Papa León XIV: «En la Iglesia hay y debe haber sitio para todos»
En la audiencia general del 11 de marzo de 2026, el pontífice profundiza en 'Lumen gentium' del Concilio Vaticano II y presenta a la Iglesia como profecía de paz y unidad en un mundo dividido por conflictos
El Papa León XIV, durante la audiencia general celebrada este miércoles 11 de marzo de 2026 en la Plaza de San Pedro, continuó su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, centrándose en el capítulo segundo de la Constitución dogmática Lumen gentium, que describe a la Iglesia como Pueblo de Dios. Ante miles de fieles, el Obispo de Roma subrayó que la Iglesia, unificada en Cristo, no puede replegarse sobre sí misma, sino que está abierta a todos y es para todos, constituyéndose en un signo vivo de esperanza y profecía de unidad y paz en medio de un mundo marcado por divisiones, tensiones y guerras.
Inspirado en la promesa profética de Jeremías (Jer 31,33) —“Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”—, el Papa explicó el designio salvífico de Dios que se realiza a través de la elección de un pueblo concreto: desde la llamada a Abraham, la liberación de la esclavitud en Egipto y la alianza con Israel, hasta su culminación en la nueva y perfecta alianza en Cristo. Este pueblo no se define por méritos humanos, sino por la gracia gratuita de Dios y la fe en Él, llamado a ser “luz para las naciones”.
“Esta es la Iglesia —explicó León XIV—: el pueblo de Dios que toma su propia existencia del cuerpo de Cristo y que es él mismo el cuerpo de Cristo; no un pueblo como los demás, sino el pueblo de Dios, convocado por Él y hecho de mujeres y hombres procedentes de todos los pueblos de la Tierra”. Unidos no por lengua, cultura o etnia, sino por la fe en Jesús como autor de la salvación y principio de unidad y paz, los cristianos no presumen de títulos, sino del don de ser hijos de Dios por gracia. “Este es también el único título honorífico que deberíamos buscar como cristianos”, afirmó.

El pontífice insistió en la dimensión abierta y misionera de la Iglesia: unificada en Cristo, Señor de toda la humanidad, debe extenderse a todo el mundo y a todos los tiempos. “Todos los hombres son llamados a pertenecer al nuevo pueblo de Dios”, por lo que incluso quienes aún no han recibido el Evangelio están, de algún modo, orientados hacia él. Cada cristiano está llamado a difundir el Evangelio “por todas partes y a todos, para que cada uno pueda entrar en contacto con Cristo”, acogiendo las riquezas de las diversas culturas y ofreciéndoles la novedad del Evangelio para purificarlas y elevarlas.
En un momento especialmente conmovedor, el Papa destacó el valor profético de la Iglesia en tiempos de conflicto: “Es un gran signo de esperanza —especialmente en nuestros días, atravesados por tantos conflictos y guerras— saber que la Iglesia es un pueblo en el que conviven, en fuerza de la fe, mujeres y hombres de distintas nacionalidades, lenguas y culturas”. Citando al jesuita Henri de Lubac, describió a la Iglesia como “el arca única de salvación que debe acoger en su vasta nave toda la diversidad humana”.
Concluyó reafirmando la catolicidad e inclusividad esencial: “La Iglesia es una, pero incluye a todos. En la Iglesia hay y debe haber sitio para todos”. Este mensaje resuena como un llamado urgente a vivir la fe como puente de unidad en una humanidad fragmentada, caminando juntos hacia el Reino de Dios animados por el amor recibido en Jesús.
Texto completo de la audiencia:
LEÓN XIV
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles, 11 de marzo de 2026
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Catequesis – Los Documentos del Concilio Vaticano II – II. Constitución dogmática Lumen gentium. 2. La Iglesia pueblo de Dios
Queridos hermanos y hermanas:
Reflexionamos hoy sobre el segundo capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, que está dedicado al Pueblo de Dios. En su obra de salvación, Dios elige un pueblo concreto, establece con ellos una alianza, los acompaña, los cuida y los reúne cuando se dispersan. La identidad de este pueblo está dada por la acción de Dios y por su fe en Él; y su vocación es la de ser luz para las naciones, como un faro que atrae a toda la humanidad.
El Concilio afirma que dicha elección y preparación encuentra su plenitud en Cristo, quien congrega en torno a sí al nuevo Pueblo de Dios, por medio de la entrega de su Cuerpo y de su Sangre. Este nuevo Pueblo, que es la Iglesia, está formado por hombres y mujeres provenientes de todos los lugares de la tierra, de diferentes lenguas y culturas. Su principio unificador es la fe en Jesucristo y su presencia es profecía de la unidad y la paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos.
* * *
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a la Santísima Virgen María que no nos cansemos de orar, esperar y trabajar, dispuestos a la purificación y a la renovación interior, a fin de que la luz de Cristo resplandezca siempre en el Pueblo de Dios. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.
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