El Papa León XIV convoca a los obispos del mundo a una cumbre sobre la familia con motivo del décimo aniversario de Amoris laetitia
En un mensaje lleno de esperanza, el Pontífice destaca la vigencia de la exhortación de Francisco y anuncia un encuentro sinodal en octubre de 2026 para renovar el anuncio del Evangelio a las familias de hoy
El 19 de marzo de 2026, coincidiendo con la fecha en que se publicó hace diez años la exhortación apostólica Amoris laetitia del Papa Francisco, el Papa León XIV ha dirigido un mensaje especial a toda la Iglesia. En él, agradece el impacto duradero de aquel documento, que describe como un “luminoso mensaje de esperanza” sobre el amor conyugal y la vida familiar, y que ha impulsado una profunda reflexión y conversión pastoral en la Iglesia.
El Santo Padre recuerda que Amoris laetitia surgió tras un largo proceso sinodal y el Año de la Misericordia, y que continúa ofreciendo enseñanzas valiosas para el presente. Junto con la exhortación Familiaris consortio de san Juan Pablo II, estos textos han fortalecido el compromiso de la Iglesia con las familias desde el Concilio Vaticano II, reafirmando la familia como don de Dios, fundamento de la sociedad y “escuela del más rico humanismo”. A través del sacramento del matrimonio, los esposos forman una “Iglesia doméstica”, lugar privilegiado para educar en la fe y transmitir el Evangelio.
En el contexto de rápidos cambios antropológicos y culturales, León XIV subraya la importancia de escuchar a las familias reales: sus alegrías, esperanzas, tristezas y angustias, tal como pedía Francisco. Invita a adoptar “la mirada de Jesús” para acompañar el crecimiento del amor conyugal, reconociendo que este amor, aunque limitado y terreno, siempre genera vida. Destaca la presencia amorosa y misericordiosa de Dios en medio de las crisis familiares, promoviendo un discernimiento que acoge la fragilidad humana sin reducir la norma a algo rígido.
El mensaje enfatiza la necesidad de renovar caminos pastorales: fortalecer la educación de los hijos, cultivar una espiritualidad familiar hecha de gestos concretos de amor, sostener a las familias golpeadas por diversas formas de pobreza y violencia, y despertar en los jóvenes la atracción por la belleza de la vocación matrimonial, infundiéndoles confianza en la gracia y el deseo de santidad.
Con gratitud, el Papa expresa su reconocimiento a las familias que viven esta espiritualidad pese a las dificultades, así como a los pastores, agentes de pastoral, asociaciones y movimientos eclesiales dedicados a la pastoral familiar. “Es necesario renovar y profundizar este compromiso”, afirma.
Como respuesta concreta a los desafíos actuales, León XIV anuncia la convocatoria de una cumbre en el Vaticano para octubre de 2026, dirigida a los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo. El encuentro promoverá un “escucha recíproca” y un “discernimiento sinodal” con varios fines: analizar los cambios en curso en la realidad familiar, compartir las experiencias y buenas prácticas de las Iglesias locales durante esta década, y discernir juntos los pasos necesarios para proclamar hoy el Evangelio de la familia, inspirados en Amoris laetitia.
De este modo, el Papa invita a toda la Iglesia a seguir caminando con esperanza, acogiendo el don del amor familiar como un testimonio vivo del Evangelio en el mundo contemporáneo.
Mensaje completo:
MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
CON MOTIVO DEL DÉCIMO ANIVERSARIO
DE LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL
AMORIS LAETITIA
_____________________________________
Queridos hermanos y hermanas:
El 19 de marzo de 2016, el Papa Francisco ofreció a la Iglesia universal un luminoso mensaje de esperanza sobre el amor conyugal y familiar: la Exhortación apostólica Amoris laetitia, fruto de tres años de discernimiento sinodal sostenidos por el Año Santo de la Misericordia. En este décimo aniversario, queremos dar gracias al Señor por el impulso dado al estudio y a la conversión pastoral de la Iglesia, y pedirle el valor para continuar el camino, acogiendo siempre de nuevo el Evangelio, con la alegría de poder anunciarlo a todos.
Como enseña el Concilio Vaticano II, la familia es «el fundamento de la sociedad», [1] un don de Dios y «escuela del más rico humanismo». [2] Mediante el sacramento del matrimonio, los esposos cristianos constituyen una especie de «Iglesia doméstica» [3], cuyo papel es esencial para la educación y la transmisión de la fe. Siguiendo el impulso conciliar, las dos Exhortaciones apostólicas Familiaris consortio ―publicada por san Juan Pablo II en 1981— y Amoris laetitia ( AL) han estimulado el compromiso doctrinal y pastoral de la Iglesia al servicio de los jóvenes, los cónyuges y de las familias.
