15 agosto, 2026

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Asunción de María a los cielos

“Se abrió el santuario de Dios y apareció el Arca de la Alianza”(Ap 11, 19)

Asunción de María a los cielos

No sé por qué caminos los Apóstoles

confluyeron en Éfeso aquel día

Silencio en la vivienda del discípulo

a quien Jesús legó a su Madre en testamento.

Tú y yo nos deslizamos de puntillas, 

para que no levante su vuelo la Paloma

y nos deje plantados y en destierro

llorando de orfandad.

 

No sé por qué caminos llegó también la muerte,

disfrazada de sueño, maquillada de añil,

hasta el punto de que jamás sepamos

si la Virgen se muere o medita solamente,

guardando en su interior, como solía,

el último misterio

que se llevó consigo a las alturas.

 

Días ha que sus ojos –los primeros-

están ya repatriados en los cielos.

Ninguna mano se atrevió 

a correr los visillos de sus párpados

cuando no queda luz más acá de la frontera.

Los labios entreabiertos musitaban

delirios aquí abajo indescifrables…

Sin embargo

nadie piensa que puede irse ahora,

cuando la luz se pasea por su piel

en éxtasis divino y contagioso.

 

(Ya Pedro tiene a punto la sentencia:

“¡Qué bien se está aquí,

hagamos nuestras tiendas!”)

Tan sólo su sonrisa – jamás desencarnada-,

mitad del cielo y mitad nuestra todavía,

parece rezagarse entre nosotros.

Nunca vimos apagarse. 

esta hoguera que ardió sin consumirse

como la zarza de Moisés en el desierto.

 

Ni un aleteo rozó nuestras sienes

ni un chasquido desprendió las miradas.

Ni aleluyas de Haendel…

ni terremotos ni campanas:

todo un acontecer sencillo y llano,

sin rupturas, igual que un paso más…

 

No sé en qué parpadeo  se nos fue de las manos.

Nos miramos los unos  a los otros

al borde su carne inmaculada

-imposible bocado del sepulcro-,

a orillas de su vientre bendecido

invadido de luz y  transparencia…

que se iba desprendiendo poco a poco.

“Yo, cuando sea levantado a lo alto,

atraeré a todos hacia mí”.

Y Ella no pudo resistir

la fuerza imperiosa de tu imán

(Es justo que te lleves, Señor, todo lo tuyo:

que la que estaba en pie junto a la Cruz

sentada esté también junto a tu trono).

Se derrama un perfume por la estancia

-olor de rosa mística sin duda-

y un himno gregoriano de ángeles  en off

de lejos roza apenas el silencio.

 

¡Con qué gana asiría  la orla de ese manto

para así infiltrarme, polizón  clandestino,

en las regias moradas de los cielos!

Monseñor Gilberto Gómez González

Monseñor Gilberto Gómez González, nacido el 12 de febrero de 1952 en Albeos, Creciente (Pontevedra, España), realizó sus estudios de secundaria, filosofía y teología en el Seminario de Tui–Vigo, siendo ordenado sacerdote el 14 de septiembre de 1975. Entre 1975 y 1985 ejerció como vicerrector del Seminario Menor de Tui–Vigo; en 1986 se incorporó a la diócesis de Abancay (Perú) mediante la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, donde desempeñó roles como rector del Seminario Menor «San Francisco Solano» (1986–1992), párroco de Tamburco, vicerrector y posteriormente rector del Seminario Mayor «Nuestra Señora de Cocharcas», además de capellán del Monasterio de Carmelitas y miembro del Consejo Presbiteral. El 22 de diciembre de 2001 fue nombrado por Juan Pablo II obispo titular de Mozotcori y auxiliar de Abancay, recibiendo la ordenación episcopal el 16 de marzo de 2002; el 20 de junio de 2009 Benedicto XVI lo designó obispo de Abancay, diócesis que asumió el 8 de agosto de ese año y que continúa liderando en la actualidad, siendo también miembro de la Comisión Episcopal de Vocaciones y Ministerios de la Conferencia Episcopal Peruana y autor del libro de poesía mística Vía Lucis (2005), galardonado con el XXIV Premio Mundial Fernando Rielo.