29 septiembre, 2026

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Jaime Millás

Análisis

29 septiembre, 2026

10 min

Células iPS: una nueva esperanza para tratar las enfermedades autoinmunes

Las células madre pluripotentes inducidas abren una nueva vía en la medicina regenerativa para tratar trastornos autoinmunes de forma personalizada y sin dilemas éticos

Células iPS: una nueva esperanza para tratar las enfermedades autoinmunes

Las enfermedades autoinmunes constituyen uno de los grandes desafíos de la medicina actual. En ellas, el sistema inmunitario, que debería proteger al organismo frente a agentes externos, pierde la capacidad de distinguir adecuadamente entre lo propio y lo extraño y termina atacando tejidos del mismo paciente. Existen más de cien enfermedades autoinmunes, entre ellas la diabetes mellitus tipo 1, el lupus, la artritis reumatoide y la enfermedad de Graves. Según el artículo publicado recientemente en Nature, hasta un 10 % de la población mundial padece alguna enfermedad autoinmune y muchas de estas enfermedades todavía no tienen una verdadera curación.

Hasta ahora, la medicina ha conseguido principalmente controlar sus consecuencias. En muchos casos se utilizan medicamentos que disminuyen la actividad del sistema inmunitario, mientras que en otros se intenta sustituir la función que un órgano o tejido ha perdido. El problema es que estos tratamientos pueden controlar la enfermedad, pero no necesariamente consiguen recuperar de manera permanente la función dañada ni corregir el mecanismo que originó el trastorno.

La medicina regenerativa abre una posibilidad diferente: reemplazar las células que han desaparecido o han quedado dañadas y conseguir que el propio organismo vuelva a realizar la función perdida.

  1. Las células iPS: convertir una célula adulta en una célula capaz de regenerar tejidos

Una de las herramientas más prometedoras para conseguirlo son las células madre pluripotentes inducidas, conocidas como células iPS (induced pluripotent stem cells).

La idea es extraordinariamente interesante. En lugar de utilizar células procedentes de un embrión, se toma una célula adulta del propio paciente —por ejemplo, una célula de tejido adiposo— y se reprograma para devolverla a un estado pluripotente. En ese estado puede ser posteriormente dirigida para convertirse en diferentes tipos celulares.

De esta manera, una célula adulta puede transformarse, mediante técnicas de reprogramación, en una fuente de nuevas células capaces de sustituir aquellas que el paciente ha perdido.

Esto ofrece una ventaja especialmente importante: las células pueden proceder del propio paciente. Por ello se habla de un tratamiento autólogo. Al tratarse de células genéticamente relacionadas con el receptor, se puede evitar el problema de la incompatibilidad inmunológica que aparece cuando se trasplantan células procedentes de otra persona.

Esta posibilidad tiene una enorme importancia en medicina regenerativa. Un trasplante convencional puede exigir medicamentos inmunosupresores para impedir que el organismo rechace el tejido recibido. Estos medicamentos, aunque pueden ser indispensables, también disminuyen las defensas inmunitarias y pueden producir efectos adversos importantes.

El objetivo de los investigadores es, por tanto, llegar a una situación en la que el paciente pueda recibir células capaces de reparar o sustituir el tejido perdido sin tener que mantener indefinidamente una inmunosupresión intensa. En el referido artículo se señala precisamente que superar esta necesidad de inmunosupresión constituye uno de los grandes objetivos de las investigaciones actuales sobre células madre y enfermedades autoinmunes.

  1. Un ejemplo especialmente significativo: la diabetes tipo 1

La diabetes mellitus tipo 1 permite comprender muy bien el potencial de esta estrategia.

En esta enfermedad, el sistema inmunitario destruye las células beta del páncreas, responsables de producir insulina. Como consecuencia, el paciente necesita recibir insulina durante toda su vida.

En 2024, un equipo de investigadores publicó en Cell los resultados preliminares de un ensayo clínico en el que se utilizaron células pluripotentes inducidas obtenidas del propio paciente para producir islotes pancreáticos. Estos fueron posteriormente trasplantados a la paciente. El resultado fue extraordinariamente prometedor: la paciente consiguió mantener niveles adecuados de glucosa y dejó de necesitar insulina exógena a partir de aproximadamente 75 días después del trasplante. A los doce meses mantenía un control glucémico estable.

El caso fue especialmente relevante porque se trataba de células obtenidas mediante una estrategia autóloga. Es decir, no se estaba simplemente sustituyendo un tejido mediante células procedentes de un donante, sino intentando construir tejido funcional a partir de células de la propia paciente.

