El nuncio que olió a oveja: homenaje al cardenal Christophe Pierre por una vida de cercanía pastoral y puentes eclesiales
Mario J. Paredes, desde la Academia Internacional de Líderes Católicos, rinde tributo al cardenal francés que concluye su misión en Estados Unidos tras una década de servicio discreto, universal y profundamente alineado con el magisterio de Francisco
En un emotivo acto de reconocimiento organizado por la Academia Internacional de Líderes Católicos, el discurso pronunciado por Mario J. Paredes ha capturado la esencia de una trayectoria eclesial que trasciende los títulos diplomáticos. Dirigido directamente al cardenal Christophe Pierre —Eminencia, como lo interpela con respeto—, el texto celebra no solo el cierre de su etapa como Nuncio Apostólico en Estados Unidos (desde 2016), sino una forma singular de ejercer la autoridad: como ministerio de cercanía, escucha y servicio humilde.
El orador subraya que hay trayectorias medidas por cargos y otras por huellas en las personas e Iglesias. La del cardenal Pierre pertenece a estas últimas. Formado en la «escuela de la realidad» a través de destinos exigentes —Nueva Zelanda, Mozambique, Zimbabue, Cuba, Brasil, Haití, Uganda, México y finalmente Estados Unidos—, su sensibilidad pastoral se forjó en el contacto directo con pueblos concretos, Iglesias heridas pero esperanzadas, y contextos de pobreza, religiosidad popular y desafíos sociales. Esta impronta, nacida de la experiencia más que de los libros, explica su modo de leer la Iglesia estadounidense: no como observador externo, sino desde una perspectiva universal, atenta a tensiones internas y al potencial evangelizador.
Un hilo conductor recorre toda su labor: acompañar procesos frágiles, sostener comunidades golpeadas por desigualdad, violencia e incertidumbre, y mantener vivo el mensaje del Papa como representante suyo. Particular mención recibe su atención al mundo hispano en Estados Unidos, fruto de una biografía en diálogo con comunidades latinas. Su apoyo a pastores hispanos en el episcopado refleja una Iglesia que debe mostrar el rostro real de su pueblo.

La Academia de Líderes Católicos destaca su rol personal: no un colaborador ocasional, sino un aliado comprometido como miembro del Consejo Directivo. Su participación ha elevado la visibilidad de la institución, enriquecido su misión formativa y fortalecido la formación de líderes católicos ante los desafíos contemporáneos.
Todo ello se enmarca en una profunda sintonía con el magisterio del Papa Francisco: la opción preferencial por los pobres, la teología desde el pueblo creyente y una Iglesia cercana, misericordiosa y comprometida con los vulnerables. Esta fidelidad culminó en su creación como cardenal en 2023, no como premio, sino como llamada a mayor observancia evangélica.
El discurso culmina en gratitud y admiración: por un liderazgo sereno, una mirada amplia y el recordatorio de que la universalidad eclesial se construye desde la cercanía real, siendo «pastor con olor a oveja». Finalmente, da paso a palabras del expresidente de la Academia, el profesor Rocco Buttiglione, para ahondar en el legado del cardenal y su vínculo con la institución.
Este homenaje, pronunciado en el contexto de su cumpleaños 80 (30 de enero de 2026) y el inminente retiro de su cargo —tras casi una década en Washington y una carrera diplomática de cinco décadas—, resuena como testimonio vivo de una diplomacia pastoral que tiende puentes entre Roma y las periferias, entre culturas y entre el Evangelio y la historia concreta de los pueblos.
Texto completo del discurso:
Discurso De Homenaje Al Señor Nuncio Cardenal Christopher Pierre
Eminencia,
Queridos amigos, invitados, rectores,
Miembros de la Academia de Líderes:
Hay trayectorias que se miden por cargos y destinos, y hay otras —más profundas— que se reconocen por la huella que dejan en las personas y en las Iglesias a las que se sirve. La del Cardenal Christopher Pierre pertenece, sin duda, a esta segunda categoría.
Su vida al servicio del pueblo de Dios y de la Santa Sede ha sido la de un pastor-diplomático formado en la escuela de la realidad. Una escuela exigente, hecha de pueblos concretos, de Iglesias heridas y esperanzadas a la vez, de contextos sociales complejos donde el Evangelio no puede proclamarse desde la distancia, sino desde la cercanía y la escucha.
