03 abril, 2026

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Del Cielo a la tierra

La Encarnación de Jesucristo: Dios Verdadero y Hombre Verdadero, Celebrado en Navidad

Del Cielo a la tierra

El mayor viaje de la historia es el emprendido por Jesucristo bajando del Cielo a la tierra, realizando el Plan trazado por Dios para redimir a todos los hombres. Por eso el Verbo se hizo carne, habitó y habita entre nosotros: Jesucristo verdadero Dios y hombre verdadero.

Esto es lo que celebramos-vivimos en la Navidad, fiesta cristiana en el mundo incluidos los no cristianos que participan al menos de la fiesta de las familias, de la alegría y la esperanza en que cada uno da lo mejor de sí mismo.

Conocemos a Jesucristo por los evangelios y epístolas del nuevo testamento, recibidos en la gran tradición de la Iglesia, que une la vida de los primeros cristianos con los católicos de nuestro tiempo. No se trata solo de recibir unas doctrinas sino del encuentro con Jesucristo que es el mismo, ayer, hoy siempre.

Este Niño que adoramos en los belenes es el mismo Jesucristo que vendrá al final de los tiempos para cerrar la historia, que tiene sentido de camino hacia la eternidad, el Cielo al que todos estamos llamados. Responsabilidad de los cristianos es ser coherentes con la fe en Jesucristo Salvador del mundo, y también responsabilidad de cada hombre o mujer por hacer el bien, escuchar la voz de la conciencia y abrirse a Dios.

El Símbolo de la fe apostólica recoge la predicación primera con precisión de verdad que supera los errores y desviaciones respecto a las verdades de la fe. En síntesis, los católicos de hoy proclamamos creer en Dios Padre creador, en el Señor Jesucristo redentor, en el Espíritu Santo santificador, en la Iglesia y el perdón de los pecados, y en la vida eterna.

La fe de Nicea

Este año 2025 se cumplen mil setecientos años del primer concilio ecuménico en Nicea concluido el 325 cuando se definió con claridad quién es Jesucristo: no un enviado del Padre, no un profeta, no un hombre ejemplar, sino Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, no creado de la misma naturaleza del Padre, y por quien todo fue hecho.

Con ese motivo la Comisión Teológica Internacional ha publicado este año un documento que expone con precisión y matices la fe eclesial en Jesucristo, Dios y hombre verdadero. En este estudio se expone la inmensidad de la fe trinitaria, cristológica y soteriológica, con sus implicaciones antropológicas y eclesiológicas. Busca destacar las verdades sobre Jesucristo a nivel dogmático, es decir, con términos precisos: fruto del magisterio multisecular, de la liturgia celebrada en oriente y en occidente, y de la fe vivida a lo largo de los siglos.

El escritor Dostoievski afirmaba con fidelidad la fe en Jesucristo: «He forjado dentro de mí un símbolo, donde todo me parece claro y sagrado. Este símbolo es muy sencillo, aquí esta: creer que no hay nada más hermoso, más profundo, más comprensivo, más razonable, más fuerte y más perfecto que Cristo». Y no se trata solo de una fe subjetiva porque la firmeza le viene de la adhesión a las enseñanzas de la Iglesia y a la fe vivida por los creyentes.

Sanar errores sobre Jesucristo 

Podría parecer que la exposición ordenada y razonable desde la fe sería útil solo para los teólogos y entendidos, aunque alejada de la vida y preocupaciones actuales de los cristianos. Pero no es así, porque si Jesucristo no es Dios y hombre verdadero, entonces no podría ser el Redentor de todos los hombres en el tiempo y en el espacio.

El conocimiento vivo y eclesial de Jesucristo es fe sobrenatural razonada que evita algunos errores difundidos ayer y hoy, como le de separar al Jesús histórico del Cristo de la fe, el de encerrarse en el subjetivismo personal, en la mística desligada, o en diluir su figura eterna en un espiritualismo oriental, sin perfiles nítidos. Es decir, unas ideas que no corresponden a la realidad del encuentro con Jesucristo vivo en la comunión del Pueblo de Dios y en su presencial real en la Eucaristía.

La liturgia católica va celebrando cada año de gracia los misterios de Jesucristo Salvador del mundo. Desde la Encarnación en marzo, a su nacimiento en diciembre, sus pasos en la tierra, su Pasión y Muerte redentoras, y su ascensión para retornar al Padre culminando el viaje del Cielo a la tierra. Ya ha cumplido su misión salvadora y deja en manos de los Apóstoles la Iglesia que ha fundado y conservará para siempre su presencia en la Eucaristía.

La adoración alegre del Niño Dios en Navidad se extiende también a la adoración al encontrarle en la Eucaristía, donde le encontramos realmente presente con su cuerpo, sangre, alma, y divinidad. Y así Navidad es todo el año. De ahí que en cada Misa al comienzo de la plegaria eucarística Jesucristo-Sacerdote invita: «Levantemos el corazón, y el pueblo fiel responde: Lo tenemos levantado hacia el Señor».

Jesús Ortiz López

Jesús Ortiz López es sacerdote que ejerce su labor pastoral en Madrid. Doctor en Pedagogía, por la Universidad de Navarra, y también Doctor en Derecho Canónico. Durante varios años ha ejercido la docencia en esa misma Universidad, como Profesor del actual Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Ha dirigido cursos de pedagogía religiosa para profesores de religión. Es autor de varias obras de sobre aspectos fundamentales de teología y catequética, tales como: Creo pero no practico; Conocer a Dios; Preguntas comprometidas; Tres pilares de la vida cristiana.