{"id":74205,"date":"2023-04-17T09:50:39","date_gmt":"2023-04-17T07:50:39","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=74205"},"modified":"2023-04-17T11:49:22","modified_gmt":"2023-04-17T09:49:22","slug":"a-35-anos-de-la-carta-apostolica-mulieris-dignitatem-de-ss-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/a-35-anos-de-la-carta-apostolica-mulieris-dignitatem-de-ss-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"A 35 a\u00f1os de &#8216;Mulieris Dignitatem&#8217;, Carta de Juan Pablo II"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-74205-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/A-35-anos-de-la-Carta-Apostolica-Mulieris.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/A-35-anos-de-la-Carta-Apostolica-Mulieris.mp3\">https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/A-35-anos-de-la-Carta-Apostolica-Mulieris.mp3<\/a><\/audio>\n<p>Resultan muchos los estudios provocados por Juan Pablo II con respecto a las mujeres. Es, sin lugar a duda, el Papa que m\u00e1s ha escrito sobre nosotras. Pero antes que \u00e9l, otros Obispos de Roma fueron incorporando a su discurso el papel de las mujeres de manera gradual y eso el mismo Juan Pablo II lo expresa al comienzo de su Carta Apost\u00f3lica, Mulieris Dignitatem (MD).<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a><\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar este inter\u00e9s en el tema: si la Iglesia despu\u00e9s del Concilio Vaticano II deb\u00eda ser fiel a s\u00ed misma, era indispensable que estuviera al tanto de los reclamos y las inquietudes de las mujeres no ya en el \u00e1mbito <em>extra Ecclesiae<\/em>, sino <em>intra Ecclesiae<\/em>.<\/p>\n<p>Ellas comienzan alrededor de los \u00b460, a estudiar Teolog\u00eda y esa incursi\u00f3n no fue inocua: miradas nuevas, ex\u00e9gesis distintas y pasadas por alto por las miradas masculinas, irrumpieron de una forma que fue adquiriendo tintes a veces suaves, otras tantas confrontativos. Los reclamos de las mujeres en la sociedad entera fueron impregnando tambi\u00e9n los reclamos dentro de la Iglesia. Si \u00e9sta hab\u00eda sido gobernada durante dos mil a\u00f1os por los varones, hab\u00eda que volver a pensarla desde otros lugares en los que la mirada femenina fuera incluida. Despu\u00e9s que Juan XXIII dejara entrar el aire fresco e irrumpiera esa primavera de la Iglesia que fue el Concilio Vaticano II, las estructuras eclesiales fueron cuestionadas fuertemente. Una Iglesia misionera, que quiere ser m\u00e1s \u201cbarca\u201d que \u201croca\u201d, no puede no tomar en cuenta a las mujeres en esa nueva etapa que renac\u00eda post Concilio.<\/p>\n<p>En el campo social y pol\u00edtico la segunda ola del feminismo irrumpi\u00f3 con toda su fuerza alrededor de los 70 y 80, posicionando sobre todo a las mujeres blancas de clase media en los lugares donde antes eran ocupados por los varones. Esa fuerza tambi\u00e9n lleg\u00f3 a la Iglesia y a sus espacios evangelizadores. \u201cLa hora de la mujer\u201d, como lo hab\u00eda expresado Pablo VI en la Clausura del Concilio Vaticano II, hab\u00eda llegado con toda su fuerza y sus cuestionamientos hacia un <em>statu quo<\/em> que obligaba a repensar las estructuras de nuevo. La jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica ya no pod\u00eda mirar para otro lado justamente porque dentro de sus filas, las mujeres que ten\u00edan a su cargo las diversas actividades pastorales, eran las que mayoritariamente segu\u00edan llenando los atrios de las Iglesias y las celebraciones lit\u00fargicas.<\/p>\n<p>Por ello Juan Pablo II tom\u00f3 la iniciativa, aprovechando el A\u00f1o Mariano, para hablar de la dignidad de las mujeres en su Carta Apost\u00f3lica. Una carta que fue bien aceptada, aunque tambi\u00e9n con sus objeciones.