Clarissa (Cécile de France) es una prestigiosa autora de novelas juveniles que lleva seis años sumida en un bloqueo creativo tras el suicidio de su hijo adolescente. La culpa por no haber sido capaz de detectar el sufrimiento del joven a tiempo de impedir la tragedia no solo está en el origen de su pérdida de creatividad, sino que también ha contribuido a una diáspora familiar, un largo periodo de tratamiento contra la depresión y, finalmente, a su ingreso voluntario en el citado centro. La protagonista pretende sanar su herida emocional aislándose para escribir sobre los últimos días de la escritora Virginia Woolf, quien también acabó con su vida.
El edificio está vigilado permanentemente por Dalloway, una asistente virtual que toma su nombre de la famosa obra literaria de Woolf. Inicialmente, su función es facilitar la estancia de los artistas, pero la interfaz pierde pronto su apariencia de servidumbre para mostrar a Clarissa un lado intrusivo que desborda los límites éticos y la intimidad personal.
El negocio del siglo XXI
La capitulación mental de la escritora se desarrolla de forma sutil y progresiva. En primer lugar, Clarissa se desnuda emocionalmente al confiar sus secretos más íntimos a la empatía artificial de un
La comodidad y la ambición porque su nueva novela sea un éxito conducen a Clarissa a delegar la creatividad de la narración en la Inteligencia Artificial. La manipulación algorítmica acaba por convencer a la escritora de la conveniencia de abandonar su investigación sobre Virginia Woolf para empezar a escribir sobre el suicidio de su propio hijo. El dolor real y vivo es la materia prima perfecta para que el algoritmo perfeccione su simulación del funcionamiento de la mente humana. En ese mismo momento, el arte deja de ser una catarsis con posibilidades terapéuticas para superar la pérdida. La máquina deja de asistir a la escritora, parasita su dolor y clona los sentimientos humanos de modo que convierte el trauma en un patrón literario optimizado que conduce a un fin trágico.
La cinta muestra cómo, tras el sofisticado mecanismo de vigilancia y control que funciona como un auténtico panóptico digital1, hay una gran corporación tecnológica, dirigida por la psiquiatra Anne Dewinter (Anna Mouglalis), que hace un negocio millonario de la intrusión en la mente humana. Para este gigante corporativo, el bloqueo de Clarissa y el dolor por la muerte repentina de su hijo solo son valiosas fuentes de extracción de datos. De hecho, el fin último de financiar la estancia artística no tiene que ver con un mecenazgo cultural, sino con el desarrollo de un algoritmo comercializable que pueda predecir, replicar y, en última instancia, vender la experiencia humana. En definitiva, un activo financiero como modelo de negocio perfecto del siglo XXI. De este entramado se percata el pintor Mathias Nielsen (Lars Mikkelsen), cuyas sospechas logran sembrar en Clarissa las primeras dudas.
Valoración bioética
La residencia proporciona una fértil discusión desde la bioética personalista sobre los límites de los avances tecnológicos. No estamos ante una distopía lejana, sino ante un dilema del presente que atenta directamente contra la dignidad de la persona. El dolor y la intimidad de Clarissa dejan de ser realidades sagradas del espíritu humano 
En la Encíclica Magnífica humanitas2 León XIV advierte contra el paradigma tecnocrático y el riesgo de que la IA debilite el juicio personal y la creatividad genuinamente humana. El Pontífice se refiere a que las inteligencias artificiales generan una ilusión de objetividad que induce al engaño porque no viven experiencias, no poseen cuerpo, no sienten alegría ni dolor, no maduran en relaciones personales ni comprenden el valor absoluto del amor, la amistad y la responsabilidad. Esta es la trampa en la que cae Clarissa al confundir la retroalimentación probabilística de Dalloway con una compasión y un acompañamiento auténticos. El Papa denuncia que los nuevos monopolios privados concentran el poder tecnológico para influir en los procesos individuales y en las dinámicas sociales, económicas y políticas en beneficio propio. Todo ello encaja a la perfección con la gran corporación financiera que está detrás de La residencia: una entidad que mercantiliza la intimidad y se introduce en la mente de la escritora para patentar el molde de su alma como un activo financiero. El concepto clave de León XIV es que “la inteligencia artificial debe ser desarmada”, liberándola de lógicas de dominación, exclusión o muerte. El destino final de la protagonista en la película es el ejemplo perfecto de una humanidad que no supo “desarmar” la tecnología a tiempo y terminó subyugada voluntariamente por la comodidad de un algoritmo.
También el profesor José Sanmartín, en Tecnología y futuro humano, apunta que, cuando la técnica se desarrolla sin una evaluación ética previa, sin controles rigurosos y con una arquitectura alejada del bien común, termina por devorar las capacidades naturales del ser humano.3 En el filme, la sumisión por comodidad —a la que Sanmartín se refiere como la “modorra tecnológica”— permite a la corporación desarmar los límites entre lo natural y lo artificial desde el imperativo: “si puede hacerse, ¡hagámoslo!”, como condición única y suficiente de progreso.
Ficha técnica:
Título original: Dalloway
Año: 2025
Director: Yann Gozlan
País: Francia
Duración: 110 min.
Amparo Aygües . Master Universitario en Bioética por la Universidad Católica de Valencia . Miembro del Observatorio de Bioética
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1 En El enjambre (2013) y Psicopolítica (2014), publicados por Herder, el filósofo coreano Byung-Chul Han actualiza el concepto de panóptico original de Jeremy Bentham —concebido como estructura arquitectónica para las prisiones del siglo XVIII— y lo traslada a la actual era de internet y la Inteligencia Artificial. Plantea que el nuevo panóptico ya no necesita muros ni guardias físicos por una razón fundamental: la vigilancia ya no se impone desde fuera mediante la fuerza, sino que se ejerce desde dentro a través de la seducción y la comodidad.
2 León XIV, Papa. (2026). Magnifica humanitas: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial [Carta encíclica]. Vatican.va
3 Sanmartín, J. (1990). Tecnología y futuro humano. Anthropos.
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