17 marzo, 2026

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Del fatalismo a la esperanza

Sobre la violencia, la historia y la posibilidad del progreso

Del fatalismo a la esperanza

Un libro curioso el de François-Xavier Bellamy, Esperar. Violencia, historia, felicidad (Rialp, 2024). Curioso por la singularidad de los capítulos que lo componen. El primero versa sobre la violencia, el segundo sobre la historia y el mito del progreso continuo, el tercero sobre la felicidad. De los tres, el menos convincente, me parece, es el último. Empieza con la violencia y presenta, sintéticamente, las propuestas de los que proclaman la violencia, la guerra, el combate como la esencia de la vida y de la historia. Desfilan por sus páginas Heráclito, Maquiavelo, Hobbes, Hegel, Marx, Weber. Trae a escena a Clausewitz, quien sostiene que la guerra es la política continuada por otros medios. Lo importante no es ganar la guerra, sino conseguir el objetivo político trazado. De no ser así, se puede llegar a situaciones de violencia extremas, cuyo saldo es la sola desolación. Nuestro autor se decanta más bien por la propuesta de Hanna Arendt quien -en la línea de los clásicos- señala que la política es la respuesta a la violencia: diálogo, polémica, acuerdos, consenso, ética de la responsabilidad.

El panorama mundial muestra un escenario de guerras y brotes de violencia que abonan bastante a la idea de que la lucha es la partera de la historia. Una historia sin paz perpetua ni final feliz. Pueden más los intereses económicos, nacionalismos, odios y perjuicios religiosos, raciales. ¿Es ilusorio pensar un mundo sin violencia? ¿Es inútil abogar por la paz? Un paraíso en donde todo sea felicidad, paz y amor no parece que sea realizable, pero trabajar por un mundo “que nos preserve de nuestra propia violencia” a través de la experiencia política, entendida como el arte de lo posible, procurando entretejer los diversos hilos que forman el tejido societario, es un esfuerzo que merece la pena sostener.

¿Hay un progreso en la historia? Se pregunta Bellamy. La idea de progreso, es decir que en la historia vamos de menos a más gracias a la ciencia, la técnica, las costumbres, las luchas de clases como parteras de la historia; todas ellas han sido y son una constante en el pensamiento social. Secuela de esta visión simplificadora de la historia es pensar que lo nuevo, por nuevo, es mejor que lo anterior. Este planteamiento ha tenido importantes cultores, entre ellos Hegel quien intentó pensar toda la historia de principio a fin. El mismo Marx, con la dialéctica hegeliana, consideró que había dado con las leyes científicas y necesarias de la historia: su final sería el paraíso comunista, sin clases, sin violencias. La historia misma les mostró que esa pretensión no sólo era inalcanzable, sino también monstruosa. Conocemos el saldo final de esta fatal arrogancia.

Me quedo con la modesta propuesta de Bellamy para nuestro presente en lo que tiene de logro y fracasos. Dice: “¿cómo hacemos posible un verdadero progreso? ¿Respecto a qué valor absoluto, qué objetivo invariable vamos a adoptar en nuestro camino para progresar? ¿Qué queremos preservar? ¿Y qué aceptamos perder? (p. 107)”. Todas estas cuestiones son el entramado de la práctica política que, entre otras cosas, nos enseña que el progreso, el futuro no está escrito de antemano. Con esta perspectiva y escribiendo desde esta latitud peruana considero que nuestro país -y tantos más- no está condenado a seguir los rumbos y derivas sociales que otras latitudes del mundo han tomado. La expresión “eso llegará a tu país de todas maneras”, sigue siendo un coletazo del mito de la inevitabilidad de las leyes de la historia. Con ánimo sereno podemos encontrar respuestas creativas a los retos que presenta el futuro: ni mimetismo ni calco, más bien discernimiento. La historia no ha terminado, continúa.

Francisco Bobadilla

Francisco Bobadilla es profesor principal de la Universidad de Piura, donde dicta clases para el pre-grado y posgrado. Interesado en las Humanidades y en la dimensión ética de la conducta humana. Lector habitual, de cuyas lecturas se nutre en gran parte este blog. Es autor, entre otros, de los libros “Pasión por la Excelencia”, “Empresas con alma”, «Progreso económico y desarrollo humano», «El Código da Vinci: de la ficción a la realidad»; «La disponibilidad de los derechos de la personalidad». Abogado y Master en Derecho Civil por la PUCP, doctor en Derecho por la Universidad de Zaragoza; Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura. Sus temas: pensamiento político y social, ética y cultura, derechos de la persona.