28 abril, 2026

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El Papa León XIV: “La Sagrada Escritura crece con quienes la leen”

En la Audiencia General dedicada a la Dei Verbum, el Pontífice destacó la vitalidad de la Palabra de Dios que se desarrolla en la Tradición y en el corazón de los fieles, bajo la guía del Espíritu Santo

El Papa León XIV: “La Sagrada Escritura crece con quienes la leen”

El Papa León XIV presidió esta mañana la Audiencia General en el Aula Pablo VI, continuando su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II. En esta ocasión, el Santo Padre centró su reflexión en el tercer apartado de la Constitución dogmática Dei Verbum, titulado “Un único depósito sagrado. La relación entre la Escritura y la Tradición”.

Durante su alocución, León XIV invitó a los fieles a contemplar dos escenas evangélicas clave: en el Cenáculo, donde Jesús promete el Espíritu Santo como Paráclito que “enseñará todo y recordará” sus palabras (Jn 14,25-26; 16,13), y en Galilea, con la misión universal de hacer discípulos y enseñar todo lo mandado (Mt 28,19-20). Estas escenas, explicó, revelan la dinámica viva mediante la cual la Palabra de Cristo se transmite a través de los siglos.

El Papa subrayó que, según el Concilio, “la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición están estrechamente unidas y se comunican entre sí. Brotan de la misma fuente divina, forman una sola realidad y tienden al mismo fin” (Dei Verbum, 9). La Tradición avanza en la Iglesia gracias a la asistencia del Espíritu Santo, a través de la contemplación de los creyentes, el estudio teológico, la experiencia espiritual y la predicación de los obispos con el carisma de la verdad (DV, 8).

Citó a San Gregorio Magno: «La Sagrada Escritura crece con quienes la leen”, y a San Agustín: “Una sola es la palabra de Dios que se desarrolla en toda la Escritura”. Recordó también la aportación de San Juan Henry Newman sobre el desarrollo orgánico de la doctrina cristiana, comparándolo con una semilla que crece (Mc 4,26-29).

León XIV enfatizó que la Tradición y la Escritura constituyen “un único depósito sagrado de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia”, cuya interpretación auténtica corresponde al Magisterio vivo (DV, 10). Este depósito debe custodiarse intacto, como “estrella polar” en la historia de la salvación.

En la conclusión de su catequesis, el Pontífice reiteró que Escritura y Tradición no existen separadas, sino que contribuyen juntas a la salvación de los hombres bajo la acción del Espíritu Santo.

Al finalizar, el Papa dirigió un cordial saludo a los peregrinos de lengua española, invitándolos a dejar que el Espíritu Santo les ayude a comprender la Palabra mediante la contemplación, el estudio y la escucha de la predicación eclesial. Pidió también oración por la custodia fiel del depósito de la fe.

En un momento especial, León XIV recordó el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, renovando su condena al antisemitismo y a todo prejuicio, y llamando a construir sociedades basadas en el respeto mutuo y el bien común, para prevenir genocidios y promover la fraternidad humana.

La Audiencia General concluyó con la bendición papal y la invitación a vivir con mayor profundidad esta unión inseparable entre Escritura y Tradición como fuente de vida para la Iglesia hoy.

Texto completo de la Audiencia:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI
Miércoles, 28 de enero de 2026

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Catequesis – Los Documentos del Concilio Vaticano II – I. Constitución dogmática Dei Verbum 3. Un único depósito sagrado. La relación entre la Escritura y la Tradición.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuando con la lectura de la Constitución conciliar Dei Verbum sobre la Revelación divina, hoy reflexionamos sobre la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición. Podemos tomar como fondo dos escenas evangélicas. En la primera, que tiene lugar en el Cenáculo, Jesús, en su gran discurso-testamento dirigido a los discípulos, afirma: «Os he dicho estas cosas mientras estoy todavía con vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. […] Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa» (Jn 14,25-26; 16,13).

La segunda escena nos lleva, en cambio, a las colinas de Galilea. Jesús resucitado se muestra a los discípulos, que están sorprendidos y dudosos, y les da una consigna: «Id y haced discípulos a todas las naciones, […] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). En ambas escenas es evidente la íntima relación entre la palabra pronunciada por Cristo y su difusión a lo largo de los siglos.

Es lo que afirma el Concilio Vaticano II recurriendo a una imagen sugerente: «La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición están estrechamente unidas y se comunican entre sí. Puesto que ambas proceden de la misma fuente divina, forman en cierto modo un todo y tienden al mismo fin» (Dei Verbum, 9). La Tradición eclesial se ramifica a lo largo de la historia a través de la Iglesia, que custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica (cf. n. 113) remite, a este respecto, a un lema de los Padres de la Iglesia: «La Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en instrumentos materiales», es decir, en el texto sagrado.