Nature recoge ahora la evolución posterior de este caso y señala que, casi tres años después, la paciente continúa evolucionando favorablemente. La publicación presenta este resultado como un ejemplo de la nueva etapa que está comenzando en el desarrollo de tratamientos celulares para las enfermedades autoinmunes.

  1. La cuestión inmunológica: una ventaja y, al mismo tiempo, un desafío

Aquí es importante distinguir dos problemas diferentes.

El primero es el rechazo de un tejido extraño. Cuando las células proceden de otra persona, el sistema inmunitario puede reconocerlas como ajenas y destruirlas. La utilización de células iPS obtenidas del propio paciente podría evitar este problema porque las células son autólogas.

El segundo problema es más complejo: la enfermedad autoinmune que originó la destrucción celular puede continuar existiendo.

En la diabetes tipo 1, por ejemplo, aunque consigamos producir nuevas células beta a partir de iPS del paciente, el sistema inmunitario podría volver a reconocerlas como objetivo y destruirlas. Por eso, como se advierte en el artículo de Nature, el gran reto consiste en conseguir que las nuevas células sobrevivan sin necesidad de una inmunosupresión permanente.

Esto significa que las células iPS no constituyen todavía una solución definitiva para todas las enfermedades autoinmunes. Sin embargo, ofrecen una estrategia que combina dos posibilidades extraordinariamente valiosas: regenerar el tejido perdido y hacerlo utilizando células procedentes del propio paciente.

Si los investigadores consiguen además reeducar o modificar suficientemente la respuesta inmunitaria para que deje de atacar las células regeneradas, podríamos encontrarnos ante un cambio profundo en el tratamiento de algunas enfermedades autoinmunes.

  1. Un tratamiento costoso, pero con un posible beneficio enorme

Existe todavía un obstáculo importante: el coste.

La obtención de células iPS específicas para cada paciente, su cultivo, reprogramación, diferenciación, control de calidad y posterior utilización clínica constituyen procesos técnicamente complejos. Por ello, estos tratamientos pueden resultar actualmente muy costosos.

Pero el coste inicial de una tecnología médica no debería ser el único criterio para valorar su potencial. Muchas innovaciones médicas comenzaron siendo extraordinariamente caras y complejas y posteriormente pudieron hacerse más accesibles gracias a la mejora de los procedimientos, la producción a mayor escala y el conocimiento acumulado.

En este caso, además, el posible beneficio sería enorme si se consiguiera transformar una enfermedad crónica en una enfermedad efectivamente curable.

Pensemos nuevamente en la diabetes tipo 1. Una persona que actualmente depende de la administración permanente de insulina podría, en el futuro, recuperar una producción adecuada de esta hormona mediante células funcionales generadas a partir de sus propias células. El beneficio no consistiría únicamente en evitar las inyecciones de insulina. También podría significar reducir las complicaciones derivadas de la enfermedad y, sobre todo, devolver al paciente una función biológica que había perdido.

El mismo razonamiento puede aplicarse, con las correspondientes diferencias, a otras enfermedades autoinmunes. Si la medicina regenerativa consigue no solo reemplazar las células destruidas sino también controlar la respuesta inmunitaria responsable de su destrucción, el impacto sobre la calidad de vida de millones de personas podría ser extraordinario.

Por ello, el desafío económico debe contemplarse junto con el posible beneficio clínico y social. Una tecnología inicialmente cara puede adquirir una enorme relevancia sanitaria si consigue proporcionar una solución duradera a enfermedades que actualmente requieren tratamientos de por vida.

  1. Una ventaja ética fundamental: no es necesario destruir embriones

Además de sus posibilidades médicas, las células iPS presentan una característica de gran importancia desde el punto de vista ético.

Las células iPS se obtienen mediante la reprogramación de células somáticas adultas. Por tanto, su utilización permite desarrollar investigaciones y tratamientos basados en células pluripotentes sin tener que recurrir a un embrión humano para obtenerlas.

Esta diferencia es particularmente relevante cuando se considera la cuestión desde una perspectiva bioética que reconoce un valor propio a la vida humana desde sus primeras etapas de desarrollo.

La investigación biomédica busca aliviar el sufrimiento y curar enfermedades, pero el objetivo de hacer el bien al paciente no elimina la necesidad de preguntarse por los medios utilizados para conseguirlo. En este sentido, las células iPS ofrecen una vía especialmente interesante porque permiten perseguir objetivos de medicina regenerativa sin plantear el mismo problema ético asociado a la utilización de células madre embrionarias.

