14 abril, 2026

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El Papa: la misión de la Iglesia no es sobrevivir, sino comunicar el amor de Dios

En plena Pascua de 2026, el Santo Padre envía una carta fraterna que invita a renovar la conversión misionera de la Iglesia a partir de la Exhortación de Francisco.

El Papa: la misión de la Iglesia no es sobrevivir, sino comunicar el amor de Dios

Desde el Vaticano, el 12 de abril de 2026, el Papa León XIV ha dirigido una carta personal a todos los cardenales en la que renueva su gratitud por el Consistorio celebrado en enero y profundiza en las reflexiones que surgieron en torno a la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium. El texto, publicado en el sitio oficial del Vaticano, respira esperanza pascual y centra la mirada en lo esencial: el kerigma como corazón de la identidad cristiana.

El saludo inicial ya marca el tono: “En este tiempo santo de Pascua, deseo hacerle llegar mi cordial y fraternal saludo, para que la paz del Señor resucitado sostenga y renueve nuestro mundo que sufre”. A continuación, el Pontífice agradece la participación de los purpurados en el Consistorio de enero, destacando la calidad del intercambio en los grupos de trabajo y en la asamblea plenaria. Aquellas contribuciones, afirma, “constituyen un patrimonio precioso” que desea custodiar y hacer madurar en el discernimiento eclesial.

León XIV se detiene especialmente en lo que maduró en los grupos dedicados a Evangelii gaudium, en referencia a la misión y a la transmisión de la fe. Recuerda que ya en su discurso de clausura del Consistorio mencionó algunos elementos surgidos sobre la sinodalidad, pero ahora quiere resaltar cómo esta Exhortación “sigue representando un punto de referencia decisivo”. No se trata solo de nuevos contenidos, subraya, sino de recentrar todo en el kerigma: el anuncio del amor de Dios manifestado en Jesucristo.

De las aportaciones de los cardenales emerge, según el Papa, que Evangelii gaudium actúa como un “soplo nuevo” capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera más que de producir reformas estructurales inmediatas. Esta perspectiva interpela a la Iglesia en tres niveles claros:

  • A nivel personal: cada bautizado está llamado a renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe recibida a una fe vivida y experimentada. Esto afecta la calidad de la vida espiritual, con el primado de la oración, el testimonio que precede a las palabras y la coherencia entre fe y vida.
  • A nivel comunitario: urge pasar de una pastoral de conservación a una pastoral misionera. Las comunidades deben ser acogedoras, usar un lenguaje comprensible, cuidar la calidad de las relaciones y ofrecer espacios de escucha, acompañamiento y sanación.
  • A nivel diocesano: los pastores tienen la responsabilidad de apoyar con firmeza la audacia misionera, evitando que quede sofocada por excesos organizativos y favoreciendo un discernimiento que ponga en primer plano lo esencial.

El Santo Padre resume esta visión en una “comprensión de la misión profundamente unitaria”: cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro transformador con Cristo y se difunde “por atracción más que por conquista”. Es una misión integral que une anuncio explícito, testimonio, compromiso y diálogo, sin caer en proselitismo ni en una lógica de mera conservación o expansión institucional. Incluso cuando la Iglesia se reconoce minoritaria, está llamada a vivir “sin complejos”, como un pequeño rebaño portador de esperanza, cuyo fin no es su propia supervivencia, sino “la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo”.

Entre las indicaciones concretas que merecen ser acogidas con mayor profundidad, León XIV menciona:

  • Relanzar Evangelii gaudium para verificar con honestidad qué se ha asimilado realmente y qué sigue siendo desconocido o sin poner en práctica.
  • La necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana.
  • Valorar las visitas apostólicas y pastorales como auténticas ocasiones kerigmáticas y de crecimiento en las relaciones.
  • Reconsiderar la eficacia de la comunicación eclesial, incluso a nivel de la Santa Sede, desde una perspectiva más claramente misionera.

La carta concluye con un renovado agradecimiento por el servicio de cada cardenal y anuncia que, con vistas al próximo Consistorio (previsto para los días 26 y 27 de junio), se enviará una comunicación más detallada para preparar adecuadamente el encuentro.

