De la infertilidad, el pozo negro y siete bebés en el cielo al milagro doble: la historia que te hará creer de nuevo
Marichu Suárez lo perdió todo —su salud, sus planes y la esperanza de ser madre— hasta que soltó el peso y dejó que Dios cargara la cruz. Lo que pasó después es de esas historias que no se olvidan
Marichu Suárez parecía tenerlo todo planeado: una infancia feliz en una familia católica de Madrid, estudios en Cunef, un noviazgo… Hasta que la vida empezó a quitarle capas. La ruptura con su primer amor, problemas económicos en casa, pérdidas familiares y la mudanza de la universidad hicieron que sus pilares se derrumbaran. Sin una fe enraizada, cayó en un “agujero negro”: ansiedad, tristeza profunda y un trastorno alimentario provocado por el exceso de deporte (llegaba a correr 16 km al día). Perdió la regla y, con ella, parte de su salud y su ilusión.
Pero en medio de ese pozo apareció Juan, su actual marido. Poco a poco, él fue ayudándola a salir, a soltar el control y a recuperar la normalidad. Se casaron abiertos a la vida, con ganas de llenar la casa de niños. Sin embargo, el embarazo no llegaba.
Tras meses intentándolo, los médicos los derivaron directamente a reproducción asistida. Marichu lo vivió con total convicción: “¿Cómo Dios no me va a permitir esto si lo que quiero es un hijo?”. Hicieron dos fecundaciones in vitro. Siete embriones. Siete bebés que hoy están en el cielo. Ninguno cuajó. El dolor fue devastador. El dinero ahorrado de la boda se esfumó. Volvió el pozo negro.
En el momento más bajo, algo cambió. Paseando a su perro escuchó la canción Por ti de Jauna: “Todo lo que pueda pesar, dámelo a mí, que yo lo llevo por ti”. En ese instante, Marichu sintió que soltaba el peso. No era ella quien tenía que cargar sola esa cruz. Era Jesús. “Se me fue el peso de golpe y dije: ya sé quién lo está cargando y no soy yo”.
A partir de ahí todo fue distinto. Abrieron su corazón a la adopción internacional y, mientras esperaban la idoneidad, varias personas les hablaron de la naprotecnología: una medicina que busca curar las causas de la infertilidad para que el embarazo llegue de forma natural.
Marichu, escéptica al principio, aceptó probar. Diagnosticaron varios problemas, los trataron con medicina convencional y… al tercer mes se quedó embarazada de forma natural. Curiosamente, el martes les habían dado la idoneidad para adoptar. El miércoles supo que estaba esperando a Juanito Pablo.
Hoy tienen tres hijos: Juanito Pablo, Pablo y María. Pero Marichu no habla solo de fertilidad biológica. Habla de fecundidad. De que la vida puede ser fecunda aunque no lleguen hijos biológicos. De abrirse a la adopción, al acompañamiento, al testimonio. De vivir en gratitud permanente.
Su mensaje es claro y potente:
- Puedes soltar el control.
- El sufrimiento y el amor van de la mano.
- Confía. Aunque todo parezca imposible.
- Venimos del Amor para amar, y hay mil formas de hacerlo.
Hoy Marichu comparte en redes (@marichusuárez) su día a día, sus valores y esta historia que ha tocado a miles de mujeres y parejas que atraviesan el mismo duelo. Su vida es el testimonio vivo de que cuando dejas de exigirle a Dios tu plan y le entregas el tuyo, Él suele sorprenderte con algo mucho mejor.
Confía
Esa es la palabra que Marichu pondría en letras gigantes en el cielo. Y después de escuchar su historia, cuesta no hacerlo.
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