Tomando nota de «los cambios antropológico-culturales» ( AL 32), que se han acentuado a lo largo de treinta y cinco años, el Papa Francisco quiso comprometer aún más a la Iglesia en el camino del discernimiento sinodal. Su discurso, pronunciado durante la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la familia, el 17 de octubre de 2015, invita a una “escucha recíproca” dentro del Pueblo de Dios, “todos en escucha del Espíritu Santo, el ‘Espíritu de verdad’ ( Jn 14,17), para conocer lo que Él ‘dice a las Iglesias’ ( Ap 2,7)”. Y precisa que no es posible “hablar de la familia sin interpelar a las familias, escuchar sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias”. [4]
Recogiendo los frutos del discernimiento sinodal, Amoris laetitia ofrece una enseñanza valiosa que debemos seguir profundizando hoy: la esperanza bíblica de la presencia amorosa y misericordiosa de Dios, que permite vivir “historias de amor” incluso cuando se atraviesan “crisis familiares” (cf. n. 8); la invitación a adoptar “la mirada de Jesús” (cf. n. 60) y a estimular sin descanso «el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar» (n. 89); el llamamiento a descubrir que el amor en el matrimonio “siempre da vida” (cf. n. 165) y que es “real” precisamente en su modo “limitado y terreno” (cf. n. 113), como nos enseña el misterio de la Encarnación. El Papa Francisco afirma «la necesidad de desarrollar nuevos caminos pastorales» (n. 199) y de “fortalecer la educación de los hijos” (cf. cap. VII), al tiempo que invita a la Iglesia a “acompañar, discernir e integrar la fragilidad” (cf. cap. VIII), superando una concepción reductiva de la norma, y a promover «la espiritualidad que brota de la vida familiar» (n. 313).
Como tuve ocasión de decir a los jóvenes reunidos en Tor Vergata durante el Jubileo de la Esperanza, «la fragilidad […], forma parte de la maravilla que somos». No fuimos hechos «para una vida donde todo es firme y seguro, sino para una existencia que se regenera constantemente en el don, en el amor». [5] Para cumplir con la misión de anunciar el Evangelio de la familia a las jóvenes generaciones, debemos aprender a evocar la belleza de la vocación al matrimonio precisamente en el reconocimiento de su fragilidad, a fin de despertar «la confianza en la gracia» ( AL 36) y el deseo cristiano de santidad. También debemos sostener a las familias, particularmente a aquellas que sufren tantas formas de pobreza y violencia presentes en la sociedad contemporánea.
Damos gracias al Señor por las familias que, a pesar de las dificultades y los desafíos, viven «la espiritualidad del amor familiar […] hecha de miles de gestos reales y concretos» (n. 315). Expreso en este sentido mi gratitud a los pastores, a los agentes de pastoral, a las asociaciones de fieles y a los movimientos eclesiales comprometidos con la pastoral familiar.
Nuestra época está marcada por rápidas transformaciones que, incluso hoy más que hace diez años, hacen necesaria una especial atención pastoral a las familias, a las que el Señor confía la tarea de participar en la misión de la Iglesia de anunciar y dar testimonio del Evangelio. [6] De hecho, hay lugares y circunstancias en los que la Iglesia «sólo puede llegar a ser sal de la tierra» [7] a través de los fieles laicos y, en particular, de las familias. Por eso, el compromiso de la Iglesia en este ámbito debe renovarse y profundizarse, para que aquellos a quienes el Señor llama al matrimonio y a la familia puedan vivir su amor conyugal en Cristo y los jóvenes se sientan atraídos por la intensidad de la vocación matrimonial en la Iglesia.
Reconociendo los cambios que siguen afectando a las familias, he decidido convocar en octubre de 2026 a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, con el fin de proceder, en un clima de escucha recíproca, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy, a la luz de Amoris laetitia y teniendo en cuenta lo que se está realizando en las Iglesias locales.
Encomiendo este camino a la intercesión de san José, Custodio de la Sagrada Familia de Nazaret.
Vaticano, 19 de marzo de 2026, solemnidad de san José.
LEÓN PP. XIV
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[1] Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. Gaudium et spes, 52.
[3] Id., Const. dogm. Lumen gentium, 11.
[4] Cf. Francisco, Discurso en la Conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos (17 octubre 2015).
[5] Homilía en la Misa del Jubileo de los jóvenes (3 agosto 2025).
[6] Cf. Exhort. ap. Familiaris consortio (22 noviembre 1981), 17.
[7] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 33.
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