El 29 de abril de 1945, liberación del campo de concentración alemán de Dachau
La Jornada para recordar el martirio del clero durante la Segunda Guerra Mundial
La llegada al poder de Adolf Hitler en enero de 1933 marcó el comienzo de la política de exterminio sin concesiones del Tercer Reich. Uno de los signos más trágicos de la aplicación de esta política criminal de los alemanes fueron los campos de exterminio y de concentración que construyeron. El primero de ellos fue inaugurado ya el 22 de marzo de 1933 en la ciudad de Dachau, a unos 20 kilómetros de Múnich.
Tras la invasión de Polonia por parte del Tercer Reich, los ocupantes alemanes procedieron con brutalidad a la ejecución de sus planes criminales. Se inició de inmediato el exterminio de las personas pertenecientes a la llamada clase dirigente, principalmente la intelectualidad. También el clero fue objetivo de los alemanes. Los sacerdotes, además de tener una buena formación, representaban para los ocupantes nazis un peligroso vehículo de valores no solo religiosos, sino también nacionales y patrióticos.
Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial había en Polonia 10.017 sacerdotes diocesanos. De ellos, 6.565 hombres de Iglesia fueron víctimas de diversas formas de represión, y 2.812 murieron, entre ellos 4 obispos, 1.863 sacerdotes diocesanos, 289 religiosos, 149 seminaristas, 205 hermanos y 289 monjas. El 20 % de los sacerdotes diocesanos polacos fue asesinado durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, uno de cada cinco sacerdotes diocesanos perdió la vida en la Polonia ocupada por los nazis alemanes.
El campo de concentración de Dachau se convirtió en un lugar especial de su martirio. A diferencia de los campos de exterminio (como Auschwitz-Birkenau), donde se producía la matanza masiva inmediatamente después de la llegada, en Dachau el exterminio de los prisioneros se realizaba de forma más prolongada, a través del trabajo extenuante, el hambre y las torturas.
A partir de diciembre de 1940, cuando se intensificaron las deportaciones de eclesiásticos, los sacerdotes enviados a Dachau eran ubicados en el llamado “bloque de los sacerdotes”. Este aislamiento permitía a los verdugos un mayor control sobre ellos. Se estima que provenían de 23 países y que durante la guerra hubo en total unos 2.720, de los cuales el 95 % eran sacerdotes católicos, principalmente polacos. Murieron más de 1.030 sacerdotes, de ellos 868 polacos. Por eso, el campo de Dachau se convirtió en un símbolo del martirio del clero bajo la ocupación alemana.
El 29 de abril de 1945, el ejército estadounidense liberó el campo de concentración de Dachau. Por decisión del Episcopado polaco, el aniversario de este acontecimiento se conmemora como la Jornada del Martirio del Clero Polaco durante la Segunda Guerra Mundial. La iniciativa de esta conmemoración fue promovida por el obispo Ignacy Jeż, uno de los prisioneros que milagrosamente sobrevivió a aquel campo. El papa Benedicto XVI quiso crearlo cardenal, pero el anciano prelado falleció en Roma antes del consistorio.
Hace aproximadamente veinte años entrevisté a uno de los pocos sacerdotes que aún vivían y que habían sobrevivido al infierno de Dachau: monseñor Kazimierz Majdański, arzobispo emérito de Szczecin-Kamień. Esto fue lo que me confió:
«Pensábamos que habían vuelto los tiempos de Nerón y Diocleciano, los tiempos del odio al cristianismo y a todo lo que el cristianismo representaba. El campo de concentración era la encarnación de la civilización de la muerte: ¡no en vano en los uniformes de los alemanes había calaveras! Nuestros verdugos alemanes blasfemaban contra Dios, denigraban a la Iglesia y nos llamaban “los perros de Roma”. Querían obligarnos a ultrajar la cruz y el rosario. En el fondo, para ellos solo éramos números que había que eliminar. Nos quedaba la alianza con Dios, la oración rezada a escondidas, la confesión hecha en secreto. Echábamos mucho de menos la santa Eucaristía. En esta “máquina de muerte” los sacerdotes estábamos llamados al sacrificio de la vida, a ser fieles hasta la muerte. La mitad de los sacerdotes polacos encarcelados en Dachau murieron. Vi morir a muchos sacerdotes de forma heroica. Todos ellos fueron fieles a Cristo, que decía a sus discípulos: “Seréis mis testigos”. Morían como sacerdotes católicos y como patriotas polacos. Algunos podrían haberse salvado, pero nadie cedió: en 1942 las autoridades del campo ofrecieron a los sacerdotes polacos un trato especial, a condición de que declararan su pertenencia a la nación alemana. Nadie se presentó».
El 22 de abril de 1945, los sacerdotes polacos recluidos en Dachau, que tenían una gran devoción a San José, juraron que, si sobrevivían, realizarían peregrinaciones al santuario de San José en Kalisz. El campo fue liberado una semana después (el 29 de abril de 1945) y los sacerdotes supervivientes cumplieron su promesa hasta el final de sus vidas.
En 1995, con motivo del 50.º aniversario de la liberación del campo de Dachau, Juan Pablo II escribió a los sacerdotes supervivientes de Dachau:
«En un tiempo de soberbia y humillación, en un lugar donde se desataba el mal, permanecisteis firmes y fieles. En el abismo de la crueldad y del odio, donde se decidió destruir biológicamente al hombre y pisotear su dignidad, fuisteis valientemente y heroicamente los únicos testigos del amor y del perdón, como heraldos de una nueva civilización basada en la verdad, la bondad, el respeto por la vida y la justicia».
Es muy conocida la fecha de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, el 27 de enero, proclamado como el Día de la Memoria. Pero vale la pena recordar también la fecha de la liberación de otro campo, el de Dachau: el 29 de abril de 1945, que en Polonia se celebra como la “Jornada del Martirio del Clero Polaco durante la Segunda Guerra Mundial”.
El artículo en italiano fue publicado en ACI Stampa: https://www.acistampa.com/story/34983/il-29-aprile-1945-liberazione-del-campo-di-concentramento-tedesco-di-dachau
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