23 febrero, 2026

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Albert Cortina

Entrevistas

04 diciembre, 2025

15 min

Venga a nosotros tu Reino

Testimonios de la verdad

Venga a nosotros tu Reino

Albert Cortina conversa con Francesc Torralba, filósofo, teólogo y uno de los grandes pensadores católicos del siglo XXI (Biografía). Casado y padre de cinco hijos. Uno de ellos, Oriol, murió en un accidente de montaña en 2023. En la siguiente conversación, Francesc nos ofrece su visión más íntima sobre su relación personal con Dios, a través de un profundo enfoque espiritual.

¿Cuándo identificas el momento donde has sentido con mayor profundidad y de forma más íntima tu encuentro personal con Jesucristo? ¿Cuándo te enamoraste de Él?

No puedo indicar un momento, menos aún una hora y un lugar. Se trata de un proceso de acercamiento gradual que paulatinamente ha ido adoptando formas distintas a lo largo del tiempo. No soy un converso. No he experimentado una experiencia de ruptura, de transformación. Fui iniciado en la fe por mis padres, participé desde niño de los sacramentos, de la escucha de la Palabra y de los rituales católicos, desde la eucaristía hasta la bendición de la mesa en mi casa. Sentí, con el tiempo, el deseo de indagar más a fondo mi fe, de poder pensar reflexivamente y analizar su consistencia racional. Por ello, estudié teología, hice el doctorado y la lectura de los grandes maestros espirituales cristianos y de los teólogos de referencia me sirvió para comprender mejor el inmenso tesoro de la fe, la cosmovisión cristiana, la escatología, lo que podemos esperar a la luz de la revelación de Dios. De este modo pude comprender mejor el mensaje revelador de Jesucristo, su humanidad y divinidad, su rebeldía, su opción preferencial por los más vulnerables, el don que representa para la humanidad la encarnación del Hijo de Dios.

¿Cómo un pensador y filósofo como tú se hace dócil a las mociones e inspiraciones del Espíritu Santo?

Dice san Agustín que la humildad es la madre de todas las virtudes. Solo si uno la práctica puede ser receptivo a los dones de la naturaleza, pero también a los dones del Espíritu Santo. Esto significa estar abierto, atento a la gracia que Dios regala a través de la Tercera Persona de la Trinidad. El combate más difícil que debe librar cualquier pensador es la lucha contra el ego, contra la arrogancia intelectual, contra la soberbia, primer pecado capital. Solo cuando uno se reconoce una nada consciente, un ser frágil, limitado y temporal, una criatura que depende a cada instante de Dios, se abre a Él con gratitud y se dispone a recibir sus dones. Siete son los dones del Espíritu Santo, aunque muchas veces no somos conscientes de lo que se nos ha dado por la vía espiritual.

El Espíritu Santo y sus dones, en un baldequino de la iglesia de Pusy House, Oxford. (Foto: Flick/LawrenceOP)

¿Cómo definirías la crisis de sobrenaturalidad y sacralidad que hoy sufre tanto el mundo secular como incluso algunos creyentes cristianos?

En el imaginario colectivo subsiste una visión de la realidad de corte materialista, positivista y, por lo tanto, reduccionista. La realidad es más que lo que captamos a través de nuestros sentidos externos, es más que lo que concebimos con la razón. La realidad es más que lo que podemos comprender desde la racionalidad. El arte expresa esa dimensión que trasciende el mundo, su elemento intangible, espiritual, que no se deja agarrar por el trabajo del concepto. Hay un latido espiritual en nuestro mundo, una búsqueda de plenitud que no da, ni ofrece este mundo, una sed de sentido que no encuentra su satisfacción en la esfera material, en el universo del consumo, de la producción propia del tecno-capitalismo. Lo sacro se opone a lo profano, a lo útil, a lo instrumental, a lo que sirve para mejorar nuestra eficacia y eficiencia. Lo sacro revela lo más valioso de la realidad, lo que escapa al lenguaje conceptual y científico. Evoca lo que viene de las alturas, lo que nos dignifica y nos eleva como seres humanos.

¿Para ti que es la Verdad en mayúsculas?

Jesús es el camino, la verdad y la vida, pero para comprender qué significa esta afirmación tenemos que indagar a fondo en su naturaleza, en sus obras, en sus palabras y en sus silencios, pues solo de este modo, podemos captar la naturaleza de Dios que se ha revelado definitivamente en Jesucristo, su Hijo.