“En el Señor resucitado, fuente de nuestra esperanza, le hago llegar mis más cordiales felicitaciones pascuales”, escribe el Papa antes de firmar: “Con fraternal estima, en Cristo. León PP. XIV”.

Una carta breve pero densa, que invita a leerla con calma. En solo unas líneas, León XIV recuerda que la Iglesia no existe para sí misma, sino para proclamar con alegría el Evangelio. Un mensaje que, en tiempo de Pascua, suena especialmente oportuno y esperanzador.

CARTA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS CARDENALES  

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Eminencia Reverendísima,

en este tiempo santo de Pascua, deseo hacerle llegar mi cordial y fraternal saludo, para que la paz del Señor resucitado sostenga y renueve nuestro mundo que sufre.

Aprovecho con gusto esta ocasión para renovarle mi gratitud por su participación en el Consistorio del pasado mes de enero. Aprecié mucho el trabajo realizado en los grupos, que permitió un intercambio libre, concreto y espiritualmente fecundo, así como la calidad de las intervenciones en la asamblea. Las contribuciones recopiladas constituyen un patrimonio precioso, que deseo seguir custodiendo y haciendo madurar en el discernimiento eclesial.

En el discurso de clausura de aquel encuentro ya mencioné algunos elementos que surgieron de los grupos dedicados a la sinodalidad. Deseo ahora detenerme de manera particular en lo que maduró en los grupos con respecto a Evangelii gaudiumsobre todo en referencia a la misión y a la transmisión de la fe.

De sus aportaciones se desprende claramente que dicha Exhortación sigue representando un punto de referencia decisivo: no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial. Se ha reconocido como un verdadero «soplo nuevo», capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera, más que de producir reformas estructurales inmediatas, orientando así en profundidad el camino de la Iglesia

Han destacado cómo esta perspectiva interpela a la Iglesia en todos los niveles. A nivel personal, llama a cada bautizado a renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada; en este camino se ve afectada también la calidad misma de la vida espiritual, en el primado de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre fe y vida. A nivel comunitario, insta al paso de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la que las comunidades sean sujetos vivos del anuncio: comunidades acogedoras, capaces de utilizar un lenguaje comprensible, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, de acompañamiento y de sanación. A nivel diocesano, emerge con claridad la responsabilidad de los pastores de apoyar con firmeza la audacia misionera, velando por que no se vea pesada o sofocada por excesos organizativos, y favoreciendo un discernimiento que ayude a reconocer lo esencial.

De todo ello surge una comprensión de la misión profundamente unitaria: una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que aúna el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo, sin ceder a la tentación del proselitismo ni a una lógica de mera conservación o expansión institucional. Incluso cuando se reconoce minoritaria, la Iglesia está llamada a vivir sin complejos, como un pequeño rebaño portador de esperanza para todos, recordando que el fin de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo.

Entre las indicaciones específicas que surgieron, algunas merecen ser acogidas y meditadas más a fondo: la necesidad de relanzar Evangelii gaudium para verificar con honestidad qué es lo que, tras el paso de los años, se ha asimilado realmente y qué es lo que, por el contrario, sigue siendo desconocido y sin poner en práctica; en especial modo, se debe prestar atención a la necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana; la atención a valorar también las visitas apostólicas y pastorales como auténticas ocasiones kerigmáticas y de crecimiento en la calidad de las relaciones; así como la exigencia de reconsiderar la eficacia de la comunicación eclesial, incluso a nivel de la Santa Sede, en una perspectiva más claramente misionera.

Con espíritu de gratitud, le renuevo mi agradecimiento por su servicio y por la contribución ofrecida a la vida de la Iglesia. Con vistas al próximo Consistorio, que tendrá lugar los días 26 y 27 de junio, se enviará una comunicación más detallada para acompañar adecuadamente su preparación.

En el Señor resucitado, fuente de nuestra esperanza, le hago llegar mis más cordiales felicitaciones pascuales.

Con fraternal estima, en Cristo

Desde el Vaticano, 12 de abril de 2026

LEÓN PP. XIV

Editorial Exaudi