12 marzo, 2026

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A un mes del llamado del Papa León XIV; tres claves para leer sus primeros pasos como Pastor de la iglesia

Vencer el miedo, abrazar la paz y construir comunidad

A un mes del llamado del Papa León XIV; tres claves para leer sus primeros pasos como Pastor de la iglesia

Un mes ha transcurrido desde que el 8 de mayo recibimos el don de un nuevo Papa. Bajo el nombre de León XIV, Robert Prevost asumió la responsabilidad de continuar un legado de largo aliento y no exento de tensiones así como de ser modelo de un cristiano de nuestro tiempo. Un hombre, como todos, llamado a la santidad, como todos.

Desde ese día, ha ido avanzando cautelosa pero decididamente por entre los pasillos del palacio apostólico y las sedes de los diferentes ministerios conociendo, entendiendo, reflexionando y orando. Su discernimiento ha ido trazando ya algunas pistas que nos dan idea de su itinerario espiritual y pastoral, aunque aún de manera muy incipiente.

Al menos, podemos dibujar tres ejes vertebrales

Vencer el miedo

Lo dijo en su mensaje inaugural: “no tener miedo”. Él, como Jesús a sus discípulos la noche que arreció la tormenta en el mar de Galilea, nos invita a vencer el miedo y digo vencer porque no tenerlo parece algo imposible. Nuestra humanidad hecha de barro s frágil y la fragilidad asusta pues nos constata con la posibilidad de la no existencia y de la afectación profunda e irreversible de la materialidad. Sin embargo, saber que, a pesar del miedo, se puede seguir porque éste es vencido por el que todo lo puede, no sólo consuela sino que fortalece para,  de hecho, vencerlo.

El Papa León XIV no es ingenuo ante los acontecimientos del mundo fracturado de hoy ni tampoco ante las dificultades que existen en las relaciones humanas desde los microámbitos de relaciones hasta la geopolítica mundial; sin embargo, nos invita a vencer el miedo de superar nuestras diferencias, de encontrarnos unos a otros aunque nos creamos opuestos, el miedo de salir de nuestra cotidianeidad y dejarnos incomodar por la realidad que se impone, de abandonar nuestras seguridades y confiar. Lo que vence al miedo es la confianza, pero no una ciega y arrebatada sino la que se gesta en el silencio y en la oración y con la certeza absoluta de que Otro nos espera y nos cuida.

Habrá muchos momentos donde el miedo se asome en nuestras vidas, evadirlo no conduce a una actitud sana, en cambio, mirarlo de frente, reconocerlo y no dejar que nos paralice sino seguir avanzando con él, es la invitación a habitar hoy el mundo que tenemos y hacerlo desde la compasión y desde a valentía.

La Paz como convicción, no como itinerario

Aunado al potente mensaje inicial sobre el no tener miedo, la invitación a la Paz y esto es algo muy importante porque, cuando nos llama a que la Paz esté con cada uno de nosotros, León XIV no piensa en una Paz que vendrá sorpresivamente un día de entre tantos sino a recorrer un camino que comienza en el interior y se traduce en el exterior. Hacer que la paz esté con nosotros implica apostarle y adueñarse de ella, no dejar que nada ni nadie nos la arrebate, es luchar por ella, lo que a menudo pasa por luchar contra nuestros propios demonios internos antes que contra los de los demás.

La Paz así, no es un ideal ni una meta, es un camino interno que limpia y libera pero que conlleva compromiso y constancia.

La Paz entonces no es algo negociable, no es algo que esté o vaya estar de oferta, es algo por lo que merece la pena dar la vida y algo que no podemos permitir que se rompa pero tampoco esperar a que alguien más nos la de o la construya de un día para otro. Hacer y empeñarse para que la paz esté con cada uno pasa por adentrarse en la realidad y dejarse afectar por ella, pero, luego, volver a la Cruz y a la oración compartida entre hermanos. No es olvidar las diferencias sino convertirlas en fuente de riqueza, no es dejar pasar sino atender lo que es apremiante, no es dejar que las cosas se enfríen sino alimentarlas desde la caridad y la fraternidad.

La paz para León XV es, más que una agenda, una convicción.

Hacer comunidad

Lo hemos visto ya salir “espontáneamente” a visitar a sus hermanos de comunidad y celebrar con ellos la Santa Misa para, luego, comer con ellos. Este gesto, aunque pequeño y aparentemente “esperado” dice mucho. Habla de la importancia de hacer comunidad. La comunidad es ese lugar de donde uno parte y a donde uno llega en donde se puede ser uno mismo y, al mismo tiempo, dejarse moldear por otros, en donde el compartir es la forma más eficaz de organización y en donde el espíritu de fraternidad se vive más intensamente por la misma convivencia diaria. Al igual que Francisco nos invitó a hacer una Iglesia donde cupiéramos todos, León XIV nos invita a hacer una comunidad donde cada pueda ser como es y ser amado en su singularidad y, al mismo tiempo, tenga el espacio y al libertad suficiente para responder desde la libertad y la generosidad  a lo que Dios le pide y quiere de él/ella.

Una comunidad que asfixia a sus miembros no es comunidad, una que otorga tanta laxitud donde no se vive un espíritu de cuidado y acompañamiento mutuo tampoco. Como donde cabemos todos, debemos saber ser y hacer comunidad en el compartir y en el acompañarnos, en nuestras fortalezas y en nuestras debilidades, como hermanos.

Todavía queda mucho por andar de la mano de un Papa que vino del lugar donde se entiende la pobreza como flagelo pero también como lugar que da verdad; confiemos en que, a través de él, se irán trazando nuevos itinerarios personales y comunitarios para leer los signos de los tiempos en clave de esperanza.

María Elizabeth de los Ríos

Doctora en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.Maestra en Bioética por la Universidad Anáhuac México Norte. Licenciada en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.Técnico en Atención Médica Prehospitalaria por SUUMA A.C. Scholar research de la Cátedra UNESCO en Bioética y Derechos Humanos. Miembro de la Academia Nacional Mexicana de Bioética. Miembro y Secretaria general de la Academia Mexicana para el Diálogo Ciencia-Fe. Ha impartido clases en niveles licenciatura y posgrado en diversas Universidades. Cuenta con publicaciones en revistas académicas y de divulgación tanto nacionales como internacionales y es columnista invitado del periódico REFORMA. Actualmente es profesora investigadora de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac México y Coordinadora de Investigación en la misma Facultad.