El complejo de racionalización en la iglesia
De la cultura del análisis a la cultura del encuentro: cómo superar prejuicios y abrirse al diálogo verdadero
Complejo de racionalización es un mecanismo del yo, en el que una persona crea explicaciones racionales y socialmente aceptables para justificar comportamientos, pensamientos o sentimientos, que de otro modo generarían conflicto o ansiedad. La incapacidad para actuar ante la marginación o el racismo, por ejemplo, nos lleva a elaborar un discurso aceptable socialmente ¡, que tape nuestra negativa a implicarnos ene l problema.
Analizamos, debatimos, teorizamos para seguir sin conectar con el tema que nos preocupa.
La reciente visita de mi primo Cristóbal, a la parroquia me ha hecho pensar en el complejo de racionalización que tenemos en la iglesia.
“Mas que hablar de los musulmanes, hay que hablar con los musulmanes”. Estas frases se han convertido en lema del arzobispo de Rabat, cardenal López Romero. En la Eucaristía y posterior diálogo con los asistentes tubo que responder a las cansinas y reiteradas preguntas que le formulaban sobre el mundo islámico, afirmando los oyentes datos y hechos que el cardenal tenía que reinterpretar. Pues las preguntas eran más bien afirmaciones peyorativas hacia el pueblo marroquí. Uno de los datos que dio el prelado fue qué del millón aproximado de ciudadanos procedentes del país magrebí, residentes en España, cuatrocientos mil son cotizantes en la Seguridad Social.
La misma realidad analizada desde fuera o vivida desde entro es radicalmente distinta. Es indiferente cual sea el tema. El P. Carlos Fuentes, delegado de Medios del obispado de Mallorca trata con muchos famosos del mundo de la música, así como otros personajes destacados. Constata que el precio de la fama, es ser percibidos como especímenes raros, negándoles el trato de normalidad. Incluso cuando les asiste como sacerdote, y lo comparte con los compañeros religiosos, estos dudan de la fe de los famosos. Cómo si estos fueran siempre el personaje que interpretan, y por tanto, carentes de necesidades espirituales..
No digamos cuando se trata de otras características personales, o sociales como la pobreza, las adicciones o la delincuencia. Se confunde el pecado con el pecador. Se le niega al sujeto la dignidad de persona y se habla de ellos como especímenes no humanos. El lema del cardenal se puede aplicar también a cualquiera de estas calificaciones. Podríamos decir que no es lo mismo hablar de los jóvenes que hablar con los jóvenes.
Hemos desarrollado la cultura de la reflexión, el análisis y la crítica, pero no la cultura del encuentro de la que hablaba el papa Francisco. En la encíclica Fratelli Tutti (sobre la fraternidad y la amistad social), el Papa explica en qué consiste la cultura del encuentro. Para él es un estilo de vida tendiente a conformar ese poliedro que tiene muchas facetas, muchísimos lados, pero todos formando una unidad cargada de matices. La imagen del poliedro usada por el Papa representa una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente. La cultura del encuentro se refiere a un estilo de vida donde buscamos encontrarnos, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos. Frente a las diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia, gerontofobia, aporofobia, guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción, Francisco nos deja el desafío del encuentro hecho cultura.
Hace unos años asistí a un encuentro de parroquias dónde feligreses del arciprestazgo reflexionaban sobre la acogida que se dispensaba a los emigrantes. Había grupos traían trabajado el tema, desde el punto de vista bíblico y teológico. En el diálogo general se incidió en las medidas que el gobierno debiera de hacer. El análisis y la voz de los más sabios centraban el tema. Eran más de cien los participantes. Planteé el caso de un emigrante que tras obtener el permiso de residencia y contrato laboral buscaba salir de la habitación compartida en la que pernoctaba, queriendo alquilar una habitación para él solo. Cuando llamábamos a los anuncios de habitaciones para alquilar, nos decían que sí que estaban libres. Pero al dar el nombre y apellidos cambiaban de parecer y surgían problemas, negando finalmente la posibilidad de alquilar la habitación. Pregunté si entre los asistentes no había alguien que dispusiera de una habitación para alquilar. Muchos de ellos residen en apartamentos grandes y viven solos. No salió nadie. Algunos se atrevieron a decirme que aquel no era el lugar de formular esa petición. La discusión sobre la acogida a los inmigrantes siguió en la misma línea de formulaciones sobre los derechos que se les niega. Incluso se acabó con un manifiesto.
