{"id":73642,"date":"2023-04-06T13:42:11","date_gmt":"2023-04-06T11:42:11","guid":{"rendered":"https:\/\/exaudi.org\/?p=73642"},"modified":"2023-04-07T11:34:46","modified_gmt":"2023-04-07T09:34:46","slug":"sin-el-espiritu-del-senor-no-hay-vida-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/exaudi.org\/es\/sin-el-espiritu-del-senor-no-hay-vida-cristiana\/","title":{"rendered":"Sin el Esp\u00edritu del Se\u00f1or no hay vida cristiana"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-73642-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Sin-el-Espiritu-del-Senor-no-hay-vida-cristiana.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Sin-el-Espiritu-del-Senor-no-hay-vida-cristiana.mp3\">https:\/\/exaudi.org\/wp-content\/uploads\/2023\/04\/Sin-el-Espiritu-del-Senor-no-hay-vida-cristiana.mp3<\/a><\/audio>\n<p>A las 9.30 de esta ma\u00f1ana, festividad del Jueves Santo, el Santo Padre Francisco ha presidido en la Bas\u00edlica Vaticana, la Misa Crismal, Liturgia celebrada en este d\u00eda en todas las iglesias catedrales.<\/p>\n<p>La Misa Crismal es concelebrada por el Santo Padre con los Cardenales, Obispos, el Vicario General de Su Santidad y el Vicegerente de la Di\u00f3cesis de Roma y los Presb\u00edteros (diocesanos y religiosos) presentes en Roma.<\/p>\n<p>Durante la Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica, los sacerdotes renuevan las promesas hechas en el momento de la Sagrada Ordenaci\u00f3n; a continuaci\u00f3n, se procede a la bendici\u00f3n del \u00f3leo de los enfermos, del \u00f3leo de los catec\u00famenos y del crisma.<\/p>\n<p>Publicamos a continuaci\u00f3n la Homil\u00eda que el Papa pronuncia tras la proclamaci\u00f3n del Santo Evangelio:<\/p>\n<p>***<\/p>\n<h3><strong>Homil\u00eda del Santo Padre<\/strong><\/h3>\n<div class=\"testo\">\n<div class=\"text parbase vaticanrichtext\">\n<p>\u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed\u00bb (<i>Lc<\/i>\u00a04,18). A partir de este vers\u00edculo comenz\u00f3 la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas y este mismo vers\u00edculo dio inicio a la Palabra que acabamos de escuchar (cf.\u00a0<i>Is<\/i>\u00a061,1). As\u00ed pues, al principio est\u00e1 el Esp\u00edritu del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Y sobre \u00c9l quisiera reflexionar hoy con ustedes, queridos hermanos, sobre el Esp\u00edritu del Se\u00f1or. Porque sin el Esp\u00edritu del Se\u00f1or no hay vida cristiana y, sin su unci\u00f3n, no hay santidad. \u00c9l es\u00a0<i>el protagonista<\/i>\u00a0y, en este d\u00eda en que naci\u00f3 el sacerdocio, es hermoso reconocer que \u00c9l est\u00e1 en el origen de nuestro ministerio, de la vida y de la vitalidad de todo pastor. En efecto, la santa Madre Iglesia nos ense\u00f1a a profesar que el Esp\u00edritu Santo es \u00abdador de vida\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, como lo afirm\u00f3 Jes\u00fas diciendo: \u00abEl Esp\u00edritu es el que\u00a0<i>da Vida<\/i>\u00bb (\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a06,63); una ense\u00f1anza de la que se hizo eco el ap\u00f3stol Pablo, quien escribi\u00f3 que \u00abla letra mata, pero el Esp\u00edritu\u00a0<i>da vida<\/i>\u00bb (\u00a0<i>2 Co\u00a0<\/i>3,6) y habl\u00f3 de \u00abla ley del Esp\u00edritu, que\u00a0<i>da la Vida<\/i>\u00a0[\u2026] en Cristo Jes\u00fas\u00bb (\u00a0<i>Rm<\/i>\u00a08,2). Sin \u00c9l, tampoco la Iglesia ser\u00eda la Esposa viva de Cristo, sino a lo sumo una organizaci\u00f3n religiosa \u2014m\u00e1s o menos buena\u2014; no ser\u00eda el Cuerpo de Cristo, sino un templo construido por manos humanas. \u00bfC\u00f3mo, pues, puede edificarse la Iglesia, si no es a partir del hecho de que somos \u201ctemplos del Esp\u00edritu Santo\u201d que \u201chabita en nosotros\u00bb\u201d (cf.