07 septiembre, 2026

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Libertador y Sarmiento: un cruce con mucha historia de fe

Desde el Congreso Eucarístico de 1934 hasta la esperada visita de León XIV en 2026, el emblemático cruce porteño guarda casi un siglo de históricas manifestaciones católicas y visitas papales

Libertador y Sarmiento: un cruce con mucha historia de fe

Todos lo conocemos como el Monumento de los Españoles. Sin embargo, el monumento que domina una de las esquinas más reconocibles de Buenos Aires no está dedicado a España, sino a la Argentina. A sus pies, desde hace casi un siglo, se escribieron algunas de las manifestaciones públicas de fe más multitudinarias de nuestra historia. En 2026, León XIV sumará una nueva página.

Hay esquinas que atravesamos cientos de veces sin preguntarnos qué historias guardan. El cruce de las avenidas del Libertador y Sarmiento, en Buenos Aires, es una de ellas.

Allí se levanta lo que generaciones de porteños aprendimos a llamar simplemente “el Monumento de los Españoles”. Pero basta detenerse frente a él para descubrir una primera curiosidad: no es, en realidad, un monumento dedicado a los españoles.

Su nombre oficial es Monumento a la Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas. Fue el regalo que la colectividad española quiso hacer a la Nación con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo. Financiado por suscripción popular, su piedra fundamental fue colocada en 1910 y, después de una construcción marcada por demoras y dificultades, fue inaugurado en 1927.

España puso el gesto, el arte y el aporte de sus inmigrantes. El homenaje era para la Argentina.

En lo alto se levanta la figura de la República. En la fuente, cuatro esculturas de bronce representan a La Pampa, Los Andes, El Chaco y El Plata. Sobre el basamento quedó grabada, además, una frase del Preámbulo de la Constitución: “Y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

Hay algo especialmente sugestivo en que ese monumento, nacido como homenaje a la Nación, haya terminado convirtiéndose también en escenario de algunos de los grandes encuentros de la Iglesia argentina.

Fue en octubre de 1934, cuando Buenos Aires recibió el XXXII Congreso Eucarístico Internacional. Para las grandes celebraciones de Palermo, el monumento quedó contenido dentro de una gigantesca cruz y de la estructura litúrgica construida a su alrededor.

Entre quienes llegaron a la Argentina estaba el cardenal Eugenio Pacelli, secretario de Estado de Pío XI y legado pontificio para el Congreso. El domingo 14 de octubre, a las diez de la mañana, presidió allí el solemne pontifical. Cinco años después sería elegido Papa con el nombre de Pío XII.

La escena quedó en la memoria. Tanto, que casi medio siglo después otro Papa la recordó desde ese mismo lugar.

Era junio de 1982. La Argentina atravesaba los últimos días de la Guerra de Malvinas cuando Juan Pablo II realizó su primera visita al país. El 12 de junio celebró allí la Misa para la Nación Argentina.

En la homilía, el propio Juan Pablo II hizo memoria del Congreso de 1934, de la presencia de Pacelli y de aquella gran cruz que había cubierto con sus brazos el monumento. No era una referencia casual. La Argentina que tenía delante estaba herida por la guerra y el Papa habló de la Eucaristía como amor que une y reconcilia.

Dos años después, en 1984, al cumplirse medio siglo de aquel Congreso Internacional, la Iglesia argentina volvió a elegir Palermo para la clausura del Congreso Eucarístico Nacional.

La celebración fue presidida por el cardenal Agostino Casaroli, secretario de Estado de la Santa Sede y legado pontificio de Juan Pablo II. Entre los participantes estuvo también el cardenal argentino Eduardo Pironio, hoy beato.

Habían pasado cincuenta años desde Pacelli. Otro secretario de Estado, también enviado como legado pontificio, se encontraba con la Iglesia argentina en aquel mismo escenario.

La historia del lugar sumaría todavía otro nombre que, años después, adquiriría una dimensión universal.

El 12 de octubre de 1998, Jorge Mario Bergoglio llevaba pocos meses como arzobispo de Buenos Aires cuando presidió dos celebraciones multitudinarias de Confirmación ante el Monumento de los Españoles. Por la mañana se confirmaron más de 8.200 chicos; por la tarde, cerca de 12.800 jóvenes y adultos, unas 95.000 personas. Quince años después, aquel arzobispo que celebraba en Palermo sería elegido sucesor de Pedro con el nombre de Francisco.

Pacelli había estado allí antes de ser Pío XII. Bergoglio, antes de ser Francisco. Juan Pablo II llegó siendo Papa y hoy la Iglesia lo venera como santo. Pironio participó de aquel regreso de 1984 y hoy es beato.

Las generaciones cambiaron, cambiaron los Papas y cambió la Argentina. El cruce permaneció allí, viendo volver una y otra vez a un pueblo que se reúne para expresar públicamente su fe.

En noviembre de 2026, si se mantiene el itinerario que todavía espera la confirmación final de la Santa Sede, León XIV volverá a reunir a una multitud en ese mismo lugar. La misa central prevista para su paso por Buenos Aires tendrá como escenario el Monumento de los Españoles.

Quizás entonces valga la pena mirar nuevamente el monumento. Mirarlo de verdad.

Recordar que aquello que llamamos “Monumento de los Españoles” es, en realidad, un monumento dedicado a nuestra Nación. Que nació como regalo de inmigrantes que hicieron de esta tierra su casa. Y que lleva grabadas palabras de nuestra Constitución que hablan de una Argentina abierta a todos los hombres del mundo que quieran habitarla.

Alrededor de esas piedras se fue escribiendo, también, una parte de nuestra historia creyente.

Quizás las esquinas también tengan memoria. Y este cruce de Libertador y Sarmiento guarda mucha.

Allí se encuentran dos avenidas, pero desde hace casi un siglo también se cruzan la historia argentina y la historia de nuestra fe.

Cuando León XIV llegue hasta allí, no solo se encontrará con el pueblo que sale a recibirlo. En ese cruce de Libertador y Sarmiento entrará también en lo más profundo de la historia de la Iglesia argentina, una historia de fe que, generación tras generación, vuelve a encontrarse en el mismo lugar.

Tina Colussi

Periodista, comunicadora y catequista. Diplomada en Comunicación Católica y Animadora Bíblica de la Pastoral. Desde hace más de siete años acompaña la comunicación de la Iglesia a través de distintos medios y proyectos de evangelización. Comparte diariamente "Un minuto con Jesús", una sencilla reflexión del Evangelio que puede seguirse en sus redes sociales y que busca acompañar la vida de fe con la fuerza de las pequeñas palabras. Cree en la simpleza de las palabras, en la fuerza del encuentro y en el poder de la comunicación para sembrar esperanza, tender puentes y acercar a las personas a Dios.