06 febrero, 2026

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“¿Por qué lloras?”: El Papa León XIV convierte la pregunta del Resucitado en un grito contra la destrucción del planeta

En su Audiencia General, el Pontífice une la Resurrección de Cristo con el cuidado de la Casa Común, inspirándose en María Magdalena y la encíclica Laudato si’

“¿Por qué lloras?”: El Papa León XIV convierte la pregunta del Resucitado en un grito contra la destrucción del planeta

Ante más de 40.000 fieles reunidos en la Plaza de San Pedro bajo un cielo otoñal, el Papa León XIV ha impartido este miércoles una catequesis vibrante y profética que conecta la esperanza pascual con la crisis ecológica global. En el marco de su ciclo jubilar “Jesucristo, nuestra esperanza”, el Sucesor de Pedro ha transformado el encuentro de María Magdalena con el Resucitado en un poderoso llamado a la acción: “Proteger la creación exige una conversión ecológica profunda, porque el Paraíso no está perdido… ¡está encontrado!”.

El jardinero que hace nuevas todas las cosas

Tomando el Evangelio de San Juan, León XIV evocó la escena del amanecer de Pascua: María Magdalena, entre lágrimas, confunde a Jesús resucitado con el jardinero del huerto donde había sido sepultado. “¡No se equivocaba del todo!”, exclamó el Papa con una sonrisa que arrancó aplausos. Porque Cristo, depositado en la tierra como una semilla, brota para dar fruto abundante y restituye el jardín del Edén perdido por el pecado original.

“¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?”, pregunta Jesús a la Magdalena… y, a través de ella, a cada uno de nosotros hoy. Esas palabras, explicó el Pontífice, nos interpelan ante el “grito de la tierra y el grito de los pobres”. Solo al escuchar nuestro nombre pronunciado por el “Hombre nuevo” –el Resucitado que dice “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5)– descubrimos nuestra misión: cultivar y custodiar la creación.

Laudato si’ sigue más viva que nunca

En un guiño directo a la herencia de Francisco, León XIV citó extensamente la encíclica Laudato si’: “Si el ser humano no es custodio del jardín, se convierte en su devastador”. Y advirtió con contundencia: la cultura ecológica “no puede reducirse a respuestas urgentes y parciales ante la degradación ambiental, el agotamiento de recursos o la contaminación”. Hace falta, insistió, “una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que generen resistencia ante la destrucción”.

“La muerte y resurrección de Jesús son el fundamento de una espiritualidad de ecología integral”, afirmó. Sin esa raíz pascual, “las palabras de la fe quedan desconectadas de la realidad y las palabras de la ciencia quedan fuera del corazón”.

Convertirse una y otra vez: del valle de lágrimas a la Nueva Jerusalén

El gesto de María Magdalena volviéndose hacia Jesús se convirtió, en boca del Papa, en el icono perfecto de la conversión ecológica: “Solo de conversión en conversión pasamos de este valle de lágrimas a la Nueva Jerusalén”. Un camino que comienza en el corazón, pero que “cambia la historia, nos compromete públicamente y activa una solidaridad que protege a personas y criaturas de la codicia de los lobos, en nombre del Cordero-Pastor”.

León XIV no dejó pasar la oportunidad de saludar a los millones de jóvenes y personas de buena voluntad que ya han escuchado “el grito de los pobres y de la tierra”. “¡Son tantos los que buscan una nueva armonía con la creación!”, celebró.

Una oración final que resonó en la Plaza

Cerrando su catequesis, el Pontífice elevó una súplica cargada de esperanza: “Que el Espíritu nos dé la capacidad de escuchar la voz de quienes no tienen voz. Entonces veremos lo que los ojos aún no ven: ese jardín, ese Paraíso al que solo llegamos acogiendo y cumpliendo cada uno nuestra propia tarea”.

Al término de la Audiencia, tras el habitual recorrido en papamóvil y las bendiciones a niños y enfermos, el Papa recordó la Jornada Pro Orantibus y anticipó con ilusión la Jornada Mundial dedicada a los niños prevista para septiembre de 2026.

Con esta catequesis, León XIV ha colocado nuevamente la ecología integral en el centro del mensaje cristiano, demostrando que la Resurrección no es solo un acontecimiento del pasado: es la semilla que puede hacer reverdecer hoy nuestro planeta herido. Un mensaje que, sin duda, resonará más allá de los muros vaticanos.

Texto completo:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 19 de noviembre de 2025

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Ciclo de catequesis – Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. IV. La Resurreción de Cristo y los desafíos del mundo actual 5. Espiritualidad pascual y ecología integral.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Estamos reflexionando, en este Año jubilar dedicado a la esperanza, sobre la relación entre la Resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual, es decir nuestros desafíos. A veces, Jesús, el Viviente, también nos quiere preguntar: «¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?». Los desafíos, de hecho, no se pueden afrontar solos y las lágrimas son un don de vida cuando purifican nuestros ojos y liberan nuestra mirada.

