{"id":76088,"date":"2023-05-15T14:23:27","date_gmt":"2023-05-15T12:23:27","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=76088"},"modified":"2023-05-15T14:23:27","modified_gmt":"2023-05-15T12:23:27","slug":"tertio-millenio-adveniente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/tertio-millenio-adveniente\/","title":{"rendered":"Tertio Millenio Adveniente"},"content":{"rendered":"<div class=\"testo\">\n<div class=\"text parbase container vaticanrichtext\"><audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-76088-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Tertio-Millenio-Adveniente-Carta-apostolica-del.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Tertio-Millenio-Adveniente-Carta-apostolica-del.mp3\">https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Tertio-Millenio-Adveniente-Carta-apostolica-del.mp3<\/a><\/audio><\/p>\n<p style=\"text-align: center\">CARTA APOST\u00d3LICA<br \/>\n<strong><em>TERTIO MILLENNIO ADVENIENTE<br \/>\n<\/em><\/strong>DEL SUMO PONT\u00cdFICE<br \/>\n<strong>JUAN PABLO II<\/strong><br \/>\nAL EPISCOPADO<br \/>\nAL CLERO Y A LOS FIELES<br \/>\nCOMO PREPARACI\u00d3N<br \/>\nDEL JUBILEO DEL A\u00d1O 2000<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>A los Obispos,<br \/>\nA los sacerdotes y di\u00e1conos,<br \/>\nA los religiosos y religiosas,<br \/>\nA todos los fieles laicos.<\/i><\/p>\n<p>1. Mientras se aproxima el tercer milenio de la nueva era, el pensamiento se remonta espont\u00e1neamente a las palabras del ap\u00f3stol Pablo: \u00ab Al llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer \u00bb (<i>Gal\u00a0<\/i>4, 4). En efecto,\u00a0<i>la plenitud de los tiempos se identifica con el misterio de la Encarnaci\u00f3n del Verbo,\u00a0<\/i>Hijo consustancial al Padre y con el misterio de la Redenci\u00f3n del mundo. San Pablo subraya en este fragmento que el Hijo de Dios ha nacido de mujer, nacido bajo la Ley, venido al mundo para rescatar a los que se hallaban bajo la Ley, para que pudieran recibir la filiaci\u00f3n adoptiva. Y a\u00f1ade: \u00ab La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo que clama: \u00a1Abb\u00e1, Padre! \u00bb. Su conclusi\u00f3n es verdaderamente consoladora: \u00ab De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, tambi\u00e9n heredero por voluntad de Dios \u00bb (<i>Gal\u00a0<\/i>4, 6-7).<\/p>\n<p>Esta presentaci\u00f3n paulina del misterio de la Encarnaci\u00f3n incluye\u00a0<i>la revelaci\u00f3n del misterio trinitario y de la prolongaci\u00f3n de la misi\u00f3n del Hijo en la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.\u00a0<\/i>La Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, su concepci\u00f3n y su nacimiento son premisa del env\u00edo del Esp\u00edritu Santo. El texto de san Pablo\u00a0<i>deja vislumbrar as\u00ed la plenitud del misterio de la Encarnaci\u00f3n redentora.<\/i><\/p>\n<p><b>I<\/b><\/p>\n<p><b>\u00ab JESUCRISTO ES EL MISMO AYER, HOY &#8230; \u00bb<br \/>\n(<i>Hb\u00a0<\/i>13, 8)<\/b><\/p>\n<p>2. Lucas en su Evangelio nos ha transmitido una\u00a0<i>concisa descripci\u00f3n de las circunstancias relativas al nacimiento de Jes\u00fas:\u00a0<\/i>\u00ab Sucedi\u00f3 que por aquellos d\u00edas sali\u00f3 un edicto de C\u00e9sar Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo (&#8230;). Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subi\u00f3 tambi\u00e9n Jos\u00e9 desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Bel\u00e9n, por ser \u00e9l de la casa y familia de David, para empadronarse con Mar\u00eda, su esposa, que estaba encinta. Y sucedi\u00f3 que, mientras ellos estaban all\u00ed, se le cumplieron los d\u00edas del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primog\u00e9nito, le envolvi\u00f3 en pa\u00f1ales y le acost\u00f3 en un pesebre, porque no ten\u00edan sitio en el alojamiento \u00bb (2, 1. 3-7).<\/p>\n<p>Se cumpl\u00eda as\u00ed lo que el \u00e1ngel Gabriel hab\u00eda revelado en la Anunciaci\u00f3n. Se hab\u00eda dirigido a la Virgen de Nazaret con estas palabras: \u00ab Al\u00e9grate, llena de gracia, el Se\u00f1or est\u00e1 contigo \u00bb (1, 28). Estas palabras hab\u00edan turbado a Mar\u00eda y por ello el Mensajero divino se apresur\u00f3 a a\u00f1adir: \u00ab No temas, Mar\u00eda, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas. El ser\u00e1 grande y ser\u00e1 llamado Hijo del Alt\u00edsimo (&#8230;). El Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti y el poder del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra; por eso el que ha de nacer ser\u00e1 santo y ser\u00e1 llamado Hijo de Dios \u00bb (1, 30-32. 35). La respuesta de Mar\u00eda al mensaje ang\u00e9lico fue clara: \u00ab He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra \u00bb (1, 38). Nunca en la historia del hombre tanto dependi\u00f3, como entonces, del consentimiento de la criatura humana<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>3. Juan, en el Pr\u00f3logo de su Evangelio, sintetiza en una sola frase toda la profundidad del misterio de la Encarnaci\u00f3n. Escribe: \u00ab\u00a0<i>Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros,\u00a0<\/i>y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo \u00fanico, lleno de gracia y de verdad \u00bb (1, 14). Para Juan, en la concepci\u00f3n y en el nacimiento de Jes\u00fas se realiza la Encarnaci\u00f3n del Verbo eterno, consustancial al Padre. El Evangelista se refiere al Verbo que en el principio estaba con Dios, por medio del cual ha sido hecho todo cuanto existe; el Verbo en quien estaba la vida, vida que era la luz de los hombres (cf. 1, 1-5). Del Hijo unig\u00e9nito, Dios de Dios, el ap\u00f3stol Pablo escribe que es \u00ab\u00a0<i>primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n<\/i>\u00a0\u00bb (<i>Col\u00a0<\/i>1, 15). Dios crea el mundo por medio del Verbo. El Verbo es la Sabidur\u00eda eterna, el Pensamiento y la Imagen sustancial de Dios, \u00ab resplandor de su gloria e impronta de su sustancia \u00bb (<i>Hb\u00a0<\/i>1, 3). El, engendrado eternamente y eternamente amado por el Padre, como Dios de Dios y Luz de Luz, es el principio y el arquetipo de todas las cosas creadas por Dios en el tiempo.<\/p>\n<p>El hecho de que el Verbo eterno asumiera en la plenitud de los tiempos la condici\u00f3n de criatura confiere a lo acontecido en Bel\u00e9n hace dos mil a\u00f1os un singular\u00a0<i>valor c\u00f3smico. Gracias al Verbo, el mundo de las criaturas se presenta como cosmos,\u00a0<\/i>es decir, como universo ordenado. Y es que el Verbo,\u00a0<i>encarn\u00e1ndose, renueva el orden c\u00f3smico de la creaci\u00f3n.\u00a0<\/i>La Carta a los Efesios habla del designio que Dios hab\u00eda prefijado en Cristo, \u00ab para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer\u00a0<i>que todo tenga a Cristo por Cabeza,\u00a0<\/i>lo que est\u00e1 en los cielos y lo que est\u00e1 en la tierra \u00bb (1, 10).<\/p>\n<p>4. Cristo, Redentor del mundo,\u00a0<i>es el \u00fanico Mediador entre Dios y los hombres\u00a0<\/i>porque no hay bajo el cielo otro nombre por el que podamos ser salvados (cf.\u00a0<i>Hch\u00a0<\/i>4, 12). Leemos en la Carta a los Efesios: \u00ab En El tenemos por medio de su sangre la redenci\u00f3n, el perd\u00f3n de los pecados, seg\u00fan la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabidur\u00eda e inteligencia (&#8230;) seg\u00fan el ben\u00e9volo designio que en El se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos \u00bb (1, 7-10). Cristo, Hijo consustancial al Padre, es pues Aquel que\u00a0<i>revela el plan de Dios sobre toda la creaci\u00f3n, y en particular sobre el hombre.<\/i>\u00a0Como afirma de modo sugestivo el Concilio Vaticano II, El\u00a0<i>\u00ab manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n<\/i>\u00a0\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. Le muestra esta vocaci\u00f3n revelando el misterio del Padre y de su amor. \u00ab Imagen de Dios invisible \u00bb, Cristo es el hombre perfecto que ha devuelto a la descendencia de Ad\u00e1n la semejanza divina, deformada por el pecado. En su naturaleza humana, libre de todo pecado y asumida en la Persona divina del Verbo, la naturaleza com\u00fan a todo ser humano viene elevada a una alt\u00edsima dignidad: \u00ab El Hijo de Dios con su encarnaci\u00f3n\u00a0<i>se ha unido en cierto modo con todo hombre.<\/i>\u00a0Trabaj\u00f3 con manos de hombre, pens\u00f3 con inteligencia de hombre, obr\u00f3 con voluntad de hombre, am\u00f3 con coraz\u00f3n de hombre. Nacido de la Virgen Mar\u00eda, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>5. Este \u00ab hacerse uno de los nuestros \u00bb del Hijo de Dios acaeci\u00f3 en la mayor humildad, por ello no sorprende que la historiograf\u00eda profana, pendiente de acontecimientos m\u00e1s clamorosos y de personajes m\u00e1s importantes, no le haya dedicado al principio sino fugaces, aunque significativas alusiones. Referencias a Cristo se encuentran, por ejemplo, en las<i>\u00a0Antig\u00fcedades Jud\u00edas,\u00a0<\/i>obra escrita en Roma por el historiador Jos\u00e9 Flavio entre los a\u00f1os 93 y 94<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>, y sobre todo en los\u00a0<i>Anales\u00a0<\/i>de T\u00e1cito, redactados entre el 115 y el 120; en ellos, relatando el incendio de Roma del 64, falsamente imputado por Ner\u00f3n a los cristianos, el historiador hace expl\u00edcita menci\u00f3n de Cristo \u00ab ajusticiado por obra del procurador Poncio Pilato bajo el imperio de Tiberio \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Tambi\u00e9n Suetonio en la biograf\u00eda del emperador Claudio, escrita en torna al 121, nos informa sobre la expulsi\u00f3n de los Jud\u00edos de Roma ya que \u00ab bajo la instigaci\u00f3n de un cierto Cresto provocaban frecuentes tumultos \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>. Entre los int\u00e9rpretes est\u00e1 extendida la convicci\u00f3n de que este pasaje hace referencia a Jesucristo, convertido en motivo de contienda dentro del hebra\u00edsmo romano. Es importante tambi\u00e9n, como prueba de la r\u00e1pida difusi\u00f3n del cristianismo el testimonio de Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, quien refiere al emperador Trajano, entre el 111 y el 113, que un gran n\u00famero de personas sol\u00eda reunirse \u00ab un d\u00eda establecido, antes del alba, para cantar alternamente un himno a Cristo como a un Dios \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n<p>Pero el gran acontecimiento, que los historiadores no cristianos se limitan a mencionar, alcanza luz plena en los escritos del Nuevo Testamento que, aun siendo documentos de fe, no son menos atendibles, en el conjunto de sus relatos, como testimonios hist\u00f3ricos. Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, es Se\u00f1or del cosmos y tambi\u00e9n Se\u00f1or de la historia, de la que es \u00ab el Alfa y la Omega \u00bb (<i>Ap\u00a0<\/i>1, 8; 21, 6), \u00ab el Principio y el Fin \u00bb (<i>Ap\u00a0<\/i>21, 6). En El el Padre ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia. Esto es lo que expresa sint\u00e9ticamente la Carta a los Hebreos: \u00ab Muchas veces y de muchos modos habl\u00f3 Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas:\u00a0<i>en estos \u00faltimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo<\/i>\u00a0\u00bb (1, 1-2).<\/p>\n<p>6. Jes\u00fas naci\u00f3 del Pueblo elegido, en cumplimiento de la promesa hecha a Abraham y recordada constantemente por los profetas. Estos hablaban en nombre y en lugar de Dios. En efecto, la econom\u00eda del Antiguo Testamento est\u00e1 esencialmente ordenada a preparar y anunciar la venida de Cristo, Redentor del universo, y de su Reino mesi\u00e1nico. Los libros de la Antigua Alianza son as\u00ed testigos permanentes de una atenta pedagog\u00eda divina<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.\u00a0<i>En Cristo<\/i>\u00a0esta pedagog\u00eda alcanza su meta: El no se limita a hablar \u00ab en nombre de Dios \u00bb como los profetas, sino que es Dios mismo quien habla en su Verbo eterno hecho carne. Encontramos aqu\u00ed\u00a0<i>el punto esencial por el que el cristianismo se diferencia de las otras religiones,\u00a0<\/i>en las que desde el principio se ha expresado\u00a0<i>la b\u00fasqueda de Dios por parte del hombre.\u00a0<\/i>El cristianismo comienza con la Encarnaci\u00f3n del Verbo. Aqu\u00ed no es s\u00f3lo el hombre quien busca a Dios, sino que es Dios quien viene en Persona a hablar de s\u00ed al hombre y a mostrarle el camino por el cual es posible alcanzarlo. Es lo que proclama el Pr\u00f3logo del Evangelio de Juan: \u00ab A Dios nadie le ha visto jam\u00e1s: el Hijo \u00fanico, que estaba en el seno del Padre, El lo ha contado \u00bb (1, 18).\u00a0<i>El Verbo Encarnado es, pues, el cumplimiento del anhelo presente en todas las religiones de la humanidad:\u00a0<\/i>este cumplimiento es obra de Dios y va m\u00e1s all\u00e1 de toda expectativa humana. Es misterio de gracia.<\/p>\n<p>En Cristo la religi\u00f3n ya no es un \u00ab buscar a Dios a tientas \u00bb (cf.\u00a0<i>Hch\u00a0<\/i>17, 27), sino una\u00a0<i>respuesta de fe\u00a0<\/i>a Dios que se revela: respuesta en la que el hombre habla a Dios como a su Creador y Padre; respuesta hecha posible por aquel Hombre \u00fanico que es al mismo tiempo el Verbo consustancial al Padre, en quien Dios habla a cada hombre y cada hombre es capacitado para responder a Dios. M\u00e1s todav\u00eda, en este Hombre responde a Dios la creaci\u00f3n entera.<\/p>\n<p>Jesucristo es el nuevo comienzo de todo: todo en El converge, es acogido y restituido al Creador de quien procede. De este modo,\u00a0<i>Cristo es el cumplimiento del anhelo de todas las religiones del mundo y, por ello mismo, es su \u00fanica y definitiva culminaci\u00f3n.\u00a0<\/i>Si por una parte Dios en Cristo habla de s\u00ed a la humanidad, por otra, en el mismo Cristo, la humanidad entera y toda la creaci\u00f3n hablan de s\u00ed a Dios, es m\u00e1s, se donan a Dios. Todo retorna de este modo a su principio.\u00a0<i>Jesucristo es la recapitulaci\u00f3n de todo\u00a0<\/i>(cf.\u00a0<i>Ef\u00a0<\/i>1, 10) y a la vez el cumplimiento de cada cosa en Dios: cumplimiento que es gloria de Dios. La religi\u00f3n fundamentada en Jesucristo es\u00a0<i>religi\u00f3n de la gloria,\u00a0<\/i>es un existir en vida nueva para alabanza de la gloria de Dios (cf.<i>\u00a0Ef\u00a0<\/i>1, 12). Toda la creaci\u00f3n, en realidad, es manifestaci\u00f3n de su gloria; en particular el hombre (<i>vivens homo<\/i>) es epifan\u00eda de la gloria de Dios, llamado a vivir de la plenitud de la vida en Dios.<\/p>\n<p>7.\u00a0<i>En Jesucristo\u00a0<\/i>Dios no s\u00f3lo habla al hombre, sino que lo busca. La Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios testimonia que Dios busca al hombre. De esta b\u00fasqueda Jes\u00fas habla como del hallazgo de la oveja perdida (cf.\u00a0<i>Lc\u00a0<\/i>15, 1-7). Es una b\u00fasqueda que\u00a0<i>nace de lo \u00edntimo de Dios\u00a0<\/i>y tiene su punto culminante en la Encarnaci\u00f3n del Verbo. Si Dios va en busca del hombre, creado a su imagen y semejanza, lo hace porque lo ama eternamente en el Verbo y en Cristo lo quiere elevar a la dignidad de hijo adoptivo. Por tanto Dios busca al hombre, que es\u00a0<i>su propiedad particular\u00a0<\/i>de un modo diverso de como lo es cada una de las otras criaturas. Es propiedad de Dios por una elecci\u00f3n de amor: Dios busca al hombre movido por su coraz\u00f3n de Padre.