Siguiendo las palabras de Cristo que hemos citado anteriormente, el Concilio afirma que «la Tradición de origen apostólico progresa en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo» (DV, 8). Esto ocurre con la plena comprensión mediante «la reflexión y el estudio de los creyentes», a través de la experiencia que nace de «una inteligencia más profunda de las cosas espirituales» y, sobre todo, con la predicación de los sucesores de los apóstoles que han recibido «un carisma seguro de la verdad». En resumen, «la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que cree» (ibíd.).

Famosa es, a este respecto, la expresión de San Gregorio Magno: «La Sagrada Escritura crece con quienes la leen». [1] Y ya San Agustín había afirmado que «una sola es la discurso de Dios que se desarrolla en toda la Escritura y una sola es el Verbo que resuena en boca de tantos santos». [2] La Palabra de Dios, por lo tanto, no está fosilizada, sino que es una realidad viva y orgánica que se desarrolla y crece en la Tradición. Esta última, gracias al Espíritu Santo ( ), la comprende en la riqueza de su verdad y la encarna en las coordenadas cambiantes de la historia.

Sugestivo, en esta línea, es lo que proponía el santo Doctor de la Iglesia John Henry Newman, en su obra titulada El desarrollo de la doctrina cristiana. Afirmaba que el cristianismo, tanto como experiencia comunitaria como doctrina, es una realidad dinámica, tal y como indicó el mismo Jesús con las parábolas de la semilla (cf. Mc 4,26-29): una realidad viva que se desarrolla gracias a una fuerza vital interior. [3]

El apóstol Pablo exhorta repetidamente a su discípulo y colaborador Timoteo: «Timoteo, guarda el depósito que se te ha confiado» (1 Tm 6,20; cf. 2 Tm 1,12.14). La Constitución dogmática Dei Verbum se hace eco de este texto paulino cuando dice: «La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia», interpretado por «el magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo» (n. 10). «Depósito» es un término que, en su matriz original, es de naturaleza jurídica e impone al depositario el deber de conservar el contenido, que en este caso es la fe, y de transmitirlo intacto.

El «depósito» de la Palabra de Dios está también hoy en manos de la Iglesia y todos nosotros, en los distintos ministerios eclesiales, debemos seguir custodiándolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia.

En conclusión, queridos hermanos, escuchemos de nuevo la Dei Verbum, que exalta la interconexión entre la Sagrada Escritura y la Tradición: ambas —afirma— están tan unidas y entrelazadas entre sí que no pueden subsistir independientemente, y juntas, según su propio modo, bajo la acción de un solo Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas (cfr n. 10).

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[1] Homilías sobre Ezequiel I, VII, 8: PL 76, 843D.

[2] Enarrationes in Psalmos 103, IV, 1

[3] Cfr. J.H. Newman, Lo sviluppo della dottrina cristiana, Milán 2003, p. 104.

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Saludos 

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Espíritu Santo que nos asista para comprender la Palabra mediante “la contemplación y el estudio” y a tener “una experiencia íntima de las cosas espirituales”, ayudados por la predicación de los sucesores de los Apóstoles que han recibido “el carisma cierto de la verdad” (cf. DV, 8). Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Llamamiento/Anuncio

Ayer se celebró el Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto, que causó la muerte de millones de judíos y muchas otras personas. En esta ocasión anual de doloroso recuerdo, pido al Todopoderoso el don de un mundo sin antisemitismo y sin prejuicios, opresión y persecución para ningún ser humano. Renuevo mi llamamiento a la comunidad de las Naciones para que esté siempre alerta, de modo que el horror del genocidio no vuelva a abatirse sobre ningún pueblo y se construya una sociedad basada en el respeto mutuo y el bien común.

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos reflexionando sobre la Constitución dogmática Dei Verbum. Hoy consideramos el vínculo existente entre la Sagrada Escritura y la Tradición. La promesa del Paráclito que escuchamos hoy, y el mandato de Jesús: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, […] enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado», nos ayudan a comprender que «la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin» (DV, 9).

La Palabra de Dios, gracias a la acción del Espíritu Santo, se ramifica en la historia a través de la Iglesia, la cual salvaguarda, interpreta y encarna dicha Palabra. Este “depósito” sigue hoy en manos de la Iglesia y todos nosotros hemos de seguir protegiéndolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia.

Exaudi Redacción

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