El evangelista Juan nos llama la atención sobre un detalle que no encontramos en los otros Evangelios: llorando cerca de la tumba vacía, la Magdalena no reconoció enseguida a Jesús resucitado, sino que pensó que era el custodio del jardín. De hecho, ya narrando la sepultura de Jesús, al anochecer del viernes santo, el texto era muy preciso: «En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús» (Jn 19, 41-42).

Termina así, en la paz del sábado y en la belleza de un jardín, la dramática lucha entre tinieblas y luz desatada con la traición, el arresto, el abandono, la condena, la humillación y el asesinato del Hijo que «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Cultivar y custodiar el jardín es la tarea originaria (cfr Gen 2,15) que Jesús llevó a su término. Su última palabra en la cruz – «está cumplido» (Jn 19,30) – invita a cada uno a reencontrar la misma tarea, su tarea. Por esto, «inclinando la cabeza, entregó el espíritu» (v. 30).

Queridos hermanos y hermanas, ¡María Magdalena, entonces, no se equivocó del todo, creyendo que encontraba al cuidador de la huerta! De hecho, debía volver a escuchar el propio nombre y comprender la propia tarea del Hombre nuevo, la que en otro texto de Juan dice: «hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). El Papa Francisco, con la encíclica Laudato si’, nos indicó la extrema necesidad de una mirada contemplativa: si no es cuidador del jardín, el ser humano se convierte en su devastador.

La esperanza cristiana, por lo tanto, responde a los desafíos que enfrenta toda la humanidad hoy deteniéndose en el jardín donde se colocó el Crucificado como una semilla, para volver a brotar y dar mucho fruto.

El Paraíso no está perdido, sino que es encontrado. La muerte y resurrección de Jesús, por lo tanto, son el fundamento de una espiritualidad de la ecología integral, fuera de la cual las palabras de la fe se quedan sin conexión con la realidad y las palabras de la ciencia se quedan fuera del corazón. «La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia» (Laudato si’, 111).

Por esto, hablamos de una conversión ecológica, que los cristianos no pueden separar de ese cambio de dirección que les requiere seguir a Jesús. El hecho de que María se volviera aquella mañana de Pascua es una señal de esto: solo de conversión en conversión pasamos de este valle de lágrimas a la nueva Jerusalén. Tal pasaje, que empieza en el corazón y es espiritual, modifica la historia, nos compromete públicamente, activa solidaridad que desde ahora protegen personas y criaturas de las ansias de los lobos, en el nombre y fuerza del Ángel Pastor.

Así, los hijos y las hijas de la Iglesia pueden hoy encontrar millones de jóvenes y de otros hombres y mujeres de buena voluntad que han escuchado el grito de los pobres y de la tierra dejándose tocar el corazón. Son muchas también las personas que desean, a través de una relación más directa con la creación, una nueva armonía que los lleve más allá de tantas laceraciones. Por otro lado, además «el cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje» (Sal 18,1-5).

El Espíritu nos dé la capacidad de escuchar la voz de quien no tiene voz. Veremos, entonces, lo que los ojos aún no ven: ese jardín, o Paraíso, al que solo nos acercamos acogiendo y cumpliendo cada uno su propia tarea.

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Saludos 

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Señor el don de saber cultivar una espiritualidad capaz de hacer germinar ese grano de trigo que como semilla de esperanza ha sido depuesto en el sepulcro, Cristo muerto y resucitado por nuestra salvación, de modo que el cielo y la tierra proclamen siempre la gloria de Dios y la obra de sus manos (cf. Sal 18,1-5). Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Seguimos reflexionando sobre la Resurrección de Cristo y su relación con los desafíos del mundo actual. Uno de estos desafíos es la necesidad de una mirada contemplativa y de una conversión que no reduzca el cuidado de la creación a una serie de respuestas a determinadas cuestiones urgentes.

En el relato evangélico de la mañana de Pascua, encontramos a María Magdalena en el jardín del sepulcro que llora la ausencia de Jesús. Es una imagen que nos evoca también el dolor que sentimos al ver la creación privada de su verdadero sentido, explotada y degradada. Pero Jesús va al encuentro de María, que aunque al inicio lo ve como el simple cuidador de ese jardín del Edén (cf. Gn 2,5), después llega a reconocerlo como el Maestro y el Señor que hace nuevas todas las cosas. Esta conversión, que comienza en el corazón y es espiritual, cambia la historia, nos compromete y nos impulsa a trabajar por el Reino sabiéndonos administradores de los bienes que Dios nos ha entregado.

Exaudi Redacción

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