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Exaudi Redacción

08 marzo, 2026

8 min

“Si conocieras el don de Dios”

El Papa León XIV invita a descubrir el agua viva en medio de la sed humana

“Si conocieras el don de Dios”

Durante su visita pastoral a la Parroquia “Santa María de la Presentación”, en una zona periférica de Roma marcada por desafíos sociales y marginalidad, el Papa León XIV presidió una misa en el III Domingo de Cuaresma y pronunció una homilía centrada en el encuentro de Jesús con la mujer samaritana (Jn 4,5-42). El Santo Padre subrayó cómo este pasaje evangélico habla directamente de nuestra propia sed de vida, amor y sentido, y cómo Cristo se ofrece como “agua viva” que sacia toda inquietud del corazón.

En el corazón de su reflexión, el Papa citó las palabras de Jesús a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva” (Jn 4,10). León XIV explicó que no se trata de un reproche, sino de una promesa llena de ternura: “Estoy aquí para hacerte conocer a Dios, que se hace don para ti”. Precisamente para ti —añadió—, “que no lo conocías, que te considerabas lejana y condenada”. Este don transforma: la mujer excluida y avergonzada se convierte en fuente de verdad para su pueblo, en misionera que corre a anunciar al Libertador.

El Pontífice conectó esta escena con la realidad actual de la comunidad parroquial: un territorio con pobrezas materiales y morales, jóvenes en riesgo, familias esperando vivienda y trabajo digno. “Como en el pozo del Evangelio, aquí llegan hombres y mujeres heridos en el alma, ofendidos en su dignidad y sedientos de esperanza”, afirmó. Invitó a la parroquia a ser signo de la cercanía de Jesús, partiendo de la Eucaristía como corazón de la comunidad, acogiendo sin condenar, escuchando y sosteniendo ante los peligros.

León XIV recordó que en el Bautismo todos recibimos esa “agua nueva” que lava la culpa y sacia la sed. La Cuaresma —dijo— es tiempo privilegiado para redescubrir este sacramento y permitir que el Señor, como Buen Pastor, sane nuestras heridas y nos haga capaces de ser don para los demás.

Finalmente, el Papa alentó a la comunidad: “¡Sigan adelante con confianza! En toda situación, el Señor camina con nosotros y nos sostiene por el camino”. Invocó a la Virgen María para que acompañe sus pasos y les conceda ser “humildes y valientes anunciadores de su Evangelio”.

Texto completo de la homilía:

Visita pastoral a la Parroquia “S. Maria della Presentazione” (8 de marzo de 2026)

SANTA MISA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Parroquia «S. Maria della Presentazione» (Roma)
III Domingo de Cuaresma, 8 de marzo de 2026

Queridísimos hermanos y hermanas:

Me alegra vivir con ustedes esta tercera domingo de Cuaresma. Es una etapa importante en nuestro seguimiento de Jesús, hasta su Pascua de pasión, muerte y resurrección.

En este itinerario se entrelazan profundamente la cercanía de Dios y nuestra vida de fe: renovando en cada uno la gracia del Bautismo, el Señor nos llama a convertirnos, justamente mientras purifica nuestro corazón con su amor y con las obras de caridad que nos propone realizar. A este respecto, el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana nos involucra con gran intensidad. El Evangelio de hoy, en efecto, además de hablarnos a nosotros, habla de nosotros y nos ayuda a revisar nuestra relación con Dios.

La sed de vida y de amor de la samaritana es nuestra sed: la de la Iglesia y de toda la humanidad, herida por el pecado pero aún más íntimamente habitada por el deseo de Dios. Lo buscamos como el agua, incluso cuando no nos damos cuenta, cada vez que nos preguntamos por el sentido de los acontecimientos, cada vez que sentimos cuánto nos falta el bien que queremos para nosotros y para quienes están a nuestro lado.

En esta búsqueda, encontramos a Jesús. Él ya está allí, junto al pozo, donde la samaritana lo encuentra solo, bajo el sol del mediodía, cansado del viaje. La mujer va al pozo a esa hora insólita quizá para evitar las miradas cargadas de prejuicios de las otras mujeres. Jesús lee en su corazón el motivo de esa marginación: sus matrimonios fallidos y la actual convivencia la hacen indigna de acompañarse con las hijas, esposas y madres del pueblo. Sin embargo, Jesús se sienta junto al pozo como esperándola. Este encuentro sorprendente es una de las formas en que, como gustaba repetir el Papa Francisco, Cristo revela al Dios de las sorpresas: las más bellas, las que cambian la vida, dondequiera que la encuentren y comoquiera que se presente ante el Señor.