<\/p>\n<p>Por un lado, siempre es bien recibido que se visibilice el papel de las mujeres, sobre todo en una estructura tan masculinizada como es la Iglesia en su jerarqu\u00eda. En ese entonces (m\u00e1s a\u00fan que ahora) llamaba la atenci\u00f3n que todos los \u00f3rganos de gobierno de la Iglesia fueran comandados por varones, con escasa o ninguna injerencia de las mujeres. Hablar de la \u201cdignidad\u201d y la \u201cigualdad\u201d de las mujeres, fue un claro avance en lograr que la voz de las mujeres se escuche con el debido respeto y en condiciones de reciprocidad. La fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica que hace el Papa polaco sobre la igual dignidad de var\u00f3n y mujer es de una belleza sublime, haciendo hincapi\u00e9 en que la imagen y semejanza del hombre es para el var\u00f3n y la mujer juntos y por ello, ambos se entienden desde una relaci\u00f3n, lo mismo que la Sant\u00edsima Trinidad:<\/p>\n<p>\u201cEl modelo de esta interpretaci\u00f3n de la persona es Dios mismo como Trinidad, como comuni\u00f3n de Personas. Decir que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de este Dios quiere decir tambi\u00e9n que el hombre est\u00e1 llamado a existir \u00abpara\u00bb los dem\u00e1s, a convertirse en un don.\u201d (MD, 7)<\/p>\n<p>Pero esta relaci\u00f3n se fundamenta en la diferencia, y es por ello que la MD ataca el coraz\u00f3n mismo del feminismo de la segunda ola, que es el feminismo de la igualdad. Porque no podemos afirmar el \u201cgenio\u201d femenino, sin distinguirlo del masculino. Son miradas diferentes, particulares a cada sexo, y justamente all\u00ed encontramos la riqueza de lo diverso. Si la mujer abandona esa diferencia, comienza a tener una mirada masculinizada y, por tanto, opresora de su mismo ser mujer porque no responde a su naturaleza sino a estructuras sociales hechas por los hombres. La diferencia biol\u00f3gica, psicol\u00f3gica y social de una y otro da muestras de esa diversidad de dones y carismas que requiere el hombre (var\u00f3n y mujer) para su plenitud.<\/p>\n<p>Por otro lado, la postura de MD es de alguna manera, tambi\u00e9n parcial ya que, a pesar de la igual dignidad, reduce en cierta forma a las mujeres al \u00e1mbito de lo privado al distinguir dos dimensiones de la mujer, el de la maternidad y el de la virginidad, sin hacer referencia al \u00e1mbito de lo p\u00fablico. Al respecto tenemos una mirada cr\u00edtica, al notar que es justamente el espacio p\u00fablico el que necesita de las mujeres, y ello no tendr\u00eda por qu\u00e9 ser socavador de la estructura familiar y matrimonial. El \u00e9nfasis de Juan Pablo II al genio femenino dentro de la maternidad y de la virginidad deja un gusto a poco para aquellas mujeres que optaron por evangelizar en los ambientes laborales y p\u00fablicos. Si esa opci\u00f3n no est\u00e1, podemos caer ciertamente en una especie de \u201cesencialismo\u201d, en el cual la biolog\u00eda de la mujer la lleva a los \u00e1mbitos de las profesiones de cuidado, de la maternidad o de la vida consagrada exclusivamente.<\/p>\n<p>Por ello entiendo que su lectura se completa con la siguiente carta apost\u00f3lica, Christifidelis Laici (CFL), fechada en diciembre de ese mismo a\u00f1o, donde Juan Pablo II s\u00ed tiene all\u00ed una mirada m\u00e1s amplia de las mujeres:<\/p>\n<p>\u201cEn este sentido, los Padres sinodales han escrito: \u00abParticipen las mujeres en la vida de la Iglesia sin ninguna discriminaci\u00f3n, tambi\u00e9n en las consultaciones y en la elaboraci\u00f3n de las decisiones\u00bb. Y adem\u00e1s han dicho: \u00abLas mujeres\u2014las cuales tienen ya una gran importancia en la transmisi\u00f3n de la fe y en la prestaci\u00f3n de servicios de todo tipo en la vida de la Iglesia\u2014 deben ser asociadas a la preparaci\u00f3n de los documentos pastorales y de las iniciativas misioneras, y deben ser reconocidas como cooperadoras de la misi\u00f3n de la Iglesia en la familia, en la profesi\u00f3n y en la comunidad civil\u00bb (CFL, 51)<\/p>\n<p>A la primera tarea de la mujer, esto es, la <em>responsabilidad de dar plena dignidad a la vida matrimonial y a la maternidad<\/em>, Juan Pablo II reconoce una segunda tarea, que es la de <em>asegurar la dimensi\u00f3n moral de la cultura, de una cultura digna del hombre, de su vida personal y social.