El Papa León XIV reafirma el imperativo de la paz y el diálogo interreligioso en el 60º aniversario de Nostra Aetate
Durante un encuentro internacional por la paz organizado por la Comunidad de Sant’Egidio y una celebración en el Vaticano por seis décadas de Nostra Aetate, el Pontífice llamó a la oración y al compromiso común de religiones y pueblos para erradicar la guerra, construir fraternidad y vivir el diálogo como estilo de vida
El martes 28 de octubre de 2025, el Papa León XIV pronunció un discurso ante representantes de iglesias cristianas, grandes religiones y actores de la sociedad civil en el marco del “Encuentro Internacional por la Paz”, promovido por la Comunidad de Sant’Egidio.
En su intervención en el Coliseo, el Papa resaltó que los conflictos persisten “en toda parte donde haya vida” y advirtió que la guerra no aporta soluciones: “La paz es un camino permanente de reconciliación”.
El Pontífice agradeció a los presentes su decisión de rezar juntos por la paz, subrayando que la oración “abre el corazón” y es fuente de reconciliación: “Quien no reza abusa de la religión, incluso para matar”.

En ese contexto de oración común, evocó el “espíritu de Asís”, aludiendo al histórico encuentro de 1986 convocado por el entonces Santo Pablo VI y continuado por su sucesor. El discurso vinculó expresamente aquel encuentro con el 60º aniversario de la declaración conciliar Nostra Aetate, promulgada el 28 de octubre de 1965, que impulsó una nueva relación entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas.
Horas antes, en la celebración titulada “Caminando juntos en la esperanza”, organizada en el Aula Pablo VI del Vaticano, el mismo Papa impartió un mensaje sobre Nostra Aetate. León XIV afirmó que la semilla plantada hace seis décadas se ha convertido “en un árbol poderoso… ofreciendo cobijo y dando los ricos frutos de la comprensión, la amistad, la cooperación y la paz”.
El Papa reiteró que el diálogo no es únicamente una estrategia, sino “una forma de vida, un viaje del corazón que transforma a todos los implicados”. Asimismo, rememoró a los “mártires por el diálogo” —personas de distintas confesiones que entregaron su vida contra la violencia y el odio— y exhortó a los líderes religiosos a asumir “una responsabilidad sagrada”: liberar a los pueblos de prejuicios, ira y odio, y guiarles para que sean profetas del hoy, denunciando violencia e injusticia.

En su intervención en el contexto del encuentro por la paz, el Papa sostuvo que los gobernantes tienen un deber “impostergable” ante Dios: poner fin a la guerra, pues “la paz es la prioridad de cualquier política”.
La doble convocatoria —el encuentro por la paz y la conmemoración de Nostra Aetate— pone de relieve la urgencia que el Pontífice atribuye al trabajo conjunto entre religiones, la oración y el compromiso ético en un mundo marcado por conflictos, fragmentación y una “globalización de la impotencia” que debe ser sustituida por una “cultura de la reconciliación”.
En resumen, el Papa León XIV ha llamado a que el mundo no se acostumbre a la guerra, a que las religiones no se conviertan en instrumentos de división, y a que la fraternidad sea vivida como verdad concreta: “Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen”.