<\/p>\n<p><i>\u00bfPor qu\u00e9 lo busca?\u00a0<\/i>Porque el hombre se ha alejado de El, escondi\u00e9ndose como Ad\u00e1n entre los \u00e1rboles del para\u00edso terrestre (cf.\u00a0<i>Gn\u00a0<\/i>3, 8-10).\u00a0<i>El hombre se ha dejado extraviar\u00a0<\/i>por el enemigo de Dios (cf.\u00a0<i>Gn\u00a0<\/i>3, 13). Satan\u00e1s lo ha enga\u00f1ado persuadi\u00e9ndolo de ser \u00e9l mismo Dios, y de poder conocer, como Dios, el bien y el mal, gobernando el mundo a su arbitrio sin tener que contar con la voluntad divina (cf.\u00a0<i>Gn\u00a0<\/i>3, 5). Buscando al hombre a trav\u00e9s del Hijo, Dios quiere inducirlo a abandonar los caminos del mal, en los que tiende a adentrarse cada vez m\u00e1s. \u00ab Hacerle abandonar \u00bb esos caminos quiere decir hacerle comprender que se halla en una v\u00eda equivocada; quiere decir\u00a0<i>derrotar el mal\u00a0<\/i>extendido por la historia humana.\u00a0<i>Derrotar el mal: esto es la Redenci\u00f3n.\u00a0<\/i>Ella se realiza en el sacrificio de Cristo, gracias al cual el hombre rescata la deuda del pecado y es reconciliado con Dios. El Hijo de Dios se ha hecho hombre, asumiendo un cuerpo y un alma en el seno de la Virgen, precisamente por esto: para hacer de s\u00ed el perfecto sacrificio redentor. La religi\u00f3n de la Encarnaci\u00f3n es la\u00a0<i>religi\u00f3n de la Redenci\u00f3n\u00a0<\/i>del mundo por el sacrificio de Cristo, que comprende la victoria sobre el mal, sobre el pecado y sobre la misma muerte. Cristo, aceptando la muerte en la cruz, manifiesta y da la vida al mismo tiempo porque resucita, no teniendo ya la muerte ning\u00fan poder sobre El.<\/p>\n<p>8. La religi\u00f3n que brota del misterio de la Encarnaci\u00f3n redentora es la religi\u00f3n del \u00ab\u00a0<i>permanecer en la intimidad de Dios<\/i>\u00a0\u00bb, del participar en su misma vida. De ello habla san Pablo en el pasaje citado al principio: \u00ab Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo que clama: \u00a1Abb\u00e1, Padre! \u00bb (<i>Gal<\/i>\u00a04, 6). El hombre eleva su voz a semejanza de Cristo, el cual se dirig\u00eda a Dios \u00ab con poderoso clamor y l\u00e1grimas \u00bb (<i>Hb\u00a0<\/i>5, 7), especialmente en Getseman\u00ed y sobre la cruz: el hombre grita a Dios como grit\u00f3 Cristo y as\u00ed da testimonio de participar en su filiaci\u00f3n por obra del Esp\u00edritu Santo. El Esp\u00edritu Santo, que el Padre envi\u00f3 en el nombre del Hijo, hace que el hombre participe de la vida \u00edntima de Dios; hace que el hombre\u00a0<i>sea tambi\u00e9n hijo, a semejanza de Cristo,\u00a0<\/i>y heredero de aquellos bienes que constituyen la parte del Hijo (cf.\u00a0<i>Gal\u00a0<\/i>4, 7). En esto consiste la religi\u00f3n del \u00ab permanecer en la vida \u00edntima de Dios \u00bb, que se inicia con la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. El Esp\u00edritu Santo, que sondea las profundidades de Dios (cf.\u00a0<i>1 Cor\u00a0<\/i>2, 10), nos introduce a nosotros, hombres, en estas profundidades en virtud del sacrificio de Cristo.<\/p>\n<p><b>II<\/b><\/p>\n<p><b>EL JUBILEO DEL A\u00d1O 2000<\/b><\/p>\n<p>9. Cuando san Pablo habla del nacimiento del Hijo de Dios lo sit\u00faa en \u00ab la plenitud de los tiempos \u00bb (cf.\u00a0<i>Gal\u00a0<\/i>4, 4).\u00a0<i>En realidad el tiempo se ha cumplido por el hecho mismo de que Dios, con la Encarnaci\u00f3n, se ha introducido en la historia del hombre.<\/i>\u00a0La eternidad ha entrado en el tiempo: \u00bfqu\u00e9 \u00ab cumplimiento \u00bb es mayor que este? \u00bfqu\u00e9 otro \u00ab cumplimiento \u00bb ser\u00eda posible? Alguien ha pensado en ciertos ciclos c\u00f3smicos arcanos, en los que la historia del universo, y en particular del hombre, se repetir\u00eda constantemente. El hombre surge de la tierra y a la tierra retorna (cf.\u00a0<i>Gn\u00a0<\/i>3, 19): este es el dato de evidencia inmediata. Pero en el hombre hay una irrenunciable aspiraci\u00f3n a vivir para siempre. \u00bfC\u00f3mo pensar en su supervivencia m\u00e1s all\u00e1 de la muerte? Algunos han imaginado varias formas de\u00a0<i>reencarnaci\u00f3n:\u00a0<\/i>seg\u00fan c\u00f3mo se haya vivido en el curso de la existencia precedente, se llegar\u00eda a experimentar una nueva existencia m\u00e1s noble o m\u00e1s humilde, hasta alcanzar la plena purificaci\u00f3n. Esta creencia, muy arraigada en algunas religiones orientales, manifiesta entre otras cosas que el hombre no quiere resignarse a una muerte irrevocable. Est\u00e1 convencido de su propia naturaleza esencialmente espiritual e inmortal.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n cristiana excluye la reencarnaci\u00f3n, y habla de un cumplimiento que el hombre est\u00e1 llamado a realizar en el curso de una \u00fanica existencia sobre la tierra. Este cumplimiento del propio destino lo alcanza el hombre en el don sincero de s\u00ed, un don que se hace posible solamente en el encuentro con Dios. Por tanto, el hombre halla en Dios la plena realizaci\u00f3n de s\u00ed:\u00a0<i>esta es la verdad revelada por Cristo.\u00a0<\/i>El hombre se autorrealiza en Dios, que ha venido a su encuentro mediante su Hijo eterno.<\/p>\n<p>Gracias a la venida de Dios a la tierra, el tiempo humano, iniciado en la creaci\u00f3n, ha alcanzado su plenitud. En efecto, \u00ab la plenitud de los tiempos \u00bb es s\u00f3lo la eternidad, mejor a\u00fan, Aquel\u00a0<i>que es eterno,\u00a0<\/i>es decir Dios. Entrar en la \u00ab plenitud de los tiempos \u00bb significa, por lo tanto, alcanzar el t\u00e9rmino del tiempo y salir de sus confines, para encontrar su cumplimiento en la eternidad de Dios.<\/p>\n<p>10.\u00a0<i>En el cristianismo el tiempo tiene una importancia fundamental.\u00a0<\/i>Dentro de su dimensi\u00f3n se crea el mundo, en su interior se desarrolla la historia de la salvaci\u00f3n, que tiene su culmen en la \u00ab plenitud de los tiempos \u00bb de la Encarnaci\u00f3n y su t\u00e9rmino en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos.\u00a0<i>En Jesucristo, Verbo encarnado, el tiempo llega a ser una dimensi\u00f3n de Dios,\u00a0<\/i>que en s\u00ed mismo es eterno. Con la venida de Cristo se inician los \u00ab \u00faltimos tiempos \u00bb (cf.\u00a0<i>Hb\u00a0<\/i>1, 2), la \u00ab \u00faltima hora \u00bb (cf.\u00a0<i>1 Jn\u00a0<\/i>2, 18), se inicia el tiempo de la Iglesia que durar\u00e1 hasta la Parus\u00eda.<\/p>\n<p>De esta relaci\u00f3n de Dios con el tiempo nace\u00a0<i>el deber de santificarlo.\u00a0<\/i>Es lo que se hace, por ejemplo, cuando se dedican a Dios determinados tiempos, d\u00edas o semanas, como ya suced\u00eda en la religi\u00f3n de la Antigua Alianza, y sigue sucediendo, aunque de un modo nuevo, en el cristianismo. En la liturgia de la Vigilia pascual el celebrante, mientras bendice el cirio que simboliza a Cristo resucitado, proclama: \u00ab Cristo ayer y hoy, principio y fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A El la gloria y el poder por los siglos de los siglos \u00bb. Pronuncia estas palabras grabando sobre el cirio la cifra del a\u00f1o en que se celebra la Pascua. El significado del rito es claro: evidencia que\u00a0<i>Cristo es el Se\u00f1or del tiempo,\u00a0<\/i>su principio y su cumplimiento; cada a\u00f1o, cada d\u00eda y cada momento son abarcados por su Encarnaci\u00f3n y Resurrecci\u00f3n, para de este modo encontrarse de nuevo en la \u00ab plenitud de los tiempos \u00bb. Por ello tambi\u00e9n la Iglesia vive y celebra la liturgia a lo largo del a\u00f1o.\u00a0<i>El a\u00f1o solar est\u00e1 as\u00ed traspasado por el a\u00f1o lit\u00fargico,\u00a0<\/i>que en cierto sentido reproduce todo el misterio de la Encarnaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n, comenzando por el primer Domingo de Adviento y concluyendo en la solemnidad de Cristo, Rey y Se\u00f1or del universo y de la historia. Cada domingo recuerda el d\u00eda de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>11. Desde esta perspectiva se hace comprensible el\u00a0<i>uso de los jubileos,\u00a0<\/i>que comenz\u00f3 en el Antiguo Testamento y contin\u00faa en la historia de la Iglesia. Jes\u00fas de Nazaret fue un d\u00eda a la<i>\u00a0sinagoga de su ciudad\u00a0<\/i>y se levant\u00f3 para hacer la lectura (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a04, 16-30). Le entregaron el volumen del profeta Isa\u00edas, donde ley\u00f3 el siguiente pasaje: \u00ab El Esp\u00edritu del Se\u00f1or Yahveh est\u00e1 sobre m\u00ed, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberaci\u00f3n, y a los reclusos la libertad; a\u00a0<i>pregonar a\u00f1o de gracia de Yahveh<\/i>\u00a0\u00bb (61, 1-2).<\/p>\n<p>El Profeta hablaba del Mes\u00edas. \u00ab Hoy \u2014a\u00f1adi\u00f3 Jes\u00fas\u2014 se ha cumplido esta Escritura que acab\u00e1is de o\u00edr \u00bb (<i>Lc\u00a0<\/i>4, 21), haciendo entender que el Mes\u00edas anunciado por el Profeta era precisamente El, y que en El comenzaba el \u00ab tiempo \u00bb tan deseado: hab\u00eda llegado el d\u00eda de la salvaci\u00f3n, la \u00ab plenitud de los tiempos \u00bb.<i>\u00a0Todos los jubileos se refieren a este \u00ab tiempo \u00bb y aluden a la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Cristo,\u00a0<\/i>venido como \u00ab consagrado con la unci\u00f3n \u00bb del Esp\u00edritu Santo, como \u00ab enviado por el Padre \u00bb. Es El quien anuncia la buena noticia a los pobres. Es El quien trae la libertad a los privados de ella, libera a los oprimidos, devuelve la vista a los ciegos (cf.\u00a0<i>Mt\u00a0<\/i>11, 4-5;\u00a0<i>Lc\u00a0<\/i>7, 22). De este modo realiza \u00ab un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or \u00bb, que anuncia no s\u00f3lo con las palabras, sino ante todo con sus obras. El jubileo, \u00ab a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or \u00bb, es\u00a0<i>una caracter\u00edstica de la actividad de Jes\u00fas\u00a0<\/i>y no s\u00f3lo la definici\u00f3n cronol\u00f3gica de un cierto aniversario.<\/p>\n<p>12.\u00a0<i>Las palabras y las obras de Jes\u00fas constituyen de este modo el cumplimiento de toda la tradici\u00f3n de los jubileos\u00a0<\/i>del Antiguo Testamento. Es sabido que el jubileo era\u00a0<i>un tiempo dedicado de modo particular a Dios.\u00a0<\/i>Se celebraba cada siete a\u00f1os, seg\u00fan la Ley de Mois\u00e9s: era el \u00ab a\u00f1o sab\u00e1tico \u00bb, durante el cual se dejaba reposar la tierra y se liberaban los esclavos. La obligaci\u00f3n de liberar los esclavos, estaba regulada por detalladas prescripciones contenidas en el Libro del \u00c9xodo (23, 10-11), del Lev\u00edtico (25, 1-28), del Deuteronomio (15, 1-6) y, pr\u00e1cticamente, en toda la legislaci\u00f3n b\u00edblica, que adquiere as\u00ed esta dimensi\u00f3n peculiar. En el a\u00f1o sab\u00e1tico, adem\u00e1s de la liberaci\u00f3n de esclavos, la Ley preve\u00eda la remisi\u00f3n de todas las deudas, seg\u00fan normas muy precisas. Todo esto deb\u00eda hacerse en honor a Dios. Lo referente al a\u00f1o sab\u00e1tico val\u00eda tambi\u00e9n para el \u00ab\u00a0<i>jubilar<\/i>\u00a0\u00bb, que ten\u00eda lugar cada cincuenta a\u00f1os. Sin embargo, en el a\u00f1o jubilar se ampliaban las pr\u00e1cticas del sab\u00e1tico y se celebraban con mayor solemnidad. Leemos en el Lev\u00edtico: \u00ab Declarar\u00e9is santo el a\u00f1o cincuenta, y proclamar\u00e9is en la tierra liberaci\u00f3n para todos sus habitantes. Ser\u00e1 para vosotros un jubileo; cada uno recobrar\u00e1 su propiedad, y cada cual regresar\u00e1 a su familia \u00bb (25, 10). Una de las consecuencias m\u00e1s significativas del a\u00f1o jubilar era la\u00a0<i>\u00abemancipaci\u00f3n<\/i>\u00a0\u00bb\u00a0<i>de todos los habitantes necesitados de liberaci\u00f3n.<\/i>\u00a0En esta ocasi\u00f3n cada israelita recobraba la posesi\u00f3n de la tierra de sus padres, si eventualmente la hab\u00eda vendido o perdido al caer en esclavitud. No pod\u00eda privarse definitivamente de la tierra, puesto que pertenec\u00eda a Dios, ni pod\u00edan los israelitas permanecer para siempre en una situaci\u00f3n de esclavitud, dado que Dios los hab\u00eda \u00ab rescatado \u00bb para s\u00ed como propiedad exclusiva liber\u00e1ndolos de la esclavitud en Egipto.<\/p>\n<p>13. Aunque en gran parte los preceptos del a\u00f1o jubilar no pasaron de ser una expectativa ideal \u2014m\u00e1s una esperanza que una concreta realizaci\u00f3n, estableciendo por otro lado una\u00a0<i>prophetia futuri\u00a0<\/i>como preanuncio de la verdadera liberaci\u00f3n que habr\u00eda sido realizada por el Mes\u00edas venidero\u2014 sobre la base de la normativa jur\u00eddica contenida en ellos se viene ya delineando una cierta<i>\u00a0doctrina social,\u00a0<\/i>que se desarroll\u00f3 despu\u00e9s m\u00e1s claramente a partir del Nuevo Testamento.\u00a0<i>El a\u00f1o jubilar deb\u00eda devolver la igualdad entre todos los hijos de Israel,\u00a0<\/i>abriendo nuevas posibilidades a las familias que hab\u00edan perdido sus propiedades e incluso la libertad personal. Por su parte, el a\u00f1o jubilar recordaba a los ricos que hab\u00eda llegado el tiempo en que los esclavos israelitas, de nuevo iguales a ellos, pod\u00edan reivindicar sus derechos. En el tiempo previsto por la Ley deb\u00eda proclamarse un a\u00f1o jubilar, que ven\u00eda en ayuda de todos los necesitados. Esto exig\u00eda un gobierno justo.\u00a0<i>La justicia, seg\u00fan la Ley de Israel, consist\u00eda sobre todo en la protecci\u00f3n de los d\u00e9biles,\u00a0<\/i>debiendo el rey distinguirse en ello, como afirma el Salmista: \u00ab Porque \u00e9l librar\u00e1 al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara; se apiadar\u00e1 del d\u00e9bil y del pobre, el alma de los pobres salvar\u00e1 \u00bb (<i>Sal\u00a0<\/i>7273, 12-13).\u00a0<i>Los presupuestos de estas tradiciones eran estrictamente teol\u00f3gicos,\u00a0<\/i>relacionados ante todo con la teolog\u00eda de la creaci\u00f3n y con la de la divina Providencia. De hecho, era com\u00fan convicci\u00f3n que\u00a0<i>s\u00f3lo a Dios, como Creador, correspond\u00eda el \u00ab dominium altum \u00bb,\u00a0<\/i>esto es, la se\u00f1or\u00eda sobre todo lo creado, y en particular sobre la tierra (cf.\u00a0<i>Lv\u00a0<\/i>25, 23). Si Dios en su Providencia hab\u00eda dado la tierra a los hombres, esto significaba que la hab\u00eda dado a todos. Por ello\u00a0<i>las riquezas de la creaci\u00f3n se deb\u00edan considerar como un bien com\u00fan a toda la humanidad.\u00a0<\/i>Quien pose\u00eda estos bienes como propiedad suya era en realidad s\u00f3lo un administrador, es decir, un encargado de actuar en nombre de Dios, \u00fanico propietario en sentido pleno, siendo voluntad de Dios que los bienes creados sirvieran a todos de un modo justo.\u00a0<i>El a\u00f1o jubilar deb\u00eda servir de ese modo al restablecimiento de esta justicia social.\u00a0<\/i>As\u00ed pues, en la tradici\u00f3n del a\u00f1o jubilar encuentra una de sus ra\u00edces la doctrina social de la Iglesia, que ha tenido siempre un lugar en la ense\u00f1anza eclesial y se ha desarrollado particularmente en el \u00faltimo siglo, sobre todo a partir de la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a>.