26 septiembre, 2026

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Tina Colussi

Voces

26 septiembre, 2026

4 min

Cuando el Papa viaja: ¿cómo leer una visita apostólica?

Presidentes, autoridades y diplomáticos forman parte del recorrido. También jóvenes, enfermos, migrantes, trabajadores y presos. Entre el protocolo, los discursos y las fotografías, ¿qué debemos mirar para comprender realmente el sentido de un viaje del Papa?

Cuando el Papa viaja: ¿cómo leer una visita apostólica?

Cada vez que un Papa llega a un país comienza casi inevitablemente otra carrera: interpretar sus palabras.

¿Qué quiso decir? ¿A quién estuvo dirigido? ¿Respaldó al gobierno? ¿Lo cuestionó? ¿Con quién se fotografió? ¿A quién recibió?

La política forma parte de una visita papal. No podría ser de otra manera. El Papa es pastor de la Iglesia universal, pero también jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano. Se reúne con presidentes, autoridades, diplomáticos y representantes de la sociedad civil.

El problema no es que el Papa hable de política. El problema es escuchar sus palabras solamente con categorías partidarias.

Francia: mirar el viaje completo

La visita que León XIV acaba de comenzar en Francia permite observarlo.

Su primera jornada incluyó al presidente de la República, autoridades, sociedad civil, cuerpo diplomático y una visita a la UNESCO. Pero continuó con las Vísperas junto a la Iglesia francesa en Notre-Dame y el encuentro con los jóvenes en el Stade de France.

Después vendrán Maison Bakhita, una obra dedicada al acompañamiento e integración de migrantes; catecúmenos y recién bautizados; Lourdes; enfermos; víctimas de abusos y encuentros de diálogo interreligioso.

El presidente está en la agenda.

Pero no es toda la agenda.

Y lo ocurrido en la UNESCO ofrece otra clave.

León XIV habló de paz, educación, ciencia, inteligencia artificial, dignidad humana y cooperación entre las naciones. Son cuestiones que atraviesan inevitablemente la política. Pero su mensaje no estuvo dirigido a un partido ni a un gobierno: habló ante la comunidad internacional desde categorías como el bien común, la dignidad y la paz.

Quizás allí esté la diferencia que necesitamos aprender a reconocer: hablar de política no significa necesariamente hacer política partidaria.

El lugar desde donde habla un Papa

La Iglesia tiene una doctrina social y una mirada sobre la persona, el trabajo, la justicia, la paz y el bien común que no nació con el gobierno de turno ni termina cuando ese gobierno cambia.

Por eso, cuando un Papa habla de pobreza, migraciones, salarios, guerra, cárceles o dignidad humana, sus palabras pueden tener consecuencias políticas.

Pero eso no significa que debamos traducirlas inmediatamente en apoyo u oposición a determinado gobierno.

Buscar de qué lado se ubicó puede hacernos perder lo esencial de lo que está diciendo.

Los lugares también hablan

Hay otra manera de leer estos viajes: observar dónde va el Papa.

En Francia, León XIV pasa del Palacio del Elíseo a Notre-Dame y de allí a un estadio lleno de jóvenes. Visita una obra que trabaja con migrantes y después peregrina a Lourdes. Se encuentra con enfermos y con víctimas de abusos. Finalmente dialoga con representantes de otras religiones.

Los próximos viajes volverán a mostrarlo.

En Argentina, por ejemplo, habrá autoridades y representantes de la sociedad civil, pero también una visita al Pequeño Cottolengo Don Orione, un encuentro con el mundo del trabajo, jóvenes, una cárcel y finalmente Luján.

Cada lugar dice algo.

Cuando un Papa entra en una cárcel podremos discutir políticas penitenciarias, seguridad y legislación penal. Pero para un cristiano existe antes una frase mucho más sencilla:

“Estuve preso y me visitaron”.

Visitar a los presos es una obra de misericordia.

No significa justificar el delito. Significa recordar que una persona no pierde su dignidad por encontrarse detrás de una reja.

Lo mismo sucede cuando entra en un hospital, una obra de caridad, un centro para migrantes o una institución dedicada a personas con discapacidad.

No todo gesto necesita ser traducido inmediatamente a una categoría política.

No quedarse con una fotografía

Las visitas de León XIV producirán imágenes con presidentes, dirigentes, sindicalistas, empresarios y autoridades.

Y esas fotografías serán importantes.

Pero habrá otras.

El Papa junto a un enfermo. Frente a un joven. Escuchando a un trabajador. Entrando en una cárcel. Rezando ante la Virgen. Encontrándose con alguien que quizás nunca volverá a aparecer en una fotografía.

Una visita apostólica se comprende cuando somos capaces de mirar todas esas imágenes juntas.

Porque el Papa dialoga con el poder, pero no viaja solamente para encontrarse con quienes tienen poder.

Viaja como pastor.

Habrá política. Habrá titulares. Habrá interpretaciones y seguramente cada sector intentará encontrar una frase que confirme su propia mirada.

Quizás no podamos evitarlo.

Pero sí podemos elegir cómo escucharlo.

Porque cuando el Papa habla de paz, dignidad humana, trabajo, migraciones, pobreza, tecnología o cuidado de los más vulnerables, no habla solamente a los católicos. Habla al hombre y a la mujer de nuestro tiempo, creyentes o no creyentes, desde una mirada que propone pero no impone.

Por eso, comprender una visita apostólica exige algo más que seguir la agenda o interpretar cada fotografía. Exige escuchar el mensaje completo y preguntarnos qué tiene para decirnos, incluso cuando sus palabras no encajan exactamente en nuestras propias categorías.

El desafío quizá no sea evitar que la política esté presente. Es evitar que la política nos impida ver al Papa y escuchar la universalidad de su mensaje.

Tina Colussi

Periodista, comunicadora y catequista. Diplomada en Comunicación Católica y Animadora Bíblica de la Pastoral. Desde hace más de siete años acompaña la comunicación de la Iglesia a través de distintos medios y proyectos de evangelización. Comparte diariamente "Un minuto con Jesús", una sencilla reflexión del Evangelio que puede seguirse en sus redes sociales y que busca acompañar la vida de fe con la fuerza de las pequeñas palabras. Cree en la simpleza de las palabras, en la fuerza del encuentro y en el poder de la comunicación para sembrar esperanza, tender puentes y acercar a las personas a Dios.