Cristo caminando con los discípulos de Edward von Steinle. Städel Museum, Fráncfort -Alemania (Foto: Internet)

¿Cómo explicarías a nuestros contemporáneos que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida y que Él es el Salvador y Redentor que nos lleva al Padre con el Espíritu Santo?

La capacidad de persuasión racional tiene límites. Uno puede intentar hilar argumentos, pero lo que realmente puede transformar a las personas es el ejemplo. En la cultura contemporánea se presentan una pluralidad de vías y de formas de conocer a Jesucristo, ya sea a través del arte, de la literatura, de la filosofía o de la teología. La clave es dar testimonio. Eso es lo más efectivo, pero aun así tampoco es determinante. Cuando uno da testimonio de que su vida se cimenta en la fe en Jesucristo y que esta fe constituye el motivo y la razón de su existencia, se convierte en un ejemplo visible. Dar ejemplo en situaciones de adversidad, de contrariedad, de hundimiento moral es la clave, porque en estas circunstancias es cuando se demuestra por la vía del ejemplo que uno es sostenido por Jesucristo y que la fe es un bálsamo, una fuente infinita de consolación y un proyecto de vida.

¿Desde tu experiencia vital actual, para ti que supone contar con la Providencia Divina?

Significa contar con la presencia de Dios en la vida de cada día. El Dios del Evangelio no es un principio abstracto, no es un fundamento filosófico, no es el Primer Motor Inmóvil. Es vida, es corazón, es amor infinito que se manifiesta a través de todas las criaturas. Dios se hace presente a través de todo lo que nos ocurre, tanto de lo bello y noble, como de lo difícil y adverso. Debemos ser capaces de descifrar esta presencia y aprender tanto de lo bello, como de lo arduo. Dios está presente de un modo latente. Está ausente en lo material. No ha creado un teatro de títeres, sino a seres libres, capaces de decidir y de hacer de sus vidas una obra de arte, pero Dios no es ajeno a ninguno de nosotros, no se mantiene al margen, como un espectador neutral. Vela para que cada uno de nosotros llegue a devenir lo que está llamado a ser. Descifrar esta misión en el mundo no siempre es fácil. Leer las señales que Dios manda tampoco es simple, pero Dios se manifiesta a través de los hechos que nos ocurren, a pesar de que, en ocasiones, nos resulte difícil poderlos comprender, digerir y asumir.

Has tenido que sufrir una gran prueba: la muerte de tu hijo Oriol. En tu reciente libro “La palabra que me sostiene. Meditaciones de un teólogo en tiempo de duelo” (ed. Now Books, 2025) ofreces una reflexión íntima y honesta sobre como el duelo, vivido sin evasiones, puede convertirse en una búsqueda de sentido y en una forma distinta de paz. Francesc, ¿cómo te imaginas la inmortalidad del alma, la resurrección del cuerpo glorioso y la vida eterna?

En el Nuevo Testamento hay pocos textos que se refieren a ello. Entramos en el terreno del misterio, del enigma, de lo que trasciende el mundo de los sentidos y de la racionalidad. Antoni Gaudí relaciona dos palabras con la vida de la gloria: luz y plasticidad. Imagino el cielo como un gran banquete, imagino un reencuentro, una experiencia de amor tan pleno que no cabe en nuestro corazón, ni en nuestro entendimiento. Lo imagino como una gran celebración. La resurrección es el renacimiento total de nuestro ser, tanto anímica como corporalmente, un nuevo amanecer hecho de luz y de cuerpos sutiles que se manifiestan, se aman, se reconocen y se abrazan.

Puede obtener el libro aquí.

La confianza en la Gloria y la resurrección se sustenta en la promesa del Señor. ¿Cómo se lo explicarías a alguien que no tiene fe?

No hay demostración racional. La fe en la resurrección de la carne es un capítulo de la fe, un artículo del credo de Nicea que se sustenta en el hecho pascual, esto es, en la muerte y resurrección del Señor tal y como lo narran los Evangelios sinópticos. Nosotros, los creyentes, creemos que es verdad el hecho de la resurrección y que Jesús fue resucitado por obra del Espíritu Santo. Sobre esta fe se construye la fe en nuestra propia resurrección. Creemos que la muerte no es la última palabra de la existencia humana, sino la transición a una vida plena, la culminación del deseo infinito que experimenta el corazón humano y que no halla en nada de este mundo su satisfacción.

