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Alfons Gea

01 diciembre, 2025

12 min

Acompañar en el duelo desde la cercanía y la fe

Cartas de puño y letra

Acompañar en el duelo desde la cercanía y la fe

Un regalo de Navidad puede ser una carta escrita a mano. Además de ser algo con sello muy personal, tienen más posibilidades de sobrevivir que lo escrito en medios de la era electrónica. La grafía, sin necesidad de ser grafólogo, ya nos transmite muchas sensaciones.

El escrito a mano no permite un “cortar y pegar”, como mucho copiar. Pero, quizás el factor más importante es que el mismo papel puede ejercer de símbolo que nos une con aquella persona, como una reliquia.

Una carta contemplando el dolor de la persona a la que escribimos, comunicando nuestro afecto, puede sanar heridas. La IA (Inteligencia artificial) nos puede ayudar a nivel de conceptos e ideas, que escritas a mano y asumidas por el autor de la carta, cobran un valor especial para la persona que lo recibe.

Cuando los regalos de Navidad están saturados de consumismo, una carta personal pude ser un regalo vivo. El mensaje que transmite no se gasta, sino que permanece e incluso se transforma. La misma carta leída años después puede tener otro significado. Así pasó con la carta escrita a mamá. El nuevo significado fue, qué el silencio, no siempre es ausencia de comunicación.  Mi mamá nunca me dijo que hubiera leído la carta. Durante años dudé de la utilidad de la misiva. Los pliegues de la carta, gastados y rotos por el tiempo, indicaban haber sido leída muchas veces.

Al cabo de treinta años, cuando la mamá fallece, no se sabía si ella la había leído. Nunca madre e hijo hablaron de la carta. Si es cierto que hubo un cambio en el estado de ánimo en aquel entonces. El escrito, en papel amarillento y sesgado en los pliegues, de tanto abrir y cerrar, apareció en la caja de sus “tesoros particulares”.

El primer mensaje que hoy me sugiere es el de la familia. Como la carta, aparentemente, parece que se ha difuminado, parece que no está. Nos cuesta reunirnos. Pero al igual que la carta que parecía desaparecida, en cambio, estaba muy presente en su corazón, puesto que la leyó muchas veces, a juzgar por el desgaste por el papel. La familia, aunque no se vea, siempre está.

La carta que reproduciré fue escrita el 10 de diciembre de 1984. Mamá, con cincuenta años, hacía uno que era viuda. El que escribe tenía entonces veinte y seis años.

A pesar de que fue el primer acompañamiento en el duelo que hice, no es una intervención profesional. Hay una implicación muy personal. Casi se impone “forzosamente” una solución al estancamiento en el duelo. Pero sí recoge dos de los temas principales del inicio en la terapia del duelo. El primero es tomar conciencia del deseo de vivir o no. Acoger la respuesta negativa ante la propia vida, supone acompañar sin imponer, para acercarse al dolor, comprenderlo y curarlo. El segundo tema es el del sentido de mi vida. Para qué o para quién vivir.   El modelo es Jesús que dio su vida. Este punto fue importante. Hacerla sentir necesaria. Todos necesitamos que nos necesiten. Encontrar un sentido a la vida sin el otro que ya no está.

El artículo junto con la carta, quiere ser una herramienta para sanar desde lo que podemos llamar “epistoterapia”, es decir, escritura terapéutica.

El papa León lo decía estos días en la catequesis del 26 de noviembre;

“Muchas vidas, en todas las partes del mundo, aparecen como fatigadas, dolorosas, llenas de problemas y de obstáculos por superar. Sin embargo, el ser humano recibe la vida como un don: no la pide, no la elige, la experimenta en su misterio desde el primer día hasta el último. La vida tiene su especificidad extraordinaria: nos es ofrecida, no podemos dárnoslas nosotros mismos, y tiene que ser alimentada constantemente: es necesario un cuidado que la mantenga, la haga dinámica, la custodie, la relance.”

“Queridos, en el mundo hay una enfermedad difundida: la falta de confianza en la vida. Como si nos hubiésemos resignado a una fatalidad negativa, de renuncia. La vida corre el riesgo de no representar más una posibilidad recibida como don, sino una incógnita, casi una amenaza de la cual preservarse para no desilusionarnos. Por esto, el valor de vivir y de generar vida, de testimoniar que Dios es por excelencia «El amante de la vida»

Supongo que mi mamá me perdonará el que hablemos de ella, pues en vida fue muy discreta con sus emociones.

Carta:

Barcelona, 10 de diciembre del 1984

Mi querida mamá,

Aunque ya nada te espante, no te espantes por recibir esta carta. Desde mi habitación me cuesta menos hablarte y no es que te tenga vergüenza, pues si a ti te la tengo, no se a quien no voy a tener vergüenza entonces.