Este hombre ama a la samaritana como nadie lo había hecho antes. Mientras ella buscaba el agua de cada día, Él quiere darle una nueva, viva, capaz de saciar toda sed y calmar toda inquietud, porque esta agua brota del corazón de Dios, plenitud inagotable de toda espera.

La iniciativa de Jesús inaugura así la búsqueda de un bien mayor que el agua misma: «Si conocieras el don de Dios», dice el Señor a la mujer. No se trata de un reproche, sino de una promesa: “Estoy aquí para hacerte conocer a Dios, que se hace don para ti”. Sí, justamente para ti, que no lo conocías, que te considerabas lejana y condenada. Este don te transformará: te convertirás tú misma en fuente que brota para la vida eterna. A cambio de la sed anterior, llena de amargura y aridez espiritual, el Hijo de Dios ofrece en don una vida renovada por el agua que brota de la misericordia del Padre. Todo se transforma en el encuentro con el Señor: la mujer sedienta se convierte en fuente, la excluida en confidente. La mujer llena de vergüenza ahora está colmada de alegría; la que callaba en el pueblo se convierte en misionera para todos sus habitantes.

Jamás habría imaginado que precisamente ella, tan desorientada y derrotada por la vida, podría un día gustar el agua fresca, puro don de Dios, convirtiéndose a su vez en don para los demás. ¿Cómo ocurre esto? Encontrando a Jesús, dialogando con Él, Verbo vivo de Dios hecho hombre para nuestra salvación.

El relato evangélico muestra con precisión el camino de crecimiento de la mujer, que poco a poco reconoce las características fundamentales de la identidad de Jesús: hombre, profeta, Mesías y Salvador. Permaneciendo junto a Él y gustando su compañía, la samaritana se convierte a su vez en una fuente de verdad. El agua nueva del don de Dios ha comenzado a brotar en su corazón, y ella se siente inmediatamente impulsada a volver corriendo a su pueblo, por fin libre de la vergüenza y deseosa de dar a conocer a todos a su Libertador, Jesús, Aquel que ha permitido toda esa maravilla. Corre precisamente hacia quienes antes la condenaban, mientras Dios la ha perdonado, y cuenta, anuncia, testimonia. La necesidad del agua, que la había impulsado a ir al pozo, cede ahora el paso al deseo de comunicar la arrolladora novedad que la ha transformado.

Queridísimos, con el Bautismo todos nosotros hemos recibido la gracia de un agua nueva, que lava toda culpa y sacia toda sed. Como a la mujer samaritana, también hoy en Cuaresma se nos da un tiempo para redescubrir el don de este Sacramento que, como una puerta, nos introdujo a la fe y a la vida cristiana. Como Buen Pastor solícito, el Señor nos espera y nos acompaña siempre, allí donde vivimos y tal como somos. Sana con misericordia nuestras heridas y se hace don para nosotros, haciéndonos capaces de convertirnos a nuestra vez en don para los hermanos.

Sé bien que su comunidad parroquial habita un territorio con diversas desafíos. No faltan situaciones de marginalidad que preocupan, pobrezas materiales y morales. También los adolescentes y jóvenes corren el riesgo de crecer engañados por vendedores de muerte o desilusionados respecto al futuro. Muchos están esperando una casa, un trabajo que asegure una vida digna, ambientes seguros donde poder encontrarse, jugar, proyectar juntos algo bello.

Como en el pozo del Evangelio, en esta parroquia llegan hombres y mujeres heridos en el alma, ofendidos en su dignidad y sedientos de esperanza. A ustedes les corresponde la tarea, urgente y liberadora, de mostrar la cercanía de Jesús, su voluntad de redimir nuestra existencia de los males que la amenazan con una propuesta de vida justa, verdadera, plena. Partiendo de la Eucaristía, corazón palpitante de toda comunidad cristiana, los aliento a hacer que las actividades parroquiales sean signo de una Iglesia que —como una madre— cuida de sus hijos, sin condenarlos, sino acogiéndolos, escuchándolos y sosteniéndolos ante el peligro. La palabra del Evangelio, que brota en nosotros como fuente de verdad, ayude a cada uno a abrir los ojos, para saber valorar con sabiduría lo que es bueno y lo que es malo, formando así conciencias libres y adultas.

Queridos hermanos y hermanas, ¡sigan adelante con confianza! En toda situación, el Señor camina con nosotros y nos sostiene por el camino. La Santísima Virgen acompañe siempre sus pasos en la fe, y les conceda la alegría de ser humildes y valientes anunciadores de su Evangelio.

Exaudi Redacción

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