Dios bendiga a España
Una semana histórica: el clamor de un pueblo que se volcó con el Vicario de Cristo en Madrid, Barcelona y Montserrat
El que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo (Mt. 10,41). Dios tiene que bendecir a España por el trato, el afecto, la escucha y la dedicación de estos días al Vicario de Cristo.
Quisiera escribir unas líneas al finalizar el Viaje Apostólico de Su Santidad León XIV a España, intentando compartir tantas impresiones que se agolpan en la memoria, en la retina y en el corazón, a cual más impactante.
Creo que se merecen una felicitación todos aquellos que han formado parte en mayor o menor medida de la indescriptible y perfecta organización, desde el Rey, hasta el último y más chiquitín monaguillo de la Escolanía de Montserrat. Me quedé sin palabras ya en el Estadio de Monjuic, pero oírlos en la Sagrada Familia, y verlos entrar, sotana y roquete en mano, en un fila perfecta, tres horas antes de la ceremonia, dice mucho de los frailes que les enseñan. Los honores de estado, la presencia de la Casa Real en todos los actos, con elegancia sublime, compostura y delicadeza. Los presidentes de los gobiernos respectivos. Los Cardenales, los Obispos, tan numerosos en casi todos los actos, tantísimos sacerdotes y un pueblo español enfervorizado como siempre, con las visitas papales ha sido para dar gracias a Dios.
Pasé mi Corpus entre los cuatro pueblos, a cual más bonito y entrañable, pude ver algunas imágenes en diferido, sobre la Adoración Eucarística y la Misa y la procesión en Madrid, aquello que dijo el Papa que la fiesta del Corpus no era sólo nostalgia del pasado, sino viva presencia de Jesús Sacramentado bendiciendo nuestras calles. Se lo había oído decir a mi padre, hace casi treinta años. El sacrificio de no estar allí, lo hice poco después de que se confirmara que el Papa venía en esa fecha. Mi lugar estaba claro, la distancia también, la realidad se impuso. Y me quedé, feliz por los que pudieron ir, con mis feligreses, porque al pueblo venía Jesús, y no estaba aquí el rey para acompañarlo, así que lo acompañamos nosotros.
Acudir al Estadio Olímpico con toda la familia, con la escasez de entradas que hubo fue un regalo multiplicado por las numerosas confesiones que pude atender. Por podernos sentar, rezar y cantar todos juntos, por conocer al autor del Cristo, réplica del Crucifijo del Altar Mayor de la Sagrada Familia y, por último, que el Santo Padre bendijera a mis tres sobrinos, hijos de Ignacio y Montse. La que se ha liado con la foto de uno de ellos, ya es otro cantar, que haría largo el escrito.

Que mi cuñado Fernando pudiera besarle el anillo en la Catedral, gesto que algunos feligreses echaron en falta de algunas personas concretas, ver a mis sobrinos alabar al Señor a pleno pulmón, cantar el Crec en un Déu, que cantaban nuestros mártires antes de ser asesinados por Jesucristo, ese Jesucristo que está representado en la torre central que termina con la Cruz. Oír al Papa en Montserrat hablar del daño que hacen las calumnias y pedir a la Virgen de Montserrat por aquellos que son víctimas de ellas, ignorando la tan presupuesta «presunción de inocencia», y por último, poder asistir a la Santa Misa en la Sagrada Familia, regalo que le debo, sobre todo, a Don Ignacio Borrull, vicario de San José de Badalona, que me consiguió la entrada y dio referencias sobre mí, al que conozco desde niño, es una lista interminable que tardaré tiempo en agradecer a Dios, y también en asumir. Ha sido una semana tan intensa, que todavía no me salen las palabras oportunas.
