Caminar juntos hacia el 2033: El llamado a la unidad de la Iglesia en tiempos de incertidumbre
El Papa León XIV destaca ante la delegación del Patriarcado Ecuménico la importancia del Credo de Nicea como brújula para la reconciliación cristiana y la paz global
La reciente festividad de los Santos Pedro y Pablo, patronos de la Iglesia de Roma, ha vuelto a ser el escenario de un gesto que trasciende la diplomacia eclesiástica. En el encuentro mantenido el pasado 30 de junio con la delegación enviada por el Patriarca Ecuménico Bartolomé, el Papa León XIV ha reafirmado el compromiso de continuar el camino hacia la plena unidad entre todas las confesiones cristianas, una meta que hoy se siente más urgente que nunca.
Durante su discurso, el Santo Padre subrayó la vitalidad de esta relación, evocando el recuerdo compartido en San Giorgio al Phanar el pasado noviembre. Sin embargo, más allá de la cordialidad, el Papa situó el horizonte en el año 2033, fecha que marcará el segundo milenio de la Redención. El deseo expresado por León XIV es claro: que el trayecto hacia este jubileo sea un esfuerzo conjunto, donde la base de referencia sea el Credo de Nicea. A propósito de la reciente conmemoración de los 1700 años del Primer Concilio, celebrado en Ìznik, el Pontífice recordó que este documento ofrece el modelo clave de «unidad en la diversidad», fundamentado en la mística de la Trinidad.
El mensaje cobra especial relevancia en el contexto actual, marcado por la polarización, las tensiones sociales y los conflictos armados. El Papa advirtió que la credibilidad del anuncio cristiano depende de la capacidad de los creyentes para presentarse ante el mundo como un signo auténtico de paz. Según León XIV, no es una cuestión meramente interna, sino un desafío que afecta «el futuro mismo de la humanidad».
De este modo, la colaboración entre los cristianos deja de ser una opción para convertirse en una necesidad imperativa frente a retos globales como la gestión ética de las nuevas tecnologías, la defensa del medio ambiente y la protección innegociable de la dignidad humana, especialmente la de los más vulnerables. El encuentro culminó con un renovado agradecimiento a la delegación del Patriarcado Ecuménico, confiando en que la intercesión de los apóstoles Pedro y Andrés siga guiando los pasos hacia una comunión que, más allá de las diferencias, sea capaz de ofrecer esperanza a un mundo dividido.
Texto completo del discurso:
AUDIENCIA A LOS MIEMBROS DE LA DELEGACIÓN
DEL PATRIARCADO ECUMÉNICO DE CONSTANTINOPLA
CON MOTIVO DE LA FIESTA DE LOS SANTOS PEDRO Y PABLO
Martes, 30 de junio de 2026
______________
Eminencia,
queridos hermanos en Cristo,
Me complace mucho encontrarme con ustedes, después de que ayer celebramos juntos la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo, patronos de esta Iglesia que está en Roma. Su presencia entre nosotros expresa la cercanía fraterna de la Iglesia hermana que está en Constantinopla y de su pastor y guía, Su Santidad Bartolomé, Patriarca Ecuménico. Le estoy profundamente agradecido a él y a todos los miembros del Santo Sínodo por haber querido enviarlos a Roma, para continuar con el tradicional intercambio de visitas con motivo de las fiestas de los santos patronos de nuestras respectivas Iglesias.
A este respecto, conservo vivo en mi memoria el recuerdo de mi participación en la celebración de San Andrés, en la iglesia patriarcal de San Jorge al Fanar, el pasado 30 de noviembre. Recuerdo con alegría y gratitud los encuentros que he tenido con Su Santidad Bartolomé, en los que hemos podido profundizar nuestra amistad mutua y compartir nuestra visión sobre numerosas cuestiones, sobre todo el deseo común de avanzar en el camino hacia la plena unidad entre todos los cristianos.
En esta perspectiva, la conmemoración del 1700.º aniversario del Primer Concilio de Nicea, celebrada en la víspera de la fiesta de San Andrés en İznik, por invitación del Patriarca Bartolomé y con la presencia de representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, constituyó un elocuente testimonio de la comunión que ya existe entre todos aquellos que comparten la fe en Dios, Padre de todos los hombres, y que confiesan al Señor y Hijo de Dios, Jesucristo, y al Espíritu Santo, quien nos inspira y nos conduce a la plenitud de la verdad y de la unidad. A la luz de ese evento conmemorativo, quedó claro que el Credo de Nicea debe ser la base y el criterio de referencia de este proceso, proponiendo el modelo de verdadera unidad en la legítima diversidad: Unidad en la Trinidad, Trinidad en la Unidad (cf. Carta apostólica In unitate fidei, 12). Ojalá el camino hacia la celebración del segundo milenio de la Redención, en 2033, pueda recorrerse juntos entre todas las confesiones cristianas del mundo, redescubriendo el don y el llamado a ser testigos del Resucitado.
En una época caracterizada por las guerras y una polarización creciente, así como por divisiones culturales y sociales, los cristianos, reconciliados entre sí y de acuerdo en la profesión de la única fe, están llamados a ser un signo creíble de paz, contribuyendo de manera decisiva al compromiso en este sentido de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. De hecho, en la situación actual está en juego no solo la credibilidad del mensaje cristiano, sino el futuro mismo de la humanidad. La necesidad de una mayor colaboración entre los cristianos ante los desafíos actuales —como la paz, el buen uso de las nuevas tecnologías y el cuidado de la creación— surge del mismo Evangelio de Jesucristo: de hecho, la responsabilidad hacia la vida y la dignidad de cada ser humano, comenzando por los más pequeños y necesitados, es el criterio que determina nuestro destino presente y eterno (cf. Mt 25,31-46).
Eminencia, queridos hermanos, les renuevo de todo corazón mi gratitud por esta visita, así como por su compromiso personal y el del Patriarcado Ecuménico en la promoción de la santa causa de la unidad de los cristianos. Les aseguro mi oración, por intercesión de los santos apóstoles Pedro y Andrés, hermanos en la carne y en la fe, y le pido a Dios nuestro Padre que nos acompañe siempre con su bendición. ¡Gracias!
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