Ya sabrás de quien quiero hablar, de ti y de la mujer que el papá ha hecho de ti.

Tú me has contado. y lo sabes mejor que nadie, que te dio todo lo que tenía: desde el esfuerzo de no volver a emborracharse, que fue de las primeras pruebas de amor, hasta esta casa en la montaña, que lleva tu nombre y que él mismo me pidió que hiciera las letras en cerámica, para que lo viera todo el mundo: “Villa Triny”. Hasta tus hijos te dio aunque tú dices que nos quería más que tú, nosotros para él éramos su mayor regalo para ti. Besarte a ti era besarlo a él.

No me voy a entretener diciéndote lo que te quería porque sólo tú lo sabes mejor que nadie.

Te diré qué sin él, tu hubieses sido otra mujer y nosotros no hubiésemos existido. Nosotros somos su obra en este mundo. Nos ha querido y enseñado todo lo que sus fuerzas le han permitido.

Nosotros por la fe, sabemos que él vive, no está muerto como dices, porque el amor no muere y si nosotros que somos peores que Dios, le queremos y vive en nuestro recuerdo, Dios que es el padre bueno lo quiere más que nosotros y lo habrá llevado a su lado. Para Dios lo que cuenta es el amor y de eso papá sabía un rato.

Pero si tu no tuvieras fe, y a veces parece que no tenemos, simplemente, al recordarlo debieras encontrar consuelo. Me explicaré: Sabes que de él se ocupaba poco y quizá por eso se nos fue tan pronto, pero sí que se ocupaba de las cosas que le interesaban y había cosas que a veces, le preocupaban tanto que no le dejaban dormir. Esas cosas eran su familia. No quiero ni pensar en aquella vez que enfermaste. A mí me llamó para que fuera a encargarme de la tienda pero su voz, tan casi temblando, no era la de un negociante que necesitara un obrero. Era la de uno que buscaba medicinas para curar a quien más quería y que mejor medicina para una madre que un hijo.

De mí hasta me duele recordarlo lo que se preocupó: desde venir aquí, a Barcelona, ir a Francia, buscar médicos, darme lo que para él era lo mejor y como lo mejor para él no era ser fraile, no le gustaba, él quería lo mejor!

Nunca quería pedirle nada porque sabía que antes de abrir la boca ya lo tenía en mis manos. Y no sigo porque lloraría y no podría seguir escribiendo.

Te das cuenta de que nosotros somos su obra, aquello de lo que él quería sentirse orgulloso, aquello para lo que él quería lo mejor del mundo.

Si su obra fracasa, se hunde, se va a la ruina, todo su trabajo habrá sido inútil. Habrá trabajado para nada. Y qué rabia sería el saber que el esfuerzo de uno no sirve para nada. Parece como si se rieran de uno, como si uno fuese un inútil.

Pues mamá nosotros somos su obra, esa que tanto él quiso, y crees que tenemos derecho a chafarla o romperla, a reírnos de él, a decirle: mira lo qué has hecho!  Ahora es una piltrafa!  Para qué has trabajado tanto!

No mamá, no sé lo que pensarás tú, pero yo no quiero. Yo tengo que ser feliz porque mi padre se ha sacrificado para que sea y no le voy a tirar su trabajo. Al contrario, él se tiene que seguir sintiendo orgulloso de mi. Y cuando me pregunten porque soy tan así o porque tengo esto o lo otro, diré porque tuve un padre que me lo enseñó y me lo dio.

Ya se que tu dolor es grande, tan grande que muchas veces los otros sufrimos más por ti que por papá. Porque no me digas que sufres porque estas sola, cosa que no es del todo verdad, al menos por ahora. Tú sufres porque le querías y eso aunque de otra manera también lo queríamos otros y ahora estos otros sufrimos el doble: un sufrimiento por él, y otro por ti que te vemos sufrir.

Tu dices que no quieres vivir más que dos o tres años, que ya todo se ha acabado para ti.

Si yo pudiese darle la vida, no tardaría ni el tiempo de pensarlo. Pero se la daría para que fuese feliz, se cuidase y disfrutase, no se la daría para que la desperdiciase, amargándosela.

Estoy seguro de que si a él le hubieran preguntado si daría la vida por nosotros, cuatro vidas que hubiese tenido, cuatro que hubiese dado. Nada más que tuvo una y esa la dio. Tu crees que el se merece que la desperdiciemos de esa manera.

Yo creo que al contrario si antes nos daba igual todo porque lo teníamos a él, ahora que no está tenemos que hacerle caso: hacer lo que él quería de nosotros como cuando los padres dejan a los niños solos en casa y ellos se portan como si estuvieran porque los respetan y los quieren. Él aunque no está, nos sigue queriendo.

