02 junio, 2026

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¿Es María mi modelo? La pregunta del Papa León XIV que sacude la Plaza de San Pedro

En el aniversario del atentado a San Juan Pablo II y la fiesta de Fátima, el Pontífice define a la Virgen como el espejo donde la Iglesia debe aprender a mirarse

¿Es María mi modelo? La pregunta del Papa León XIV que sacude la Plaza de San Pedro

El Papa León XIV ha convertido la Audiencia General de este miércoles 13 de mayo de 2026 en un profundo examen de conciencia para los fieles. Coincidiendo con la festividad de Nuestra Señora de Fátima, el Santo Padre ha rescatado el vínculo providencial entre la Virgen y la historia reciente de la Iglesia, planteando un desafío directo a cada cristiano: «¿Es María realmente mi modelo de vida?».

La catequesis comenzó con un recuerdo sobrecogedor. «Hoy hace exactamente 45 años», recordó el Pontífice con voz pausada, «esta misma plaza fue testigo del atentado contra San Juan Pablo II». León XIV subrayó cómo aquel suceso, que pudo cambiar el curso de la historia, fue transformado por la «mano materna» que desvió la bala, vinculando para siempre el ministerio petrino al mensaje de paz de Fátima.

La Virgen como «Miembro Eminente»

Apoyándose en la constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, el Papa explicó que María no es una figura aislada o inalcanzable, sino un «miembro eminente y del todo singular» de la comunidad eclesial. Para León XIV, esta distinción es clave para entender que la Iglesia debe comportarse como ella: siendo una «criatura de la Palabra».

«María es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser», afirmó. El Papa desglosó este concepto en dos movimientos: la docilidad total al Espíritu Santo y la capacidad de engendrar hijos de Dios. En sus palabras, la Iglesia no se anuncia a sí misma, sino que, al igual que María, debe ser un cristal transparente que deje pasar la luz de Cristo.

«Ella es madre de toda la Iglesia, y cada uno de nosotros puede dirigirse a Ella con la confianza de un hijo, con la certeza absoluta de ser escuchado, protegido y profundamente amado». — Papa León XIV.

Un doble movimiento: Escuchar y actuar

El Pontífice profundizó en la experiencia de la «joven hija de Israel», destacando que en su vida se realiza un doble movimiento espiritual. Por un lado, el descenso de la gracia divina, donde Dios elige gratuitamente lo pequeño; por otro, el ascenso de la humanidad que, en la figura de María, responde con un «sí» sin fisuras.

León XIV exhortó a los peregrinos presentes a no ver a la Virgen solo como un objeto de devoción lejana, sino como una guía práctica en el camino de la fe. «¿Es María mi modelo?», repitió ante una plaza en silencio, invitando a imitar su silencio ante la Palabra y su prontitud en el servicio a los demás.

Al concluir, el Papa renovó el acto de consagración con las palabras que marcaron el pontificado de su predecesor: «Totus Tuus», pidiendo a la Virgen de Fátima que siga guiando a la Iglesia en un mundo que necesita redescubrir la ternura y la esperanza que solo una madre puede ofrecer.

Texto completo: 

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 13 de mayo de 2026

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Los documentos del Concilio Vaticano II. II. Constitución dogmática Lumen gentium. 9. La Virgen María, modelo de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

El Concilio Vaticano II quiso dedicar el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia a la Virgen María (cfr Lumen gentium, 52-69). Ella «proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad» (n. 53). Estas palabras nos invitan a comprender cómo en María, que bajo la acción del Espíritu Santo ha acogido y generado al Hijo de Dios hecho carne, se puedan reconocer tanto el modelo, como el miembro excelente y la madre de toda la comunidad eclesial.