\u00a0<i>1 Co<\/i>\u00a06,19; 3,16)? No podemos dejarlo de lado o aparcarlo en alguna zona de devoci\u00f3n. No, debemos ponerlo en el centro. Necesitamos decirle cada d\u00eda: \u201cVen porque sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre\u201d\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p><i>El Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed<\/i>. Cada uno de nosotros puede decir esto; y no es presunci\u00f3n, es una realidad, pues todo cristiano, especialmente todo sacerdote, puede hacer suyas las siguientes palabras: \u00abporque el Se\u00f1or me ha ungido\u00bb (<i>Is<\/i>\u00a061,1). Hermanos, sin m\u00e9ritos, por pura gracia hemos recibido una unci\u00f3n que nos ha hecho padres y pastores en el Pueblo santo de Dios. Consideremos, pues, este aspecto del Esp\u00edritu:\u00a0<i>la unci\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<p>Tras la primera \u201cunci\u00f3n\u201d que tuvo lugar en el vientre de Mar\u00eda, el Esp\u00edritu descendi\u00f3 sobre Jes\u00fas en el Jord\u00e1n. Despu\u00e9s de esto, como explica san Basilio, \u00abtoda acci\u00f3n [de Cristo] se iba realizando con la copresencia del Esp\u00edritu Santo\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. En efecto, por el poder de esa unci\u00f3n, predicaba y realizaba signos; en virtud de ella \u00absal\u00eda de \u00c9l una fuerza que sanaba a todos\u00bb (\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a06,19). Jes\u00fas y el Esp\u00edritu act\u00faan siempre juntos, de modo que son como las dos manos del Padre\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>\u00a0\u2014Ireneo dice esto\u2014 que, extendidas hacia nosotros, nos abrazan y nos levantan. Y por ellas fueron marcadas nuestras manos, ungidas por el Esp\u00edritu de Cristo. S\u00ed, hermanos, el Se\u00f1or no s\u00f3lo nos ha elegido y llamado de aqu\u00ed y de all\u00e1, sino que ha derramado en nosotros la unci\u00f3n de su Esp\u00edritu, el mismo Esp\u00edritu que descendi\u00f3 sobre los Ap\u00f3stoles. Hermanos, nosotros somos \u201cungidos\u201d.<\/p>\n<p>Fij\u00e9monos, pues, en ellos, en los Ap\u00f3stoles. Jes\u00fas los eligi\u00f3 y a su llamada dejaron sus barcas, sus redes, sus casas y todo lo dem\u00e1s. La unci\u00f3n de la Palabra cambi\u00f3 sus vidas. Con entusiasmo siguieron al Maestro y comenzaron a predicar, convencidos de que m\u00e1s tarde realizar\u00edan cosas a\u00fan mayores; hasta que lleg\u00f3 la Pascua. All\u00ed todo pareci\u00f3 detenerse; llegaron a renegar y a abandonar al Maestro. No debemos tener miedo. Seamos valientes para leer nuestra propia vida y nuestras ca\u00eddas. Ellos llegaron a renegar y a abandonar al Maestro, Pedro el primero. Tomaron conciencia de su propia incapacidad y se dieron cuenta de que no lo hab\u00edan entendido. El \u201cno conozco a ese hombre\u201d (cf.