Texto completo del discurso:
ENCUENTRO INTERNACIONAL POR LA PAZ, PROMOVIDO POR LA COMUNIDAD DE SANT’EGIDIO
DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Coliseo
Martes, 28 de octubre de 2025
_____________________________
Santidad,
Beatitudes,
Ilustres representantes de las Iglesias cristianas y de las grandes religiones del mundo:
Hemos rezado por la paz según nuestras diferentes tradiciones religiosas y ahora nos hemos reunido para emitir juntos un mensaje de reconciliación. Los conflictos están presentes en todas partes donde haya vida, pero no es la guerra lo que ayuda a afrontarlos ni a resolverlos. La paz es un camino permanente de reconciliación. Les agradezco que hayan venido aquí a rezar por la paz, mostrando al mundo lo decisiva que es la oración. El corazón humano debe disponerse a la paz, en la meditación se abre y en la oración sale de sí mismo. Volverse a sí mismo para salir de sí mismo. Esto es lo que testimoniamos, ofreciendo a la humanidad contemporánea los inmensos tesoros de las antiguas tradiciones espirituales.
El mundo tiene sed de paz, necesita una verdadera y sólida era de reconciliación, que ponga fin a la prepotencia, a la exhibición de la fuerza y al desinterés por el derecho. ¡Basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y exiliados! Hoy nosotros, juntos, manifestamos no sólo nuestra firme voluntad de paz, sino también la conciencia de que la oración es una gran fuerza de reconciliación. Quien no reza abusa de la religión, incluso para matar. La oración es un movimiento del espíritu, una apertura del corazón. No son palabras gritadas, ni comportamientos exhibidos, ni consignas religiosas utilizadas contra las criaturas de Dios. Tenemos fe en que la oración cambia la historia de los pueblos. Que los lugares de oración sean tiendas de encuentro, santuarios de reconciliación, oasis de paz.
El 27 de octubre de 1986, san Juan Pablo II invitó a los líderes religiosos del mundo a Asís para rezar por la paz: nunca más unos contra otros, sino unos junto a otros. Fue un momento histórico, un punto de inflexión en las relaciones entre las religiones. En el “espíritu de Asís”, año tras año, han continuado estos encuentros de oración y diálogo que han creado un clima de amistad entre los líderes religiosos y han abrazado muchas peticiones de paz. Hoy en día, el mundo parece haber tomado la dirección opuesta, pero nosotros volvemos a empezar desde Asís, desde esa conciencia de nuestra tarea común, desde esa responsabilidad por la paz. Doy las gracias a la Comunidad de San Egidio y a todas las organizaciones, no sólo católicas, que con frecuencia yendo a contracorriente, mantienen vivo este espíritu.
La oración en el “espíritu de Asís”, para la Iglesia católica, se basa en el sólido fundamento expresado en la Declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II, es decir, en la renovación de la relación entre la Iglesia católica y las religiones. Y precisamente hoy celebramos el sexagésimo aniversario de su promulgación, acaecida el 28 de octubre de 1965.
Juntos reafirmamos el compromiso con el diálogo y la fraternidad, deseado por los padres conciliares, que ha dado tantos frutos. Con estas palabras enseña el Vaticano II: «No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios» (Nostra aetate, 5). Todos los creyentes son hermanos. Y las religiones, como “hermanas”, deben favorecer a que los pueblos se traten como hermanos, no como enemigos. Porque «todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen» (ibíd., 1).
El año pasado ustedes se reunieron en París y el Papa Francisco les escribió con motivo de ese encuentro: «Debemos alejar de las religiones la tentación de convertirse en instrumentos para alimentar nacionalismos, etnicismos, populismos. Las guerras se recrudecen. ¡Ay de aquellos que intentan arrastrar a Dios a participar en las guerras!». [1] Hago mías estas palabras y repito con fuerza: ¡la guerra nunca es santa, sólo la paz es santa, porque es la voluntad de Dios!
Con la fuerza de la oración, con las manos desnudas, alzadas al cielo y abiertas hacia los demás, debemos hacer que esta etapa de la historia marcada por la guerra y la prepotencia de la fuerza termine pronto y comience una historia nueva. No podemos aceptar que este momento se prolongue más, que moldee la mentalidad de los pueblos, que nos acostumbremos a la guerra como compañera normal de la historia humana. ¡Basta! Es el grito de los pobres y el grito de la tierra. ¡Basta! ¡Señor, escucha nuestro clamor!
El venerable Giorgio La Pira, testigo de paz, mientras trabajaba políticamente en tiempos difíciles, escribía a san Pablo VI que se necesitaba «una historia diferente del mundo: “ la historia de la era de la negociación”, la historia de un mundo nuevo sin guerra». [2] Son palabras que hoy más que nunca pueden ser un programa para la humanidad.
La cultura de la reconciliación vencerá a la actual globalización de la impotencia, que parece decirnos que otra historia es imposible. Sí, el diálogo, la negociación, la cooperación pueden afrontar y resolver las tensiones que se abren en las situaciones conflictivas. ¡Deben hacerlo! Existen los ámbitos y las personas para hacerlo. «Poner fin a la guerra es el deber impostergable de todos los líderes políticos ante Dios. La paz es la prioridad de cualquier política. Dios le pedirá cuentas a quienes no han buscado la paz o han fomentado las tensiones y los conflictos durante tantos días, meses y años de guerra». [3]
Este es el llamamiento que nosotros, líderes religiosos, dirigimos con todo el corazón a los gobernantes. Nos hacemos eco del deseo de paz de los pueblos. Nos hacemos voz de quienes no son escuchados y no tienen voz. ¡Hay que atreverse a la paz!
Y si el mundo hace oídos sordos a este llamamiento, estamos seguros de que Dios escuchará nuestra oración y el lamento de tantos que sufren. Porque Dios quiere un mundo sin guerra. ¡Él nos librará de este mal!
[1] Francisco, Mensaje a los participantes en el Encuentro internacional de oración, París, 17 septiembre 2024.
[2] G. La Pira, Abbattere muri, costruire ponti, Cinisello Balsamo 2015, 802.
[3] Francisco, Discurso en el Encuentro de Oración por la Paz «Nadie se salva solo – Paz y Fraternidad», Roma, Campidoglio, 20 octubre 2020.
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