La clasificación, el etiquetaje de las personas, es connatural al ser humano. Nos definimos por las diferencias. Pero cuando las diferencias se convierten en algo despectivo, es cuando atentan a la dignidad.
Sucede también que cuando estamos inseguros o descontentos de nuestra identidad, una de las formas de sentirnos mejor, es hacer a otros inferiores en dignidad. La discriminación es la cara oculta del complejo de inferioridad.
En la sociedad de Jesús, como en la nuestra, las personas están clasificadas. La mujer discriminada respecto al hombre, los publicanos, fariseos, samaritanos, … En muchos casos corresponden a arquetipos de nuestros días.
El evangelio de principio a fin está lleno de transgresiones a la marginación. Jesús rompe con las separaciones marginadoras. En unos casos con la crítica del sistema que margina. Pensemos en la parábola del buen samaritano, por ejemplo.
Pero, sobre todo, la prédica de Jesús es el encuentro con aquellos “especiales”, diferentes: publicanos y pecadores, la mujer samaritana… o los pastores en su nacimiento. El encuentro rompe prejuicios.
La marginación no es solamente por motivos religiosos o económicos. La enfermedad, y especialmente la lepra, y los que están de duelo también participan del aislamiento respecto a los que se consideran normales.
Las lepras de nuestro siglo pueden ser las enfermedades mentales que se mezclan con las adicciones. Muchos de los transeúntes, los vagabundos perdidos, descartados que habitan en nuestras grandes ciudades arrastran historias de dificultades mentales aumentadas con el consumo de sustancias dañinas para la salud. Los centros de recuperación y los grupos de autoayuda tienen un elemento importante en la escucha profunda. El encuentro con la persona venciendo las barreras del estigma. La terapia, además de instaurar habilidades y destrezas saludables, llevan consigo la recuperación de la pertenencia. Ser alguien para alguien. Los marginados, en tiempos de Jesús, innombrables, son rescatados por aquel que los cura y los toca venciendo las barreras que los separan de los demás. Jesús con el encuentro rompe las barreras.
Todos tienen sus teorías y son capaces de apuntar soluciones. Pocos son los que entran en contacto directo con alguno. El contacto directo nos informa de sus procedimientos. En mi primera etapa de trabajo con los marginados de la calle, inexperto, formé parte del equipo de Sor Genoveva Massip, hija de la caridad de san Vicente de Paül. La “Teresa de Calcuta” catalana. Yo le pedía formación. Ella me respondió con una frase “ellos serán tus maestros”. Efectivamente, me enseñaron desde el primer momento. Pasé del solucionar sin escuchar al escuchar antes de solucionar. Las primeras noches de paseo por las calles de Barcelona encontré a un joven durmiendo en la calle. Le ofrecí ir a un hostal. Pagué tres noches por adelantado. A la tercera noche volví al hostal y me informaron que no se había quedado ni la primera. Entendí que mis necesidades de que durmiera en un lugar decente, no eran las suyas en ese momento.
Escuchar es lo que nos propone el papa León, que desde el principio se ha mostrado creador de puentes de comunicación entre las diferentes sensibilidades en la iglesia. En sus primeras intervenciones, en concreto con los trabajadores de la curia instó a los empleados del Vaticano a ser “constructores de unidad (…) evitando prejuicios y también con una buena dosis de humor, como nos enseñó el papa Francisco”
Y recordó que para “cooperar en la gran causa de la unidad y del amor” hay que hacerlo “en primer lugar con nuestro comportamiento en las situaciones cotidianas, empezando también por el lugar de trabajo”.
En su primera entrevista extensa con Crux, concedida el 30 de julio de 2025 afirmaba ante la pregunta sobre la polarización “ la sinodalidad representa un antídoto posible: escuchar al otro, reflexionar juntos, caminar unidos más allá de las diferencias, no solo dentro de la Iglesia, sino como forma de relacionarse en el mundo”
En poco tiempo ha recibido a líderes religiosos de diferentes tendencias, consiguiendo una mayor unidad. Según Religión Digital “El método de gobierno de Robert Prevost: escuchar a personas de perfil tan diferente como el cardenal Burke, defensor de la liturgia preconciliar, hasta el jesuita James Martin, activista de la pastoral para personas LGBTQ”

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