01 octubre, 2026

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Antonio Roura: “La educación católica no busca adoctrinar, sino abrir horizontes de sentido en un mundo fragmentado”

El director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura analiza en esta entrevista los grandes desafíos de la escuela actual, el papel de la clase de religión y la urgencia de un pacto educativo que ponga a la persona en el centro

Antonio Roura: “La educación católica no busca adoctrinar, sino abrir horizontes de sentido en un mundo fragmentado”

En un momento donde las aulas se debaten entre la vertiginosa transformación tecnológica y la profunda crisis de valores, la mirada de la Iglesia sobre la enseñanza adquiere una relevancia capital. Para profundizar en estos desafíos, La Missio, colaborador de Exaudi conversa con Antonio Roura, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura de la Conferencia Episcopal Española.

Con una amplia trayectoria y un profundo conocimiento de los entresijos pedagógicos y pastorales del país, Roura nos adentra en los proyectos actuales de la institución, el valor insustituible de la clase de religión y la necesidad imperiosa de tejer puentes a través del diálogo cultural. Una charla abierta y sin ambages sobre el presente y el futuro de una escuela llamada, más que nunca, a educar la mirada y el corazón de las nuevas generaciones.

La Escuela de Verano de Salamanca pone el foco en cuidar al profesor de Religión. ¿Por qué es tan importante este cambio de mirada?

La Escuela de Verano de Salamanca, organizada por la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, fue un espacio de encuentro, reflexión y trabajo sobre el desarrollo profesional del profesorado de Religión. Reunió a delegados diocesanos, profesores de la DECA, docentes y responsables de formación de las distintas titularidades de la escuela católica. Allí presentamos y contrastamos una propuesta de Marco de Desarrollo Profesional que venía elaborándose mediante un proceso muy participativo. Esa participación es uno de sus principales valores, porque permite partir de la experiencia real de quienes forman, acompañan y trabajan cada día en el aula.

Una de las convicciones que atravesó el encuentro fue la necesidad de cuidar al profesor. Durante años hemos puesto el acento, con razón, en su preparación teológica y pedagógica. Ese empeño sigue siendo imprescindible, pero hoy necesitamos ampliar la mirada. No basta con ofrecer cursos o buenos materiales; debemos acompañar a la persona a lo largo de su trayectoria profesional, desde su incorporación a la docencia hasta las etapas de mayor experiencia.

El profesorado de Religión trabaja en una escuela plural, en contextos culturales diversos y, a veces, con una sensación real de soledad o fragilidad. Necesita formación continua, pero también ser escuchado, reconocido y acompañado. En este sentido nos orienta el magisterio del papa León XIV y, en particular, su carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza. Allí se nos recuerda que la educación es una obra coral y que nadie educa solo.

Cuidar al docente significa ayudarle a releer su vocación, afianzar su identidad profesional y ofrecerle recursos para afrontar las dificultades sin desgastarse. Este fue el cambio de perspectiva que quisimos hacer visible en Salamanca: pasar de preguntarnos únicamente qué formación ofrecemos a preguntarnos qué necesita cada profesor en su momento personal y profesional. Cuando cuidamos a los docentes, cuidamos la enseñanza, la presencia de la Iglesia en la escuela y, en último término, a los alumnos y a sus familias.

¿Qué aporta el nuevo Sistema de Desarrollo Profesional frente al modelo tradicional de formación del profesorado?

Aporta una manera distinta de entender la formación: no como una suma de cursos aislados, sino como un proceso que acompaña toda la vida profesional. El Marco mira a los marcos de competencias docentes que se están desarrollando, pero concreta la especificidad del profesor de Religión mediante cinco dominios propios y complementarios.

El primero es el dominio pedagógico-didáctico: planificar, enseñar y evaluar con rigor, atendiendo al currículo y a la diversidad del alumnado. El segundo, relacional e inclusivo, se refiere a crear vínculos de confianza, escuchar, dialogar y acompañar en aulas plurales. El tercero, institucional y colaborativo, sitúa al profesor dentro del claustro, del proyecto educativo y de la relación con las familias y el entorno. El cuarto, digital e innovador, pide utilizar la tecnología y la innovación con criterio pedagógico y discernimiento ético. Y el quinto, identitario-eclesial, integra la formación teológica, el diálogo entre fe y cultura y la vinculación con la Iglesia en el ejercicio cotidiano de la docencia.

Cada dominio se desarrolla mediante indicadores observables. No son una lista para fiscalizar o clasificar al profesor, sino referencias que le permiten revisar su práctica, reconocer fortalezas y descubrir aspectos de mejora. Esos mismos indicadores pueden orientar una autoevaluación, sostener un programa de mentoría o ayudar a diseñar itinerarios formativos más ajustados a necesidades reales.

Conviene aclarar que el Marco que se ha propuesto no tiene carácter oficial ni ha sido aprobado por el Ministerio de Educación. Es una propuesta abierta, compatible con los marcos docentes generales y llamada a adaptarse con flexibilidad. Su aportación consiste en ofrecer desde ahora un lenguaje común para acompañar el crecimiento profesional sin reducirlo a la acumulación de cursos o certificados.

¿Cómo debe ser hoy un buen profesor de Religión en una escuela plural y secularizada?