Los inicios del Cardenal Pierre en el mundo diplomático marcaron de forma decisiva su sensibilidad pastoral. Su paso por las nunciaturas de Nueva Zelanda, Mozambique, Zimbabue, Cuba y Brasil, entre otros, le educaron en el contacto cotidiano con el pueblo creyente. Esta sabiduría supera cualquier libro o escuela; es la que proviene de la relación con la pobreza, con la religiosidad popular y con la Iglesia que camina junto a su gente. Su experiencia en estos primeros destinos se convirtió en la impronta duradera de su forma de ser y de entender su misión eclesial.
Desde 1995, su primer destino como Nuncio fue Haití, seguido de Uganda y México. ¡Qué destinos tan diversos, qué prueba de fidelidad y fortaleza para ejercer su labor pastoral y diplomática! Estos destinos, con distintos contextos, lenguas y culturas, le ayudaron a definir una voz propia y una forma de actuar. Mas en todos ellos hubo un mismo hilo conductor: servir a una Iglesia llamada a acompañar procesos frágiles; sostener comunidades golpeadas por la desigualdad, la violencia y la incertidumbre política; y mantener cercano al pueblo el mensaje y el aprecio del Santo Padre, como su representante.
Esa acumulación de experiencias —vividas siempre con discreción y profundidad— explica en gran medida el modo en que el Cardenal Pierre ha ejercido su misión en los Estados Unidos desde 2016. No como un observador externo, sino como alguien capaz de leer esta Iglesia desde una perspectiva verdaderamente universal, consciente de sus tensiones internas, pero también de su enorme potencial evangelizador.
Como Nuncio Apostólico, ha colaborado en uno de los servicios más delicados que existen en la vida de la Iglesia: ayudar al Santo Padre en el discernimiento de quienes son llamados al episcopado. Lo ha hecho con una mirada pastoral amplia, atenta a las realidades locales y profundamente respetuosa de la diversidad del pueblo de Dios.
En este punto merece una mención especial su constante atención al mundo hispano. Su comprensión del peso eclesial, cultural y espiritual de los católicos de origen latinoamericano en los Estados Unidos no ha sido circunstancial. Ha sido fruto de una biografía vivida en diálogo con estas comunidades. De ahí su apoyo decidido a la presencia de pastores hispanos en el colegio episcopal, como expresión de una Iglesia que debe reflejar el rostro real de su pueblo.
Este mismo espíritu se ha manifestado en su cercanía a asociaciones de fieles y comunidades consagradas, y en su apoyo a iniciativas de formación de liderazgo católico. La Academia de Líderes ha tenido el privilegio de contar con su acompañamiento y su participación como miembro del Consejo Directivo. Su compromiso con nuestra institución ha dado visibilidad y protagonismo a la Academia en las iglesias locales, elevando su significación en el mapa de instituciones religiosas y enriqueciendo nuestra misión formativa.
Su constante voluntad de servir a la causa de la formación de líderes católicos, así como su apertura para fortalecer la presencia y el valor de nuestra Academia en diversos contextos eclesiales, ha sido un don al que estamos profundamente agradecidos. El Cardenal Pierre no ha sido un simple colaborador; ha sido un verdadero aliado en la promoción de una formación de liderazgo que responde a los desafíos de nuestros tiempos.
Todo ello se comprende mejor a la luz de su profunda sintonía con el magisterio del Papa Francisco. Una sintonía que hunde sus raíces en Aparecida, en la opción preferencial por los pobres, en una teología que parte del pueblo creyente y en una convicción clara: la Iglesia está llamada a ser cercana, misericordiosa y comprometida con los más vulnerables. Esta cercanía y fidelidad al magisterio petrino del Papa Francisco le otorgó el honor, y la responsabilidad, del cardenalato en 2023 —no como un premio, sino como una llamada a la observancia del Evangelio y a acercar más a la Iglesia al mundo.
Eminencia, hoy no solo reconocemos una misión que concluye y se abre a una nueva etapa. Celebramos una forma de servir. Una manera de ejercer la autoridad como ministerio. Una vida entregada a tender puentes entre Roma y las iglesias locales, entre culturas diversas, entre el Evangelio y la historia concreta de los pueblos.
Reciba nuestro homenaje, nuestra gratitud y nuestra admiración. Gracias por su liderazgo sereno que nos sirve de ejemplo; por su mirada amplia; y por recordarnos que la universalidad de la Iglesia no se construye desde la distancia, sino desde la cercanía real y verdadera, al ser un pastor con olor a oveja.
En reconocimiento a su trayectoria, su servicio a la Iglesia universal y, de modo particular, a nuestra Academia de Líderes, tengo el honor de dar paso a unas palabras de nuestro expresidente, el distinguido Profesor Rocco Buttiglione, quien compartirá con nosotros algunas pinceladas del gran trabajo que el Cardenal Pierre representa y ha desarrollado a lo largo de su carrera y su vínculo con la Academia.
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