<\/em> (CFL, 51)<\/p>\n<p>Debido a eso se hace necesaria la participaci\u00f3n de la mujer en todos los espacios posibles. No en oposici\u00f3n ni en subordinaci\u00f3n con respecto a los varones, sino en reciprocidad y complementaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hablar del papel de las mujeres en la Iglesia es tambi\u00e9n hablar del papel de los laicos y por ello las dos cartas apost\u00f3licas deber\u00edan leerse en continuidad, aprovechando los 35 a\u00f1os de ambas. Llama la atenci\u00f3n que entre una Carta apost\u00f3lica y la otra pasaron solamente tres meses.<\/p>\n<p>El problema que encontramos en estas declamaciones es que llevarlas a la pr\u00e1ctica se hace m\u00e1s dif\u00edcil porque las estructuras eclesiales y la vida civil est\u00e1n configurados sobre criterios masculinos. Decimos esto no por una cr\u00edtica destructiva, sino como un hecho hist\u00f3rico: no podemos negarlo, es as\u00ed de facto. Por ello se hace indispensable incorporar la perspectiva de las mujeres a esas estructuras que nos obligan muchas veces a tener que decidir si formar una familia o ser profesional, si tener un hijo o no o m\u00e1s de uno. Porque las estructuras no est\u00e1n hechas a\u00fan para nosotras si no incluyen la posibilidad de la maternidad. Y quiz\u00e1s all\u00ed se encuentre la piedra de \u201ctoque\u201d de todo el cambio que implic\u00f3 la incorporaci\u00f3n de la mujer al mundo del trabajo remunerado.<\/p>\n<p>El temor de la Iglesia, sobre todo de principio del siglo XX, fue que si las mujeres se incorporaban al mundo del trabajo y dejaban el \u00e1mbito de lo dom\u00e9stico, la familia iba a ser la principal perjudicada<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. \u00a0Pero la mirada sobre la familia era una mirada reductiva de roles fijos e inmutables, donde la mujer se encargaba de los hijos y el padre era el \u00fanico proveedor. Esa mirada, gracias a Dios y al trabajo de los feminismos es imposible tenerla en la actualidad. No s\u00f3lo por las condiciones econ\u00f3micas y sociales, sino tambi\u00e9n porque al trabajar los dos, la estructura familiar debi\u00f3 ser repensada nuevamente. Hoy la familia se entiende de manera m\u00e1s din\u00e1mica, con roles que van cambiando de acuerdo con las realidades laborales y particulares. Ello implica de suyo que en el centro de la familia no se encuentre ni en la mujer ni en el var\u00f3n, sino en el hijo. Si el hijo est\u00e1 en el centro, la madre y el padre van a trabajar juntos como un verdadero equipo, para lograr la felicidad y plenitud del hijo. De all\u00ed que no s\u00f3lo cambi\u00f3 la mirada sobre la mujer, sino cambi\u00f3 tambi\u00e9n la mirada sobre el var\u00f3n y la paternidad. Esta centralismo del hijo posibilita asimismo una perspectiva de familia que trasciende la polaridad padre-madre.<\/p>\n<p>La familia requiere de una participaci\u00f3n de mujeres y varones por igual, y si bien en Juan Pablo II encontramos un \u00e9nfasis de las condiciones biofiosiol\u00f3gicas, no las reduce a ellas:<\/p>\n<p>\u201cEl an\u00e1lisis cient\u00edfico confirma plenamente que la misma constituci\u00f3n f\u00edsica de la mujer y su organismo tienen una disposici\u00f3n natural para la maternidad, es decir, para la concepci\u00f3n, gestaci\u00f3n y parto del ni\u00f1o, como fruto de la uni\u00f3n matrimonial con el hombre. Al mismo tiempo, todo esto corresponde tambi\u00e9n a la estructura ps\u00edquico-f\u00edsica de la mujer. Todo lo que las diversas ramas de la ciencia dicen sobre esta materia es importante y \u00fatil, a condici\u00f3n de que no se limiten a una interpretaci\u00f3n exclusivamente biofisiol\u00f3gica de la mujer y de la maternidad. Una imagen as\u00ed \u00abempeque\u00f1ecida\u00bb estar\u00eda a la misma altura de la concepci\u00f3n materialista del hombre y del mundo. En tal caso se habr\u00eda perdido lo que verdaderamente es esencial: la maternidad, como hecho y fen\u00f3meno humano, tiene su explicaci\u00f3n plena en base a la verdad sobre la persona.