22 marzo, 2026

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Ultreia et Suseia: ¡Adelante y hacia lo alto!

El Camino de Santiago

Ultreia et Suseia: ¡Adelante y hacia lo alto!

Caminante,

no hay camino,

se hace camino

al andar…

(Antonio Machado)

Se acerca el 25 de julio, España bulle en fiestas y romerías. En el corazón de Galicia, Santiago de Compostela celebra a su Patrón, también patrón de España, con solemnidad y alegría.

Desde Mos (Pontevedra) etapa del Camino Portugués -la segunda ruta más transitada tras el Camino Francés-. Se percibe cómo el espíritu jacobeo late con fuerza en cada piedra del camino.

La historia se entrelaza con el presente, Santa Isabel de Portugal -a “Raiña santa”- peregrinó a Santiago en el siglo XIV y su impulso fue decisivo: promovió hospitales y albergues para los caminantes, consolidando un legado de hospitalidad y caridad. En el siglo XIX, en plena crisis espiritual, cultural y económica de Europa, el camino portugués se convirtió en vía de reencuentro, generando una red de fraternidad y sentido que aún hoy sigue viva.

Una experiencia transformadora

Hoy, día tras día, miles de personas de todas las edades, lenguas y culturas recorren estos senderos. Algunos buscan respuestas. Otros, simplemente caminan. Todos, sin saberlo, están siendo transformados.

En un mundo acelerado que corre, muchas veces sin saber a dónde, desorientado, el Camino propone algo radical: parar, caminar, escuchar…

Caminar no es solo desplazarse. Es volver a uno mismo. Aprender a mirar con otros ojos. Reconocer los silencios, las luces, las sombras.

¡Caminar es orar con los pies!

Quien ha recorrido varias veces el Camino de Santiago sabe que no se trata solo del paisaje, sino del paisaje interior. El Camino enseña a reconciliarse con el tiempo, con el propio cuerpo, con el misterio de la vida, con el propio silencio…

También, sabe de cercanías y soledades, necesarias ambas para hacer el recorrido con la pausa de la contemplación interior.

El guía y el bordón

A veces el guía va delante. Otras, detrás. Pero no pierde de vista al peregrino.

Se camina en equipo, pero también en intimidad. Se inmortalizan momentos, miradas, paisajes. Luces y sombras que invaden el alma y colorean un cuadro visible solo para cada uno.

La ayuda que el guía ofrece se convierte en ese bordón simbólico que sostiene, guía, equilibra. Sirve para marcar el ritmo, cruzar riachuelos, defenderse de lo inesperado, y no perder pie cuando el terreno resbala. Así es la ayuda que recibimos en el Camino… y en la vida.

Una leyenda que inspira: Gaiferos de Mormaltán

El Códice Calixtino, manuscrito del siglo XII conservado en la Catedral de Santiago, recoge la historia y el espíritu de la peregrinación jacobea. En él late la tradición de figuras como Gaiferos de Mormaltán, símbolo del peregrino medieval: fe, sacrificio y entrega.

El romance de Don Gaiferos como tal no aparece literalmente en el Códice, pero sí recoge la peregrinación y muerte de Guillermo X de Aquitania identificado en la tradición popular como Gaiferos de Mormaltán.

La historia se popularizó gracias a la tradición oral y fue recogida por Manuel Murguía en el siglo XIX.

Según cuenta el romance popular, Gaiferos llega exhausto a la tumba del Apóstol… y muere a sus pies. No con tristeza, sino con sentido de misión cumplida. Como muchos, muere habiendo encontrado lo que buscaba.

¿Y tú? ¿Qué vas buscando?

Da igual por qué empieces.

No importa cuál sea tu motivo —espiritual, cultural, deportivo, personal—: lo importante es atreverse a empezar.

Importa por qué terminas

Paso a paso, uno se va descubriendo. El cuerpo se agota, la mente se aquieta, el corazón se ensancha. Cada curva plantea un reto; cada reto, una oportunidad.

Hay quienes encuentran en el Camino su vocación. Otros, su propósito. Hay quien descubre que la meta final no era Santiago, sino el Cielo. Todos aprendemos a soltar peso, físico y emocional. Siempre sobra algo en la mochila. Unos se convierten, otros se reconvierten… Somos seres en búsqueda.

Una revolución interior que se hace posible

Quienes han hecho el Camino lo dicen con fuerza: cambia vidas, orienta decisiones, despierta una nueva conciencia. No solo son pasos. Es un entrenamiento para la vida: paciencia, gratitud, silencio, generosidad.

La misericordia de Dios se hace conducta en El Camino: consolar al triste, dar posada al peregrino, dar consejo al que lo necesita, sufrir con paciencia los defectos del prójimo…

Una persona que ha caminado más de cien veces desde 1993 nos lo comparte así:

“Hacer el Camino es una auténtica revolución interior.”

Te invito a conocer su testimonio en este vídeo:

📹 Ver en YouTube

Ha creado una fundación sin ánimo de lucro que promueve la dimensión espiritual, cultural y humanitaria del Camino de Santiago:

🌐 www.fundacioncb.org

Haz tu mochila. Empieza tu Camino

En tiempos de prisas y pantallas, el Camino ofrece algo único: desconexión exterior y reconexión interior. Nos reencuentra con la “casa común”, con los otros y con nosotros mismos, con Dios…

Haz el Camino. A tu ritmo. A tu manera. Pero hazlo.

No importa cómo: a pie, en bici, en grupo, en soledad, andando o acaballo…

No importa cuánto tardes.

Porque el verdadero destino no es un punto en el mapa, sino una llamada en tu alma que grita

¡SAL DE TU TIERRA!,

¡PORQUE EL CAMINO EMPIEZA AHORA!

¡ULTREIA ET SUSEIA!

Rosa Montenegro

Pedagoga, orientadora familiar (UNAV) y autora del libro “El yo y sus metáforas” libro de antropología para gente sencilla. Con una extensa experiencia internacional en asesoramiento, formación y coaching, acompaña procesos de reconstrucción personal y promueve el fortalecimiento de la identidad desde un enfoque humanista y transformador.