<\/i><\/p>\n<p>14. Es preciso subrayar siempre lo que Isa\u00edas expresa con las palabras: \u00ab\u00a0<i>proclamar un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or<\/i>\u00a0\u00bb. El jubileo, para la Iglesia, es verdaderamente este \u00ab a\u00f1o de gracia \u00bb, a\u00f1o de perd\u00f3n de los pecados y de las penas por los pecados, a\u00f1o de reconciliaci\u00f3n entre los adversarios, a\u00f1o de m\u00faltiples conversiones y de penitencia sacramental y extrasacramental. La tradici\u00f3n de los a\u00f1os jubilares est\u00e1 ligada a\u00a0<i>la concesi\u00f3n\u00a0<\/i>de indulgencias de un modo m\u00e1s generoso que en otros a\u00f1os. Junto a los jubileos que recuerdan el misterio de la Encarnaci\u00f3n, el cumplimiento de los cien, los cincuenta o los veinticinco a\u00f1os, existen tambi\u00e9n aquellos que conmemoran la obra de la Redenci\u00f3n: la cruz de Cristo, su muerte sobre el G\u00f3lgota y su resurrecci\u00f3n. La Iglesia, en estas circunstancias, proclama \u00ab un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or \u00bb y se afana para que todos los fieles puedan gozar m\u00e1s ampliamente de esta gracia.\u00a0<i>Es por ello que los jubileos se celebran no s\u00f3lo \u00ab in Urbe \u00bb, sino tambi\u00e9n \u00ab extra Urbem \u00bb:\u00a0<\/i>tradicionalmente esto se hac\u00eda el a\u00f1o sucesivo a la celebraci\u00f3n \u00ab in Urbe \u00bb.<\/p>\n<p>15.\u00a0<i>En la vida de cada persona los jubileos\u00a0<\/i>hacen referencia normalmente al d\u00eda de nacimiento, aunque tambi\u00e9n se celebran los aniversarios del Bautismo, de la Confirmaci\u00f3n, de la primera Comuni\u00f3n, de la Ordenaci\u00f3n sacerdotal o episcopal y del sacramento del Matrimonio. Algunos de estos aniversarios tienen su correspondencia en el \u00e1mbito secular, pero los cristianos les atribuyen siempre un car\u00e1cter religioso. De hecho, en la visi\u00f3n cristiana cada jubileo \u2014el 25\u00b0 aniversario del sacerdocio o del matrimonio, llamado \u00ab de plata \u00bb, o el 50\u00b0, denominado \u00ab de oro \u00bb, o el 60\u00b0, \u00ab de diamante \u00bb\u2014 constituye un\u00a0<i>particular a\u00f1o de gracia\u00a0<\/i>para la persona que ha recibido uno de los sacramentos enumerados. Lo que hemos dicho sobre los jubileos particulares se puede aplicar tambi\u00e9n a\u00a0<i>las comunidades o a las instituciones.<\/i>\u00a0As\u00ed pues se celebra el centenario o el milenio de fundaci\u00f3n de una ciudad o de un municipio. Y en el \u00e1mbito eclesial se festejan los jubileos de las parroquias o de las di\u00f3cesis. Todos estos jubileos personales o comunitarios tienen un papel importante y significativo en la vida de los individuos y de las comunidades.<\/p>\n<p>Bajo este aspecto,\u00a0<i>los dos mil a\u00f1os del nacimiento de Cristo\u00a0<\/i>\u2014prescindiendo de la exactitud del c\u00e1lculo cronol\u00f3gico<i>\u2014 representan un Jubileo extraordinariamente grande\u00a0<\/i>no s\u00f3lo para los cristianos, sino indirectamente para toda la humanidad, dado el papel primordial que el cristianismo ha jugado en estos dos milenios. Es significativo que el c\u00f3mputo del transcurso de los a\u00f1os se haga casi en todas partes a partir de la venida de Cristo al mundo, la cual se convierte as\u00ed en\u00a0<i>el centro\u00a0<\/i>del calendario m\u00e1s utilizado hoy. \u00bfAcaso no es tambi\u00e9n esto un signo de la incomparable aportaci\u00f3n que para la historia universal ha significado el nacimiento de Jes\u00fas de Nazaret?<\/p>\n<p>16.\u00a0<i>El t\u00e9rmino \u00ab jubileo \u00bb expresa alegr\u00eda;\u00a0<\/i>no s\u00f3lo alegr\u00eda interior, sino un j\u00fabilo que se manifiesta exteriormente, ya que la venida de Dios es tambi\u00e9n un suceso exterior, visible, audible y tangible, como recuerda san Juan (cf.\u00a0<i>1 Jn\u00a0<\/i>1, 1). Es justo, pues, que toda expresi\u00f3n de j\u00fabilo por esta venida tenga su manifestaci\u00f3n exterior. Esta indica que\u00a0<i>la Iglesia se alegra por la salvaci\u00f3n,\u00a0<\/i>invita a todos a la alegr\u00eda, y se esfuerza por crear las condiciones para que las energ\u00edas salv\u00edficas puedan ser comunicadas a cada uno. Por ello, el 2000 marcar\u00e1 la fecha del Gran Jubileo.<\/p>\n<p>En cuanto al\u00a0<i>contenido, este Gran Jubileo\u00a0<\/i>ser\u00e1, en cierto modo, igual a cualquier otro. Pero, al mismo tiempo, ser\u00e1 diverso y m\u00e1s importante que los anteriores. En efecto, la Iglesia respeta las medidas del tiempo: horas, d\u00edas, a\u00f1os, siglos. De esta forma camina al paso de cada hombre, haciendo que todos comprendan c\u00f3mo<i>\u00a0cada una de estas medidas est\u00e1 impregnada de la presencia de Dios<\/i>\u00a0y de su acci\u00f3n salv\u00edfica. Con este esp\u00edritu la Iglesia se alegra, da gracias y pide perd\u00f3n, presentando s\u00faplicas al Se\u00f1or de la historia y de las conciencias humanas.<\/p>\n<p>Entre las s\u00faplicas m\u00e1s fervientes de este momento excepcional al acercarse un nuevo Milenio, la Iglesia implora del Se\u00f1or que prospere la unidad entre todos los cristianos de las diversas Confesiones hasta alcanzar la plena comuni\u00f3n. Deseo que el Jubileo sea la ocasi\u00f3n adecuada para una fruct\u00edfera colaboraci\u00f3n en la puesta en com\u00fan de tantas cosas que nos unen y que son ciertamente m\u00e1s que las que nos separan. A este prop\u00f3sito ayudar\u00eda mucho que, respetando los programas de cada Iglesia y Comunidad, se alcanzasen acuerdos ecum\u00e9nicos para la preparaci\u00f3n y celebraci\u00f3n del Jubileo: \u00e9ste tendr\u00e1 a\u00fan m\u00e1s fuerza si se testimonia al mundo la decidida voluntad de todos los disc\u00edpulos de Cristo de conseguir lo m\u00e1s pronto posible la plena unidad en la certeza de que \u00ab nada es imposible para Dios \u00bb.<\/p>\n<p><b>III<\/b><\/p>\n<p><b>LA PREPARACI\u00d3N DEL GRAN JUBILEO<\/b><\/p>\n<p>17.\u00a0<i>En la historia de la Iglesia cada jubileo es preparado por la divina Providencia.\u00a0<\/i>Esto vale tambi\u00e9n para el Gran Jubileo del A\u00f1o 2000. Convencidos de ello, hoy miramos con sentido de gratitud y tambi\u00e9n de responsabilidad cuanto ha sucedido en la historia de la humanidad a partir del nacimiento de Cristo, principalmente los acontecimientos entre el Mil y el Dos mil. De un modo muy particular dirigimos la mirada de fe a este siglo nuestro, buscando en \u00e9l aquello que da testimonio no s\u00f3lo de la historia del hombre, sino tambi\u00e9n de la intervenci\u00f3n divina en las vicisitudes humanas.<\/p>\n<p>18. En este sentido se puede afirmar que\u00a0<i>el Concilio Vaticano II constituye un acontecimiento providencial, gracias al cual la Iglesia ha iniciado la preparaci\u00f3n pr\u00f3xima\u00a0<\/i>del Jubileo del segundo milenio. Se trata de un Concilio semejante a los anteriores, aunque muy diferente; un Concilio\u00a0<i>centrado en el misterio de Cristo y de su Iglesia, y al mismo tiempo abierto al mundo.\u00a0<\/i>Esta apertura ha sido la respuesta evang\u00e9lica a la reciente evoluci\u00f3n del mundo con las desconcertantes experiencias del siglo XX, atormentado por una primera y una segunda guerra mundial, por la experiencia de los campos de concentraci\u00f3n y por horrendas matanzas. Lo sucedido muestra sobre todo que el mundo tiene necesidad de purificaci\u00f3n, tiene necesidad de conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Se piensa con frecuencia que el Concilio Vaticano II marca una \u00e9poca nueva en la vida de la Iglesia. Esto es verdad, pero a la vez es dif\u00edcil no ver c\u00f3mo\u00a0<i>la Asamblea conciliar ha tomado mucho de las experiencias y de las reflexiones del per\u00edodo precedente,<\/i>\u00a0especialmente del pensamiento de P\u00edo XII. En la historia de la Iglesia, \u00ab lo viejo \u00bb y \u00ab lo nuevo \u00bb est\u00e1n siempre profundamente relacionados entre s\u00ed. Lo \u00ab nuevo \u00bb brota de lo \u00ab viejo \u00bb y lo \u00ab viejo \u00bb encuentra en lo \u00ab nuevo \u00bb una expresi\u00f3n m\u00e1s plena. As\u00ed ha sido para el Concilio Vaticano II y para la actividad de los Pont\u00edfices relacionados con la Asamblea conciliar, comenzando por Juan XXIII, siguiendo con Pablo VI y Juan Pablo I, hasta el Papa actual.<\/p>\n<p>Lo que ellos han realizado durante y despu\u00e9s del Concilio, tanto el magisterio como la actividad de cada uno, ha aportado ciertamente una significativa ayuda a la\u00a0<i>preparaci\u00f3n de la nueva primavera de vida cristiana\u00a0<\/i>que deber\u00e1 manifestar el Gran Jubileo, si los cristianos son d\u00f3ciles a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>19. El Concilio, aunque no emple\u00f3 el tono severo de Juan Bautista, cuando a orillas del Jord\u00e1n exhortaba a la penitencia y a la conversi\u00f3n (cf.\u00a0<i>Lc\u00a0<\/i>3, 1-17), ha puesto de relieve algo del antiguo Profeta, mostrando con nuevo vigor a los hombres de hoy a Cristo, el \u00ab Cordero de Dios que quita el pecado del mundo \u00bb (<i>Jn\u00a0<\/i>1, 29), el Redentor del hombre, el Se\u00f1or de la historia. En la Asamblea conciliar la Iglesia, queriendo ser plenamente fiel a su Maestro, se plante\u00f3 su propia identidad, descubriendo la profundidad de su misterio de Cuerpo y Esposa de Cristo. Poni\u00e9ndose en d\u00f3cil escucha de la Palabra de Dios, confirm\u00f3 la vocaci\u00f3n universal a la santidad; dispuso la reforma de la liturgia, \u00ab fuente y culmen \u00bb de su vida; impuls\u00f3 la renovaci\u00f3n de muchos aspectos de su existencia tanto a nivel universal como al de Iglesias locales; se empe\u00f1\u00f3 en la promoci\u00f3n de las distintas vocaciones cristianas: la de los laicos y la de los religiosos, el ministerio de los di\u00e1conos, el de los sacerdotes y el de los Obispos; redescubri\u00f3, en particular, la colegialidad episcopal, expresi\u00f3n privilegiada del servicio pastoral desempe\u00f1ado por los Obispos en comuni\u00f3n con el Sucesor de Pedro. Sobre la base de esta profunda renovaci\u00f3n, el Concilio se abri\u00f3 a los cristianos de otras Confesiones, a los seguidores de otras religiones, a todos los hombres de nuestro tiempo. En ning\u00fan otro Concilio se habl\u00f3 con tanta claridad de la unidad de los cristianos, del di\u00e1logo con las religiones no cristianas, del significado espec\u00edfico de la Antigua Alianza y de Israel, de la dignidad de la conciencia personal, del principio de libertad religiosa, de las diversas tradiciones culturales dentro de las que la Iglesia lleva a cabo su mandato misionero, de los medios de comunicaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>20. La enorme riqueza de contenidos y\u00a0<i>el tono nuevo, desconocido antes,\u00a0<\/i>de la presentaci\u00f3n conciliar de estos contenidos constituyen casi un anuncio de tiempos nuevos. Los Padres conciliares han hablado con el lenguaje del Evangelio, con el lenguaje del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a y de las Bienaventuranzas. El mensaje conciliar presenta a Dios\u00a0<i>en su se\u00f1or\u00edo absoluto sobre todas las cosas,\u00a0<\/i>aunque tambi\u00e9n como\u00a0<i>garante de la aut\u00e9ntica autonom\u00eda de las realidades temporales.<\/i><\/p>\n<p>En efecto, la mejor preparaci\u00f3n al vencimiento bimilenario ha de manifestarse en el renovado compromiso de\u00a0<i>aplicaci\u00f3n,\u00a0<\/i>lo m\u00e1s fiel posible,\u00a0<i>de las ense\u00f1anzas del Vaticano II a la vida de cada uno y de toda la Iglesia.\u00a0<\/i>Con el Vaticano II se ha inaugurado, en el sentido m\u00e1s amplio de la palabra, la inmediata preparaci\u00f3n del Gran Jubileo del 2000. Si busc\u00e1ramos algo an\u00e1logo en la liturgia, se podr\u00eda decir que la anual\u00a0<i>liturgia del Adviento\u00a0<\/i>es el tiempo m\u00e1s parecido al esp\u00edritu del Concilio. El Adviento nos prepara al encuentro con Aquel que era, que es y que constantemente viene (cf.\u00a0<i>Ap\u00a0<\/i>4, 8).<\/p>\n<p>21. En el camino de preparaci\u00f3n a la cita del 2000 se incluye la\u00a0<i>serie de S\u00ednodos\u00a0<\/i>iniciada despu\u00e9s del Concilio Vaticano II: S\u00ednodos generales y S\u00ednodos continentales, regionales, nacionales y diocesanos. El tema de fondo es\u00a0<i>el de la evangelizaci\u00f3n,\u00a0<\/i>mejor todav\u00eda, el de la nueva evangelizaci\u00f3n, cuyas bases fueron fijadas por la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>\u00a0<\/i>de Pablo VI, publicada en el a\u00f1o 1975 despu\u00e9s de la tercera Asamblea General del S\u00ednodo de los Obispos. Estos S\u00ednodos ya forman parte por s\u00ed mismos de la nueva evangelizaci\u00f3n: nacen de la visi\u00f3n conciliar de la Iglesia, abren un amplio espacio a la participaci\u00f3n de los laicos, definiendo su espec\u00edfica responsabilidad en la Iglesia, y son expresi\u00f3n de la fuerza que Cristo ha dado a todo el Pueblo de Dios, haci\u00e9ndolo part\u00edcipe de su propia misi\u00f3n mesi\u00e1nica, prof\u00e9tica, sacerdotal y regia. Muy elocuentes son a este respecto las afirmaciones del segundo cap\u00edtulo de la Const. dogm.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>. La preparaci\u00f3n del Jubileo del A\u00f1o 2000 se realiza as\u00ed en toda la Iglesia, a nivel universal y local,\u00a0<\/i>animada por una conciencia nueva de la misi\u00f3n salv\u00edfica recibida de Cristo. Esta conciencia se manifiesta con significativa evidencia en las Exhortaciones postsinodales dedicadas a la misi\u00f3n de los laicos, a la formaci\u00f3n de los sacerdotes, a la catequesis, a la familia, al valor de la penitencia y de la reconciliaci\u00f3n en la vida de la Iglesia y de la humanidad y, pr\u00f3ximamente, a la vida consagrada.<\/p>\n<p>22. Con vista al Gran Jubileo del A\u00f1o 2000, esperan al<i>\u00a0ministerio del Obispo de Roma\u00a0<\/i>tareas y responsabilidades espec\u00edficas. En esta l\u00ednea han actuado de alg\u00fan modo todos los Pont\u00edfices del siglo que est\u00e1 por acabar. Con el programa de renovar todo en Cristo, san P\u00edo X trat\u00f3 de prevenir los tr\u00e1gicos derroteros que iba adquiriendo la situaci\u00f3n internacional de principios de siglo. La Iglesia, frente a la consolidaci\u00f3n en el mundo contempor\u00e1neo de tendencias opuestas a la paz y a la justicia, era consciente del deber de actuar de un modo decisivo para favorecer y defender bienes tan fundamentales. Los Pont\u00edfices del per\u00edodo preconciliar se movieron en este sentido con gran diligencia, cada uno desde su propia situaci\u00f3n: Benedicto XV se hall\u00f3 frente a la tragedia de la primera guerra mundial; P\u00edo XI debi\u00f3 afrontar las amenazas de los sistemas totalitarios o no respetuosos de la libertad humana en Alemania, en Rusia, en Italia, en Espa\u00f1a, y antes a\u00fan en M\u00e9xico. P\u00edo XII intervino contra la mayor injusticia de la segunda guerra mundial, el sumo desprecio de la dignidad humana, y dio tambi\u00e9n luminosas orientaciones para el nacimiento de un nuevo orden mundial despu\u00e9s de la ca\u00edda de los sistemas pol\u00edticos precedentes.