El Papa León XIV en Estambul: Un gesto de paz en la Mezquita Azul
El Pontífice realiza una visita silenciosa que refuerza el diálogo interreligioso en Turquía
En un gesto cargado de simbolismo, el Papa León XIV inició este sábado la tercera jornada de su viaje apostólico a Turquía con una visita a la icónica Mezquita Azul de Estambul, un lugar de culto que evoca siglos de historia otomana y que ha sido testigo de encuentros pioneros entre el cristianismo y el islam. Descalzo y en profundo silencio, el Pontífice se adentró en el vasto espacio adornado con más de 21.000 azulejos turquesas, siguiendo los pasos de sus predecesores Benedicto XVI y Francisco, en un claro mensaje de respeto mutuo y fraternidad entre religiones. Esta acción, enmarcada en un itinerario más amplio de encuentros privados con líderes cristianos y musulmanes, subraya el compromiso de la Santa Sede con el diálogo ecuménico e interreligioso en un mundo marcado por tensiones geopolíticas.
La Mezquita Sultan Ahmed, conocida universalmente como la Mezquita Azul por el brillo celeste de sus cerámicas de İznik que cubren paredes y cúpula, es mucho más que un monumento arquitectónico. Construida entre 1609 y 1617 por orden del sultán Ahmed I sobre las ruinas del antiguo Gran Palacio de Constantinopla, se erige como el principal lugar de oración del Imperio Otomano. Su cúpula central, de 23,5 metros de diámetro y sostenida por «patas de elefante», se ilumina gracias a 260 ventanas que filtran la luz en tonos azules y verdes, creando una atmósfera etérea. Singular en su diseño, cuenta con seis minaretes –una rareza superada solo por los siete de la Kaaba en La Meca–, fruto, según la tradición popular, de un malentendido lingüístico: el sultán pidió minaretes «de oro» (altın en turco), pero el arquitecto Sedefkâr Mehmed Ağa entendió «seis» (altı). Ocho volúmenes preservados en la Biblioteca Topkapi documentan su construcción, un testimonio de la grandeza otomana que atrae a millones de visitantes al año y que, desde 1985, forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
El Papa León XIV, de 78 años y en su primera salida internacional como sucesor de Pedro, llegó a la mezquita alrededor de las 9:10 hora local, recibido por una delegación de alto nivel que incluía al ministro de Cultura y Turismo de Turquía, Mehmet Nuri Ersoy; al muftí provincial de Estambul, Emrullah Tuncel; al imán Kurra Hafız Fatih Kaya; y al muecín Aşkın Musa Tunca. Acompañado por los cardenales Kurt Koch y George Koovakad, el Pontífice se quitó los zapatos al cruzar el patio interior, un gesto de humildad que precede a la entrada en el salón de oración. Durante unos 15 a 20 minutos, permaneció en recogimiento, con las manos a los lados y la mirada fija en los detalles: el mihrab de mármol, nicho que indica la dirección de La Meca e inscrito con la Sura 19 del Corán –que menciona a la Virgen María–, el pulpito del muḥazīn y la imponente cúpula. Solo el graznido ocasional de una cornacchia y la presencia de dos gatos sobre la alfombra roja interrumpieron el silencio, roto brevemente por explicaciones en inglés del muecín Tunca sobre la arquitectura del lugar.
«La visita se vivió en silencio, en espíritu de recogimiento y escucha, con profundo respeto por el lugar y la fe de quienes se reúnen allí en oración», informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede a través de su director, Matteo Bruni. El muecín Tunca, por su parte, compartió su impresión: «Dijo que quería ver más, que quería sentir la atmósfera de la mezquita, y me pareció muy satisfecho. Este es la casa de Alá». No hubo oración explícita ni gestos controvertidos, a diferencia de visitas previas, lo que evitó posibles debates y enfatizó un enfoque en la contemplación compartida.
Esta no es la primera vez que un Papa pisa este sagrado recinto. En 2006, Benedicto XVI realizó una visita improvisada el 30 de noviembre, apenas días después de la polémica por su discurso en Ratisbona, que avivó tensiones con el mundo musulmán. Junto al gran muftí Mustafa Cagrici, el Papa alemán rezó en silencio ante el mihrab, un momento que él mismo describió en su audiencia general del 6 de diciembre: «En el marco del diálogo interreligioso, la divina Providencia me ha concedido realizar, casi al final de mi viaje, un gesto inicialmente no previsto, y que ha resultado muy significativo: la visita a la famosa Mezquita Azul de Estambul. Tras permanecer unos minutos en recogimiento en ese lugar de oración, me dirigí al único Señor del cielo y de la tierra, Padre misericordioso de toda la humanidad. ¡Que todos los creyentes se reconozcan como sus criaturas y den testimonio de verdadera fraternidad!». Ocho años después, el 29 de noviembre de 2014 –exactamente la misma fecha que hoy–, Francisco repitió el gesto, entrando descalzo y orando en silencio al lado del muftí, reforzando el puente entre Roma y el islam.
El acto de León XIV se enmarca en un día intenso de compromisos interreligiosos. Tras la mezquita, el Papa se dirigió a la Iglesia Ortodoxa Siria de Mor Ephrem, en Yeşilköy –la primera iglesia nueva construida en Turquía desde la fundación de la República, inaugurada en 2023 pese a retrasos por la pandemia y el terremoto de ese año–. Allí, en un encuentro privado con jefes de Iglesias y comunidades cristianas, fue recibido por el patriarca siro-ortodoxo Ignacio Efrem II y el metropolitano para las diócesis de Estambul, Ankara e Izmir. La reunión incluyó una foto de grupo, un canto al Espíritu Santo, intervenciones de representantes y un discurso papal a puerta cerrada, culminando con la recitación del Padre Nuestro dirigida por el vicario patriarcal. Posteriormente, almorzó en la Delegación Apostólica y concluyó la mañana en la Iglesia Patriarcal de San Jorge, sede del Patriarcado Ecuménico, donde se unió al Patriarca Bartolomés I en una doxología. El día avanzará con una mesa redonda ecuménica, una misa en la Volkswagen Arena para unas 4.000 personas y la firma de una Declaración Conjunta en el Fanar.

Este viaje, que también incluyó paradas en Líbano y un encuentro previo con la Diyanet –la autoridad religiosa turca– en Ankara, resalta la minoría cristiana en Turquía (apenas el 0,15% de la población, frente al 40% en Estambul a inicios del siglo XX). En un contexto de tensiones regionales, como la reconversión de Santa Sofía en mezquita en 2020 bajo el presidente Erdogan –un paso que generó protestas vaticanas–, la presencia de León XIV evoca la herencia de Pablo VI, quien en 1967 oró en Santa Sofía cuando aún era museo. «La religión y el islam, el rezo», como tituló la cobertura en alemán, no busca controversias, sino construir puentes: un silencio que habla más que las palabras.
Con este gesto, el Papa León XIV no solo honra la tradición vaticana de diálogo, sino que invita al mundo a reconocer en la diversidad religiosa un llamado común a la paz. En la Mezquita Azul, bajo la luz filtrada de sus ventanas, el mensaje es claro: la escucha y el respeto son los verdaderos pilares de la fraternidad humana.
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