31 marzo, 2026

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El milagro de Torreciudad

Un rincón de cielo en la tierra: confesar, amar y renacer con María

El milagro de Torreciudad

La ermita de la Virgen de Torreciudad se encuentra situada junto a una antigua torre, a menos de veinticinco kilómetros de Barbastro, pueblo natal de san Josemaría, fundador del Opus Dei, el santo de lo ordinario. Siendo él un pequeñín de dos años, ya desahuciado, fue llevado a esa pequeña Iglesia, con lo que la Virgen lo curó. Cosa esta que se parece bastante a volver a nacer. Muy agradecido, dispuso que, en honor a esta advocación de la Virgen, en las inmediaciones de este lugar se erigiera una bellísima Iglesia, el santuario de Torreciudad. Precisamente el año en curso coincide con el cincuenta aniversario de este magnífico templo, que es uno de los santuarios marianos más importantes de España.

En esa casa de Dios resalta su imponente retablo – sagrario, en el que la hermosa imagen de la Virgen de Torreciudad ocupa un lugar muy privilegiado, mientras la parte más principal y central, alrededor de la que gira todo, se ha reservado para el sagrario, para el Santísimo Sacramento, para el Señor de todo lo creado. Plasmándose así, de manera encantadora, una visión muy sesuda, muy teológica, muy cristocéntrica.

San Josemaría, gran mensajero de la llamada divina de todo bautizado a la santidad y al apostolado, queriendo que este santuario fuese un lugar de renovación espiritual, dispuso que tuviera muchos confesonarios, para que hubiera muchos y grandes milagros morales. De hecho, éstos, se están dando. La Virgen de Torreciudad, madre cariñosísima, acerca a las almas a su divino hijo, Jesús, obteniendo así muchos milagros de conversión.

La anécdota que sigue me parece representativa de la fina sensibilidad que ahí se tiene del sacramento de la confesión. El rector del santuario fue, hace bastantes años, don Javier Cremades. Anteriormente, él, había sido el responsable de que, en la Jornada Mundial de la Juventud, la JMJ, de 2011, a la que asistió Benedicto XVI, se colocaran en el Parque del Retiro, de Madrid, doscientos confesonarios. El resultado fue que en esa JMJ hubo cuarenta mil confesiones. Estos cuarenta mil lindos perdones han marcado el futuro de las restantes Jornadas Mundiales.

En la misma línea de conversión está que en la capilla del Santísimo Sacramento, del santuario de Torreciudad, hay una impresionante imagen, de bronce dorado, que representa al divino crucificado vivo ¡Nos mira! Encontrarnos con su mirada nos interpela, nos sugiere un diálogo muy personal, de corazón a corazón, de tú a tú, que invita a la conversión, ya que Cristo, siendo el Señor de cielos y tierra, murió en la cruz por nuestros pecados. No es pues el pecado un error menor, algo de poca importancia. Así mismo, entre las agraciadas montañas que abrazan al santuario y que bañan sus pies en la bellamente tan azul agua del embalse, se encuentran esparcidas, como migajas de pan, las estaciones del Via Crucis, ayudando así a una devota consideración de la Sagrada Pasión que lleve como de la mano al arrepentimiento de los propios pecados.

La gente va a Torreciudad a renovarse espiritualmente, a encontrarse con Jesús y con María Santísima, la de belleza sin par, o a convertirse. Muchísimas almas, procedentes de todos los lugares de la esfera terrestre, han renovado aquí su vida espiritual.

San Josemaría destacó también que el matrimonio es una verdadera maravilla, una realidad altamente poética, un sacramento grande y, así mismo, que hay verdadera vocación al matrimonio. Esto ha favorecido que a este santuario acudan riadas de matrimonios, incluidos muchos matrimonios jóvenes, generosos, abiertos a la vida. También, muchas familias numerosas. Por lo que Torreciudad puede en verdad llamarse con el nombre tan guapo de santuario de la familia.

Van también allí muchos chicos y muchas chicas, dándose así un florecimiento de gente joven que sabe de ilusiones y de ideales, cosa esta que se refleja en su elevación espiritual y también en la sencilla elegancia de la modestia en el vestir. La presencia de tantos jóvenes es un precioso signo de esperanza que deja pasmados a tantos que solo esperaban encontrar una Iglesia de viejecitas piadosas. Se puede pues decir que los japoneses pierden las alpargatas para poder fotografiarlo.

Este santuario de la renovación y de la familia, visitado por tantos jóvenes que quieren ser santos en medio del mundo, y que aprovechan su visita para acercarse más a Jesús y a María, la toda hermosa, es, a su vez, un lugar que dista entre una hora y media y tres horas de santuarios marianos tan importantes como el Pilar, Montserrat y especialmente uno al que cada año se acerca un considerable número de millones de visitantes, Lourdes. Ello nos sitúa ante un hecho de grandísima importancia para el renacimiento espiritual, el gran papel evangelizador de la Virgen María, la robadora de los corazones. A Jesús, por María, con Pedro.

En suma, el milagro de Torreciudad consiste en que en este santuario muchas almas renuevan su vida espiritual. Aquí la marcha se reemprende con palpitar ilusionado, con nuevo florecer, movidos por la música divina que pone el cielo al alcance de la mano ¡Altos horizontes y hermosas poesías nos esperan!

José María Montiu de Nuix

Nacido en Cervera, Lérida, España, en 1960 y bautizado ese mismo año. Ordenado sacerote en 1992. Doctor en Filosofía. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona (UB). Licenciado (especialidad: Matemática Fundamental), cursos de doctorado y suficiencia investigadora en Ciencias Exactas por la UB. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Navarra. Licenciado en Estudios Eclesiásticos por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer, Valencia. Docente e investigador con más de medio millar de publicaciones.