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s los Papas a lo largo del siglo, siguiendo las huellas de Le\u00f3n XIII, han tratado sistem\u00e1ticamente los temas de la doctrina social cat\u00f3lica, considerando las caracter\u00edsticas de un<i>\u00a0sistema justo\u00a0<\/i>en el campo de las relaciones entre trabajo y capital. Basta pensar en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html\">Quadragesimo anno<\/a>\u00a0<\/i>de P\u00edo XI, en las numerosas intervenciones de P\u00edo XII, en la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a>\u00a0<\/i>y en la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a>\u00a0<\/i>de Juan XXIII, en la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a>\u00a0<\/i>y en la Carta Apost\u00f3lica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/apost_letters\/documents\/hf_p-vi_apl_19710514_octogesima-adveniens.html\">Octogesima adveniens<\/a>\u00a0<\/i>de Pablo VI. Sobre este argumento yo mismo he vuelto repetidamente: he dedicado la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html\">Laborem exercens<\/a>\u00a0<\/i>de modo particular a la importancia del trabajo humano, mientras que con la\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a>\u00a0<\/i>he intentado reafirmar la validez de la doctrina de la<i>\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a>\u00a0<\/i>despu\u00e9s de cien a\u00f1os. Adem\u00e1s anteriormente con la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a>\u00a0<\/i>hab\u00eda propuesto de nuevo en forma sistem\u00e1tica toda la doctrina social de la Iglesia desde la perspectiva del enfrentamiento entre los dos bloques Este-Oeste y del peligro de una guerra nuclear. Los dos elementos de la doctrina social de la Iglesia \u2014la\u00a0<i>tutela de la dignidad y de los derechos de la persona\u00a0<\/i>en el \u00e1mbito de una justa relaci\u00f3n entre trabajo y capital, y la\u00a0<i>promoci\u00f3n de la paz\u2014\u00a0<\/i>se encontraron en este texto y se fusionaron. Asimismo tratan de servir a la causa de la paz los Mensajes pontificios anuales del primero de enero, publicados a partir de 1968, bajo el pontificado de Pablo VI.<\/p>\n<p>23.\u00a0<i>El pontificado actual,\u00a0<\/i>desde el primer documento,\u00a0<i>habla expl\u00edcitamente del Gran Jubileo,\u00a0<\/i>invitando a vivir el per\u00edodo de espera como \u00ab un nuevo adviento \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. Sobre este tema he vuelto despu\u00e9s muchas otras veces, deteni\u00e9ndome ampliamente en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et vivificantem<\/a><\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>. De hecho, la preparaci\u00f3n del<i>\u00a0A\u00f1o 2000 es casi una de sus claves hermen\u00e9utica.\u00a0<\/i>Ciertamente no se quiere inducir a un nuevo milenarismo, como se hizo por parte de algunos al final del primer milenio; sino que se pretende<i>\u00a0suscitar una particular sensibilidad a todo lo que el Esp\u00edritu dice a la Iglesia y a las Iglesias\u00a0<\/i>(cf.\u00a0<i>Ap\u00a0<\/i>2, 7ss.), as\u00ed como a los individuos por medio de los carismas al servicio de toda la comunidad. Se pretende subrayar aquello que el Esp\u00edritu sugiere a las distintas comunidades, desde las m\u00e1s peque\u00f1as, como la familia, a las m\u00e1s grandes, como las naciones y las organizaciones internacionales, sin olvidar las culturas, las civilizaciones y las sanas tradiciones. La humanidad, a pesar de las apariencias, sigue esperando la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios y vive de esta esperanza, como se sufren los dolores del parto, seg\u00fan la imagen utilizada con tanta fuerza por san Pablo en la Carta a los Romanos (cf. 8, 19-22).<\/p>\n<p>24.\u00a0<i>Las peregrinaciones del Papa\u00a0<\/i>se han convertido en un elemento importante del esfuerzo por la aplicaci\u00f3n del Concilio Vaticano II. Comenzadas por Juan XXIII, en puertas de la inauguraci\u00f3n del Concilio, con una significativa peregrinaci\u00f3n a Loreto y As\u00eds (1962), tuvieron un notable incremento con Pablo VI, quien, despu\u00e9s de haber ido en primer lugar a Tierra Santa (1964), realiz\u00f3 otros nueve grandes viajes apost\u00f3licos que lo llevaron al contacto directo con las poblaciones de los distintos continentes.<\/p>\n<p>El pontificado actual ha ampliado a\u00fan m\u00e1s este programa, comenzando por M\u00e9xico, con ocasi\u00f3n de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla en 1979. Se realiz\u00f3 adem\u00e1s, en aquel mismo a\u00f1o, la peregrinaci\u00f3n a Polonia durante el Jubileo por el 900\u00b0 aniversario de la muerte de san Estanislao obispo y m\u00e1rtir.<\/p>\n<p>Las sucesivas etapas de este peregrinar son conocidas. Las peregrinaciones se han hecho sistem\u00e1ticas, llegando a las Iglesias particulares de todos los continentes, con una cuidada atenci\u00f3n por el\u00a0<i>desarrollo de las relaciones ecum\u00e9nicas\u00a0<\/i>con los cristianos de las diversas confesiones. En este sentido revisten un particular relieve las visitas a Turqu\u00eda (1979), Alemania (1980), Inglaterra, Gales y Escocia (1982), Suiza (1984), Pa\u00edses Escandinavos (1989) y \u00faltimamente a los Pa\u00edses B\u00e1lticos (1993).<\/p>\n<p>En el momento presente, entre las metas de peregrinaci\u00f3n vivamente deseadas se encuentra, adem\u00e1s de Sarajevo en Bosnia-Herzegovina, el Oriente Medio: L\u00edbano, Jerusal\u00e9n y Tierra Santa. Ser\u00eda muy elocuente si, con ocasi\u00f3n del a\u00f1o 2000, fuera posible visitar todos aquellos\u00a0<i>lugares que se hallan en el camino del Pueblo de Dios de la Antigua Alianza,\u00a0<\/i>a partir de los lugares de Abraham y de Mois\u00e9s, atravesando Egipto y el Monte Sina\u00ed, hasta Damasco, ciudad que fue testigo de la conversi\u00f3n de san Pablo.<\/p>\n<p>25. En la preparaci\u00f3n del A\u00f1o 2000 juegan un papel propio las<i>\u00a0Iglesias particulares,\u00a0<\/i>que con sus jubileos celebran etapas significativas de la historia de salvaci\u00f3n de los diversos pueblos. Entre estos\u00a0<i>jubileos locales\u00a0<\/i>o regionales han tenido suma importancia el milenio del Bautismo de la Rus en 1988<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>\u00a0y tambi\u00e9n los quinientos a\u00f1os del inicio de la evangelizaci\u00f3n del continente americano (1492). Junto a estos acontecimientos de vasto alcance, aunque no de dimensi\u00f3n universal, se deben recordar otros no menos significativos: por ejemplo, el milenio del Bautismo de Polonia en 1966 y de Hungr\u00eda en 1968, junto con los seis cientos a\u00f1os del Bautismo de Lituania en 1987. Adem\u00e1s se cumplir\u00e1n pr\u00f3ximamente el 1500\u00b0 aniversario del Bautismo de Clodoveo rey de los francos (496), y el 1400\u00b0 aniversario de la llegada de san Agust\u00edn a Canterbury (597), inicio de la evangelizaci\u00f3n del mundo anglosaj\u00f3n.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n a Asia, el Jubileo nos recordar\u00e1 al ap\u00f3stol Tom\u00e1s, que ya al comienzo de la era cristiana, seg\u00fan la tradici\u00f3n, llev\u00f3 el anuncio evang\u00e9lico a la India, a donde en torno al a\u00f1o 1500 llegar\u00edan despu\u00e9s los misioneros portugueses. Se celebra este a\u00f1o el s\u00e9ptimo centenario de la evangelizaci\u00f3n de la China (1294) y nos disponemos a conmemorar la expansi\u00f3n misionera en Filipinas con la constituci\u00f3n de la sede metropolitana de Manila (1595), como tambi\u00e9n del IV centenario de los primeros m\u00e1rtires del Jap\u00f3n (1597).<\/p>\n<p>En \u00c1frica, donde el primer anuncio se remonta a la \u00e9poca apost\u00f3lica, junto a los 1650 a\u00f1os de la consagraci\u00f3n episcopal del primer Obispo de los et\u00edopes, san Frumencio (a. 397) y a los 500 a\u00f1os del inicio de la evangelizaci\u00f3n de Angola, en el antiguo reino del Congo (1491), naciones como Camer\u00fan, Costa de Marfil, Rep\u00fablica Centroafricana, Burundi y Burkina-Faso est\u00e1n celebrando los respectivos centenarios de la llegada a sus territorios de los primeros misioneros. A su vez, otras naciones africanas lo han celebrado hace poco.<\/p>\n<p>?C\u00f3mo olvidar adem\u00e1s las Iglesias de Oriente, cuyos antiguos Patriarcados nos acercan a la herencia apost\u00f3lica y cuyas venerables tradiciones teol\u00f3gicas, lit\u00fargicas y espirituales constituyen una enorme riqueza, patrimonio com\u00fan de toda la cristiandad? Las m\u00faltiples celebraciones jubilares de estas Iglesias y de las Comunidades que en ellas reconocen el origen de su apostolicidad evocan el camino de Cristo en los siglos y contribuyen tambi\u00e9n al gran Jubileo del final del segundo milenio.<\/p>\n<p>Vista as\u00ed, toda la historia cristiana aparece como un \u00fanico r\u00edo, al que muchos afluentes vierten sus aguas. El A\u00f1o 2000 nos invita a encontrarnos con renovada fidelidad y profunda comuni\u00f3n<i>\u00a0en las orillas de este gran r\u00edo:\u00a0<\/i>el r\u00edo de la Revelaci\u00f3n, del Cristianismo y de la Iglesia, que corre a trav\u00e9s de la historia de la humanidad a partir de lo ocurrido en Nazaret y despu\u00e9s en Bel\u00e9n hace dos mil a\u00f1os. Es verdaderamente el \u00ab r\u00edo \u00bb que con sus \u00ab afluentes \u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n del Salmo, \u00ab recrean la ciudad de Dios \u00bb (4645, 5).<\/p>\n<p>26. En la perspectiva de la preparaci\u00f3n del A\u00f1o 2000 se sit\u00faan tambi\u00e9n los\u00a0<i>A\u00f1os Santos\u00a0<\/i>celebrados en el \u00faltimo per\u00edodo de este siglo. Est\u00e1 todav\u00eda fresco en la memoria el\u00a0<i>A\u00f1o Santo\u00a0<\/i>que el Papa Pablo VI convoc\u00f3 en\u00a0<i>1975;\u00a0<\/i>en la misma l\u00ednea se ha celebrado posteriormente\u00a0<i>1983 como A\u00f1o de la Redenci\u00f3n.\u00a0<\/i>Tal vez un eco todav\u00eda mayor tuvo el\u00a0<i>A\u00f1o Mariano 198788,\u00a0<\/i>muy esperado y profundamente vivido en las Iglesias locales, y especialmente en los santuarios marianos del mundo entero. La Enc\u00edclica<i>\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031987_redemptoris-mater.html\">Redemptoris Mater<\/a>,\u00a0<\/i>publicada entonces, evidenci\u00f3 la ense\u00f1anza conciliar sobre la presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia: el Hijo de Dios se hizo hombre hace dos mil a\u00f1os por obra del Esp\u00edritu Santo y naci\u00f3 de la Inmaculada Virgen Mar\u00eda.\u00a0<i>El A\u00f1o Mariano fue como una anticipaci\u00f3n del Jubileo,\u00a0<\/i>incluyendo en s\u00ed mucho de lo que se deber\u00e1 expresar plenamente en el A\u00f1o 2000.<\/p>\n<p>27. Es dif\u00edcil no advertir c\u00f3mo el A\u00f1o Mariano precedi\u00f3 de cerca a\u00a0<i>los acontecimientos de 1989.\u00a0<\/i>Son sucesos que sorprenden por su envergadura y especialmente por su r\u00e1pido desarrollo. Los a\u00f1os ochenta se hab\u00edan sucedido arrastrando un peligro creciente, en la estela de la \u00ab guerra fr\u00eda \u00bb; el a\u00f1o 1989 trajo consigo una soluci\u00f3n pac\u00edfica que ha tenido casi la forma de un desarrollo \u00ab org\u00e1nico \u00bb. A su luz nos sentimos inducidos a reconocer un significado incluso prof\u00e9tico a la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a>:<\/i>\u00a0cuanto el Papa Le\u00f3n XIII all\u00ed escribe sobre el tema del comunismo encuentra en estos acontecimientos una puntual verificaci\u00f3n, como he hecho presente en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Adem\u00e1s se pod\u00eda percibir c\u00f3mo, en la trama de lo sucedido, operaba con premura materna la mano invisible de la Providencia: \u00ab \u00bfAcaso olvida una mujer a su ni\u00f1o de pecho&#8230;? \u00bb (<i>Is\u00a0<\/i>49, 15).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de 1989 han surgido, sin embargo,\u00a0<i>nuevos peligros y nuevas amenazas.\u00a0<\/i>En los pa\u00edses del antiguo bloque oriental, tras la ca\u00edda del comunismo, ha aparecido el grave riesgo de los nacionalismos, como desgraciadamente muestran los percances de los Balcanes y de otras \u00e1reas pr\u00f3ximas. Esto obliga a las naciones europeas a un serio\u00a0<i>examen de conciencia,\u00a0<\/i>reconociendo culpas y errores cometidos hist\u00f3ricamente, en campo econ\u00f3mico y pol\u00edtico, en relaci\u00f3n a las naciones cuyos derechos han sido sistem\u00e1ticamente violados por los imperialismos del siglo pasado y del presente.<\/p>\n<p>28. Actualmente, siguiendo la huella del A\u00f1o Mariano y en semejante perspectiva, estamos viviendo el\u00a0<i>A\u00f1o de la Familia,<\/i>\u00a0cuyo contenido se vincula estrechamente con el misterio de la Encarnaci\u00f3n y con la historia misma del hombre. Por tanto, se puede alimentar la esperanza de que el A\u00f1o de la Familia, inaugurado en Nazaret, llegue a ser, como el A\u00f1o Mariano,\u00a0<i>una significativa etapa de la preparaci\u00f3n del Gran Jubileo.<\/i><\/p>\n<p>En este sentido, he dirigido una\u00a0<i>Carta a las Familias,\u00a0<\/i>en la que he querido presentar el n\u00facleo de la ense\u00f1anza eclesial sobre la familia para llevarlo, por as\u00ed decir, al interior de cada hogar dom\u00e9stico. En el Concilio Vaticano II la Iglesia reconoci\u00f3 como una de sus tareas la de valorar la dignidad del matrimonio y de la familia<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>. El A\u00f1o de la Familia pretende contribuir a la puesta en pr\u00e1ctica del Concilio en esta dimensi\u00f3n.\u00a0<i>Es por esto necesario que la preparaci\u00f3n del Gran Jubileo pase, en cierto modo, a trav\u00e9s de cada familia.\u00a0<\/i>\u00bfAcaso no fue por medio de una familia, la de Nazaret, que el Hijo de Dios quiso entrar en la historia del hombre?<\/p>\n<p><b>IV<\/b><\/p>\n<p><b>LA PREPARACI\u00d3N INMEDIATA<\/b><\/p>\n<p>29. Ante la vista de este vasto panorama surge la pregunta: \u00bfse puede elaborar\u00a0<i>un programa espec\u00edfico\u00a0<\/i>de iniciativas para la preparaci\u00f3n inmediata del Gran Jubileo? En verdad, cuanto se ha dicho anteriormente presenta ya algunos elementos de tal programa.<\/p>\n<p>Una presentaci\u00f3n m\u00e1s detallada de iniciativas \u00ab ad hoc \u00bb, para no ser\u00a0<i>artificial y de dif\u00edcil aplicaci\u00f3n en las Iglesias particulares,\u00a0<\/i>que viven en condiciones tan diversas, debe resultar de una amplia consulta. Consciente de ello, he querido interpelar al respecto a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y, en particular, a los Cardenales.<\/p>\n<p>Estoy agradecido a los miembros del Colegio Cardenalicio que, reunidos en Consistorio extraordinario el 13 y 14 de junio de 1994, han preparado al respecto numerosas propuestas y han dado \u00fatiles orientaciones. Igualmente agradezco a los Hermanos en el Episcopado, los cuales de varios modos no han dejado de hacerme llegar valiosas sugerencias, que he tenido bien presentes en la elaboraci\u00f3n de esta Carta Apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>30. Una primera indicaci\u00f3n, surgida con claridad de la consulta, es la relativa\u00a0<i>a los tiempos de la preparaci\u00f3n.