\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a014,71), que Pedro pronunci\u00f3 en el patio del sumo sacerdote despu\u00e9s de la \u00daltima Cena, no es s\u00f3lo una defensa impulsiva, sino una confesi\u00f3n de ignorancia espiritual: \u00e9l y los dem\u00e1s quiz\u00e1 se esperaban una vida de \u00e9xito detr\u00e1s de un Mes\u00edas que atra\u00eda multitudes y hac\u00eda prodigios, pero no reconoc\u00edan el esc\u00e1ndalo de la cruz, que ech\u00f3 por tierra sus certezas. Jes\u00fas sab\u00eda que no lograr\u00edan nada solos, y por eso les prometi\u00f3 el Par\u00e1clito. Y fue precisamente esa \u201csegunda unci\u00f3n\u201d, en Pentecost\u00e9s, la que transform\u00f3 a los disc\u00edpulos, llev\u00e1ndolos a pastorear el reba\u00f1o de Dios y ya no a s\u00ed mismos. Esta es la contradicci\u00f3n que debemos resolver: \u00bfsoy pastor del pueblo de Dios o de m\u00ed mismo? Y es el Esp\u00edritu el que nos ense\u00f1a el camino. Fue esa unci\u00f3n fervorosa la que extingui\u00f3 su religiosidad centrada en s\u00ed mismos y en sus propias capacidades. Al recibir el Esp\u00edritu, los miedos y vacilaciones de Pedro se evaporan; Santiago y Juan, consumidos por el deseo de dar la vida, dejan de buscar puestos de honor (cf.\u00a0<i>Mc\u00a0<\/i>10,35-45), nuestro carrerismo, hermanos; los dem\u00e1s ya no permanecen encerrados y temerosos en el cen\u00e1culo, sino que salen y se convierten en ap\u00f3stoles en el mundo. Es el Esp\u00edritu el que cambia nuestro coraz\u00f3n, el que lo pone en ese plano distinto, diferente.<\/p>\n<p>Hermanos, un itinerario como \u00e9ste abarca nuestra vida sacerdotal y apost\u00f3lica. Tambi\u00e9n para nosotros hubo una primera unci\u00f3n, que comenz\u00f3 con una llamada de amor que cautiv\u00f3 nuestros corazones. Por ella soltamos las amarras, y sobre ese entusiasmo genuino descendi\u00f3 la fuerza del Esp\u00edritu, que nos consagr\u00f3. Luego, seg\u00fan el tiempo de Dios, llega para cada uno la etapa pascual, que marca el momento de la verdad. Y es un momento de crisis, que reviste diversas formas. A todos, antes o despu\u00e9s, nos sucede que experimentamos decepciones, dificultades, debilidades, con el ideal que parece desgastarse entre las exigencias de la realidad, mientras se impone una cierta costumbre; y algunas pruebas, antes dif\u00edciles de imaginar, hacen que la fidelidad parezca m\u00e1s dif\u00edcil que antes. Esta etapa \u2014de esta tentaci\u00f3n, de esta prueba que todos tuvimos, tenemos y tendremos\u2014 esta etapa representa un momento culminante para quienes han recibido la unci\u00f3n. De ella se puede salir mal parado, desliz\u00e1ndose hacia una cierta mediocridad, arrastr\u00e1ndose cansinamente hacia una \u201cnormalidad\u201d en la que se insin\u00faan tres tentaciones peligrosas: la del\u00a0<i>compromiso<\/i>, por la que uno se conforma con lo que puede hacer; la de los\u00a0<i>suced\u00e1neos<\/i>, por la que uno intenta \u201cllenarse\u201d con algo distinto respecto a nuestra unci\u00f3n; la del\u00a0<i>des\u00e1nimo\u00a0<\/i>\u2014que es lo m\u00e1s com\u00fan\u2014, por la que, insatisfecho, uno sigue adelante por pura inercia. Y aqu\u00ed est\u00e1 el gran riesgo: mientras las apariencias permanecen intactas \u2014\u201cYo soy sacerdote, yo soy cura\u201d\u2014, nos replegamos sobre nosotros mismos y seguimos adelante desmotivados; la fragancia de la unci\u00f3n ya no perfuma la vida y el coraz\u00f3n; y el coraz\u00f3n ya no se ensancha, sino que se encoge, envuelto en el desencanto. Es un destilado, \u00bfentiendes? Cuando el sacerdocio lentamente va desliz\u00e1ndose hacia el clericalismo y el sacerdote se olvida de ser pastor del pueblo, para convertirse en un cl\u00e9rigo estatal.