La cruz profanada por una profesora
El Episcopado Polaco: Agradecemos sinceramente a todos aquellos que han defendido valientemente la cruz
El 15 de diciembre de 2025, durante una clase en la escuela de Kielno, una profesora ordenó a los alumnos que retiraran una cruz de la pared. Cuando los estudiantes se negaron a hacerlo, apelando a sus convicciones religiosas y al respeto por la cruz, la mujer la retiró ella sola y la arrojó a la basura.
El comportamiento de la profesora provocó indignación entre los padres y los residentes locales, que organizaron una protesta frente a la escuela el 8 de enero. Todos subrayaron que la escuela no puede ser un lugar de hostilidad ostentosa hacia los símbolos religiosos, y que los profesores no deberían imponer a los alumnos una visión del mundo contraria a las convicciones religiosas de los estudiantes y de sus padres.
Todo esto ocurre en la Polonia gobernada por una coalición creada por Donald Tusk, una coalición más anticlerical y más hostil hacia la Iglesia y los valores cristianos que en los tiempos del régimen comunista. En el país se multiplican las profanaciones de símbolos religiosos y los intentos de eliminar dichos símbolos de la esfera pública. Además, se tolera —si no se incentiva— desde los círculos actualmente en el poder, una campaña de odio contra la Iglesia, los católicos y los valores cristianos. En este caso, los medios de comunicación, aliados del gobierno, defienden el gesto sacrílego de la profesora, minimizando su gravedad. Además, arremeten contra los estudiantes y sus padres, que se han convertido en objeto de vergonzosos ataques en las redes sociales. Las mismas autoridades que desearían la mayor censura de internet (para silenciar cualquier voz crítica hacia el gobierno) toleran en este caso esos discursos de odio.
Cabe recordar también que Tusk eligió como ministra de Educación a Barbara Nowacka, una atea convencida defensora del aborto y de la ideología LGBT, que hace todo lo posible por eliminar la hora de religión de las escuelas (por el momento ha conseguido limitar dicha enseñanza a una hora semanal optativa). Por su parte, el ministro de Justicia, Waldemar Zurek, quiere precisamente en este periodo “suavizar” las penas por los delitos de ofensa a los sentimientos religiosos. De esta manera, los derechos de los creyentes quedarían menos protegidos en comparación con el derecho a criticar la religión. En esta atmósfera anticlerical que reina hoy en Polonia surgen casos como el de Kielno.
El episodio en la escuela de Kielno provocó una reacción inmediata de los obispos polacos. Monseñor Tadeusz Wojda, presidente del Episcopado polaco, hizo una declaración en la que expresa su tristeza al conocer la noticia de la profanación de una cruz. “La cruz, símbolo del sacrificio realizado por Jesucristo por amor a cada persona, ocupa un lugar especial no solo en el corazón de los creyentes, sino también en nuestra tradición y cultura polaca. Todo acto de insulto hiere el sentimiento religioso de los fieles y suscita justificadas preocupaciones y oposiciones por parte de las personas de buena voluntad”, escribe el arzobispo, expresando al mismo tiempo su gratitud “a aquellos que han defendido responsable y valientemente el signo de la cruz, testimoniando su fe y su compromiso con los valores cristianos. Agradezco de corazón también a quienes participaron en el servicio expiatorio y en la adoración pública de la cruz en la parroquia de Kielno, ofreciendo oraciones en señal de reparación por la ofensa”.
Sobre lo ocurrido se pronunció también monseñor Wojciech Osial, presidente de la Comisión para la Educación Católica de la Conferencia Episcopal Polaca. En su comunicado, el obispo, en nombre de la Comisión, invitó a todos a profundizar en la reflexión sobre el significado del Sacrificio de la Cruz, en el respeto mutuo y teniendo en cuenta la preocupación por educar a las jóvenes generaciones en un espíritu de responsabilidad, diálogo y respeto a los valores.
“En relación con la remoción y profanación de una cruz en una escuela de Kielno, la Comisión para la Educación Católica de la Conferencia Episcopal Polaca expresa su indignación por la ocurrencia de tales actos contra el cristianismo y el derecho de los niños a ser educados según la visión del mundo de sus padres. Agradecemos sinceramente a todos aquellos que han defendido valientemente la cruz”, escribe monseñor Osial. A continuación recuerda que “la Constitución de la República de Polonia garantiza a todos la libertad de conciencia y de religión, que se concreta también en el derecho a manifestar públicamente la propia religión (artículo 53, apartados 1-2), lo que incluye, entre otras cosas, la exposición de símbolos religiosos en espacios públicos”. Explica además que “el derecho a colocar una cruz en los locales escolares está expresamente garantizado por el Reglamento del Ministro de Educación del 14 de abril de 1992 sobre las condiciones y modalidades de organización de la educación religiosa en guarderías y escuelas públicas”. En Polonia, la Ley de Educación afirma claramente que “la enseñanza y la educación, respetando el sistema de valores cristianos, se basan en principios éticos universales. La enseñanza y la educación sirven para desarrollar en los jóvenes el sentido de responsabilidad, el amor a la patria y el respeto por el patrimonio cultural polaco, promoviendo al mismo tiempo la apertura a los valores de las culturas europeas y mundiales”.
Monseñor Osial concluye con un llamamiento a las autoridades: “Que las instituciones estatales adopten medidas decisivas para garantizar el respeto al símbolo de la cruz, de modo que el incidente ocurrido en la escuela de Kielno no se repita”.
El artículo original en italiano fue publicado en ACI Stampa
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