\u00a0<\/i>Para el 2000 faltan ya pocos a\u00f1os: ha parecido oportuno dividir este per\u00edodo en dos fases, reservando la fase\u00a0<i>propiamente preparatoria<\/i>\u00a0a los \u00faltimos tres a\u00f1os. Se ha pensado que un per\u00edodo m\u00e1s largo acabar\u00eda por acumular excesivos contenidos, atenuando la tensi\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>Por tanto parece conveniente acercarse a la hist\u00f3rica fecha con una\u00a0<i>primera fase\u00a0<\/i>de sensibilizaci\u00f3n de los fieles sobre temas m\u00e1s generales, para despu\u00e9s concentrar la preparaci\u00f3n directa e inmediata en una\u00a0<i>segunda fase,\u00a0<\/i>de un\u00a0<i>trienio,\u00a0<\/i>orientada toda ella a la celebraci\u00f3n del misterio de Cristo Salvador.<\/p>\n<p><b><i>a) Primera Fase<\/i><\/b><\/p>\n<p>31.\u00a0<i>La primera fase\u00a0<\/i>tendr\u00e1 pues un car\u00e1cter\u00a0<i>antepreparatorio:<\/i>\u00a0deber\u00e1 servir para reavivar en el pueblo cristiano la conciencia del valor y del significado que el Jubileo del 2000\u00a0<i>supone en la historia humana.\u00a0<\/i>Este, llevando consigo la memoria del nacimiento de Cristo, est\u00e1\u00a0<i>intr\u00ednsecamente marcado por una connotaci\u00f3n cristol\u00f3gica.<\/i><\/p>\n<p>Conforme a la articulaci\u00f3n de la fe cristiana en palabra y sacramento, parece importante juntar, tambi\u00e9n en esta particular ocasi\u00f3n, la estructura de la\u00a0<i>memoria\u00a0<\/i>con la de la\u00a0<i>celebraci\u00f3n,<\/i>\u00a0no limit\u00e1ndonos a recordar el acontecimiento s\u00f3lo conceptualmente, sino haciendo presente el valor salv\u00edfico mediante la actualizaci\u00f3n sacramental. El Jubileo deber\u00e1 confirmar en los cristianos de hoy la\u00a0<i>fe\u00a0<\/i>en el Dios revelado en Cristo, sostener la\u00a0<i>esperanza\u00a0<\/i>prolongada en la espera de la vida eterna, vivificar la\u00a0<i>caridad\u00a0<\/i>comprometida activamente en el servicio a los hermanos.<\/p>\n<p>En el curso de la primera fase (del 1994 al 1996) la Santa Sede, con la creaci\u00f3n de un\u00a0<i>Comit\u00e9\u00a0<\/i>al efecto, no dejar\u00e1 de sugerir l\u00edneas de reflexi\u00f3n y de acci\u00f3n a nivel universal, mientras que un esfuerzo an\u00e1logo de sensibilizaci\u00f3n se desarrollar\u00e1 de un modo m\u00e1s capilar, por\u00a0<i>Comisiones\u00a0<\/i>semejantes<i>\u00a0en las Iglesias locales.\u00a0<\/i>Se trata, de cualquier modo, de continuar con lo realizado en la preparaci\u00f3n remota y, al mismo tiempo, de\u00a0<i>profundizar los aspectos m\u00e1s caracter\u00edsticos del acontecimiento jubilar.<\/i><\/p>\n<p>32. El Jubileo es siempre un tiempo de gracia particular, \u00ab un d\u00eda bendecido por el Se\u00f1or \u00bb: como tal tiene \u2014ya lo he comentado\u2014 un car\u00e1cter de alegr\u00eda. El Jubileo del A\u00f1o 2000 quiere ser una gran\u00a0<i>plegaria de alabanza y de acci\u00f3n de gracias\u00a0<\/i>sobre todo por el\u00a0<i>don de la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios y de la Redenci\u00f3n\u00a0<\/i>realizada por El. En el a\u00f1o jubilar los cristianos se pondr\u00e1n con nuevo asombro de fe frente al amor del Padre, que\u00a0<i>ha entregado su Hijo,\u00a0<\/i>\u00ab para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna \u00bb (<i>Jn\u00a0<\/i>3, 16). Elevar\u00e1n adem\u00e1s con profundo sentimiento su acci\u00f3n de gracias por el\u00a0<i>don de la Iglesia,\u00a0<\/i>fundada por Cristo como \u00ab sacramento o signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>. Su agradecimiento se extender\u00e1 finalmente a los\u00a0<i>frutos de santidad\u00a0<\/i>madurados en la vida de tantos hombres y mujeres que en cada generaci\u00f3n y en cada \u00e9poca hist\u00f3rica han sabido acoger sin reservas el don de la Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El gozo de un jubileo es siempre de un modo particular el\u00a0<i>gozo por la remisi\u00f3n de las culpas, la alegr\u00eda de la conversi\u00f3n.<\/i>\u00a0Parece por ello oportuno poner nuevamente en primer plano el tema del\u00a0<i>S\u00ednodo de Obispos de 1984, es decir, la penitencia y la reconciliaci\u00f3n<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>. Este S\u00ednodo fue un hecho muy significativo en la historia de la Iglesia postconciliar. Retoma la cuesti\u00f3n siempre actual de la conversi\u00f3n (\u00ab metanoia \u00bb), que es la condici\u00f3n preliminar para la reconciliaci\u00f3n con Dios tanto de las personas como de las comunidades.<\/p>\n<p>33. As\u00ed es justo que, mientras el segundo Milenio del cristianismo llega a su fin, la Iglesia asuma con una conciencia m\u00e1s viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del esp\u00edritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espect\u00e1culo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas\u00a0<i>formas de antitestimonio y de esc\u00e1ndalo.<\/i><\/p>\n<p>La Iglesia, aun siendo santa por su incorporaci\u00f3n a Cristo, no se cansa de hacer penitencia: ella\u00a0<i>reconoce siempre como suyos,<\/i>\u00a0delante de Dios y delante de los hombres,\u00a0<i>a los hijos pecadores.<\/i>\u00a0Afirma al respecto la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>:\u00a0<\/i>\u00ab La Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesita de purificaci\u00f3n, y busca sin cesar la conversi\u00f3n y la renovaci\u00f3n \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>.<\/p>\n<p>La Puerta Santa del Jubileo del 2000 deber\u00e1 ser simb\u00f3licamente m\u00e1s grande que las precedentes, porque la humanidad, alcanzando esta meta, se echar\u00e1 a la espalda no s\u00f3lo un siglo, sino un milenio. Es bueno que la Iglesia d\u00e9 este paso con la clara conciencia de lo que ha vivido en el curso de los \u00faltimos diez siglos. No puede atravesar el umbral del nuevo milenio sin animar a sus hijos a purificarse, en el arrepentimiento, de errores, infidelidades, incoherencias y lentitudes. Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valent\u00eda que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haci\u00e9ndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy.<\/p>\n<p>34. Entre los pecados que exigen un mayor compromiso de penitencia y de conversi\u00f3n han de citarse ciertamente aquellos que\u00a0<i>han da\u00f1ado la unidad querida por Dios para su Pueblo.\u00a0<\/i>A lo largo de los mil a\u00f1os que se est\u00e1n concluyendo, a\u00fan m\u00e1s que en el primer milenio, la comuni\u00f3n eclesial, \u00ab a veces no sin culpa de los hombres por ambas partes \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>, ha conocido dolorosas laceraciones que contradicen abiertamente la voluntad de Cristo y son un esc\u00e1ndalo para el mundo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a>. Desgraciadamente, estos pecados del pasado hacen sentir todav\u00eda su peso y permanecen como tentaciones del presente. Es necesario hacer enmienda, invocando con fuerza el perd\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>En esta \u00faltima etapa del milenio, la Iglesia debe dirigirse con una s\u00faplica m\u00e1s sentida al Esp\u00edritu Santo implorando de El la gracia de la\u00a0<i>unidad de los cristianos.\u00a0<\/i>Es este un problema crucial para el testimonio evang\u00e9lico en el mundo. Especialmente despu\u00e9s del Concilio Vaticano II han sido muchas las iniciativas ecum\u00e9nicas emprendidas con generosidad y empe\u00f1o: se puede decir que toda la actividad de las Iglesias locales y de la Sede Apost\u00f3lica ha asumido en estos a\u00f1os un car\u00e1cter ecum\u00e9nico. El<i>\u00a0Pontificio Consejo para la promoci\u00f3n de la unidad de los cristianos\u00a0<\/i>ha sido uno de los principales centros animadores del proceso hacia la plena unidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, somos todos conscientes de que el logro de esta meta no puede ser s\u00f3lo fruto de esfuerzos humanos, aun siendo \u00e9stos indispensables.\u00a0<i>La unidad, en definitiva, es un don del Esp\u00edritu Santo.\u00a0<\/i>A nosotros se nos pide secundar este don sin caer en ligerezas y reticencias al testimoniar la verdad, sino m\u00e1s bien actualizando generosamente las directrices trazadas por el Concilio y por los sucesivos documentos de la Santa Sede, apreciados tambi\u00e9n por muchos cristianos que no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1, por tanto, una de las tareas de los cristianos encaminados hacia el a\u00f1o 2000. La cercan\u00eda del final del segundo milenio anima a todos a un\u00a0<i>examen de conciencia\u00a0<\/i>y a oportunas iniciativas ecum\u00e9nicas, de modo que ante el Gran Jubileo nos podamos presentar, si no del todo unidos,\u00a0<i>al menos mucho m\u00e1s pr\u00f3ximos a superar las divisiones del segundo milenio.\u00a0<\/i>Es necesario al respecto \u2014cada uno lo ve\u2014 un enorme esfuerzo. Hay que proseguir en el di\u00e1logo doctrinal, pero sobre todo esforzarse m\u00e1s en la\u00a0<i>oraci\u00f3n ecum\u00e9nica.\u00a0<\/i>Oraci\u00f3n que se ha intensificado mucho despu\u00e9s del Concilio, pero que debe aumentarse todav\u00eda comprometiendo cada vez m\u00e1s a los cristianos, en sinton\u00eda con la gran invocaci\u00f3n de Cristo, antes de la pasi\u00f3n: \u00ab que todos sean uno. Como t\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti, que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros \u00bb (<i>Jn\u00a0<\/i>17, 21).<\/p>\n<p>35. Otro cap\u00edtulo doloroso sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con \u00e1nimo abierto al arrepentimiento est\u00e1 constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con\u00a0<i>m\u00e9todos de intolerancia e incluso de violencia\u00a0<\/i>en el servicio a la verdad.<\/p>\n<p>Es cierto que un correcto juicio hist\u00f3rico no puede prescindir de un atento estudio de los condicionamientos culturales del momento, bajo cuyo influjo muchos pudieron creer de buena fe que un aut\u00e9ntico testimonio de la verdad comportaba la extinci\u00f3n de otras opiniones o al menos su marginaci\u00f3n. Muchos motivos convergen con frecuencia en la creaci\u00f3n de premisas de intolerancia, alimentando una atm\u00f3sfera pasional a la que s\u00f3lo los grandes esp\u00edritus verdaderamente libres y llenos de Dios lograban de alg\u00fan modo substraerse. Pero la consideraci\u00f3n de las circunstancias atenuantes no dispensa a la Iglesia del deber de lamentar profundamente las debilidades de tantos hijos suyos, que han desfigurado su rostro, impidi\u00e9ndole reflejar plenamente la imagen de su Se\u00f1or crucificado, testigo insuperable de amor paciente y de humilde mansedumbre. De estos trazos dolorosos del pasado emerge una lecci\u00f3n para el futuro, que debe llevar a todo cristiano a tener buena cuenta del principio de oro dictado por el Concilio: \u00ab La verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a>.<\/p>\n<p>36. Un serio examen de conciencia ha sido auspiciado por numerosos Cardenales y Obispos sobre todo\u00a0<i>para la Iglesia del presente.\u00a0<\/i>A las puertas del nuevo Milenio los cristianos deben ponerse humildemente ante el Se\u00f1or para interrogarse\u00a0<i>sobre las responsabilidades que ellos tienen tambi\u00e9n en relaci\u00f3n a los males de nuestro tiempo.\u00a0<\/i>La \u00e9poca actual junto a muchas luces presenta igualmente no pocas sombras.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo callar, por ejemplo, ante la\u00a0<i>indiferencia religiosa\u00a0<\/i>que lleva a muchos hombres de hoy a vivir como si Dios no existiera o a conformarse con una religi\u00f3n vaga, incapaz de enfrentarse con el problema de la verdad y con el deber de la coherencia? A esto hay que a\u00f1adir a\u00fan la extendida p\u00e9rdida del sentido trascendente de la existencia humana y el extrav\u00edo en el campo \u00e9tico, incluso en los valores fundamentales del respeto a la vida y a la familia. Se impone adem\u00e1s a los hijos de la Iglesia una verificaci\u00f3n: \u00bfen qu\u00e9 medida est\u00e1n tambi\u00e9n ellos afectados por la atm\u00f3sfera de secularismo y relativismo \u00e9tico? \u00bfY qu\u00e9 parte de responsabilidad deben reconocer tambi\u00e9n ellos, frente a la desbordante irreligiosidad, por no haber manifestado el genuino rostro de Dios, \u00ab a causa de los defectos de su vida religiosa, moral y social \u00bb?<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a>.<\/p>\n<p>De hecho, no se puede negar que la vida espiritual atraviesa en muchos cristianos\u00a0<i>un momento de incertidumbre\u00a0<\/i>que afecta no s\u00f3lo a la vida moral, sino incluso a la oraci\u00f3n y a la misma<i>\u00a0rectitud teologal de la fe.\u00a0<\/i>Esta, ya probada por el careo con nuestro tiempo, est\u00e1 a veces desorientada por posturas teol\u00f3gicas err\u00f3neas, que se difunden tambi\u00e9n a causa de la crisis de obediencia al Magisterio de la Iglesia.<\/p>\n<p>Y sobre el testimonio de la Iglesia en nuestro tiempo, \u00bfc\u00f3mo no sentir dolor por\u00a0<i>la falta de discernimiento,\u00a0<\/i>que a veces llega a ser aprobaci\u00f3n, de no pocos cristianos frente a la violaci\u00f3n de fundamentales derechos humanos por parte de reg\u00edmenes totalitarios? \u00bfY no es acaso de lamentar, entre las sombras del presente, la corresponsabilidad de tantos cristianos\u00a0<i>en graves formas de injusticia y de marginaci\u00f3n social?\u00a0<\/i>Hay que preguntarse cu\u00e1ntos, entre ellos, conocen a fondo y practican coherentemente las directrices de la doctrina social de la Iglesia.<\/p>\n<p>El examen de conciencia debe mirar tambi\u00e9n la\u00a0<i>recepci\u00f3n del Concilio,\u00a0<\/i>este gran don del Esp\u00edritu a la Iglesia al final del segundo milenio. \u00bfEn qu\u00e9 medida la Palabra de Dios ha llegado a ser plenamente el alma de la teolog\u00eda y la inspiradora de toda la existencia cristiana, como ped\u00eda la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a>?\u00a0<\/i>\u00bfSe vive la liturgia como \u00ab fuente y culmen \u00bb de la vida eclesial, seg\u00fan las ense\u00f1anzas de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a>?\u00a0<\/i>\u00bfSe consolida, en la Iglesia universal y en las Iglesias particulares, la eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n de la\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,\u00a0<\/i>dando espacio a los carismas, los ministerios, las varias formas de participaci\u00f3n del Pueblo de Dios, aunque sin admitir un democraticismo y un sociologismo que no reflejan la visi\u00f3n cat\u00f3lica de la Iglesia y el aut\u00e9ntico esp\u00edritu del Vaticano II? Un interrogante fundamental debe tambi\u00e9n plantearse sobre el estilo de las relaciones entre la Iglesia y el mundo. Las directrices conciliares \u2014presentes en la<i>\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>\u00a0<\/i>y en otros documentos\u2014 de un di\u00e1logo abierto, respetuoso y cordial, acompa\u00f1ado sin embargo por un atento discernimiento y por el valiente testimonio de la verdad, siguen siendo v\u00e1lidas y nos llaman a un compromiso ulterior.