El Papa León XIV reza ante la tumba de San Chárbel y pide conversión para lograr la paz en Líbano
El Pontífice visitó el monasterio de Annaya y dejó un mensaje contundente: «No hay paz sin conversión de los corazones»
Bajo un cielo gris y una fina lluvia de invierno, el Papa León XIV cumplió este lunes uno de los deseos más antiguos de sus predecesores: rezar ante la tumba de San Chárbel Makhlūf. El Pontífice llegó al monasterio maronita de San Maroun en Annaya poco después de las 11:00 de la mañana, donde fue recibido por el superior general de la Orden Libanesa Maronita, el padre Daoud Raïd, y cientos de monjes, religiosas y fieles que desafiaron el frío para verlo.
«Mis predecesores —especialmente san Pablo VI, que lo beatificó y lo canonizó— lo habrían deseado mucho», reconoció el Papa al inicio de su discurso, visiblemente emocionado al encontrarse frente al sepulcro del santo ermitaño libanés, cuya fama de taumaturgo atrae cada año a miles de peregrinos cristianos y musulmanes.
León XIV resumió el legado de San Chárbel en cuatro palabras que resonaron con fuerza en el silencio del valle de Qadisha: oración para quienes viven sin Dios, silencio para quienes viven en el ruido, modestia para quienes viven de apariencias y pobreza para quienes corren tras las riquezas. «Son comportamientos a contracorriente —dijo—, pero precisamente por eso atraen, como el agua fresca atrae al que camina por el desierto».

El mensaje tuvo un destinatario especial: los obispos y sacerdotes. «A nosotros, ministros ordenados, san Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación», subrayó el Papa, que pidió a los presentes no olvidar que la coherencia radical y humilde del santo ermitaño «es un mensaje para todos los cristianos».
En un momento de especial gravedad para el Líbano, aún marcado por la crisis económica y las tensiones regionales, León XIV confió al santo las «necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo». Pidió «comunión y unidad» para la Iglesia —desde las familias hasta la Iglesia universal— y «paz» para el país y todo Oriente Próximo. Pero añadió una precisión que nadie esperaba tan directa: «Sabemos bien —y los santos nos lo recuerdan— que no hay paz sin conversión de los corazones».
Como regalo simbólico, el Papa dejó en el santuario una lámpara de plata y cristal, encendida frente a la tumba del santo. «Encomiendo a la protección de san Chárbel al Líbano y a su pueblo, para que caminen siempre en la luz de Cristo», concluyó antes de arrodillarse en silencio durante varios minutos.

Al salir del monasterio, cientos de personas aguardaban bajo la lluvia con banderas libanesas y retratos del santo ermitaño. Muchos lloraban. «Hoy sentimos que Dios no se ha olvidado del Líbano», comentó una peregrina de Beirut a las puertas del santuario.
Texto completo:
VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD LEÓN XIV
A TÜRKIYE Y AL LÍBANO
CON PEREGRINACIÓN A İZNIK (TÜRKIYE)
EN OCASIÓN DEL 1700 ANIVERSARIO DEL PRIMER CONCILIO DE NICEA
(27 de noviembre – 2 de diciembre de 2025)
VISITA Y ORACIÓN EN LA TUMBA DE SAN CHARBEL MAKLŪF
SALUDO DEL SANTO PADRE
Monasterio de San Maroun (Annaya)
Lunes, 1 de diciembre de 2025
____________________________________
Queridos hermanos y hermanas:
Agradezco al Superior General sus palabras y su hospitalidad en este hermoso Monasterio de Annaya. La naturaleza que rodea esta casa de oración nos atrae también con su austera belleza.
Doy gracias a Dios por haberme concedido venir como peregrino a la tumba de san Chárbel. Mis predecesores —especialmente san Pablo VI, que lo beatificó y canonizó— lo habrían deseado mucho.
Queridos hermanos, ¿qué nos enseña hoy san Chárbel? ¿Cuál es el legado de este hombre que no escribió nada, que vivió oculto y silente, pero cuya fama se extendió por todo el mundo?
Me gustaría resumirlo así: el Espíritu Santo lo moldeó para que enseñara la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes habitan en medio del bullicio, la modestia a quienes viven para aparentar y la pobreza a quienes buscan las riquezas. Son todos comportamientos a contracorriente, pero precisamente por eso nos atraen, como el agua fresca y pura atrae a quien camina por el desierto.
En particular, a nosotros, obispos y ministros ordenados, san Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación. Sin embargo, su coherencia, tan radical como humilde, es un mensaje para todos los cristianos.
Y luego, hay otro aspecto que es decisivo: nunca dejó de interceder por nosotros ante el Padre celestial, fuente de todo bien y de toda gracia. Ya desde su vida terrena, muchos acudían a él para recibir del Señor consuelo, perdón y consejo. Tras su muerte, todo esto se multiplicó y se ha convertido en un río de misericordia. También por eso, cada 22 del mes, miles de peregrinos acuden hasta aquí desde diferentes países para pasar un día de oración y descanso del alma y del cuerpo.
Hermanas y hermanos, hoy queremos confiar a la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo. Para la Iglesia pedimos comunión, unidad; empezando por las familias, pequeñas iglesias domésticas, y luego en las comunidades parroquiales y diocesanas; y también para la Iglesia universal. Comunión, unidad. Y para el mundo pedimos paz. Especialmente la imploramos para el Líbano y para todo Oriente Próximo. Pero sabemos bien —y los santos nos lo recuerdan— que no hay paz sin conversión de los corazones. Por eso, que san Chárbel nos ayude a orientarnos hacia Dios y a pedir el don de la conversión para todos nosotros.
Queridos hermanos, como símbolo de la luz que Dios ha encendido aquí por medio de san Chárbel, he traído como regalo una lámpara. Al ofrecerla, encomiendo a la protección de san Chárbel al Líbano y a su pueblo, para que caminen siempre en la luz de Cristo. Gracias a Dios por el don de san Chárbel. Gracias a ustedes que conservan su memoria. ¡Caminen en la luz del Señor!
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