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Francisco Bobadilla

Voces

16 diciembre, 2025

4 min

Conversar la vida

Un diálogo humanista sobre innovación, amor y profundidad en el pensamiento de Rafael Alvira Domínguez

Conversar la vida

Coincidí con Rafael Alvira Domínguez (1942-2024) en unas pocas ocasiones: en Pamplona, en Piura y en Lima. Alguna vez, alrededor de una taza de café y otras, en conferencias o coloquios de las que era ponente. Fue un amable filósofo de talante humanista. Cultivó la filosofía política, la antropología y le interesó el diálogo entre la empresa y las humanidades. En sus intervenciones, doctas y prácticas, traslucía un pensamiento pasado por el tamiz de la vida. Este modo de pensar con sello de agua platónico aparece en un reciente libro suyo Conversar la vida. Un diálogo con Rafael Alvira (Ediciones Cristiandad, 2025, Kindle edition), en el que se recogen algunas conversaciones/entrevistas que tuvo el año antes de morir. Un libro de lectura motIvadora. Me ha dado un retrato más detallado del profesor Alvira, descubriéndome facetas desconocidas para mí. Diríamos ahora, un pensador innovador y a contracorriente de algunas modas, cuyo aporte es de agradecer en este tiempo tan lleno de clichés y de reduccionismos antropológicos.

Fue el director del instituto Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra. Gocé con la lectura de muchos de los cuadernos, revistas y libros que editaron. Dice Alvira: “Nosotros pensábamos que el tema de la filosofía en su relación con el mundo y la esfera civil era muy importante, que la filosofía había que cultivarla en sí misma y también en la sociedad y en el mundo, en todos los aspectos. Y en un mundo como el nuestro, en el que la empresa tiene un papel tan destacado, me parecía que la filosofía tenía algo que decir sobre ese tema” (p. 27). Conversaron con el IESE, pero no llegaron a establecer puentes adecuados de colaboración. A la fecha de la publicación de este libro, en nota a pie de página, se indica que Empresa y Humanismo ya no sigue. Una pena que haya desaparecido, pero, a su vez, una tarea retadora para no cejar esfuerzos a fin de continuar el diálogo interdisciplinar, serio y profundo, de la filosofía política, la antropología, la historia, las humanidades con la empresa.

Una de las palabras que resuena mucho a nuestros oídos es el de “cambio continuo”. Alvira sostiene que “en la modernidad se ha transformado el concepto de novedad, que era muy profundo en el cristianismo, y lo han transformado en el concepto de cambio: cambio y progreso, al cambiar progresamos. Y nos hemos olvidado que innovar no es eso, innovar es poner más profundidad y más amor, y no simplemente progresar porque tú digas que progresas. Y, lo que es peor, decir que progresas porque te adaptas a lo que hay, cuando lo que hay es culturalmente muy bajo (p. 46)”. Esto último conviene tenerlo en cuenta. No toda moda agrega, incluso, podría restar. Una sana prudencia, por tanto, recomienda no lazarse de buenas a primeras a los brazos de lo primero que suene a nuevo. Subirse al tren o al avión cuanto antes no asegura que se llegue a buen destino.

De otro lado, si nos fijamos en que innovar -como sugiere Alvira- es poner más amor y profundidad en el día a día, resulta que no es necesario ser un genio para ir descubriendo soluciones cada vez más eficaces y eficientes, como si esto último fuera la coronación de la vida. La innovación está al alcance del ciudadano de a pie, como cuando la pareja que cuenta su amor por décadas es capaz de no perder la ilusión de agregar alguna pequeña novedad a las rutinas de la vida: eso es amor de estreno, eso es profundidad o, como diría Gabriel Marcel, a la constancia de la rutina le agregamos la frescura de la presencia.

Señala Alvira que “ser erudito, como ser científico o técnico, está muy bien, es muy humano, pero hay diferencia entre ser humano y humanista. Ser erudito, científico o técnico es ser humano de manera parcial. Es como si consideráramos el ver u oír como dimensiones del conocimiento humano: son humanas, pero no son más que una parte de lo humano (p. 72)”. El humanista, se da cuenta de la inmensidad de lo que no sabe. “Y entonces se abre en las dos dimensiones, en la horizontal–a la universalidad–, y en la vertical–a la profundidad–. Y esa apertura no es simplemente atención cognoscitiva, sino con el acompañamiento del corazón, porque me interesa verdaderamente (p. 73)”. Cabeza, corazón, espíritu confluyen en el ser humano para dar con sus fibras más señeras abiertas a la trascendencia y al prójimo.

Amor, profundidad y, también, grandeza de ánimo para afrontar retos y emprender proyectos nobles, constancia para no detenerse ante la primera dificultad y visión para vislumbrar el futuro más humano, discerniendo el trigo de la cizaña.

Francisco Bobadilla

Francisco Bobadilla es profesor principal de la Universidad de Piura, donde dicta clases para el pre-grado y posgrado. Interesado en las Humanidades y en la dimensión ética de la conducta humana. Lector habitual, de cuyas lecturas se nutre en gran parte este blog. Es autor, entre otros, de los libros “Pasión por la Excelencia”, “Empresas con alma”, «Progreso económico y desarrollo humano», «El Código da Vinci: de la ficción a la realidad»; «La disponibilidad de los derechos de la personalidad». Abogado y Master en Derecho Civil por la PUCP, doctor en Derecho por la Universidad de Zaragoza; Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura. Sus temas: pensamiento político y social, ética y cultura, derechos de la persona.