<\/p>\n<p>37. La Iglesia del primer milenio naci\u00f3 de la sangre de los m\u00e1rtires: \u00ab\u00a0<i>Sanguis martyrum, semen christianorum\u00a0<\/i>\u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a>. Los hechos hist\u00f3ricos ligados a la figura de Constantino el Grande nunca habr\u00edan podido garantizar un desarrollo de la Iglesia como el verificado en el primer milenio, si no hubiera sido por aquella<i>\u00a0siembra de m\u00e1rtires y por aquel patrimonio de santidad que caracterizaron a las primeras generaciones cristianas.\u00a0<\/i>Al t\u00e9rmino del segundo milenio,\u00a0<i>la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de m\u00e1rtires.\u00a0<\/i>Las persecuciones de creyentes \u2014sacerdotes, religiosos y laicos\u2014 han supuesto una gran siembra de m\u00e1rtires en varias partes del mundo. El testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio com\u00fan de cat\u00f3licos, ortodoxos, anglicanos y protestantes, como revelaba ya Pablo VI en la homil\u00eda de la canonizaci\u00f3n de los m\u00e1rtires ugandeses<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn22\" name=\"_ftnref22\">[22]<\/a>.<\/p>\n<p><i>Es un testimonio que no hay que olvidar.\u00a0<\/i>La Iglesia de los primeros siglos, aun encontrando notables dificultades organizativas, se dedic\u00f3 a fijar en martirologios el testimonio de los m\u00e1rtires. Tales martirologios han sido constantemente actualizados a trav\u00e9s de los siglos, y en el libro de santos y beatos de la Iglesia han entrado no s\u00f3lo aquellos que vertieron la sangre por Cristo, sino tambi\u00e9n maestros de la fe, misioneros, confesores, obispos, presb\u00edteros, v\u00edrgenes, c\u00f3nyuges, viudas, ni\u00f1os.<\/p>\n<p><i>En nuestro siglo han vuelto los m\u00e1rtires,\u00a0<\/i>con frecuencia desconocidos, casi \u00ab\u00a0<i>militi ignoti<\/i>\u00a0\u00bb\u00a0<i>de la gran causa de Dios.<\/i>\u00a0En la medida de lo posible no deben perderse en la Iglesia sus testimonios. Como se ha sugerido en el Consistorio,\u00a0<i>es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio,\u00a0<\/i>recogiendo para ello la documentaci\u00f3n necesaria. Esto ha de tener un sentido y una elocuencia ecum\u00e9nica.\u00a0<i>El ecumenismo de los santos,\u00a0<\/i>de los m\u00e1rtires, es tal vez el m\u00e1s convincente. La\u00a0<i>communio sanctorum<\/i>\u00a0habla con una voz m\u00e1s fuerte que los elementos de divisi\u00f3n. El<i>\u00a0martyrologium\u00a0<\/i>de los primeros siglos constituy\u00f3 la base del culto de los santos. Proclamando y venerando la santidad de sus hijos e hijas, la Iglesia rend\u00eda m\u00e1ximo honor a Dios mismo; en los m\u00e1rtires veneraba a Cristo, que estaba en el origen de su martirio y de su santidad. Se ha desarrollado posteriormente la praxis de la canonizaci\u00f3n, que todav\u00eda perdura en la Iglesia cat\u00f3lica y en las ortodoxas. En estos a\u00f1os se han multiplicado las canonizaciones y beatificaciones. Ellas manifiestan la<i>\u00a0vitalidad de las Iglesias locales,\u00a0<\/i>mucho m\u00e1s numerosas hoy que en los primeros siglos y en el primer milenio. El mayor homenaje que todas las Iglesias tributar\u00e1n a Cristo en el umbral del tercer milenio, ser\u00e1 la demostraci\u00f3n de la omnipotente presencia del Redentor mediante frutos de fe, esperanza y caridad en hombres y mujeres de tantas lenguas y razas, que han seguido a Cristo en las distintas formas de la vocaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 tarea de la Sede Apost\u00f3lica, con vista al A\u00f1o 2000,<i>\u00a0actualizar los martirologios\u00a0<\/i>de la Iglesia universal, prestando gran atenci\u00f3n a la santidad de quienes\u00a0<i>tambi\u00e9n en nuestro tiempo<\/i>\u00a0han vivido plenamente en la verdad de Cristo. De modo especial se deber\u00e1 trabajar por el reconocimiento de la heroicidad de las virtudes de los hombres y las mujeres que han realizado su vocaci\u00f3n cristiana\u00a0<i>en el Matrimonio:\u00a0<\/i>convencidos como estamos de que no faltan frutos de santidad en tal estado, sentimos la necesidad de encontrar los medios m\u00e1s oportunos para verificarlos y proponerlos a toda la Iglesia como modelo y est\u00edmulo para los otros esposos cristianos.<\/p>\n<p>38. Una exigencia posterior se\u00f1alada por los Cardenales y los Obispos es la de los\u00a0<i>S\u00ednodos de car\u00e1cter continental,\u00a0<\/i>en la l\u00ednea de los ya celebrados para Europa y \u00c1frica. La \u00faltima Conferencia General del Episcopado Latinoamericano ha acogido, en sinton\u00eda con el Episcopado norteamericano, la propuesta de\u00a0<i>un S\u00ednodo panamericano\u00a0<\/i>sobre la problem\u00e1tica de la nueva evangelizaci\u00f3n en las dos partes del mismo continente, tan diversas entre s\u00ed por su origen y su historia, y sobre la cuesti\u00f3n de la justicia y de las relaciones econ\u00f3micas internacionales, considerando la enorme desigualdad entre el Norte y el Sur.<\/p>\n<p>Otro S\u00ednodo de car\u00e1cter continental ser\u00e1 oportuno en\u00a0<i>Asia,<\/i>\u00a0donde est\u00e1 m\u00e1s acentuado el tema del encuentro del cristianismo con las antiguas culturas y religiones locales. Este es un gran desaf\u00edo para la evangelizaci\u00f3n, dado que sistemas religiosos como el budismo o el hinduismo se presentan con un claro car\u00e1cter soteriol\u00f3gico. Existe pues la urgente necesidad de un S\u00ednodo, con ocasi\u00f3n del Gran Jubileo, que ilustre y profundice la verdad sobre Cristo como \u00fanico Mediador entre Dios y los hombres, y como \u00fanico Redentor del mundo, distingui\u00e9ndolo bien de los fundadores de otras grandes religiones, en las cuales tambi\u00e9n se encuentran elementos de verdad, que la Iglesia considera con sincero respeto, viendo en ellos un reflejo de la Verdad que ilumina a todos los hombres<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn23\" name=\"_ftnref23\">[23]<\/a>. En el 2000 deber\u00e1 resonar con fuerza renovada la proclamaci\u00f3n de la verdad:\u00a0<i>Ecce natus est nobis Salvator mundi.<\/i><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n para\u00a0<i>Ocean\u00eda\u00a0<\/i>podr\u00eda ser \u00fatil un S\u00ednodo regional. En este continente existe la cuesti\u00f3n de las poblaciones abor\u00edgenes, que evoca de modo especial algunos aspectos de la prehistoria del g\u00e9nero humano. En este S\u00ednodo un tema que no se habr\u00eda de descuidar, junto con otros problemas del Continente, debe ser el encuentro del cristianismo con aquellas antiqu\u00edsimas formas de religiosidad, significativamente caracterizadas por una orientaci\u00f3n monote\u00edsta.<\/p>\n<p><b><i>b) Segunda fase<\/i><\/b><\/p>\n<p>39. Sobre la base de esta amplia acci\u00f3n sensibilizadora ser\u00e1 despu\u00e9s posible afrontar la\u00a0<i>segunda fase,\u00a0<\/i>la propiamente<i>\u00a0preparatoria.\u00a0<\/i>Esta se desarrollar\u00e1\u00a0<i>en una etapa de tres a\u00f1os,\u00a0<\/i>de 1997 a 1999. La estructura ideal para este trienio,\u00a0<i>centrado en Cristo,\u00a0<\/i>Hijo de Dios hecho hombre, debe ser teol\u00f3gica, es decir \u00ab trinitaria \u00bb.<\/p>\n<p><i>I a\u00f1o: Jesucristo<\/i><\/p>\n<p>40.\u00a0<i>El primer a\u00f1o, 1997, se dedicar\u00e1 a la reflexi\u00f3n sobre Cristo,\u00a0<\/i>Verbo del Padre, hecho hombre por obra del Esp\u00edritu Santo. Es necesario destacar\u00a0<i>el car\u00e1cter claramente cristol\u00f3gico del Jubileo,\u00a0<\/i>que celebrar\u00e1 la Encarnaci\u00f3n y la venida al mundo del Hijo de Dios, misterio de salvaci\u00f3n para todo el g\u00e9nero humano. El tema general, propuesto para este a\u00f1o por muchos Cardenales y Obispos, es: \u00ab\u00a0<i>Jesucristo, \u00fanico Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre<\/i>\u00a0\u00bb (cf.\u00a0<i>Hb\u00a0<\/i>13, 8).<\/p>\n<p>Entre los contenidos cristol\u00f3gicos propuestos en el Consistorio sobresalen los siguientes: el descubrimiento de Cristo Salvador y Evangelizador, con particular referencia al cap\u00edtulo cuarto del Evangelio de Lucas, donde el tema de Cristo enviado a evangelizar se entrelaza con el del Jubileo; la profundizaci\u00f3n del misterio de su Encarnaci\u00f3n y de su nacimiento del seno virginal de Mar\u00eda; la necesidad de la fe en El para la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para conocer la verdadera identidad de Cristo, es necesario que los cristianos, sobre todo durante este a\u00f1o,\u00a0<i>vuelvan con renovado inter\u00e9s a la Sagrada Escritura,\u00a0<\/i>\u00ab en la liturgia, tan llena del lenguaje de Dios; en la lectura espiritual, o bien en otras instituciones o con otros medios que para dicho fin se organizan hoy por todas partes \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn24\" name=\"_ftnref24\">[24]<\/a>. En el texto revelado es el mismo Padre celestial que sale a nuestro encuentro amorosamente y se entretiene con nosotros manifest\u00e1ndonos la naturaleza del Hijo unig\u00e9nito y su proyecto de salvaci\u00f3n para la humanidad<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a>.<\/p>\n<p>41. El esfuerzo de actualizaci\u00f3n sacramental mencionado anteriormente podr\u00e1 ayudar, a lo largo del a\u00f1o, al\u00a0<i>descubrimiento del Bautismo\u00a0<\/i>como fundamento de la existencia cristiana, seg\u00fan la palabra del Ap\u00f3stol: \u00ab Todos los bautizados en Cristo os hab\u00e9is revestido de Cristo \u00bb (<i>Gal\u00a0<\/i>3, 27). El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, por su parte, recuerda que el Bautismo constituye \u00ab el fundamento de la comuni\u00f3n entre todos los cristianos, e incluso con los que todav\u00eda no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a>. Bajo el\u00a0<i>perfil ecum\u00e9nico,\u00a0<\/i>ser\u00e1 un a\u00f1o muy importante para dirigir juntos la mirada a Cristo, \u00fanico Se\u00f1or, con la intenci\u00f3n de llegar a ser en El una sola cosa, seg\u00fan su oraci\u00f3n al Padre. La acentuaci\u00f3n de la centralidad de Cristo, de la Palabra de Dios y de la fe no deber\u00eda dejar de suscitar en los cristianos de otras Confesiones inter\u00e9s y acogida favorable.<\/p>\n<p>42. Todo deber\u00e1 mirar al objetivo prioritario del Jubileo que es el\u00a0<i>fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos.\u00a0<\/i>Es necesario suscitar en cada fiel\u00a0<i>un verdadero anhelo de santidad,\u00a0<\/i>un fuerte deseo de conversi\u00f3n y de renovaci\u00f3n personal en un clima de oraci\u00f3n siempre m\u00e1s intensa y de solidaria acogida del pr\u00f3jimo, especialmente del m\u00e1s necesitado.<\/p>\n<p>El primer a\u00f1o ser\u00e1, por tanto, el momento adecuado para el redescubrimiento de la\u00a0<i>catequesis\u00a0<\/i>en su significado y valor originario de \u00ab ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles \u00bb (<i>Hch\u00a0<\/i>2, 42) sobre la persona de Jesucristo y su misterio de salvaci\u00f3n. De gran utilidad, para este objetivo, ser\u00e1 la profundizaci\u00f3n en el<i>\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica,<\/a>\u00a0<\/i>que presenta \u00ab fiel y org\u00e1nicamente la ense\u00f1anza de la Sagrada Escritura, de la Tradici\u00f3n viva en la Iglesia y del Magisterio aut\u00e9ntico, as\u00ed como la herencia espiritual de los Padres, de los santos y las santas de la Iglesia, para permitir conocer mejor el misterio cristiano y reavivar la fe del Pueblo de Dios \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn27\" name=\"_ftnref27\">[27]<\/a>. Para ser realistas, no se podr\u00e1 descuidar la recta formaci\u00f3n de las conciencias de los fieles sobre las\u00a0<i>confusiones\u00a0<\/i>relativas a la persona de Cristo, poniendo en su justo lugar los\u00a0<i>desacuerdos\u00a0<\/i>contra El y contra la Iglesia.<\/p>\n<p>43.\u00a0<i>Mar\u00eda Sant\u00edsima,\u00a0<\/i>que estar\u00e1 presente de un modo por as\u00ed decir \u00ab transversal \u00bb a lo largo de toda la fase preparatoria, ser\u00e1 contemplada durante este primer a\u00f1o en el misterio de su Maternidad divina. \u00a1En su seno el Verbo se hizo carne! La afirmaci\u00f3n de la centralidad de Cristo no puede ser, por tanto, separada del reconocimiento del papel desempe\u00f1ado por su Sant\u00edsima Madre. Su culto, aunque valioso, de ninguna manera debe menoscabar \u00ab la dignidad y la eficacia de Cristo, \u00fanico Mediador \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn28\" name=\"_ftnref28\">[28]<\/a>. Mar\u00eda, dedicada constantemente a su Divino Hijo, se propone a todos los cristianos como\u00a0<i>modelo de fe\u00a0<\/i>vivida. \u00ab La Iglesia, meditando sobre ella con amor y contempl\u00e1ndola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneraci\u00f3n, penetra m\u00e1s \u00edntimamente en el misterio supremo de la Encarnaci\u00f3n y se identifica cada vez m\u00e1s con su Esposo \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn29\" name=\"_ftnref29\">[29]<\/a>.<\/p>\n<p><i>II a\u00f1o: El Esp\u00edritu Santo<\/i><\/p>\n<p>44. El 1998,\u00a0<i>segundo a\u00f1o\u00a0<\/i>de la fase preparatoria, se dedicar\u00e1 de modo particular al\u00a0<i>Esp\u00edritu Santo\u00a0<\/i>y a su presencia santificadora dentro de la comunidad de los disc\u00edpulos de Cristo. \u00ab El gran Jubileo, que concluir\u00e1 el segundo milenio \u2014escrib\u00eda en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et vivificantem<\/a><\/i>\u2014 (&#8230;) tiene una\u00a0<i>dimensi\u00f3n pnemautol\u00f3gica,\u00a0<\/i>ya que el misterio de la Encarnaci\u00f3n se realiz\u00f3 por obra del Esp\u00edritu Santo. Lo realiz\u00f3 aquel Esp\u00edritu que \u2014consustancial al Padre y al Hijo\u2014 es, en el misterio absoluto de Dios uno y trino, la Persona-amor, el don increado, fuente eterna de toda d\u00e1vida que proviene de Dios en el orden de la creaci\u00f3n, el principio directo y, en cierto modo, el sujeto de la autocomunicaci\u00f3n de Dios en el orden de la gracia. El\u00a0<i>misterio de la Encarnaci\u00f3n constituye el culmen\u00a0<\/i>de esta d\u00e1diva y de esta autocomunicaci\u00f3n divina \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn30\" name=\"_ftnref30\">[30]<\/a>.<\/p>\n<p>La Iglesia no puede prepararse al cumplimiento bimilenario \u00ab de otro modo, sino es por el Esp\u00edritu Santo. Lo que en la plenitud de los tiempos se realiz\u00f3 por obra del Esp\u00edritu Santo, solamente por obra suya puede ahora surgir de la memoria de la Iglesia \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn31\" name=\"_ftnref31\">[31]<\/a>.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu, de hecho, actualiza en la Iglesia de todos los tiempos y de todos los lugares la \u00fanica Revelaci\u00f3n tra\u00edda por Cristo a los hombres, haci\u00e9ndola viva y eficaz en el \u00e1nimo de cada uno: \u00ab El Par\u00e1clito, el Esp\u00edritu Santo, que el Padre enviar\u00e1 en mi nombre, os lo ense\u00f1ar\u00e1 todo y os recordar\u00e1 todo lo que yo os he dicho \u00bb (<i>Jn\u00a0<\/i>14, 26).<\/p>\n<p>45. Se incluye por tanto entre los objetivos primarios de la preparaci\u00f3n del Jubileo\u00a0<i>el reconocimiento de la presencia y de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu,\u00a0<\/i>que act\u00faa en la Iglesia tanto sacramentalmente, sobre todo por la\u00a0<i>Confirmaci\u00f3n,\u00a0<\/i>como a trav\u00e9s de los diversos carismas, tareas y ministerios que El ha suscitado para su bien: \u00ab Es el mismo Esp\u00edritu el que, seg\u00fan su riqueza y las necesidades de los ministerios (cf.