14 abril, 2026

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Cardenal Arizmendi: La unidad eclesial, una prioridad

Valorar la diversidad en la fe y fortalecer la unidad de la Iglesia

Cardenal Arizmendi: La unidad eclesial, una prioridad

El cardenal Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ofrece a los lectores de Exaudi su artículo semanal.

HECHOS

Que hay fracturas al interior de nuestra Iglesia, es inocultable. Por ejemplo, a algunos les gusta mucho la Misa en latín, aunque no lo entiendan, pues se imaginan que Dios escucha mejor las oraciones en ese idioma, siendo que Jesús no hablaba latín, sino arameo. Unos insisten más en la oración, en las devociones y en las celebraciones litúrgicas, y otros en el compromiso social de la fe. Unos querían más a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, y no tanto a Francisco. Ahora quisieran jalar al Papa León a su propia preferencia, dizque para poner orden donde Francisco, según ellos, causó una revolución. Los cuatro Papas, así como los anteriores, nos llevaron a Jesús y a vivir como verdaderos discípulos, aunque cada uno a su estilo. Eso es totalmente normal.

Juan Bautista y Jesús llevan una vida muy diferente; sin embargo, no se atacan, sino que se aprecian y se exaltan mutuamente. Los apóstoles Pedro y Juan son muy distintos, pero siempre andan juntos. Pedro y Pablo tienen sus diferencias y discuten, pero no se excluyen uno a otro. Los cuatro evangelistas describen cada uno a su manera la vida y el mensaje de Jesús, pero si comparamos a Marcos con Juan, poco se parecen, y a algunos les gusta más uno que otro. Dios nos hizo diferentes, no idénticos. Las diferencias en el estilo de seguir a Jesús son normales y no se pueden ni se deben evitar, pues, bien articuladas, son una riqueza.

Desde los primeros siglos, aparecieron sectas y cismas que aún perduran, como entre Oriente y Occidente, entre católicos y protestantes, y entre mismos católicos. Siempre, pero sobre todo desde el Concilio Vaticano II, los Papas y nosotros trabajamos por hacer realidad el deseo de Jesús, que permanezcamos unidos. Las diferencias son queridas por Dios; no las divisiones. Jesús no quiere uniformidad, sino unidad. Quiere que permanezcamos unidos, como hay unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que también son diferentes.

ILUMINACION

El Papa León XIV, desde el inicio de su ministerio como Sucesor de Pedro, expresó:

“Quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado.

En nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Y nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela! Escuchen su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo somos uno. Y esta es la vía que hemos de recorrer juntos, unidos entre nosotros, pero también con las Iglesias cristianas hermanas, con quienes transitan otros caminos religiosos, con aquellos que cultivan la inquietud de la búsqueda de Dios, con todas las mujeres y los hombres de buena voluntad, para construir un mundo nuevo donde reine la paz.

Este es el espíritu misionero que debe animarnos, sin encerrarnos en nuestro pequeño grupo ni sentirnos superiores al mundo; estamos llamados a ofrecer el amor de Dios a todos, para que se realice esa unidad que no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo.

¡Esta es la hora del amor! La caridad de Dios, que nos hace hermanos entre nosotros, es el corazón del Evangelio. Con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, construyamos una Iglesia fundada en el amor de Dios y signo de unidad, una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo, que anuncia la Palabra, que se deja cuestionar por la historia, y que se convierte en fermento de concordia para la humanidad. Juntos, como un solo pueblo, todos como hermanos, caminemos hacia Dios y amémonos los unos a los otros” (18-V-2025).

“Quiero que mi servicio episcopal sea servicio a la unidad. La unidad de la Iglesia y entre las Iglesias se nutre del perdón y de la confianza recíproca, que comienza por nuestras familias y nuestras comunidades. En efecto, si Jesús confía en nosotros, también nosotros podemos fiarnos los unos de los otros, en su Nombre” (22-VI-2025).

ACCIONES

Quienes tenemos estilos diferentes de ser Iglesia de Jesús, respetémonos y apreciémonos unos a otros, valorando en los demás también la acción del Espíritu Santo, para que todos, cada quien según su camino eclesial, colaboremos en la mejoría de nuestro mundo.

Cardenal Felipe Arizmendi

Nacido en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.