El Papa León XIV manifiesta su profundo dolor por el trágico accidente ferroviario en Adamuz
En un telegrama enviado a la Conferencia Episcopal Española, el Pontífice ofrece oraciones por las víctimas, consuelo a los familiares, deseos de recuperación para los heridos y aliento a los equipos de emergencia, impartiendo su bendición apostólica bajo la intercesión de Nuestra Señora del Pilar
El Papa León XIV ha expresado su honda consternación y cercanía ante el devastador accidente ferroviario ocurrido el domingo 18 de enero de 2026 en las inmediaciones de Adamuz, provincia de Córdoba (España). Dos trenes de alta velocidad —un Iryo procedente de Málaga con destino a Madrid-Puerta de Atocha y un Alvia de Renfe desde Madrid hacia Huelva— colisionaron tras el descarrilamiento de varios vagones del primero, que invadió la vía contraria alrededor de las 19:40 horas. El suceso, ocurrido en una zona de terraplén, ha complicado enormemente las labores de rescate.
El último balance oficial confirma al menos 39 fallecidos —entre ellos uno de los maquinistas— y más de 120 heridos, con varios en estado grave ingresados en hospitales de Andalucía, donde se han activado protocolos de catástrofe y permanecen decenas de personas en unidades de cuidados intensivos.
A través de un telegrama remitido por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, y dirigido al arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Javier Argüello García, el Santo Padre se declara «profundamente apenado» al conocer la «dolorosa noticia del accidente de tren en Adamuz, Córdoba, que ha ocasionado numerosas víctimas y heridos».
En el mensaje, León XIV ofrece súplicas y sufragios por el eterno descanso de los difuntos y transmite su más sentido pésame y condolencias a los familiares y allegados de las personas fallecidas, acompañándolos con expresiones de consuelo y viva solicitud en estos momentos de inmenso dolor.
El Pontífice extiende también sus deseos sinceros de pronta y completa recuperación a todos los heridos que luchan por su salud, al tiempo que anima encarecidamente a los equipos de socorro, bomberos, sanitarios, fuerzas de seguridad y voluntarios a perseverar en sus incansables esfuerzos de rescate y asistencia, realizados en condiciones extremadamente adversas.
Finalmente, invocando la maternal protección de Nuestra Señora del Pilar, patrona de España, el Papa imparte su bendición apostólica a todas las personas afectadas —familiares en duelo, heridos, rescatistas, personal médico y comunidades locales— como signo de esperanza y fe en la resurrección del Señor.
Este trágico suceso ha sumido a España en el dolor colectivo, con tres días de luto oficial decretados por el Gobierno y numerosas muestras de solidaridad de autoridades nacionales, autonómicas e internacionales. La investigación, ya iniciada por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), busca esclarecer las causas —posiblemente relacionadas con una anomalía en la vía recientemente renovada— para prevenir futuras tragedias. La Santa Sede se une al luto nacional y al anhelo de verdad y justicia en medio de esta inmensa pérdida humana.
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