León XIV a los jóvenes: Este camino hacia el Señor se recorre juntos
36º Festival de jóvenes, Medjugorje
El Mladifest reúne a miles de jóvenes de todo el mundo en Medjugorje, en un programa espiritual que combina oración, catequesis, testimonios y liturgias. Comienza el lunes 4 de agosto con la oración del rosario y la misa inaugural, y continúa cada día desde las 6 de la mañana hasta la noche con momentos de oración, reflexión, adoración y procesiones.
A continuación publicamos el mensaje que el Santo Padre León XIV ha enviado a los participantes en el 36º Festival de la Juventud en Medjugorje, que se celebra del 4 al 8 de agosto:
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Queridos jóvenes:
Me complace mucho dirigirme a ustedes con un mensaje con motivo del 36.º Festival, que se reúne en Medjugorje, como cada año. Provienen de muchos países del mundo: les envío con afecto el saludo del Señor Resucitado: «¡La paz sea con ustedes!».
En estos días están meditando sobre el lema elegido para el Festival: «Vamos a la casa del Señor» ( Salmo 122,1). Esta frase nos habla de un viaje, de un deseo de acercarnos a Dios, a su morada, donde podemos sentirnos verdaderamente en casa, porque allí nos espera con su amor. ¿Cómo podemos caminar hacia la casa del Señor sin perder el rumbo? Jesús nos dijo: «Yo soy el camino» ( Jn 14,6): es él quien nos acompaña, nos guía y nos fortalece en el camino. Su Espíritu nos abre los ojos y nos hace ver lo que no podríamos comprender por nosotros mismos.
En el camino de la vida, nadie camina solo. Nuestros caminos siempre se entrelazan con los de los demás: estamos hechos para el encuentro, para caminar juntos, para descubrir juntos un objetivo común. Por eso, me complace compartir con ustedes una reflexión de san Agustín, quien no habla de la casa del Señor como un destino lejano, sino que anuncia la alegría de un camino vivido juntos, como pueblo peregrino: «¡Vamos, vamos! Así se hablan y, como encendiéndose, forman una sola llama. Y esta única llama, nacida del que habla, comunica al otro el fuego con el que arde» (S. Aurelii Augustini, Enarrationes in Psalmos , PL 37, p. 1619). ¡Qué imagen tan maravillosa! Nadie camina solo: nos incitamos, nos encendemos mutuamente. Las llamas de los corazones se unen y se convierten en un gran fuego que ilumina el camino. Ustedes también, jóvenes, no son peregrinos solitarios. Este camino hacia el Señor se recorre juntos. Ésta es la belleza de la fe vivida en la Iglesia.
A través de los encuentros cotidianos, podemos peregrinar juntos hacia la casa del Señor. En este sentido, queridos amigos, saben bien que vivimos en un mundo cada vez más digital, donde la inteligencia artificial y la tecnología ofrecen mil oportunidades. Recuerden: ningún algoritmo podrá sustituir un abrazo, una mirada, un encuentro verdadero, ni con Dios, ni con nuestros amigos, ni con nuestra familia. Pensemos en María. Ella también emprendió un arduo viaje para encontrarse con su prima Isabel. No fue fácil, pero lo logró, y ese encuentro dio origen a la alegría: Juan el Bautista se regocijó en el seno de su madre, reconociendo la presencia viva del Señor en el vientre de la Virgen María. Siguiendo el ejemplo de María, los animo a buscar encuentros verdaderos. Alegrémonos juntos y no tengamos miedo de llorar con los que lloran, como también nos dice san Pablo: «Alégrense con los que se alegran, lloren con los que lloran» ( Rm 12,15).
Han venido a Medjugorje de muchas naciones, y quizás les parezca que el idioma o la cultura son un obstáculo: ¡ánimo! Hay un idioma más fuerte que cualquier barrera: el idioma de la fe, alimentado por el amor de Dios. Todos son miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia: encuéntrense, conózcanse, compartan. Solo así, caminando juntos, apoyándonos, inspirándonos, llegaremos a la casa del Señor. ¡Qué alegría saber que nos esperan en la casa del Padre, acogidos por su amor, y que no tenemos que caminar solos, sino juntos!
En el camino, si alguno de ustedes se siente llamado a una vocación especial, a la vida consagrada o al sacerdocio, los animo a no tener miedo de responder. Esa invitación, que vibra en su interior, viene de Dios, que habla a nuestros corazones. Escúchenlo con confianza: en efecto, la palabra del Señor no solo nos hace verdaderamente libres y felices, sino que también nos realiza auténticamente como personas y como cristianos.
Queridos jóvenes, al encomendarlos a cada uno de ustedes a María, Madre de Cristo y Madre nuestra, los acompaño con mis oraciones. Que la Santísima Virgen los anime y los guíe en el camino para que se conviertan en anunciadores de paz y esperanza. De corazón les imparto a todos mi bendición apostólica.
Desde Castel Gandolfo, 9 de julio de 2025
León PP. XIV
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