Para ti la esperanza es una de las virtudes teologales antídoto al desencanto y a la desesperanza del mundo contemporáneo. ¿Cómo se puede hoy fortalecer dicha virtud de la esperanza?

El clima de desencanto y de desesperanza colapsa la vida cotidiana. Da la impresión que cualquier discurso en clave de esperanza esté condenado al fracaso. Se le considera pueril, ingenuo e infantil. Sin embargo, necesitamos la esperanza como el aliento, como el agua, como el aire que respiramos. Necesitamos creer que es posible alcanzar la paz, que la lucha por un mundo mejor no es baladí, ni está condenada al absurdo. Debemos dar razón de que ello es posible y que las conquistas de derechos que hemos alcanzado no han sido una casualidad, ni un regalo del azar, sino el resultado de una lucha constante y permanente que ha dado frutos. Unos siembran y otros recogen. Nosotros recogemos lo que nuestros antepasados sembraron. Nuestros nietos van a recoger lo que nosotros hemos sembrado.

Francesc Torralba impartiendo una conferencia sobre la esperanza como antídoto al desencanto, en el Monasterio de Sant Cugat del Vallès (Foto: Albert Cortina)

Buena parte de la humanidad profesa otras convicciones, creencias y religiones distintas del cristianismo. ¿Cómo te imaginas un dialogo de los cristianos con dichas personas, en los espacios compartidos (la paz, la custodia de la creación, la justicia, la dignidad humana, la libertad, el bien común…) sin caer en el sincretismo ni en un neognosticismo de la New Age?

En el diálogo interreligioso y filosófico es clave el principio de honestidad. Uno debe presentarse en él desde su identidad, desde sus convicciones, sin simular algo que no es, ni manifestar algo que no cree. También debe asumir con humildad, la posibilidad de aprender del otro y reconocer los límites y las fragilidades de la propia posición intelectual. Es clave, además, identificar lo que nos une a los demás, más allá de sus opciones políticas, religiosas o espirituales, sin olvidar lo que nos separa, la propia identidad. Es posible hallar campos de intersección en el terreno de los valores, de la justicia, de la paz, de la eco-sensibilidad, del gobierno de la disrupción tecnológica. Es posible e imprescindible tender puentes de diálogo y llegar a entendimientos.

¿Por qué crees que Dios escoge a los sencillos y humildes para revelar su plan de Salvación a la humanidad? Por ejemplo, escogió a María, una humilde joven para la Encarnación del Hijo de Dios, a unos sencillos pastores para recibir la buena nueva del nacimiento de Jesús en Belén, a unos niños casi analfabetos o a personas sencillas en diversas apariciones marianas o a unos simples pescadores que formaron el grupo inicial de los doce apóstoles para la evangelización del mundo.

La humildad es el camino hacia la verdad. Santa Teresa de Jesús lo expresa a la perfección. Solo quien es humilde se predispone a escuchar al otro, a dejarse afectar por el otro. El soberbio solo se escucha a sí mismo y trata de imponer su criterio a los demás. Cuando uno atraviesa el desierto del sufrimiento, de la soledad, de la adversidad, se abre a los demás, se dispone a recibir su ayuda, porque sabe que no es autosuficiente, sino que requiere de los demás para ser lo que es y para seguir siendo.

¿Cómo contemplas la figura de la Santísima Virgen María con su Fiat incondicional a Dios, en un tiempo que nos empuja hacia la autosuficiencia y la reafirmación del yo y a la autonomía de la voluntad individual sin límites, al margen de la voluntad de Dios?

La autonomía ha sido sacralizada como valor axial en la sociedad contemporánea. Se desprecia la heteronomía, la dependencia, la fragilidad y cualquiera de sus epifanías. Y, sin embargo, el ser humano es constitutivamente frágil, vulnerable, indigente y contingente. La sabiduría consiste en tener conciencia de ello. María virgen se vacía de sí misma, escucha la llamada de Dios y se dispone a hospedarla en su interioridad. Esta aceptación de la llamada de Dios es lo que la convierte en ejemplo paradigmático para cualquier creyente.