La bendición de la Torre de Jesucristo, por su significado, por su puesta en escena, por la preciosidad del conjunto, es un acontecimiento mundial irrepetible. El canto del Sanctus, motivado porque es lo que pone en las torres, como explicó la niña cieguecita, con esa ternura y espontaneidad que hace decir al Señor: «De los que son como ellos es el Reino de los Cielos». El que no lo haya visto, debe verlo y pronto. Sin ruido, atento. Dejándose llenar de la técnica, toda la posible en este momento histórico, pero primero, como decía Gaudí, dejándose llenar de Amor.
Los testimonios, los abrazos del Papa, la cercanía con los niños durante todos los días. El chico corriendo en Montserrat pidiéndole al Papa el Rosario que usó para rezarlo con la Santísima Virgen, en catalán, sí, por supuesto, porque cuando se fundó la abadía, hace mil años, dudo que allí se hablara castellano, y quizás sí, catalán. Sonaban todavía tambores de Reconquista. La diatriba de las lenguas sólo ha servido para alabar la eficacia de las fuerzas de seguridad del Estado y para constatar que hay ideolgías que afectan a la estabilidad psiquiátrica de algunos, quedando solamente en la anécdota de treinta coristas que fueron expulsados por no estar a la altura de los que debían cantar donde Gaudí quería.
El ministerio petrino, descrito también en Mateo 16, hace referencia a Isaías 22,15 donde ya dice el Profeta: «Pongo sobre tus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará, cerrará y nadie abrirá, lo clavaré como una estaca en un lugar seguro, será un trono de gloria para la estirpe de su padre». Y el Eclesiático explica claro cómo hay que tratar a los padres. Por eso cuando dice: «Te daré las llaves del Reino de los Cielos, lo que atares en la tierra, quedará atado en el Cielo», sabían aquellos hombres pescadores, lo que significaban esas palabras. Por eso rezar por él, alegrarse de sus alegrías, rezar por sus intenciones, es una obligación de todo católico. Me parece increíble que haya alguna persona que algo no le haya gustado de esta semana. (Aunque ya he escrito muchas veces sobre los que siempre ponen peros). He visto llorar a señoras de mi Parroquia, explicando lo que han vivido desde sus televisores. Pero si hay alguien que cree que a él le hubiera salido mejor, o que el Papa debería haber hecho otra cosa, o que «no le gusta este Papa», les respondo con mi padre que, en todo caso, es a él a quien le debe gustar lo que nosotros hagamos, no a nosotros lo que haga él.
Quiero terminar dando las gracias a Dios porque las gentes de España han aumentado en la Fe y, sobre todo, en la Esperanza. Ahora faltará poner en práctica la Caridad, desterrando las palabras hirientes, como pidió León. Será un reto para cada uno. Las gracias a las autoridades, aunque a alguna se las pude dar personalmente, cuando me encontré al lado de los Reyes, al terminar el acto de la Sagrada Familia. Saludé al General de la Guardia Civil, máxima autoridad del cuerpo en Catalunya, y a su señora, y marché para el lejano parking. Había que andar, pero valió la pena esta andadura de más de cien años, para poder enseñar al mundo que si Jesús está en el centro, la ética, la estética y la paz, pueden ir de la mano con la belleza. Para no olvidar que, también como decía mi padre, el que nos infundió esa devoción por Gaudí, hasta llegar a tener un nieto con su nombre (el último), en el Cielo HABRÁ MÚSICA. Gracias a los numerosos coros de toda la Visita Apostólica, a los sacerdotes, a los obispos, a los voluntarios, a los policías, bomberos y militares. A la Guardia Suiza, periodistas y tantos que han cubierto los actos.

Related
“Pedro ha hablado por boca de León”
Monseñor Gilberto Gómez González
13 junio, 2026
3 min
La Iglesia en España crece con León XIV
Jesús Ortiz López
12 junio, 2026
6 min
Un Mundial, muchas fronteras y una misma dignidad
Exaudi Redacción
12 junio, 2026
3 min
El milagro invisible: El motor humano detrás de la esperanza
Patricia Jiménez Ramírez
12 junio, 2026
3 min
(EN)
(ES)
(IT)
