23 febrero, 2026

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Dilexi te. Un llamado a la misión misma de la Academia Internacional de Líderes Católicos

Liderazgo cristiano basado en compasión, fe y acción concreta

Dilexi te. Un llamado a la misión misma de la Academia Internacional de Líderes Católicos
Alexander Grey . Unsplash

La publicación de la Exhortación Apostólica Dilexi Te del Papa León XIV es motivo de alegría profunda para toda la Iglesia. Nos unimos al gozo del pueblo de Dios ante este texto que inaugura un pontificado y que, al mismo tiempo, prolonga la voz del Papa Francisco. Hay en este documento una continuidad viva, una misma respiración del Espíritu que pasa de un pontificado al otro. Francisco abrió el corazón de la Iglesia al amor misericordioso de Cristo; León XIV da ahora un paso más y muestra cómo ese amor se traduce en compromiso, en estructuras, en cultura, en educación y en servicio concreto a los pobres.

El Santo Padre nos recuerda que los pobres no son un accidente ni un problema social entre otros. Su presencia atraviesa la historia como un llamado constante. Son memoria viva de Cristo, espejo de su rostro. Por eso dice el Papa que “la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos y especialmente a la Iglesia” (Dilexi Te, § 9). No se trata de una frase piadosa, es una afirmación que toca el centro de la fe. Dios mismo se hace pobre y, desde esa pobreza, nos enseña cómo amar. En el Evangelio, la compasión no es una emoción sino una decisión; quien sigue a Cristo se acerca a los pobres, no para ayudarlos desde arriba, sino para caminar con ellos y aprender de su esperanza.

El Papa León XIV presenta una historia larga y luminosa. Muestra que la Iglesia ha cuidado siempre a los más débiles: desde los Padres de la Iglesia y las primeras comunidades hasta las órdenes religiosas que curaron enfermos, liberaron cautivos y educaron a los hijos de los humildes. Esa continuidad revela el alma más profunda del cristianismo. Cada vez que la Iglesia se olvida de los pobres pierde su parecido con Jesús, cada vez que se inclina ante ellos, renace.

Hay un pasaje que resuena especialmente con nuestra misión: “Para la fe cristiana, la educación de los pobres no es un favor, sino un deber” (Dilexi Te, § 72). Estas palabras resumen siglos de experiencia y de testimonio. Educar es servir. Enseñar es abrir caminos de libertad. La pobreza no se combate solo con pan o techo, sino con conocimiento, con dignidad y con oportunidades. La Academia Internacional de Líderes Católicos reconoce en esa enseñanza un llamado directo. Nuestra tarea no es formar élites encerradas en sí mismas, sino líderes que sepan poner su inteligencia, su palabra y su influencia al servicio de los que más necesitan. La Exhortación recuerda también que la opción por los pobres no es una idea política ni un gesto moral. Es una opción de fe. Es la respuesta a un Dios que eligió hacerse pequeño. La autoridad cristiana nace de esa lógica: el poder se vuelve servicio y la grandeza se mide en la capacidad de inclinarse. De ahí surge un modelo de liderazgo que no busca dominar, sino acompañar. El Papa León XIV nos invita a redescubrir que el liderazgo cristiano no se define por la eficiencia, sino por la compasión.

Dilexi Te recorre la historia de la Doctrina Social de la Iglesia y la presenta como una línea continua de amor inteligente. Desde Rerum Novarum hasta Fratelli tutti, el mensaje es el mismo: ninguna sociedad puede llamarse justa si excluye a los pobres, y ninguna Iglesia puede ser fiel al Evangelio si olvida su rostro. Las estructuras de pecado que generan desigualdad no se desmontan solo con discursos. Requieren una conversión del corazón y también una transformación cultural. El Papa pide una Iglesia que piense, que enseñe, que se comprometa; una Iglesia capaz de iluminar la vida pública con el espíritu del Evangelio.

El texto tiene una mirada muy concreta sobre el mundo contemporáneo. Habla del trabajo, de las migraciones, del cuidado de los enfermos, de la educación y de las nuevas pobrezas que se multiplican aun en sociedades ricas. Pero, sobre todo, habla del alma. Nos recuerda que la indiferencia es una forma de pobreza espiritual y que nadie puede decir que ama a Dios si no ama a su hermano. El cristianismo no es una idea abstracta, es una práctica de cercanía. El Papa nos devuelve la sencillez del Evangelio: reconocer en cada rostro herido la presencia viva de Cristo.

Esta exhortación llega en un tiempo decisivo. Vivimos en un mundo cansado de palabras grandes y de proyectos vacíos. La Iglesia, con este documento, vuelve a su fuente. Nos invita a mirar la historia desde abajo, a escuchar el grito de los que no cuentan y a descubrir en ellos la voz de Dios. En ese horizonte, la misión de nuestra Academia adquiere un sentido aún más claro. Formar líderes no es preparar dirigentes para ocupar espacios de poder. Es acompañar vocaciones de servicio. Es enseñar a pensar con hondura, a decidir con justicia y a amar con hechos. Es educar para que el Evangelio se haga cultura.

Por eso acogemos Dilexi Te con gratitud y esperanza. Nos congratula esta palabra que nos confirma en el camino y nos exige fidelidad. Nos enseña que no hay verdadera formación cristiana sin compromiso social, ni auténtico liderazgo sin humildad. Y nos recuerda que la santidad comienza cuando uno se deja afectar por el dolor ajeno y responde con ternura y verdad.

Queremos, junto al Santo Padre, renovar nuestro compromiso con una Iglesia que sirva, con una educación que libere y con un liderazgo que ponga en el centro a la persona humana. Nuestra Academia, extendida hoy en tantos países y culturas, nace precisamente de esa intuición: el Evangelio es una fuerza transformadora que puede dar forma nueva a la política, a la economía, a la cultura y a la vida pública, si los cristianos aprendemos a vivirlo con coherencia.

El Papa concluye su exhortación recordando las palabras del Apocalipsis: “Yo te he amado”. En esa frase caben todas las demás. Dios no se acerca a nosotros con teoría, sino con amor. La Iglesia, si quiere ser creíble, debe hablar el mismo lenguaje. Y la Academia, en comunión con el Papa y con toda la Iglesia, quiere traducir ese amor en acción, en pensamiento y en presencia junto a los que más sufren.

Dilexi Te se transforma en una llamada a la acción, a despertar nuestra vocación de formación de liderazgos de servicio. Nos enseña a mirar la historia con los ojos del pobre, a enseñar con la paciencia del maestro y a servir con la alegría del discípulo. Nos pide que nuestros programas, proyectos y decisiones reflejen lo que el Santo Padre ha recordado con tanta fuerza: la pobreza no es un dato, es una llamada, y responder a esa llamada es el modo más alto de amar.

Mario J. Paredes

Presidente ejecutivo de SOMOS Community Care, una red de 2,600 médicos independientes -en su mayoría de atención primaria- que atienden a cerca de un millón de los pacientes más vulnerables del Medicaid de la Ciudad de Nueva York