De Bilbao a Helsinki: El viaje de un vasco que se convirtió en obispo en el fin del mundo
Un bilbaíno en la tierra de la nieve eterna: la historia de Raimundo Goyarrola, médico de cuerpos y almas
En una entrevista profunda y llena de humanidad en el podcast Rebeldes Podcast, el obispo Raimundo Goyarrola —un bilbaíno de pura cepa— relata su extraordinario camino: de soñar con curar el cáncer en las aulas de Medicina a convertirse en pastor de una de las diócesis católicas más pequeñas y septentrionales de Europa, Helsinki (Finlandia).
Infancia y vocación temprana: el cáncer que cambió todo
Con apenas 15 años, Goyarrola vio cómo el cáncer se llevaba a su madre. Aquel dolor inmenso despertó en él un deseo ardiente: estudiar Medicina para combatir esa enfermedad. Sin embargo, la experiencia le enseñó una lección más profunda: muchas veces no se cura el cuerpo, pero siempre se puede aliviar el alma. Su madre, en su lecho de muerte, le dejó un testamento sencillo y eterno: «Enseña a los hijos a amar a Jesús».
A los 14 años, en una misa aparentemente ordinaria, comprendió el misterio eucarístico: «Jesús muere por mí». Aquel momento fue decisivo. Poco después, una lesión muscular mientras bailaba danza vasca le llevó al Opus Dei, donde descubrió la llamada a la santificación en medio del mundo. Con 15 años ya vio clara su vocación de numerario.
Del médico al sacerdote: Roma, Sevilla y el salto al norte
Tras licenciarse en Medicina y especializarse en psiquiatría, llegó el cruce de caminos: ofertas laborales seguras en Pamplona y Madrid o teología en Roma. Eligió lo segundo. Fue ordenado sacerdote en 2002. Recuerda con emoción el día de su primera misa: «No me he acostumbrado a decir ‘Esto es mi cuerpo’».
Su primer destino fue Sevilla, donde experimentó el calor extremo (¡53 °C en la sombra!). Pero una llamada inesperada cambió todo: Finlandia. En 2006 llegó a Helsinki. El obispo local, al verle, le colocó el solideo y le dijo: «Tú serás mi sucesor». Goyarrola pensó que era un chiste. No lo era.
Finlandia: romper el hielo con humor y fe
Finlandia es un país de contrastes: el más feliz del mundo según algunos rankings, pero también con altos índices de soledad, depresión y suicidio. Goyarrola explica que la «felicidad» material (sanidad, puntualidad, bienestar) no equivale a paz interior. Él apuesta por lo segundo: dormir bien, vitamina D, deporte, naturaleza, silencio… y, sobre todo, confianza en Dios.
Su libro Romper el hielo narra con humor sus tropiezos al aprender finés: confundir las bodas de Caná con «las bodas del pollo», o encender un ordenador «en nombre de Jesús» cuando nada funcionaba. Pero detrás del humor hay una verdad: lanzar el nombre de Jesús rompe cualquier hielo.
Obispo en la diócesis más feliz de Europa y del mundo
Nombrado obispo en 2023 por el Papa Francisco, Goyarrola lidera una Iglesia minúscula (0,2 % de la población). Sin recursos, con tuberías reventadas por el frío, pero llena de esperanza. Su lema episcopal: «Servir al Señor con alegría». Para él, la felicidad surge precisamente al servir: limpiar suelos, llevar comida a refugiados, acompañar enfermos.
Destaca el ecumenismo real: su ordenación fue en una iglesia luterana, con obispos luteranos, ortodoxos y otros cristianos presentes. Ahora preside un comité internacional para el diálogo católico-luterano rumbo a 2030.
Encuentros con papas y el mensaje central: Jesús al centro
Ha conocido a varios papas. Con el actual Papa León XIV ha coincidido varias veces. Lo describe como analítico, sencillo y centrado en un mensaje claro: poner a Jesús al centro. Recuerda con emoción una vigilia en el Jubileo de los Jóvenes: silencio absoluto, el Santísimo en el altar y lágrimas en miles de rostros. «Jesús al centro», repite.
Confianza, servicio y sueños cumplidos
Desde Bilbao hasta Helsinki, el camino de Raimundo Goyarrola es una lección viva: sueña en grande, confía en Dios más que en seguridades, sirve con alegría y pon a Jesús en el centro. Como él mismo dice: «Los sueños buenos, Dios los cumple… y los acrecienta».
Un vasco que tomó el metro de Bilbao… y bajó en el fin del mundo. Pero encontró allí su hogar, su misión y una alegría inmensa.
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