\u201d (MD, 18)<\/p>\n<p>Es evidente que la mirada de Juan Pablo II fue un gran aporte para los feminismos dentro de la Iglesia cat\u00f3lica. Y que a medida que pase el tiempo y vayamos madurando esa dignidad propia de mujeres y varones, podremos agregar al magisterio pontificio algunos elementos que era imposible que el Papa polaco los tuviera en cuenta en su tiempo.<\/p>\n<p>Si bien la MD no puede abarcar todos los temas y problemas que presenta la cuesti\u00f3n de la mujer en el \u00e1mbito p\u00fablico, nos proporciona una br\u00fajula indispensable: tanto por su fundamentaci\u00f3n, como por la inquietud de poner en di\u00e1logo la teolog\u00eda, el Magisterio y la Tradici\u00f3n con los planteos que irrumpen de manera innegable en nuestra vida cotidiana.<\/p>\n<p>Pasaron 35 a\u00f1os de la MD y de la CFL. Algunos elementos siguen vigentes (como la fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica de la igualdad) otros elementos no tanto (como el ver a la mujer desde la maternidad y la virginidad exclusivamente). Pero de eso se trata en definitiva el Magisterio de la Iglesia: siempre est\u00e1 sujeto al tiempo y a sus interpretaciones temporales y all\u00ed est\u00e1 la riqueza de un Cristo que se hizo hombre y asumi\u00f3 la condici\u00f3n humana con su historicidad. Porque Cristo es verdaderamente hombre, asumi\u00f3 la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica de su \u00e9poca y porque Cristo es verdaderamente Dios trasciende la \u00e9poca y siempre \u201chace nuevas todas las cosas\u201d (Ap. 21, 5).<\/p>\n<p>Est\u00e1 en nosotros seguir desarrollando respuestas que den cuenta de los problemas que acucian a la sociedad en general y a la Iglesia en particular, teniendo presente tanto los elementos perennes como los elementos sometidos a la cultura y a la \u00e9poca. Incorporar la perspectiva de las mujeres en todas las instituciones hechas por el hombre para que esas estructuras permitan la igualdad de oportunidades y que el genio femenino las dinamice e impidan que se conviertan parciales y unilateralizadas. La Iglesia en su estructura de gobierno deber\u00eda ser ejemplo de inclusi\u00f3n, apertura e igualdad. Porque ese fue el trato que Jes\u00fas dio a las mujeres en su \u00e9poca, incluy\u00e9ndolas siempre y llam\u00e1ndolas tambi\u00e9n a ellas como disc\u00edpulas, marcando de esta manera el camino a seguir.<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a><\/p>\n<p>Tenemos un gran desaf\u00edo todos y en la misma medida: varones y mujeres, laicos y consagrados, Porque el Esp\u00edritu sopla en todo el Pueblo de Dios por igual.<\/p>\n<p><strong>Cecilia E. Sturla<\/strong><\/p>\n<p>Directora del Instituto de la Familia y la Vida Juan Pablo II de Universidad Cat\u00f3lica de Salta y Exalumna de la <a href=\"https:\/\/liderescatolicos.es\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Academia de L\u00edderes Cat\u00f3licos<\/a><\/p>\n<p>***<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u00a0\u201cLa dignidad de la mujer y su vocaci\u00f3n, objeto constante de la reflexi\u00f3n humana y cristiana, ha asumido en estos \u00faltimos a\u00f1os una importancia muy particular. Esto lo demuestran, entre otras cosas, las intervenciones del Magisterio de la Iglesia, reflejadas en varios documentos del Concilio Vaticano II, que en el Mensaje final afirma: \u00abLlega la hora, ha llegado la hora en que la vocaci\u00f3n de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jam\u00e1s alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutaci\u00f3n tan profunda, las mujeres llenas del esp\u00edritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga\u00bb. Las palabras de este Mensaje resumen lo que ya se hab\u00eda expresado en el Magisterio conciliar, especialmente en la Constituci\u00f3n Pastoral Gaudium et spes y en el Decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los seglares. Tomas de posici\u00f3n similares se hab\u00edan manifestado ya en el per\u00edodo preconciliar, por ejemplo, en varios discursos del Papa P\u00edo XII[4] y en la Enc\u00edclica Pacem in terris del Papa Juan XXIII. Despu\u00e9s del Concilio Vaticano II, mi predecesor Pablo VI expres\u00f3 tambi\u00e9n el alcance de este \u00absigno de los tiempos\u00bb, atribuyendo el t\u00edtulo de Doctoras de la Iglesia a Santa Teresa de Jes\u00fas y a Santa Catalina de Siena, y adem\u00e1s instituyendo, a petici\u00f3n de la Asamblea del S\u00ednodo de los Obispos en 1971, una Comisi\u00f3n especial cuya finalidad era el estudio de los problemas contempor\u00e1neos en relaci\u00f3n con la \u00abefectiva promoci\u00f3n de la dignidad y de la responsabilidad de las mujeres\u00bb.