de la gracia en el alma. Si un cristiano va por la vida con cara de vinagre, algo falla. San Josemaría insistía en que el buen humor nace de la paz interior y de saber reírse de uno mismo. ¡La santidad tiene sentido del humor!

Hacer lío… desde la mesa camilla

El Papa Francisco nos animaba constantemente a «hacer lío» y a salir a las periferias. El Opus Dei lleva diciéndolo desde 1928, pero aplicado al metro cuadrado de cada uno. No hace falta cruzar el océano para ser apóstol; basta con mirar con cariño al compañero de mesa que está atravesando un mal momento, hacer las cosas con pulcritud por amor a Dios, o regalar una sonrisa cuando el cuerpo pide un suspiro.

Este 2 de octubre, al celebrar este cumpleaños tan especial, tenemos una oportunidad de oro. ¿Y si convertimos nuestras pequeñas tareas de este día en una auténtica fiesta del corazón?

Javier Ferrer García

Soy un apasionado de la vida. Filósofo y economista. Mi carrera profesional se ha enriquecido con el constante deseo de aprender y crecer tanto en el ámbito académico como en el personal. Me considero un ferviente lector y amante del cine, lo cual me permite tener una perspectiva amplia y diversa sobre el mundo que nos rodea. Como católico comprometido, busco integrar mis valores en cada aspecto de mi vida, desde mi carrera profesional hasta mi rol como esposo y padre de familia