¿Sabes Rezar?
Una guía práctica basada en el Catecismo
En varias ocasiones la gente me pregunta: “Padre, ¿cómo reza usted? ¿Qué reza?”.
Mira, por lo general hay manuales de oraciones de diversas espiritualidades. Cada fundador, santo o congregación puede haber dejado escrita su propia espiritualidad plasmada en un tipo de oraciones. Hay oraciones antiquísimas, evidentemente las oraciones bíblicas: el Padre Nuestro, el Ave María —que también es bíblica, es el encuentro del ángel con la Santísima Virgen María—.
Pero, para no hablarte de teorías, voy a responderte con el Catecismo de la Iglesia Católica en la mano, desde mi propia experiencia. Podríamos hablar tres horas sobre este tema, pero haré un resumen.
La oración vocal
En primer lugar está la oración vocal: leer oraciones ya escritas, manuales de oraciones. Evidentemente, hay que meterle fe. Puedes hacer la tuya propia, pero es oración vocal. Por ejemplo, rezar en comunidad o en familia el Ave María, el Rosario con sus misterios. Es oración vocal que implica contemplación.
La oración mental o meditación
Después está la que algunos llaman oración mental o meditación: tomar la Biblia, el Evangelio, un texto de algún santo o de alguna espiritualidad. Ya no se trata de hablar en voz alta ni de simplemente leer, sino de leer una frase, una línea, un versículo del Evangelio o un pasaje del Antiguo Testamento. Entonces comienza el trabajo de asimilar, meditar, reflexionar.
Esto es de una riqueza tremenda. Imagínate meditando sobre las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Leo, cierro la Biblia y contemplo: ¿Qué significa? Felices los misericordiosos… Miro mi propia vida, la vida de Jesús, su misericordia, cómo trataba a cada persona, cómo me estoy comportando yo y qué puedo hacer para mejorar.
A veces es un párrafo entero de un santo que dice cuatro o cinco cosas hermosas, y vas palabra por palabra contemplando, meditando, tratando de alcanzar hasta el último significado de lo que dijo esa persona inspirada por Dios.
La oración contemplativa
Y después está la oración contemplativa: cuando no se trata de un texto de un santo, sino de la misma vida de Jesús, de María, del Evangelio. Contemplar es meterte en la cueva de Belén, asistir al Calvario, ver a los apóstoles en Getsemaní, a Judas, ver cómo llegan los diez leprosos y cómo los trata Jesús —se acerca, se deja tocar por uno que debería haber sido apedreado—.
Es como ser director de cine y ver tu propia película del Evangelio. Cada quien contempla de manera diversa. Mientras más conozcas el Evangelio, mejor verás a Jesús: ¿qué haría?, ¿cómo respondería?, ¿qué cara puso cuando llamó a Mateo? No se trata de inventar, sino de ir a lo fundamental para sacar lo más hermoso: el amor de Dios, el amor de Jesús a cada uno de nosotros.
Los diferentes tipos de oración según el Catecismo
Cuando hablamos de oración, no es solo pedir. El Catecismo enseña varios tipos:
- Oración de petición: Se comienza pidiendo por toda la humanidad, por las almas del purgatorio, por la Iglesia, por los pobres, los necesitados, los pecadores. Hay que ser generoso, olvidarse de uno mismo. Yo puedo estar pasando un mal momento —soledad, subida de renta, preocupaciones—, pero enciendo la televisión y veo ríos que se llevan casas, terremotos, madres que pierden hijos… Estoy en el 1% de la gente que la pasa bien. Entonces, primero pido por los gobernantes, por la justicia, por los migrantes. Después, por mí: aumentame la fe, la esperanza, el amor; dame fortaleza, los dones y frutos del Espíritu Santo. Y ya entonces pido por mi cita importante, mi dolor de rodilla, el jefe en la oficina…
- Oración de intercesión: Cuando tengo en mente el nombre, apellido y cara de alguien. Sé que fulano está a punto de tomar una decisión que cambiará su vida; los hijos de un amigo consumen drogas; un matrimonio precioso se está dividiendo… No puedo rezar solo por mí. Hay que pedir por los que se dedican al aborto (es un negocio), por los que promueven la eutanasia —como en ese caso que me contaron de un hermano con cáncer terminal en Estados Unidos, donde el médico ofrece “la pastilla” para acabar con el sufrimiento, disfrazándolo de caridad—. Pidamos por los asesinos, los infieles, los injustos… Si no se convierten aquí, ¿cómo les irá el día de la verdad?
- Oración de acción de gracias: Probablemente así deberían comenzar y terminar todas nuestras oraciones. A mí me encanta empezar y terminar dando gracias. Nunca nos podemos retirar de la presencia de Dios sin agradecer: por la vida, el amor, la salud, las oportunidades… Aunque no me haya salido bien el negocio, aunque me falten cosas. En realidad, solo necesito lo que tengo; lo demás son necesidades inventadas.
- Oración de alabanza: Te pueden servir los Salmos, textos bíblicos. Jesús mismo dijo: “Te doy gracias, Padre…”. Lleno del Espíritu Santo, alababa al Padre. Imagínate nosotros alabando a Dios: una mezcla de gratitud, petición, alabanza y contemplación.
Te resumo todo en pocas palabras: métete al Catecismo de la Iglesia Católica, busca la parte de la oración y lee todos los días cuatro o cinco números. Enriquecerás tu vida de oración.
Pásale este mensaje a tantas personas que no saben cómo rezar o que dicen: “Yo rezo, pero qué aburrido, 50 Avemarías…”. Deja el Rosario para contemplarlo en cada misterio. Cuando comprendas el **Padre Nuestro**, querrás rezarlo más. No es repetición: es contemplación, alabanza, exigencia de vida con sus siete peticiones.
Comienza hablando con Dios con tus propias palabras, ayúdate del Evangelio o de un buen libro. Cuando crezcas en tu vida espiritual, verás que el Rosario no es repetición, sino contemplación profunda.
Pasa este mensaje a todo el mundo. Hagamos todo el bien que podamos.
Que Dios los bendiga siempre.
¡Hagamos todo el bien que podamos!

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