Párroco en Groenlandia: No somos un pedazo de tierra sino comunidad de personas
El padre Tomaž Majcen expresa la preocupación de la pequeña realidad católica tras la voluntad de anexión por parte de Estados Unidos. También la Iglesia evangélica luterana se moviliza cada domingo en oración: "Es una cuestión de derechos humanos, dignidad y respeto de las leyes y de los tratados internacionales", afirma la obispo Paneeraq Siegstad Munk
Oraciones por el Reino de Dinamarca y por el gobierno autónomo de Groenlandia. Son las que cada domingo se elevan desde las iglesias evangélicas luteranas situadas en el propio territorio danés autónomo que ha entrado en el punto de mira de las aspiraciones expansionistas de la administración Trump. La iniciativa, impulsada por Paneeraq Siegstad Munk, obispa para Groenlandia de la Iglesia evangélica luterana, se inserta en un contexto geopolítico definido como sin precedentes: «Es fundamental mantener la calma en una situación como esta. Las oraciones sanan y dan sentido», declaró Munk en un comunicado difundido por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI).
Derechos humanos y dignidad
«La gente -añadió Munk- está claramente preocupada. Es una cuestión de derechos humanos, de dignidad y de respeto de las leyes y de los tratados internacionales. Somos un pueblo pequeño, pero no somos invisibles. Nuestro futuro no es algo que pueda decidirse por encima de nuestras cabezas. Tenemos una lengua, una cultura, antepasados, hijos y un futuro ligado a este lugar. Somos personas, no propiedad. Groenlandia no es una tierra que se pueda comprar. Es nuestra casa y no está en venta», subrayó.
Mayoría contraria
Según las encuestas más recientes, la mayoría de los habitantes de Groenlandia se declara contraria a la anexión planteada por el presidente de Estados Unidos. En Groenlandia la religión predominante es el protestantismo evangélico luterano: el 95% de la población es miembro de la Iglesia nacional danesa, conocida como Iglesia Evangélica Luterana en Dinamarca, y casi el 90% de los 57.000 habitantes es de etnia inuit groenlandesa. Munk, en consonancia con la tradición de su pueblo, que desde hace siglos se esfuerza por proteger la cultura local y su estrecha relación con la naturaleza, reiteró su voluntad de continuar esta batalla tanto como «líder de la Iglesia» como «ciudadana particular».
Católicos alarmados
Hace algunos días, también el párroco católico de Nuuk, la capital, había expresado su preocupación. El padre Tomaž Majcen dijo estar alarmado no tanto por la cuestión geopolítica como por la humana: «Me preocupa que nuestro hogar pueda ser considerado un pedazo de tierra en lugar de una comunidad de personas con familias, tradiciones y fe. También el tono de muchas de estas declaraciones ha sido brusco e incluso inquietante, sobre todo cuando se alude al control o a la propiedad de nuestra isla. Como sacerdote, creo que la paz y el diálogo son más importantes que los conflictos por apropiarse de tierras o recursos». Groenlandia -concluyó- es un lugar «maravilloso y pacífico, y espero que siga siéndolo. Mi esperanza es que los líderes se centren en la cooperación pacífica, en lugar de alimentar tensiones».
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