\u00a0<i>1 Cor\u00a0<\/i>12, 1-11), distribuye sus diversos dones para el bien de la Iglesia. Entre estos dones destaca la gracia de los Ap\u00f3stoles, a cuya autoridad el Esp\u00edritu mismo somete incluso los carism\u00e1ticos (cf.<i>\u00a01 Cor\u00a0<\/i>14). El mismo Esp\u00edritu personalmente, con su fuerza y con la \u00edntima conexi\u00f3n de los miembros, da unidad al cuerpo y as\u00ed produce y estimula el amor entre los creyentes \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn32\" name=\"_ftnref32\">[32]<\/a>.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu es tambi\u00e9n para nuestra \u00e9poca\u00a0<i>el agente principal de la nueva evangelizaci\u00f3n.\u00a0<\/i>Ser\u00e1 por tanto importante descubrir al Esp\u00edritu como Aquel que construye el Reino de Dios en el curso de la historia y prepara su plena manifestaci\u00f3n en Jesucristo, animando a los hombres en su coraz\u00f3n y haciendo germinar dentro de la vivencia humana las semillas de la salvaci\u00f3n definitiva que se dar\u00e1 al final de los tiempos.<\/p>\n<p>46. En esta\u00a0<i>dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica,\u00a0<\/i>los creyentes ser\u00e1n llamados a redescubrir la virtud teologal de\u00a0<i>la esperanza,\u00a0<\/i>acerca de la cual \u00ab fuisteis ya instruidos por la Palabra de la verdad, el Evangelio \u00bb (<i>Col\u00a0<\/i>1, 5). La actitud fundamental de la esperanza, de una parte, mueve al cristiano a no perder de vista la meta final que da sentido y valor a su entera existencia y, de otra, le ofrece motivaciones s\u00f3lidas y profundas para el esfuerzo cotidiano en la transformaci\u00f3n de la realidad para hacerla conforme al proyecto de Dios.<\/p>\n<p>Como recuerda el ap\u00f3stol Pablo: \u00ab Pues sabemos que la creaci\u00f3n entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no s\u00f3lo ella; tambi\u00e9n nosotros, que poseemos las primicias del Esp\u00edritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo. Porque nuestra salvaci\u00f3n es en esperanza \u00bb (<i>Rm<\/i>\u00a08, 22-24). Los cristianos est\u00e1n llamados a prepararse al Gran Jubileo del inicio del tercer milenio\u00a0<i>renovando su esperanza en el venida definitiva del Reino de Dios,\u00a0<\/i>prepar\u00e1ndolo d\u00eda a d\u00eda en su coraz\u00f3n, en la comunidad cristiana a la que pertenecen, en el contexto social donde viven y tambi\u00e9n en la historia del mundo.<\/p>\n<p>Es necesario adem\u00e1s que se estimen y profundicen\u00a0<i>los signos de esperanza presentes en este \u00faltimo fin de siglo,\u00a0<\/i>a pesar de las sombras que con frecuencia los esconden a nuestros ojos:\u00a0<i>en el campo civil,\u00a0<\/i>los progresos realizados por la ciencia, por la t\u00e9cnica y sobre todo por la medicina al servicio de la vida humana, un sentido m\u00e1s vivo de responsabilidad en relaci\u00f3n al ambiente, los esfuerzos por restablecer la paz y la justicia all\u00ed donde hayan sido violadas, la voluntad de reconciliaci\u00f3n y de solidaridad entre los diversos pueblos, en particular en la compleja relaci\u00f3n entre el Norte y el Sur del mundo&#8230;;\u00a0<i>en el campo eclesial,\u00a0<\/i>una m\u00e1s atenta escucha de la voz del Esp\u00edritu a trav\u00e9s de la acogida de los carismas y la promoci\u00f3n del laicado, la intensa dedicaci\u00f3n a la causa de la unidad de todos los cristianos, el espacio abierto al di\u00e1logo con las religiones y con la cultura contempor\u00e1nea&#8230;<\/p>\n<p>47. La reflexi\u00f3n de los fieles en el segundo a\u00f1o de preparaci\u00f3n deber\u00e1 centrarse con particular\u00a0<i>solicitud sobre el valor de la unidad\u00a0<\/i>dentro de la Iglesia, a la que tienden los distintos dones y carismas suscitados en ella por el Esp\u00edritu. A este prop\u00f3sito se podr\u00e1 oportunamente profundizar en la doctrina eclesiol\u00f3gica del Concilio Vaticano II contenida sobre todo en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>.\u00a0<\/i>Este importante documento ha subrayado expresamente que la unidad del Cuerpo de Cristo\u00a0<i>se funda en la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo,\u00a0<\/i>est\u00e1 garantizada por el ministerio apost\u00f3lico y sostenida por el amor rec\u00edproco (cf.\u00a0<i>1 Cor\u00a0<\/i>13, 1-8). Tal profundizaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la fe llevar\u00e1 a los miembros del Pueblo de Dios a una conciencia m\u00e1s madura de las propias responsabilidades, como tambi\u00e9n a un m\u00e1s vivo sentido del valor de la obediencia eclesial<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn33\" name=\"_ftnref33\">[33]<\/a>.<\/p>\n<p>48. Mar\u00eda, que concibi\u00f3 al Verbo encarnado por obra del Esp\u00edritu Santo y se dej\u00f3 guiar despu\u00e9s en toda su existencia por su acci\u00f3n interior, ser\u00e1 contemplada e imitada a lo largo de este a\u00f1o sobre todo como la mujer d\u00f3cil a la voz del Esp\u00edritu, mujer del silencio y de la escucha, mujer de esperanza, que supo acoger como Abraham la voluntad de Dios \u00ab esperando contra toda esperanza \u00bb (<i>Rom\u00a0<\/i>4, 18). Ella ha llevado a su plena expresi\u00f3n el anhelo de los pobres de Yhaveh, y resplandece como modelo para quienes se f\u00edan con todo el coraz\u00f3n de las promesas de Dios.<\/p>\n<p><i>III a\u00f1o: Dios Padre<\/i><\/p>\n<p>49. El 1999,\u00a0<i>tercer y \u00faltimo a\u00f1o preparatorio,\u00a0<\/i>tendr\u00e1 la funci\u00f3n de ampliar los horizontes del creyente seg\u00fan la visi\u00f3n misma de Cristo:\u00a0<i>la visi\u00f3n del \u00ab Padre celestial \u00bb\u00a0<\/i>(cf.\u00a0<i>Mt\u00a0<\/i>5, 45), por quien fue enviado y a quien retornar\u00e1 (cf.\u00a0<i>Jn\u00a0<\/i>16, 28).<\/p>\n<p>\u00ab Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el \u00fanico Dios verdadero, y al que t\u00fa has enviado, Jesucristo \u00bb (<i>Jn\u00a0<\/i>17, 3). Toda la vida cristiana es como una gran\u00a0<i>peregrinaci\u00f3n hacia la casa del Padre,\u00a0<\/i>del cual se descubre cada d\u00eda su amor incondicionado por toda criatura humana, y en particular por el \u00ab hijo pr\u00f3digo \u00bb (cf.\u00a0<i>Lc\u00a0<\/i>15, 11-32). Esta peregrinaci\u00f3n afecta a lo \u00edntimo de la persona, prolong\u00e1ndose despu\u00e9s a la comunidad creyente para alcanzar la humanidad entera.<\/p>\n<p>El Jubileo, centrado en la figura de Cristo, llega de este modo a ser un gran acto de alabanza al Padre: \u00ab Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo \u00bb (<i>Ef\u00a0<\/i>1, 3).<\/p>\n<p>50. En este tercer a\u00f1o el sentido del \u00ab camino hacia el Padre \u00bb deber\u00e1 llevar a todos a emprender, en la adhesi\u00f3n a Cristo Redentor del hombre, un camino de aut\u00e9ntica\u00a0<i>conversi\u00f3n,\u00a0<\/i>que comprende tanto un aspecto \u00ab negativo \u00bb de liberaci\u00f3n del pecado, como un aspecto \u00ab positivo \u00bb de elecci\u00f3n del bien, manifestado por los valores \u00e9ticos contenidos en la ley natural, confirmada y profundizada por el Evangelio. Es \u00e9ste el contexto adecuado para el redescubrimiento y la intensa celebraci\u00f3n del\u00a0<i>sacramento de la Penitencia\u00a0<\/i>en su significado m\u00e1s profundo. El anuncio de la conversi\u00f3n como exigencia imprescindible del amor cristiano es particularmente importante en la sociedad actual, donde con frecuencia parecen desvanecerse los fundamentos mismos de una visi\u00f3n \u00e9tica de la existencia humana.<\/p>\n<p>Ser\u00e1, por tanto, oportuno, especialmente en este a\u00f1o, resaltar la virtud teologal de la\u00a0<i>caridad,\u00a0<\/i>recordando la sint\u00e9tica y plena afirmaci\u00f3n de la primera Carta de Juan: \u00ab Dios es amor \u00bb (4, 8. 16). La caridad, en su doble faceta de amor a Dios y a los hermanos, es la s\u00edntesis de la vida moral del creyente. Ella tiene en Dios su fuente y su meta.<\/p>\n<p>51. En este sentido, recordando que Jes\u00fas vino a \u00ab evangelizar a los pobres \u00bb (<i>Mt\u00a0<\/i>11, 5;\u00a0<i>Lc\u00a0<\/i>7, 22), \u00bfc\u00f3mo no subrayar m\u00e1s decididamente la\u00a0<i>opci\u00f3n preferencial de la Iglesia por los pobres y los marginados?\u00a0<\/i>Se debe decir ante todo que el compromiso por la justicia y por la paz en un mundo como el nuestro, marcado por tantos conflictos y por intolerables desigualdades sociales y econ\u00f3micas, es un aspecto sobresaliente de la preparaci\u00f3n y de la celebraci\u00f3n del Jubileo. As\u00ed, en el esp\u00edritu del Libro del Lev\u00edtico (25, 8-28), los cristianos deber\u00e1n hacerse voz de todos los pobres del mundo, proponiendo el Jubileo como un tiempo oportuno para pensar entre otras cosas en una notable reducci\u00f3n, si no en una total condonaci\u00f3n, de la deuda internacional, que grava sobre el destino de muchas naciones. El Jubileo podr\u00e1 adem\u00e1s ofrecer la oportunidad de meditar sobre otros desaf\u00edos del momento como, por ejemplo, la dificultad de di\u00e1logo entre culturas diversas y las problem\u00e1ticas relacionadas con el respeto de los derechos de la mujer y con la promoci\u00f3n de la familia y del matrimonio.<\/p>\n<p>52. Recordando, adem\u00e1s, que \u00ab Cristo (&#8230;) en la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn34\" name=\"_ftnref34\">[34]<\/a>, dos compromisos ser\u00e1n ineludibles especialmente durante el tercer a\u00f1o preparatorio: la<i>\u00a0confrontaci\u00f3n con el secularismo y el di\u00e1logo con las grandes religiones.<\/i><\/p>\n<p>Respecto al primero, ser\u00e1 oportuno afrontar la vasta problem\u00e1tica de la\u00a0<i>crisis de civilizaci\u00f3n,\u00a0<\/i>que se ha ido manifestando sobre todo en el Occidente tecnol\u00f3gicamente m\u00e1s desarrollado, pero interiormente empobrecido por el olvido y la marginaci\u00f3n de Dios. A la crisis de civilizaci\u00f3n hay que responder con la civilizaci\u00f3n del amor, fundada sobre valores universales de paz, solidaridad, justicia y libertad, que encuentran en Cristo su plena realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>53. A su vez, en lo relativo al horizonte de la conciencia religiosa, la vigilia del Dos mil ser\u00e1 una gran ocasi\u00f3n, tambi\u00e9n a la luz de los sucesos de estos \u00faltimos decenios, para el<i>\u00a0di\u00e1logo interreligioso,\u00a0<\/i>seg\u00fan las claras indicaciones dadas por el Concilio Vaticano II en la Declaraci\u00f3n\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html\">Nostra Aetate<\/a>\u00a0<\/i>sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.<\/p>\n<p>En este di\u00e1logo deber\u00e1n tener un puesto preeminente los hebreos y los musulmanes. Quiera Dios que coincidiendo en esta intenci\u00f3n se puedan realizar tambi\u00e9n\u00a0<i>encuentros comunes\u00a0<\/i>en lugares significativos para las grandes religiones monote\u00edstas.<\/p>\n<p>Se estudia, a este respecto, c\u00f3mo preparar tanto hist\u00f3ricas reuniones en Bel\u00e9n, Jerusal\u00e9n y el Sina\u00ed, lugares de gran valor simb\u00f3lico, para intensificar el di\u00e1logo con los hebreos y los fieles del Islam, como encuentros con los representantes de las grandes religiones del mundo en otras ciudades. Sin embargo, siempre se deber\u00e1 tener cuidado para no provocar peligrosos malentendidos, vigilando el riesgo del sincretismo y de un f\u00e1cil y enga\u00f1oso irenismo.<\/p>\n<p>54. En este amplio programa,\u00a0<i>Mar\u00eda Sant\u00edsima,\u00a0<\/i>hija predilecta del Padre, se presenta ante la mirada de los creyentes como ejemplo perfecto de amor, tanto a Dios como al pr\u00f3jimo. Como ella misma afirma en el c\u00e1ntico del\u00a0<i>Magnificat,\u00a0<\/i>grandes cosas ha hecho en ella el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo (cf.\u00a0<i>Lc\u00a0<\/i>1, 49). El Padre ha elegido a Mar\u00eda para una\u00a0<i>misi\u00f3n \u00fanica\u00a0<\/i>en la historia de la salvaci\u00f3n: ser Madre del mismo Salvador. La Virgen respondi\u00f3 a la llamada de Dios con una disponibilidad plena: \u00ab He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or \u00bb (<i>Lc\u00a0<\/i>1, 38). Su maternidad, iniciada en Nazaret y vivida en plenitud en Jerusal\u00e9n junto a la Cruz, se sentir\u00e1 en este a\u00f1o como afectuosa e insistente invitaci\u00f3n a todos los hijos de Dios, para que vuelvan a la casa del Padre escuchando su voz materna: \u00ab Haced lo que Cristo so diga \u00bb (cf.\u00a0<i>Jn\u00a0<\/i>2, 5).<\/p>\n<p><b><i>c) En vista de la celebraci\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>55. Un cap\u00edtulo particular es la\u00a0<i>celebraci\u00f3n misma del Gran Jubileo,\u00a0<\/i>que tendr\u00e1 lugar contempor\u00e1neamente en Tierra Santa, en Roma y en las Iglesias locales del mundo entero. Sobre todo en esta fase, la\u00a0<i>fase celebrativa,\u00a0<\/i>el objetivo ser\u00e1\u00a0<i>la glorificaci\u00f3n de la Trinidad,\u00a0<\/i>de la que todo procede y a la que todo se dirige, en el mundo y en la historia. A este misterio miran los tres a\u00f1os de preparaci\u00f3n inmediata: desde Cristo y por Cristo, en el Esp\u00edritu Santo, al Padre. En este sentido la celebraci\u00f3n jubilar actualiza y al mismo tiempo anticipa la meta y el cumplimiento de la vida del cristiano y de la Iglesia en Dios uno y trino.<\/p>\n<p>Siendo Cristo el \u00fanico camino al Padre, para destacar su presencia viva y salv\u00edfica en la Iglesia y en el mundo, se celebrar\u00e1 en Roma, con ocasi\u00f3n del Gran Jubileo,\u00a0<i>el Congreso eucar\u00edstico internacional.\u00a0<\/i>El Dos mil ser\u00e1 un a\u00f1o intensamente eucar\u00edstico: en el\u00a0<i>sacramento de la Eucarist\u00eda\u00a0<\/i>el Salvador, encarnado en el seno de Mar\u00eda hace veinte siglos, contin\u00faa ofreci\u00e9ndose a la humanidad como fuente de vida divina.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica y universal del Sagrado Jubileo, se podr\u00e1 evidenciar oportunamente en un significativo\u00a0<i>encuentro pancristiano.\u00a0<\/i>Se trata de un gesto de gran valor y por esto, para evitar equ\u00edvocos, se debe proponer correctamente y preparar con cuidado, en una actitud de fraterna colaboraci\u00f3n con los cristianos de otras confesiones y tradiciones, as\u00ed como de afectuosa apertura a las religiones cuyos representantes manifiesten inter\u00e9s por la alegr\u00eda com\u00fan de todos los disc\u00edpulos de Cristo.<\/p>\n<p>Una cosa es cierta: cada uno es invitado a hacer cuanto est\u00e9 en su mano para que no se desaproveche el gran reto del A\u00f1o 2000, al que est\u00e1 seguramente unida una particular gracia del Se\u00f1or para la Iglesia y para la humanidad entera.<\/p>\n<p><b>V<\/b><\/p>\n<p><b>\u00ab JESUCRISTO ES EL MISMO (&#8230;) SIEMPRE \u00bb<br \/>\n(<i>Hb\u00a0<\/i>13, 8)<\/b><\/p>\n<p>56. La Iglesia perdura desde hace 2000 a\u00f1os. Como el evang\u00e9lico\u00a0<i>grano de mostaza,\u00a0<\/i>ella crece hasta llegar a ser un gran \u00e1rbol, capaz de cubrir con sus ramas la humanidad entera (cf.