13 abril, 2026

Síguenos en

¿Quién nos cuidará?

La crisis global de la enfermería, la escasez de cuidadores informales y los desafíos éticos que plantea el futuro de los cuidados

¿Quién nos cuidará?

¿Quién cuidará de nosotros en un mundo cada vez más envejecido y solo? A partir de la película Turno de guardia, Vicente Bellver Capella reflexiona sobre la crisis global de la enfermería, la escasez de cuidadores informales y los desafíos éticos que plantea el futuro de los cuidados, subrayando la centralidad de la persona, la comunidad y la dignidad humana en la asistencia sanitaria.

Turno de guardia es una de las películas que aspiran al Oscar a la mejor película internacional. La protagonista, Floria Lindt, trabaja como enfermera de planta en un hospital suizo. Su jornada es agotadora porque tiene muchos más pacientes que tiempo para cuidarlos, y porque sus funciones entrañan un nivel de riesgo y responsabilidad que le exige estar permanentemente al máximo nivel de alerta y competencia. A pesar de la presión, su prioridad es siempre el bien de cada persona concreta a la que atiende. Sin caer en el sentimentalismo, la película es probablemente el mayor homenaje que la gran pantalla ha dedicado hasta el momento a la enfermería. Y es de justicia que por fin se haya hecho porque la imagen cinematográfica más extendida de la enfermera ha sido bastante superficial y urgente revisarla. Pero también es muy oportuno que este homenaje se rinda precisamente ahora, cuando se extiende la conciencia de que los cuidados son un aspecto nuclear de la asistencia sanitaria. El paradigma tecnocrático que alumbró la asistencia sanitaria tras la 2ª Guerra Mundial está siendo reemplazado por un paradigma holístico, que propone una asistencia centrada en la persona y no en la patología. Por supuesto, curar sigue siendo uno de los fines de la medicina. Pero cuando no es posible curar siempre se puede y se debe cuidar; y gracias a esos cuidados, las personas podemos tener una vida digna y con calidad hasta el final.

La película está ambientada en un hospital suizo, es decir, en uno de los países más ricos del mundo y con un alto nivel de asistencia sanitaria. Y, sin embargo, nos presenta una plantilla de hospital en la que no hay enfermeras suficientes para atender debidamente a todos los pacientes. Si eso ocurre en Suiza, ¿qué nos podemos encontrar en la mayoría de los países del mundo? Lo que nos muestra la película no es ficción. Es una inquietante realidad que se agudiza crecientemente en los próximos años: faltan enfermeras en todo el mundo. Sin afán exhaustivo, se pueden identificar cuatro causas principales de esta crisis.

Primera, el aumento de la demanda por el incremento de la cronicidad y la dependencia, fenómenos mayormente asociados al creciente envejecimiento de la población. Segunda, la disminución del número de enfermeras por jubilaciones, agotamiento o migración. Cuando una enfermera se va a trabajar a otro país, es obvio que deja un hueco en el suyo que no se cubre fácilmente. Tercera, el insuficiente reconocimiento social y económico, unido a las extenuantes condiciones de muchos de los puestos de enfermera.

Quiero prestar algo más de atención a la que considero cuarta causa de la crisis de la enfermería: la paulatina disminución de los cuidadores informales. Uno de los efectos de la soledad no deseada en la que viven cada vez más personas en todo el mundo es la falta de cuidadores informales. El “acompañante” en la habitación de un hospital no es un figurante que, en el mejor de los casos, se limita a dar apoyo emocional. Es un actor imprescindible en la asistencia y su ausencia no puede ser suplida por las enfermeras, a las que se les incrementa en buena medida su trabajo. En la película, cuando uno de los pacientes se presenta a Floria y le dice: «estoy solo», la enfermera le contesta: «No, me tiene a mí». Esa respuesta da la medida del alto compromiso profesional que Floria tiene con sus pacientes. Pero ella sabe, y todos sabemos, que esa falta de acompañante es irreemplazable por mucho que trate de paliarla.

Si nos faltan enfermeras y cuidadores informales, y ese problema se va a disparar en los próximos años, ¿qué podemos hacer? No desesperar y buscar soluciones creativas y realistas, que es lo propio del ser humano cuando afronta los retos que le presenta la vida. Yo propongo tres líneas de acción, y las presento en orden creciente de importancia. En primer lugar, aprovechar todas las posibilidades que nos va a brindar la IA y la robótica. Es cierto que no son pocos los problemas éticos que trae consigo su desarrollo e implantación: deshumanización de los cuidados, asalto a la intimidad de las personas, brecha digital entre los que pueden y no pueden incorporarse al mundo virtual, etc. Esta bioprecariedad digital deberá ser afrontada con diseños adecuados de las aplicaciones y los robots, y con políticas que garanticen el acceso universal a estas tecnologías. En segundo lugar, potenciar la enfermería. Aunque cuidar no es tan aparente como curar, es igual de importante y totalmente imprescindible: puede haber asistencia sin curación, pero nunca sin cuidados. Si nos convencemos de que no podemos vivir sin la enfermería, y reconocemos el valor que le corresponde, surgirán enfermeras técnicamente competentes que pongan a la persona en el centro de su profesión. Y por último, pero lo más importante, debemos promover comunidades cuidadoras. La epidemia de soledad que aflige al mundo solo se revertirá con el florecimiento de comunidades, cuya semilla siempre es la familia, el arquetipo cuidador por antonomasia. Si promovemos ‘familia’, reverdecerán las comunidades y, con ellas, los cuidados. En ese entorno propicio, la enfermería se percibirá como una profesión atractiva, con la que vale la pena comprometerse. Y, muy importante, nos sentiremos legitimados para orientar el diseño de las tecnologías de cuidados digitales, de modo que cuiden y no deshumanicen.

Vicente Bellver Capella . Catedrático de Filosofía del Derecho y Política. Universitat de València

*Tribuna publicada en el diario “Las Provincias”

Observatorio de Bioética UCV

El Observatorio de Bioética se encuentra dentro del Instituto Ciencias de la vida de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” . En el trasfondo de sus publicaciones, se defiende la vida humana desde la fecundación a la muerte natural y la dignidad de la persona, teniendo como objetivo aunar esfuerzos para difundir la cultura de la vida como la define la Evangelium Vitae.