El ruido de los muros que caen: El potente mensaje de León XIV en Madrid
En su tercer día de viaje apostólico por España, el Pontífice evoca la historia de la Almudena para hacer una llamada urgente a derribar las murallas invisibles que dividen a la sociedad actual
La historia de Madrid está unida de forma inevitable a sus muros, pero no siempre para levantarlos. A veces, el verdadero milagro ocurre cuando estos caen. Con esta premisa histórica y espiritual, el Papa León XIV presidió este lunes por la tarde un emotivo homenaje a la Virgen de la Almudena en su catedral madrileña, dejando una profunda reflexión sobre las divisiones del mundo contemporáneo en el ecuador de su viaje apostólico por España.
Arropado por una multitud de fieles y por el arzobispo de Madrid, el Cardenal José Cobo Cano, el Santo Padre conectó el presente con los orígenes de la patrona de la capital. Recordó cómo, según la tradición, la imagen mariana permaneció oculta durante siglos en el interior de la muralla de la ciudad para ser protegida, y cómo su reencuentro con el pueblo se produjo, precisamente, gracias al derrumbe de un tramo del muro.
»Una muralla que cae provoca ruido, caos y desorden; pero también abre espacios, restaura posibilidades e impulsa restablecimientos», explicó el Pontífice. Utilizando esta metáfora, León XIV lanzó un directo diagnóstico sobre la actualidad, advirtiendo que en las sociedades de hoy siguen existiendo «muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan». El peligro, señaló, es que a menudo se prefiere la comodidad de ignorar o apuntalar esos muros antes que enfrentar el desafío de derribarlos.
Para el Obispo de Roma, el mensaje que deja la Almudena es muy claro: para edificar algo duradero es necesario estar dispuestos a romper las barreras que bloquean el horizonte. Por ello, exhortó a la comunidad a no desfallecer en su testimonio de fe, caridad y esperanza, pidiendo que los creyentes se conviertan en «constructores de vínculos» que recuperen el lenguaje de la comunión y la concordia.
Un lazo histórico: La Rosa de Oro
Como broche de oro a una jornada cargada de simbolismo, el Papa depositó ante la imagen de la Virgen la Rosa de Oro, una distinción pontificia de carácter extraordinario otorgada de manera excepcional como signo de profunda veneración espiritual.
Este galardón histórico, instituido originalmente en 1049 por el Papa León IX, guarda un vínculo muy particular con la historia de España. Entre las figuras históricas que lo recibieron en el pasado se encuentra la reina Isabel II en 1868, quien fuera una gran devota de la Almudena. Con esta concesión, la patrona de Madrid se une a un selecto grupo de advocaciones marianas españolas distinguidas con este honor, junto a la Virgen de la Cabeza de Jaén, la Virgen de Montserrat y la Esperanza Macarena de Sevilla.
Tras el rezo conjunto con la asamblea y la entrega del galardón, el acto concluyó con la Bendición Apostólica, marcando uno de los momentos más memorables de la agenda del Pontífice antes de continuar con sus encuentros previstos en la capital y su posterior traslado a Barcelona.
Oración y saludo del Santo Padre:
VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
A ESPAÑA
(6-12 DE JUNIO DE 2026)
ORACIÓN Y HOMENAJE A LA VIRGEN DE LA ALMUDENA
SALUDO DEL SANTO PADRE
Catedral de Santa María de la Almudena (Madrid)
Lunes, 8 de junio de 2026
_______________________________
Agradezco a Su Eminencia, el Arzobispo de Madrid, las palabras que me ha dirigido. Os saludo con afecto a todos vosotros, hermanos y hermanas que, con alegría y fervor, os unís hoy al homenaje a Nuestra Señora de la Almudena, Madre y Protectora de esta Archidiócesis, durante el cual pondré a sus pies la rosa de oro, símbolo del filial amor del Papa a la Virgen María.
Son numerosas las generaciones de madrileños que, a lo largo de los siglos, han venerado esta imagen de Santa María que lleva a su Hijo divino en brazos y nos lo presenta. Cuenta la tradición que, en tiempos difíciles para la comunidad cristiana, para proteger la talla de la Virgen, la escondieron en un recinto de la muralla de la Ciudadela, donde permaneció oculta durante mucho tiempo, hasta que, tras el derrumbe milagroso de una parte de los muros, fue hallada intacta.
Esta milenaria devoción mariana, tan sentida por todos vosotros, es un signo de las raíces cristianas que os caracterizan y os dan vida, pero también de la gran esperanza que continúa animándoos para seguir adelante. Fue gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la Madre con su pueblo. Y este hecho es providencial, porque señala el camino que Jesús, a través de su Madre Santísima, nos invita a recorrer. En un primer momento, una muralla que cae provoca ruido, caos, desorden; pero también abre espacios, restaura posibilidades e impulsa restablecimientos. En nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan. Y, a veces, al pensar en que derribarlas supone tener que enfrentar lo que no nos gusta, preferimos la comodidad de sólo apuntalarlas y, más frecuentemente, de ignorarlas.
Sin embargo, Nuestra Señora de la Almudena, con su presencia y la seguridad de su protección, nos dice otra cosa: para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros, porque para reemprender la ruta son necesarios espacios que nos permitan vislumbrar el horizonte.
Persuadidos de que el Señor camina con su Pueblo santo, escucha sus temores y acoge con solicitud todos sus esfuerzos de bien, os exhorto a no desfallecer en vuestro testimonio de fe, para contemplar el designio de amor del Padre; de caridad, para uniros como una única familia de hermanos y hermanas; y de esperanza, para sosteneros en vuestra acción en el mundo. Y que con el ejemplo y la intercesión de Santa María la Real de la Almudena, la Virgen del Magníficat que sigue proclamando la grandeza del Señor y exultando en Dios su Salvador, Él custodie y fortalezca vuestro amor a Jesús y a la Iglesia, de modo que podáis ser constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia.
Y, haciendo mías algunas palabras del himno a ella dedicado, os encomiendo al potente auxilio de su maternal amor:
Santa María de la Almudena,
Virgen y Madre del Redentor,
Reina del Cielo, Madre de Amor,
bajo tu manto, Virgen sencilla
buscan tus hijos la protección,
Madre amorosa, Templo de Dios,
ampáranos Señora y ayúdanos a ser
constructores de paz y reconciliación.
Amén.
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