\u201d (MD, 1 y 2)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> V\u00e9ase al respecto el siguiente n\u00famero 27 de la Carta Enc\u00edclica <em>Casti Connubii<\/em>, escrita por P\u00edo XI: \u201cTodos los que empa\u00f1an el brillo de la fidelidad y castidad conyugal, como maestros que son del error, echan por tierra tambi\u00e9n f\u00e1cilmente la fiel y honesta sumisi\u00f3n de la mujer al marido; y muchos de ellos se atreven todav\u00eda a decir, con mayor audacia, que es una indignidad la servidumbre de un c\u00f3nyuge para con el otro; que, al ser iguales los derechos de ambos c\u00f3nyuges, defienden presuntuos\u00edsimamente que por violarse estos derechos, a causa de la sujeci\u00f3n de un c\u00f3nyuge al otro, se ha conseguido o se debe llegar a conseguir una cierta emancipaci\u00f3n de la mujer. Distinguen tres clases de emancipaci\u00f3n, seg\u00fan tenga por objeto el gobierno de la sociedad dom\u00e9stica, la administraci\u00f3n del patrimonio familiar o la vida de la prole que hay que evitar o extinguir, llam\u00e1ndolas con el nombre de emancipaci\u00f3n social, econ\u00f3mica y fisiol\u00f3gica: fisiol\u00f3gica, porque quieren que las mujeres, a su arbitrio, est\u00e9n libres o que se las libre de las cargas conyugales o maternales propias de una esposa (emancipaci\u00f3n \u00e9sta que ya dijimos suficientemente no ser tal, sino un crimen horrendo); econ\u00f3mica, porque pretenden que la mujer pueda, aun sin saberlo el marido o no queri\u00e9ndolo, encargarse de sus asuntos, dirigirlos y administrarlos haciendo caso omiso del marido, de los hijos y de toda la familia; social, finalmente, en cuanto apartan a la mujer de los cuidados que en el hogar requieren su familia o sus hijos, para que pueda entregarse a sus aficiones, sin preocuparse de aqu\u00e9llos y dedicarse a ocupaciones y negocios, aun a los p\u00fablicos.\u201d<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> \u201cEn las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, as\u00ed como en su modo de comportarse, no se encuentra nada que refleje la habitual discriminaci\u00f3n de la mujer, propia del tiempo; por el contrario, sus palabras y sus obras expresan siempre el respeto y el honor debido a la mujer. La mujer encorvada es llamada \u00abhija de Abraham\u00bb (Lc 13, 16), mientras en toda la Biblia el t\u00edtulo de \u00abhijo de Abraham\u00bb se refiere s\u00f3lo a los hombres. Recorriendo la v\u00eda dolorosa hacia el G\u00f3lgota, Jes\u00fas dir\u00e1 a las mujeres: \u00abHijas de Jerusal\u00e9n, no llor\u00e9is por m\u00ed\u00bb Lc 23, 28). Este modo de hablar sobre las mujeres y a las mujeres, y el modo de tratarlas, constituye una clara \u00abnovedad\u00bb respecto a las costumbres dominantes entonces.\u201d (MD, 13)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablar del papel de las mujeres en la Iglesia es tambi\u00e9n hablar del papel de los laicos<\/p>\n","protected":false},"author":107,"featured_media":74206,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[130],"tags":[163,4049,159,8896,1222,4953],"class_list":["post-74205","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-voces","tag-carta-apostolica","tag-mujer-es","tag-mujeres","tag-mulieris-dignitatem","tag-san-juan-pablo-ii","tag-trending-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>A 35 a\u00f1os de &#039;Mulieris Dignitatem&#039;, Carta de Juan Pablo II &#8211; 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