13 marzo, 2026

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El regalo del Espíritu Santo en nuestras vidas

Catequesis del abuelo: Cómo la Confirmación nos une más profundamente a Jesús, como un lazo familiar que nunca se rompe

El regalo del Espíritu Santo en nuestras vidas

Ah, queridos niños, sentaos aquí conmigo junto al fuego, como si estuviéramos en una tarde de cuentos en la casa del abuelo. Yo soy un viejo que ha vivido muchas primaveras, y hoy quiero contaros algo que iluminó mi camino: el sacramento de la Confirmación. Es como si el Espíritu Santo viniera a fortalecer esa semilla de fe que plantamos en el Bautismo, haciendo que crezca fuerte y profunda. Es un momento en el que Dios nos invita a buscarlo con más ganas, a encontrarlo en los rincones de la vida diaria y a quererlo como a un amigo inseparable.

Recordad, jóvenes amigos, que la vida es una gran aventura en busca de Jesús. Cuando yo era joven, como vosotros ahora, me perdía en juegos, en el campo corriendo tras mariposas o en las preocupaciones de la escuela. Pero la Confirmación fue como una luz que me guió. El Espíritu Santo nos da esa fuerza especial para ver a Jesús no solo en las páginas de un libro santo, sino en el abrazo de un amigo, en la ayuda a alguien que lo necesita, en el silencio de una oración al atardecer. Es tan bonito pensar en cómo este sacramento nos hace parte de una familia más grande, la Iglesia, donde todos caminamos juntos hacia Él.

En aquellos días míos, después de recibir la Confirmación, empecé a notar cambios. Me sentía más valiente para hablar de mi fe, para rezar sin vergüenza delante de otros. Es como si Jesús me dijera: «Ven, búscame en lo pequeño y lo encontrarás en lo grande». Y así fue: en las misas, en las lecturas de la Biblia, en las buenas acciones. Este sacramento nos perfecciona, nos hace madurar en la fe, nos une más a Cristo y nos prepara para ser testigos de su amor en el mundo. Es un sello que Dios pone en nuestra alma, diciendo: «Eres mío, y yo te ayudo a amarme más cada día».

Pero no es solo una ceremonia; es un compromiso que dura toda la vida. Yo, con mis arrugas y mis recuerdos, os digo que buscar a Jesús a través de la Confirmación os traerá una alegría que no se acaba. En los momentos duros, como cuando perdí a seres queridos o enfrenté enfermedades, el Espíritu me dio consuelo, me hizo sentir que Jesús estaba a mi lado, caminando conmigo. Es entrañable cómo Dios nos trata como a hijos queridos, equipándonos para la jornada. Y qué positivo es saber que este amor es para todos, sin excepciones.

Ahora, queridos niños, terminemos con algunos consejos de este abuelo que os quiere bien: Preparad vuestro corazón con oración diaria, aunque sea corta, para buscar a Jesús antes del sacramento. Elegid un padrino o madrina que sea un ejemplo de fe viva, alguien con quien podáis hablar de vuestras dudas y gozos. Asistid a las clases de catequesis con entusiasmo, no como una tarea, sino como una búsqueda de tesoros. Después de la Confirmación, seguid buscando a Jesús en la Eucaristía cada domingo, en el servicio a los demás y en la lectura de la Palabra de Dios. Recordad, el Espíritu os dará fuerza para quererlo más; no lo dejéis apagarse. Vivid con positividad, y veréis cómo transforma vuestra vida en una historia hermosa.

Miguel Morales Gabriel

Soy un jubilado empresario católico, esposo devoto, padre esforzado, abuelo cariñoso y amigo leal; fundador de su empresa familiar donde lideró con integridad durante décadas generando empleo y desarrollo local, siempre guiado por su fe, la solidaridad comunitaria y el amor incondicional a su esposa, hijos y nietos, viviendo con el lema de servir con humildad.