Mamá no pienses tanto en ti, piensa en él y en lo que te quería, no le falles ahora que no puede hablarte al oído cada noche. Ahora no te habla, pero tu si sabes lo que él ha querido siempre.

No pienses tanto en ti y piensa un poco en mí. Yo sufro mucho si sé que sufres, mi sufrimiento entonces es doble.

Quiéreme como él me quiso. Te crees que mi pena es pequeña. Dices que ya no le importas a nadie y eso es mentira. A mí el primer año me ha costado, pero crees que no me costará el día que faltes. No quiero oírte nunca más que digas que a nadie le importas porque me ofendes a mi y a mis hermanos y quien sabe si a más gente, pero sobre todo a mí y eso ya es importante.

Ya para acabar te hablaré como fraile, ya que hasta ahora lo he hecho como hijo.

La vida es para vivirla dándola por los demás porque así nos lo enseñó Jesucristo. El papá que había ido poco a catequesis ésto lo sabía muy bien lo practicaba y prueba de que su vida (su tiempo, su amistad, etc..) lo ponía a disposición de quien lo necesitaba. Era toda la gente que agradecida fue a su entierro, y la que no fue porque no pudo.

Pues la vida nos la ha dado Dios para eso para vivirla, porque sino ya no nos la hubiera dado. Es que no te alegras de lo que has vivido: tienes alguien que te ha querido mucho. Debes de darle gracias a Dios por haberte dado a conocer el amor tan grande, gracias al papá. El papá te ha enseñado lo que es el amor. Dios también es amor.

Tú crees que éste es el final y verdaderamente si el final fuese así, que poco valdría la vida. No valdría la pena nacer.

Dice la Biblia que para Dios mil años es como para nosotros el parpadear una vez. Para Dios el tiempo no existe como para nosotros. No lo mide con milímetros. El final es el encuentro amoroso con los que hemos querido y con Él que nos quiere más que ninguno aunque no nos demos cuenta. El se hizo hombre (Jesús) y murió y resucitó para decirnos que existe la vida para siempre.

Lo que cuenta es el final y no se puede ir al final diciendo: no quiero saber nada contigo Señor, esa vida que tu me has dado la he malgastado matándome poco a poco a mi misma. Hay que llegar diciendo Señor aquí me tienes, he querido como Tú nos has querido, me he querido a mi y he querido a los otros.

El final es el que vale la pena, pero no el final que tu te estás haciendo, sino el final que el Señor te prepara.

El papá ya ha llegado, desde allí nos está ayudando, si no? quien te crees tu que me ayuda a escribir esta carta?

Ves mamá no estás tan sola como te crees?. Tienes a gente que te quiere y sobre todo a gente que está esperando que los quieras. En el mundo no hay tanto amor como hiciera falta, porque no ayudas tu a poner un poco más, tú que sabes lo que es amar porque te han querido como a nadie.

No dejes de rezar por él también, quizás, lo necesite, pero piensa que el mejor rezo que le puedes hacer a nuestro Señor es agradecerle la vida siendo feliz y el mayor regalo que le puedes hacer a papá es enseñarle que lo que él ha hecho ha valido la pena, no se ha hundido.

Te quiero mucho, te necesito mucho mamá, no me falles.

Tu hijo y hermano en la fe.

Alfonso

Alfons Gea

Licenciado en Teología en Facultad de Teología de Barcelona (1988). Diplomado en Magisterio – profesor EGB. Universidad de Barcelona (1990). Licenciado en Psicopedagogia. Universidad Ramón Llull, (1994). Responsable del Servicio de Atención al Duelo de Funeraria Municipal de Terrassa (2001-2022). Terapeuta en Gabinete Gedi - Psicología aplicada (2022). Párroco de St. Viucente de Jonquereas, de Sabadell (2012). Articulista en revistas especializadas y prensa comarcal. Formador en atención al duelo de profesionales sanitarios y sociosanitarios: Trabajadoras sociales, psicólogas/os, médicas, enfermería, maestras (1995). Ha participado en varios programas de opinión y debate de televisiones y radios nacionales. Anteriormente ejerció como asistente espiritual de los hospitales en Terrassa: San Lázaro, Mutua, y Hospital de Terrassa (1997-2018. Fue párroco de la parroquia Virgen de Montserrat de Terrassa (1997-2013) y responsable de Formación de la Delegación de Pastoral de la Salud de la diócesis de Barcelona (1995-2005). Delegado episcopal de Pastoral de la salud de la diócesis de Terrassa (2005-2012). Coordinador de la Pastoral de la Salud de la Conferencia episcopal catalana. Maestro de EGB, Coordinador de secundaria, subdirector de escuela, jefe de gabinete psicopedagógico, fundador y director del Centro Sara – casa de acogida para enfermos de SIDA, educador en situaciones de riesgo social, Fundador del Taller Solidario – centro de inserción laboral.