Inmaculada Virgen María. Monasterio de Sant Cugat del Vallès (Foto: Albert Cortina)

¿Cómo explicarías el misterio de la Santísima Trinidad y la Comunión de los Santos a alguien que quiera comprenderlo de forma sencilla?

El teólogo suizo Hans Urs von Balthasar lo expresa bellamente: Dios es una comunidad de personas en el amor. El ser humano, creado a su imagen y semejanza, está llamado a amar y a ser amado, a reproducir en su vida cotidiana comunidades de amor que sean analógicamente expresiones finitas del amor infinito de Dios, de su naturaleza más íntima. Creemos en la comunión de los santos, en la vida eterna de los hombres y mujeres que han sido luz en la historia, que, con su ejemplo, nos han impulsado a reflejar, a través de nuestras vidas, el amor infinito de Dios.

¿Cómo podemos entender hoy que Jesucristo es el Rey del Universo? ¿Cómo lo relacionarías con las siguientes palabras del Padrenuestro: “venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo”?

Partimos de que hay dos niveles de realidad: lo visible y lo invisible, lo divino y lo humano, lo que está más allá de nuestros límites y lo finito. Dios que habita en el reino de los cielos se ha manifestado en el mundo terrenal, en la ciudad de los hombres y no nos ha dejado en la completa ignorancia de su existencia o de su esencia. Deseamos que este mundo sea una imagen transparente del cielo, que en el amor se haga expresivo y que refleje la ciudad de Dios. Para ello, es esencial luchar, rezar, cooperar en el proceso de creación continua a través del trabajo, del compromiso social y de la creación de belleza.

Contemplando el Génesis como el primer libro de las Sagradas Escrituras y el Apocalipsis como el último libro de la Biblia, ¿cómo explicarías el plan de Dios y su actuación a lo largo de la historia de la humanidad y de la Salvación, hasta el final de los tiempos, donde se producirá la recapitulación de todas las cosas en Cristo?

El plan de Dios es la salvación universal, que todo ser humano participe de su gloria infinita, pero Dios ha creado al ser humano libre, capaz de decidir, de elegir, de obrar conforme a su Ley, pero también, de rehusarle y vivir al margen de la Ley del amor. Cabe la posibilidad de la perdición, del naufragio, de la descomposición del ser humano, porque Dios respeta esa libertad incluso aunque esté operando contra el propio ser humano. El fin de la creación es la salvación universal, la total reconciliación, la fiesta de todos los seres creados, tanto humanos como no humanos, el gozo eterno, pero ello no solo depende de Dios, sino también de las decisiones que toma cada ser humano a lo largo de su existencia, pues la libertad es un don, pero a su vez, una tarea que entraña angustia y responsabilidad.

Recapitulación de todas las cosas en Cristo. (Foto: Internet)

Francesc, muchas gracias por abrirnos tu corazón y hacernos partícipes de tu profunda espiritualidad. También gracias al Espíritu Santo por los dones de sabiduría, entendimiento, consejo y ciencia que te ha otorgado y que te permiten explicar con claridad los misterios de nuestra fe.  

En efecto, sabiduría para ver el mundo a través de los ojos de Dios, valorando lo divino sobre lo terrenal. Entendimiento para comprender la Palabra de Dios, las verdades de la fe y la voluntad de Dios. Consejo para guiar y discernir las decisiones de tal forma que se alineen con la voluntad del Señor y nos lleven a la auténtica felicidad, orientando los sentimientos y las intenciones según el corazón de Dios. Y finalmente, el don de ciencia que permite ver la belleza y la bondad de cada cosa, conduciéndonos al conocimiento de Dios, su voluntad y su amor.

La Sabiduría divina. Icono de la escuela de Novgorod. (Foto: Internet)

Albert Cortina

Albert Cortina es abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM, impulsa un humanismo avanzado para una sociedad donde las biotecnologías exponenciales estén al servicio de las personas y de la vida. Promueve la integración entre ciencia, ética y espiritualidad. Actualmente focaliza su atención en la preservación de la naturaleza y condición humana desde una antropología adecuada que priorice el desarrollo integral de la persona. Cree en unos principios basados en una ética universal que tenga su fundamento en la ley natural y en la espiritualidad del corazón. Desde su vocación profesional gestiona ideas, valores y proyectos a favor del bien común.