\u00a0<i>Mt\u00a0<\/i>13, 31-32). El Concilio Vaticano II en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, considerando la cuesti\u00f3n de\u00a0<i>la pertenencia a la Iglesia y de la ordenaci\u00f3n al Pueblo de Dios,<\/i>\u00a0dice as\u00ed: \u00ab Todos los hombres est\u00e1n invitados a esta unidad cat\u00f3lica del Pueblo de Dios (&#8230;). A esta unidad pertenecen de diversas maneras o a ella est\u00e1n destinados los cat\u00f3licos, los dem\u00e1s cristianos e incluso todos los hombres en general llamados a la salvaci\u00f3n por la gracia de Dios \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn35\" name=\"_ftnref35\">[35]<\/a>. Pablo VI, por su parte, en la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html\">Ecclesiam suam<\/a>\u00a0<\/i>explica la universal participaci\u00f3n de los hombres en el proyecto de Dios, se\u00f1alando los distintos\u00a0<i>c\u00edrculos del di\u00e1logo de salvaci\u00f3n<\/i><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn36\" name=\"_ftnref36\">[36]<\/a>.<\/p>\n<p>A la luz de este planteamiento se puede comprender a\u00fan mejor el significado de la par\u00e1bola de la levadura (cf.\u00a0<i>Mt\u00a0<\/i>13, 33): Cristo, como levadura divina, penetra siempre m\u00e1s profundamente en el presente de la vida de la humanidad difundiendo la obra de la salvaci\u00f3n realizada en el Misterio pascual. El envuelve adem\u00e1s en su dominio salv\u00edfico\u00a0<i>todo el pasado\u00a0<\/i>del g\u00e9nero humano, comenzando desde el primer Ad\u00e1n<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn37\" name=\"_ftnref37\">[37]<\/a>. A El pertenece el futuro: \u00ab Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre \u00bb (<i>Hb\u00a0<\/i>13, 8). La Iglesia por su parte \u00ab s\u00f3lo desea una cosa: continuar, bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu, la obra misma de Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn38\" name=\"_ftnref38\">[38]<\/a>.<\/p>\n<p>57. Por esto, desde los tiempos apost\u00f3licos, contin\u00faa sin interrupci\u00f3n\u00a0<i>la misi\u00f3n de la Iglesia\u00a0<\/i>dentro de la universal familia humana. La primera evangelizaci\u00f3n se ocup\u00f3 especialmente de la regi\u00f3n del Mar Mediterr\u00e1neo. A lo largo del primer milenio los misioneros partiendo de Roma y Constantinopla, llevaron el cristianismo al\u00a0<i>interior del continente europeo.\u00a0<\/i>Al mismo tiempo se dirigieron hacia el coraz\u00f3n de\u00a0<i>Asia,\u00a0<\/i>hasta la\u00a0<i>India\u00a0<\/i>y\u00a0<i>China.\u00a0<\/i>El final del siglo XV, junto con el descubrimiento de\u00a0<i>Am\u00e9rica,\u00a0<\/i>marc\u00f3 el comienzo de la evangelizaci\u00f3n en este gran continente, en el sur y en el norte. Contempor\u00e1neamente, mientras las costas sudsaharianas de Africa acog\u00edan la luz de Cristo, san Francisco Javier, patr\u00f3n de las misiones, lleg\u00f3 hasta el Jap\u00f3n. A caballo de los siglos XVIII y XIX, un laico, Andr\u00e9s Kim llev\u00f3 el cristianismo a Corea; en aquella \u00e9poca el anuncio evang\u00e9lico alcanz\u00f3 la Pen\u00ednsula Indochina, como tambi\u00e9n\u00a0<i>Australia y las islas del Pac\u00edfico.<\/i><\/p>\n<p>El siglo XIX registr\u00f3 una gran actividad misionera entre los<i>\u00a0pueblos de \u00c1frica.\u00a0<\/i>Todas estas obras han dado frutos que perduran hasta hoy. El Concilio Vaticano II da cuenta de ello en el Decreto\u00a0<i>Ad Gentes\u00a0<\/i>sobre la actividad misionera. Despu\u00e9s del Concilio el tema misionero ha sido tratado por la Enc\u00edclica<i>\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html\">Redemptoris missio<\/a>,\u00a0<\/i>relativa a los problemas de las misiones en esta \u00faltima parte de nuestro siglo. La Iglesia tambi\u00e9n en el futuro seguir\u00e1 siendo misionera: el car\u00e1cter misionero forma parte de su naturaleza. Con la ca\u00edda de los grandes sistemas anticristianos del continente europeo, del nazismo primero y despu\u00e9s del comunismo, se impone la urgente tarea de ofrecer nuevamente a los hombres y mujeres de Europa el mensaje liberador del Evangelio<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn39\" name=\"_ftnref39\">[39]<\/a>. Adem\u00e1s, como afirma la Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html\">Redemptoris missio<\/a>,\u00a0<\/i>se repite en el mundo la situaci\u00f3n del\u00a0<i>Are\u00f3pago de Atenas,\u00a0<\/i>donde habl\u00f3 san Pablo<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn40\" name=\"_ftnref40\">[40]<\/a>. Hoy son muchos los \u00ab are\u00f3pagos \u00bb, y bastante diversos: son los grandes campos de la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea y de la cultura, de la pol\u00edtica y de la econom\u00eda.<i>\u00a0Cuanto m\u00e1s se aleja Occidente de sus ra\u00edces cristianas, m\u00e1s se convierte en terreno de misi\u00f3n,\u00a0<\/i>en la forma de variados \u00ab are\u00f3pagos \u00bb.<\/p>\n<p><a name=\"58\"><\/a>58. El futuro del mundo y de la Iglesia pertenece a las<i>\u00a0j\u00f3venes generaciones\u00a0<\/i>que, nacidas en este siglo, ser\u00e1n maduras en el pr\u00f3ximo, el primero del nuevo milenio.\u00a0<i>Cristo escucha a los j\u00f3venes,\u00a0<\/i>como escuch\u00f3 al joven que le hizo la pregunta: \u00ab \u00bfQu\u00e9 he de hacer de bueno para conseguir vida eterna? \u00bb (<i>Mt\u00a0<\/i>19, 16). A la magn\u00edfica respuesta que Jes\u00fas le dio he hecho referencia en la reciente Enc\u00edclica\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html\">Veritatis splendor<\/a>,\u00a0<\/i>como, anteriormente, en la \u00ab Carta a los j\u00f3venes y a las j\u00f3venes del mundo \u00bb de 1985. Los j\u00f3venes, en cada situaci\u00f3n, en cada regi\u00f3n de la tierra no dejan de preguntar a Cristo:\u00a0<i>lo encuentran y lo buscan para interrogarlo a continuaci\u00f3n.\u00a0<\/i>Si saben seguir el camino que El indica, tendr\u00e1n la alegr\u00eda de aportar su propia contribuci\u00f3n para su presencia en el pr\u00f3ximo siglo y en los sucesivos, hasta la consumaci\u00f3n de los tiempos. \u00ab Jes\u00fas es el mismo ayer, hoy y siempre \u00bb.<\/p>\n<p>59. Para concluir, son oportunas las palabras de la Constituci\u00f3n pastoral\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>:\u00a0<\/i>\u00ab La Iglesia cree que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre luz y fuerzas por su Esp\u00edritu, para que pueda responder a su m\u00e1xima vocaci\u00f3n; y que no ha sido dado a los hombres bajo el cielo ning\u00fan otro nombre en el que haya que salvarse. Igualmente, cree que\u00a0<i>la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se encuentra en su Se\u00f1or y Maestro.\u00a0<\/i>Afirma adem\u00e1s la Iglesia que, en todos los cambios, subsisten\u00a0<i>muchas cosas que no cambian y que tienen su fundamento \u00faltimo en Cristo,\u00a0<\/i>que es El mismo ayer, hoy y por los siglos. Por consiguiente, a la luz de Cristo, Imagen del Dios invisible, Primog\u00e9nito de toda criatura, el Concilio pretende hablar a todos para iluminar el misterio del hombre y para cooperar en el descubrimiento de la soluci\u00f3n de los principales problemas de nuestro tiempo \u00bb<a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftn41\" name=\"_ftnref41\">[41]<\/a>.<\/p>\n<p>Mientras invito a los fieles a elevar al Se\u00f1or insistentes oraciones para obtener luces y ayudas necesarias para la preparaci\u00f3n y celebraci\u00f3n del Jubileo ya pr\u00f3ximo, exhorto a los venerables Hermanos en el Episcopado y a las comunidades eclesiales a ellos confiadas a que abran el coraz\u00f3n a las inspiraciones del Esp\u00edritu. El no dejar\u00e1 de mover los corazones para que se dispongan a celebrar con renovada fe y generosa participaci\u00f3n el gran acontecimiento jubilar.<\/p>\n<p>Conf\u00edo esta tarea de toda la Iglesia a la materna intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, Madre del Redentor. Ella, la Madre del amor hermoso, ser\u00e1 para los cristianos que se encaminan hacia el gran Jubileo del tercer milenio la Estrella que gu\u00eda con seguridad sus pasos al encuentro del Se\u00f1or. La humilde muchacha de Nazaret, que hace dos mil a\u00f1os ofreci\u00f3 al mundo el Verbo encarnado, oriente hoy a la humanidad hacia Aquel que es \u00ab la luz verdadera, aquella que ilumina a todo hombre \u00bb (<i>Jn\u00a0<\/i>1, 9).<\/p>\n<p>Con estos sentimientos imparto a todos mi Bendici\u00f3n.<\/p>\n<p><i>Vaticano, 10 de noviembre del a\u00f1o 1994, decimos\u00e9ptimo de mi Pontificado.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>\u00a0\u00a0\u00a0IOANNES PAULUS II<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr align=\"left\" width=\"45%\" \/>\n<p><b>NOTAS<\/b><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>\u00a0Cf. S. Bernardo,\u00a0<i>In laudibus Virginia Matris,<\/i>\u00a0Homil\u00eda IV, 8:\u00a0<i>Opera omnia,<\/i>\u00a0Ed. Cisterc. (1966), 53.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a>\u00a0Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>\u00a022.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a>\u00a0<i>Ibidem.<\/i><\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>Antiquitates Iudaicae,<\/i>\u00a020, 200; como tambi\u00e9n el conocido y debatido pasaje de 18, 63-64.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a>\u00a0<i>Annales\u00a0<\/i>15, 44, 3.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a>\u00a0<i>Vita Claudii,<\/i>\u00a025, 4.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a>\u00a0<i>Epistolae,<\/i>\u00a010, 96.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Divina Revelaci\u00f3n\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a>,<\/i>\u00a015.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a>\u00a0Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis<\/a><\/i>\u00a0(4 marzo 1979), 1:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a071 (1979), 258.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a>\u00a0Cf. Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et vivificantem<\/a><\/i>\u00a0(18 mayo 1986), nn. 49 ss.:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a078 (1986), 868 ss.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a>\u00a0Cf. Carta Ap.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1988\/documents\/hf_jp-ii_apl_19880125_euntes-in-mundum-universum.html\">Euntes in mundum<\/a><\/i>\u00a0(25 enero 1988):\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a080 (1988), 935-956.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a>\u00a0Cf. Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>\u00a0(1 mayo 1991), 12:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a083 (1991), 807-809.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>\u00a047-52.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i>\u00a01.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a>\u00a0Cf. Exhort. Apost.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia.html\">Reconciliatio et paenitentia<\/a><\/i>\u00a0(2 diciembre 1984):\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a077 (1985), 185-275.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i>\u00a08.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre el ecumenismo\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a>,<\/i>\u00a03.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>Ibidem,<\/i>\u00a01.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la libertad religiosa\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a>,<\/i>\u00a01.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>\u00a019.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a>\u00a0Tertuliano,\u00a0<i>Apol.,<\/i>\u00a050, 13:\u00a0<i>CCL<\/i>\u00a01, 171.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a056 (1964), 906.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a>\u00a0Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la relaci\u00f3n de la Iglesia con las religiones no cristianas\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html\">Nostra Aetate<\/a>,<\/i>\u00a02.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Divina Revelaci\u00f3n\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a>,<\/i>\u00a025.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>Ibidem,<\/i>\u00a02.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a>\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/p2s2c1a1_sp.html#VII%20La%20gracia%20del%20Bautismo\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/a>,<\/i>\u00a0n. 1271.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a>\u00a0Const. Ap.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_constitutions\/documents\/hf_jp-ii_apc_19921011_fidei-depositum.html\">Fidei depositum<\/a><\/i>\u00a0(11 octubre 1992), 3:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a086 (1994), 116.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i>\u00a062.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a>\u00a0<i>Ibidem,<\/i>\u00a065.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a>\u00a0Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et vivificantem<\/a><\/i>\u00a0(18 mayo 1986), 50:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a078 (1986), 869-870.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a>\u00a0<i>Ibidem,<\/i>\u00a051:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a078 (1986), 871.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i>\u00a07.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>Ibidem,<\/i>\u00a037.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>\u00a022.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i>\u00a013.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a>\u00a0Cf. Pablo VI, Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html\">Ecclesiam suam<\/a><\/i>\u00a0(6 agosto 1964), III:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a056 (1964), 650-657.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a>\u00a0Cf.\u00a0<i>Ibidem,<\/i>\u00a02.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>\u00a03.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a>\u00a0Cf. Declaraci\u00f3n de la Asamblea especial para Europa del S\u00ednodo de Obispos, n. 3.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a>\u00a0Cf. Carta Enc.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html\">Redemptoris missio<\/a><\/i>\u00a0(7 diciembre 1990), 37, C:\u00a0<i>AAS<\/i>\u00a083 (1991), 284-286.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a>\u00a0Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>\u00a010.<\/p>\n<div class=\"clearfix\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<hr \/>\n<p align=\"center\"><span style=\"color: #663300\">Copyright \u00a9 Dicastero per la Comunicazione &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta apost\u00f3lica del sumo pont\u00edfice Juan Pablo II al episcopado, al clero y a los fieles como preparaci\u00f3n del Jubileo del a\u00f1o 2000<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":17440,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[102,104],"tags":[163,9170,9171,795,4385,9169],"class_list":["post-76088","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos","category-documentos-papa-completos-es","tag-carta-apostolica","tag-clero-2","tag-fieles","tag-juan-pablo-ii","tag-jubileo","tag-tertio-millennio-adveniente"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Tertio Millenio Adveniente &#8211; 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