Ha de ser, ante todo, un buen profesor: conoce su materia, prepara las clases, enseña y evalúa con rigor, y participa en el proyecto educativo del centro. Su identidad como profesor de Religión no lo sitúa al margen de las exigencias de la profesión docente. Le pide, además, presentar la tradición cristiana de forma inteligible y dialogar con las preguntas de los alumnos y la cultura en la que viven.

En una escuela plural, esto se aprecia especialmente en la relación educativa. El profesor cuida que cada alumno pueda intervenir sin temor a ser ridiculizado por sus creencias, sus dudas o su historia familiar. Atiende a quienes encuentran más dificultades para participar, escucha antes de responder y favorece el diálogo entre convicciones distintas. Cuando aparece un conflicto, procura convertirlo en una ocasión para aprender a convivir, sin eludir lo que debe ser corregido.

La clase de Religión abre preguntas sobre el sentido de la vida que tocan de cerca a los alumnos. Hay que acogerlas con respeto y discreción, sin forzar confidencias ni pedir adhesión creyente. El profesor acompaña desde su responsabilidad educativa y, cuando hace falta, colabora con el equipo docente y las familias. Su formación teológica le permite mostrar con claridad lo que el cristianismo propone; su competencia pedagógica, hacerlo accesible a todos y dejar espacio para que cada alumno formule libremente su juicio. Ahí se encuentran su profesionalidad y su identidad.

La propuesta apuesta por la mentoría y el acompañamiento. ¿Cómo pueden ayudar realmente al crecimiento de los docentes?

La mentoría ayuda porque evita que el profesor afronte solo las preguntas y dificultades de su práctica. El Marco ofrece un lenguaje compartido para ese acompañamiento: los dominios y sus indicadores permiten observar la realidad, formular buenas preguntas y acordar objetivos de mejora sin convertir la relación en un examen.

El mentor no es alguien que dicta al profesor nuevo lo que debe hacer. Es un compañero con experiencia que ayuda a mirar la práctica con cierta distancia, comparte criterios y acompaña la toma de decisiones. La relación solo tiene sentido desde la confianza y la escucha; no está orientada a juzgar ni a vigilar.

Este acompañamiento puede ser decisivo en los primeros años, cuando gestionar la convivencia, programar, relacionarse con las familias o encontrar el propio lugar en el centro exige un esfuerzo añadido. Pero la mentoría no se limita a quienes empiezan. También permite que los docentes experimentados contrasten su práctica, compartan lo aprendido y continúen creciendo profesionalmente.

¿Qué papel deben asumir las diócesis, universidades, centros DECA e instituciones educativas en este nuevo modelo?

A cada institución le corresponde una responsabilidad distinta, pero todas han de actuar de manera coordinada. El Marco y sus indicadores pueden ofrecerles un lenguaje común para reconocer necesidades y ordenar mejor sus decisiones.

Las delegaciones diocesanas han de permanecer cerca del profesor y, a partir de ese conocimiento, diseñar planes de formación y acompañamiento. Las universidades y los centros DECA deben asegurar una formación inicial sólida y conectada con la realidad del aula. Los colegios han de facilitar tiempos y condiciones para la formación, la mentoría y el trabajo compartido.

También las instituciones educativas y las editoriales pueden utilizar los dominios y los indicadores para orientar sus propuestas formativas y sus recursos, evitando ofertas genéricas o desconectadas de la práctica. A la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura le corresponde impulsar la coordinación, custodiar el sentido del Marco y ofrecer herramientas comunes, respetando la realidad de cada diócesis. No buscamos crear una estructura pesada, sino tejer una red corresponsable al servicio del profesorado.

De aquí a 2028, con esa propuesta de Congreso que está pendiente de aprobación, ¿qué le gustaría que hubiera cambiado en la vida y en la misión de los profesores de Religión?

Me gustaría que hubiera cambiado, sobre todo, la experiencia cotidiana del profesor: que cualquier docente de Religión pudiera decir que no se siente solo y que forma parte de una comunidad profesional y eclesial que reconoce su tarea y lo acompaña. El Congreso es todavía una propuesta que deberá ser estudiada y aprobada por los obispos. Más que fijarnos en una fecha, debemos preguntarnos qué proceso queremos recorrer hasta 2028.

Desearía que revisar la práctica, dejarse acompañar y seguir formándose no se percibiera como una carga o un trámite, sino como una dimensión natural de la profesión. Si el Congreso se aprueba, debería permitirnos compartir experiencias, valorar los proyectos piloto y comprobar qué mejoras están llegando realmente a los centros.

Confío en que para entonces dispongamos de programas de mentoría experimentados, instrumentos útiles de autoevaluación y una colaboración más estrecha entre diócesis, universidades y centros educativos. Pero lo más importante sería que los profesores hubieran renovado la confianza en el valor pedagógico y humano de su tarea: docentes reconocidos por su competencia profesional y, al mismo tiempo, conscientes de la identidad y la misión que dan sentido a su presencia en la escuela.

La Missio

La Missió es una plataforma y organización católica orientada a la formación, peregrinaciones y recursos didácticos para educadores, catequistas y agentes pastorales. Qué ofrece La Missió • Formación 100% online: Cursos y herramientas diseñadas para transmitir la fe con un lenguaje actual, utilizando la creatividad y la profundidad. • Peregrinaciones: Viajes a lugares santos enfocados en una vivencia espiritual y educativa, pensados para salir de la rutina y cambiar la mirada. • Eventos institucionales y Recessus: Espacios de encuentro y descanso para crear comunidad entre educadores cristianos comprometidos con la transmisión del Evangelio.