¡Te comería a besos!
La caricia que enciende la luz afectiva
Acabas de nacer y ya te beso los pies, las manos, el cuello.
«Te comería a besos».
No es una exageración. Es lo más sincero que he dicho nunca.
Hace unas horas estabas dentro. Ahora has salido a la luz, y el cuerpo que te llevó todavía no lo cree. Lo que siente tiene un nombre antiguo: eres yo misma.
Platón cuenta en El banquete, por boca de Aristófanes, que fuimos un día seres enteros. Nos rompimos, y desde entonces el amor es la nostalgia de volver a ser uno. ¹
Todos lo hemos sentido: quien sostuvo a un recién nacido y quien fue ese recién nacido. «Te comería» es el deseo de recuperar la unidad perdida.
Pero ya desde el primer día algo te corrige.
Lloras, y no sabemos por qué.
Rechazas lo que te ofrecemos.
Eres otro.
Ahí empieza el arte de querer: amar a quien es parte de uno sin devorarlo. El amor que no sabe decir «no» se parece más a la apropiación que al amor.
Aristóteles observó que nos hacemos justos practicando la justicia, y valientes practicando la valentía. ² Las virtudes se forman mediante la práctica. Cada beso por la mañana, cada cuento de la noche, cada límite puesto a tiempo te va dando forma.
Y nosotros vamos construyendo esa paternidad con cada luz que emerge de nosotros después de ti.
Nada de esto es espectacular. La educación es amor operativo: una suma de pequeñas entregas que nadie aplaude, porque parecen venir impresas en la propia naturaleza.
No existe folleto de instrucciones.
Tú no necesitas unos padres perfectos. No existen, y, además, serían un modelo inalcanzable.
Necesitas padres coherentes: que intenten hacer lo que dicen y que, cuando fallan, lo reconozcan. Aprenderás más viéndolos pedir perdón que oyéndolos afirmar que nunca se equivocan.
Un modelo real, un modelo asequible.
Séneca lo sabía: el camino de los preceptos es largo; el de los ejemplos, breve y eficaz. ³
Luego llegará la adolescencia y cerrarás la puerta de tu cuarto. Será la manera de encontrarte contigo mismo. Sentirás que te estás estrenando y querrás el protagonismo. La máxima délfica «conócete a ti mismo», que Platón pone en relación con la búsqueda socrática del autoconocimiento es un reto provocador. ⁴
Y a nosotros nos tocará lo más difícil: no hacerte spoiler. Nuestra tarea no será darte respuestas, sino mantener la casa abierta mientras las buscas. Ayudarte a hacer las preguntas correctas. A veces bastará una mirada, un «ya me lo contarás cuando quieras…».
La unidad verdadera no es fusión. Es un vínculo tan firme que resiste la distancia.
Vivimos hoy casi lo contrario. Familias conectadas a todas horas y presentes pocas veces: cada uno en su pantalla, en la misma habitación. Se multiplican los contactos y se debilita la unidad. A veces nos descubrimos mirando el móvil contigo al lado.
Un niño necesita atención sin distracciones, aunque sea poca.
Una pausa, si queremos: un tiempo a la semana sin pantallas que nos permita mirarnos con paz y en el que puedas elegir qué hacer juntos: jugar, caminar, cocinar, no hacer nada. Cantar y bailar. Solo para estar juntos y saborear la felicidad de tenernos.
Y una pregunta, en voz baja: ¿qué necesitas que yo haga o deje de hacer por ti?
Sin juicio. Solo para ver.
Todo esto lo sabemos hoy, con tu cabecita apoyada en mi hombro. Y, a la vez, no lo sabemos, porque el corazón no lee filosofía.
Sigo queriendo “comerte a besos”.
Pero te dejaré ir, poco a poco, que es la única manera de que algún día vuelvas.
Y llegará ese día. Una sala llena de gente, mil cosas que atender. Tendrás cincuenta años, tu trabajo, tus hijos.
Y antes de saludar a nadie, te sentarás a mi lado y me darás un beso en la mejilla.
Y en silencio pienso: te comería a besos.
Nadie notará nada.
Lo importante, como casi siempre, ocurre en lo que no se ve.
Notas
- Platón, El banquete, 189c–193d, discurso de Aristófanes sobre los seres divididos y su deseo de recomponer la unidad; véanse especialmente 191b–192e. La conexión con el amor entre padres e hijos es una aplicación metafórica del ensayo, no el tema expreso del discurso. 1
- Aristóteles, Ética a Nicómaco, II, 1, 1103a14–b25. El pasaje expone cómo las virtudes morales se adquieren mediante la práctica y la habituación. 2
- Séneca, Cartas a Lucilio, 6.5. La frase española se ofrece como traducción, no como cita de una edición castellana determinada.
- La máxima «conócete a ti mismo» es délfica; Platón la evoca en Alcibíades I, 124a–b, y desarrolla allí la cuestión del autoconocimiento en 129a–133c. Para la afirmación sobre la vida examinada, véase Apología de Sócrates, 38a. La inscripción de la máxima en Delfos queda recogida en una fuente magisterial. 3
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