El perdón que vence el mal: Que el rencor no decida el futuro
Perdonar no es negar el daño sufrido, sino impedir que genere más sufrimiento
El Papa León XIV, apenas en su primer año de pontificado, ha compartido mensajes profundos y llenos de esperanza que resuenan en el corazón de millones de fieles. Una de sus reflexiones más bellas y poderosas sobre el perdón ha capturado la atención de muchos: “Perdonar no significa negar el mal, sino impedir que genere más mal. No es decir que no haya pasado nada, sino hacer todo lo posible para que no sea el rencor el que decida el futuro”.
Esta frase, pronunciada en una de sus catequesis, encapsula dos grandes enseñanzas que el Padre Ángel Espinosa de los Monteros destaca con entusiasmo. En primer lugar, perdonar se trata precisamente de impedir que se genere más mal. El mal ya ocurrió —el daño, la ofensa, la traición—, pero no perdonar, guardar rencor o buscar venganza solo multiplica el sufrimiento. Como recordaba San Pablo hace 2.000 años: “No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien” (Rm 12,21). “Vince in bono malum”, una máxima que ha nutrido a la Iglesia desde los primeros cristianos, quienes vieron directamente el ejemplo de Jesús: cómo respondió al golpe con mansedumbre, cómo en la cruz ofreció perdón y, al ser atravesado por la lanza, derramó sangre y agua que dieron fe al centurión: “Verdaderamente este era Hijo de Dios”.
La segunda enseñanza es igual de transformadora: perdonar significa hacer todo lo posible para que no sea el rencor el que decida el futuro. Podemos añadir a esa lista palabras como venganza, desquite o resentimiento. Cuando quienes tienen poder —gobernantes, líderes nacionales o continentales— reaccionan con rencor, las consecuencias son devastadoras: guerras, desplazamientos masivos, familias huyendo con bebés en brazos en medio del hielo, hambre, frío, desnutrición, injusticias que marcan generaciones enteras.
Sin embargo, la mayoría de nosotros no somos reyes ni presidentes. No decidimos el destino de naciones. Pero sí somos responsables de la bondad, la verdad y la justicia en nuestro propio ámbito: nuestra casa, nuestro matrimonio, nuestra familia, nuestras amistades. Responder con rencor en lo pequeño puede dividir un hogar, romper un matrimonio o terminar una amistad de 15 o 20 años en apenas tres minutos. ¡Cuántas veces hemos oído: “Éramos muy buenos amigos, pero un día pasó esto y nunca más nos hablamos”! Todo por no perdonar, por dejar que el rencor tome las riendas del futuro.
El Papa León XIV, con esta enseñanza tan clara y evangélica, nos recuerda que el perdón es un acto de fuerza y amor, no de debilidad. Es vencer el mal con el bien, como hizo Cristo. Es romper las cadenas del resentimiento para abrir paso a relaciones hermosas, duraderas, estables, llenas de apoyo, confianza y felicidad.
Hoy, cada uno de nosotros sabe a quién debe pedir perdón y a quién debe perdonar. Hagámoslo sin demora. Pasa este mensaje a quienes conoces. Hagamos todo el bien que podamos.

Related
La última lección de Randy Pausch: Cómo jugar las cartas de la vida
Marketing y Servicios
22 mayo, 2026
2 min
¿Se puede medir el sufrimiento humano?
Observatorio de Bioética UCV
21 mayo, 2026
5 min
La responsabilidad por el Otro y la fuerza humanizadora del cuidado
Observatorio de Bioética UCV
21 mayo, 2026
8 min
El adios a un amigo verdadero
Marketing y Servicios
20 mayo, 2026
3 min
(EN)
(ES)
(IT)