La cuestión puede formularse de manera sencilla: si es posible obtener células pluripotentes a partir de células adultas del propio paciente, ¿por qué sería necesario recurrir a la destrucción de embriones humanos?

Las células iPS muestran que la ciencia puede avanzar en medicina regenerativa buscando simultáneamente la eficacia terapéutica y el respeto por la vida humana.

  1. Ciencia y ética pueden avanzar juntas

El desarrollo de las células iPS constituye, por tanto, un ejemplo particularmente interesante de cómo la innovación científica puede abrir caminos que sean al mismo tiempo prometedores desde el punto de vista médico y respetuosos desde el punto de vista ético.

Su potencial no reside solamente en que puedan transformarse en diferentes tipos celulares. Su verdadero interés clínico está en la posibilidad de reemplazar células que el paciente ha perdido utilizando células obtenidas del propio organismo, evitando así los problemas de compatibilidad inmunológica y, eventualmente, la necesidad de inmunosupresión.

El caso de la diabetes tipo 1 constituye todavía una experiencia clínica inicial y no permite afirmar que exista ya una curación generalizada. El primer estudio publicado en Cell correspondió a una sola paciente y fue un ensayo clínico de fase I; además, en aquella paciente existían circunstancias clínicas que obligaban a mantener inmunosupresión, por lo que quedaba abierta precisamente la cuestión de si las nuevas células podrían mantenerse sin ella.

Por eso todavía queda mucho trabajo: demostrar seguridad a largo plazo, confirmar los resultados en más pacientes, perfeccionar la producción celular, disminuir los costes y, sobre todo, conseguir que el sistema inmunitario deje de destruir las células regeneradas.

Pero el horizonte que se abre es extraordinario.

Las células iPS permiten imaginar una medicina que no se limite a compensar durante décadas una función perdida, sino que pueda reconstruirla. Y ofrecen, además, una vía de investigación que no necesita sacrificar embriones humanos para obtener células pluripotentes.

El reto de los próximos años será conseguir que estos tratamientos pasen de experiencias experimentales altamente especializadas a terapias seguras, eficaces, accesibles y económicamente sostenibles. Si se logra, el beneficio para los pacientes podría ser enorme: no solamente controlar enfermedades autoinmunes, sino llegar algún día a modificar su curso y, en determinados casos, recuperar de forma duradera las funciones que la enfermedad había destruido.

La medicina regenerativa basada en células iPS representa así una de las posibilidades más interesantes de la medicina contemporánea: utilizar el propio potencial biológico del paciente para reparar su organismo, reducir las barreras inmunológicas y avanzar hacia tratamientos que respeten simultáneamente la dignidad de la persona y la vida humana.

Jaime Millás

Licenciado en Ciencias Biológicas, por la Universidad de Valencia (España), ciudad donde nació en 1953, es licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de Piura (Perú) y Máster en Dirección de Instituciones Educativas por el Centro Universitario Villanueva, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid. También es Máster en Bioética por la Universidad de Murcia (España) y Doctor en Bioética por la Universidad Católica de Valencia (España) con una tesis sobre “Reflexión bioética sobre la opinión de los médicos peruanos acerca de la aplicación de la terapia con células madre en clínicas de Latinoamérica” (Sobresaliente Cum Laude). En Valencia fue subdirector del Colegio Mayor “Albalat” y, tras fijar su residencia en el Perú, en 1977, director de varios Centros Culturales de Lima y del Colegio Alpamayo desde 1988 hasta 2004. Ha sido vicepresidente del Centro de Orientación Familiar (COFAM) y trabajó en la oficina de proyectos de la Asociación para el Desarrollo de la Enseñanza Universitaria (ADEU), entidad promotora de la Universidad de Piura. Asimismo ha sido secretario de la Asociación Civil “Piura 450”, promotora de colegios en Chiclayo y Piura. También ha sido director del Colegio “Turicará” de Piura entre los años 2005 y 2012. Actualmente se desempeña como presidente del Comité Institucional de Ética en Investigación de la Universidad de Piura. Director del Departamento de Ciencias Básicas y Bioética, y director de Estudios de la Facultad de Medicina de la Universidad de Piura. Coautor del libro “Bioética en Investigación. Fundamentos, principios, aplicaciones”. Y autor de otros libros de Bioética y educación, así como artículos de Bioética en revistas indexadas.