Al dejarse moldear por la obra de la Gracia, venida a cumplirse en Ella, y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, María es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo. En cuanto que, además, es la creyente por antonomasia, donde se nos ofrece la forma perfecta de la apertura incondicional al misterio divino en la comunión del pueblo santo de Dios, María es miembro excelente de la comunidad eclesial. En cuanto que, finalmente, genera hijos en el Hijo, amados en el eterno Amado venido entre nosotros, María es madre de toda la Iglesia, que a Ella puede dirigirse con filial confianza, en la certeza de ser escuchada, custodiada y amada.

Se podría expresar el conjunto de estas características de la Virgen María hablando de Ella como de la mujer icono del Misterio. Con el término mujer se evidencia la concreción histórica de esta joven hija de Israel, a quien se le ha dado la extraordinaria experiencia de convertirse en madre del Mesías. Con la expresión icono se subraya que en Ella se cumple el doble movimiento de descenso y ascenso: en Ella resplandecen tanto la elección gratuita por parte de Dios, como el libre consentimiento de la fe en Él. María es por tanto la mujer icono del Misterio, es decir del diseño divino de salvación, en una época oculto y revelado en plenitud en Jesucristo.

El Concilio nos ha dejado una clara enseñanza sobre el lugar reservado a la Virgen María en la obra de la Redención (cfr Lumen gentium, 60-62). Ha recordado que el único Mediador de salvación es Jesucristo (cfr 1 Tm 2,5-6) y que su Madre Santísima «no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder» (LG, 60). Al mismo tiempo, «la Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, […] cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia» (ibid., 61).

En la Virgen María se refleja también el misterio de la Iglesia: en Ella el pueblo de Dios encuentra representado su origen, su modelo y su patria. En la Madre del Señor la Iglesia contempla el propio misterio, no solo porque se reencuentra el modelo de la fe virginal, de la caridad materna y de la alianza esponsal, a la que está llamada, sino también y sobre todo porque reconoce en ella el propio arquetipo, la figura ideal de lo que está llamada a ser.

Como se puede ver, las reflexiones sobre la Virgen María recogidas en la Lumen gentium, nos enseñan a amar a la Iglesia y a servir en ella al cumplimiento del Reino de Dios que está por venir y que se realizará plenamente en la gloria.

Dejémonos pues interpelar por tal modelo sublime que es María, Virgen y Madre, y pidámosle a Ella que nos ayude con su intercesión a responder a cuanto se nos pide a través de su ejemplo: ¿vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco la comunidad de la alianza que Dios me ha donado para corresponder a su amor infinito? ¿Miro a María como modelo, miembro excelente y madre de la Iglesia, y le pido a Ella que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?

Hermanas y hermanos, el Espíritu Santo, que descendió sobre María e invocado por nosotros con humildad y confianza, nos done vivir plenamente estas realidades maravillosas. Y, después de haber profundizado en la Constitución Lumen gentium, pidamos a la Virgen que nos conceda este don: crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia. ¡Así sea!
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Saludo del Santo Padre

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a nuestra Madre Santísima que interceda por nosotros para que, como ella, vivamos con fe humilde, obediente y operante nuestra pertenencia a la Iglesia. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
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Resumen leído en español por el Santo Padre 

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy la dedicaremos a meditar en la particular relación que existe entre la Virgen María y la Iglesia, expresada en el último capítulo de la Constitución conciliar Lumen gentium. En efecto, María, dócil a la acción del Espíritu Santo, es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser; ella, con su incondicional apertura al misterio divino, es también miembro excelente de la Iglesia, porque es la creyente por antonomasia; y en cuanto a que genera hijos en el Hijo, María es madre de toda la Iglesia, la cual se puede dirigir a ella con confianza filial, y con la certeza de ser escuchada y amada.

La Iglesia, consciente de que el único Mediador del misterio de la salvación es Jesucristo, reconoce que la figura de su Madre Santísima, lejos de oscurecer este misterio, lo ilumina; pues es la Virgen María quien, por un designio divino, con obediencia y con fe cooperó de manera singular en la obra del Salvador (cf. LG 60-61).

Exaudi Redacción

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