<\/p>\n<p>Pero esta crisis puede convertirse tambi\u00e9n en el punto de inflexi\u00f3n del sacerdocio, en la \u00abetapa decisiva de la vida espiritual, en la que hay que hacer la elecci\u00f3n definitiva entre Jes\u00fas y el mundo, entre la heroicidad de la caridad y la mediocridad, entre la cruz y un cierto bienestar, entre la santidad y una honesta fidelidad al compromiso religioso\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Al final de esta celebraci\u00f3n les dar\u00e1n como regalo un cl\u00e1sico, un libro que trata este problema:\u00a0<i>\u201cLa segunda llamada\u201d<\/i>, es un cl\u00e1sico del padre Voillaume que aborda este problema, l\u00e9anlo. Por otra parte, todos nosotros necesitamos reflexionar sobre este momento de nuestro sacerdocio.\u00a0<i><\/i>Es el momento bendito en el que, como los disc\u00edpulos en Pascua, estamos llamados a ser \u00absuficientemente humildes para confesarnos vencidos por Cristo humillado y crucificado, y aceptar iniciar un nuevo camino,\u00a0<i>el del Esp\u00edritu<\/i>, el de la fe y el de un amor fuerte y sin ilusiones\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>. Es el\u00a0<i>kair\u00f3s<\/i>\u00a0en el que descubre que \u00ablas cosas no se reducen a abandonar la barca y las redes para seguir a Jes\u00fas durante un tiempo determinado, sino que exige ir hasta el Calvario, acoger la lecci\u00f3n y el fruto, e ir\u00a0<i>con la ayuda<\/i>\u00a0<i>del Esp\u00edritu Santo<\/i>\u00a0hasta el final de una vida que debe terminar en la perfecci\u00f3n de la divina Caridad\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. Con\u00a0<i>la ayuda del Esp\u00edritu Santo<\/i>: es el tiempo, para nosotros como para los Ap\u00f3stoles, de una \u201csegunda unci\u00f3n\u201d, tiempo de una segunda llamada que debemos escuchar, para la segunda unci\u00f3n, en la que acojamos al Esp\u00edritu no en el entusiasmo de nuestros sue\u00f1os, sino en la fragilidad de nuestra realidad. Es una unci\u00f3n que desvela la verdad en lo profundo de nosotros mismos, que le permite al Esp\u00edritu ungir nuestras debilidades, nuestros trabajos, nuestra pobreza interior. Entonces la unci\u00f3n tiene de nuevo buen olor: la fragancia de Cristo, no la nuestra. En este momento, interiormente, estoy haciendo memoria de algunos de ustedes que est\u00e1n en crisis \u2014dig\u00e1moslo as\u00ed\u2014 que est\u00e1n desorientados y que no saben c\u00f3mo afrontar el camino, c\u00f3mo retomar el camino en esta segunda unci\u00f3n del Esp\u00edritu. A estos hermanos \u2014yo los tengo presentes\u2014 simplemente les digo: \u00e1nimo, el Se\u00f1or es m\u00e1s grande que tu debilidad, que tus pecados. Aband\u00f3nate en el Se\u00f1or y d\u00e9jate llamar una segunda vez, esta vez con la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. La doble vida no te ayudar\u00e1; tirar todo por la ventana, tampoco. Mira hacia adelante, d\u00e9jate acariciar por la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Y el camino para este paso de maduraci\u00f3n es admitir la verdad de la propia debilidad. A esto nos exhorta \u00ab<i>el Esp\u00edritu de la Verdad<\/i>\u00bb (<i>Jn<\/i>\u00a016,13), que nos impulsa a mirar hasta el fondo de nosotros mismos, para preguntarnos: \u00bfmi realizaci\u00f3n depende de lo bueno que soy, del cargo que obtengo, de los cumplidos que recibo, de la carrera que hago, de los superiores o colaboradores, o de las\u00a0<i>comodidades<\/i>\u00a0que puedo garantizarme, o de la unci\u00f3n que perfuma mi vida? Hermanos, la madurez sacerdotal pasa por el Esp\u00edritu Santo, se realiza cuando \u00c9l se convierte en el protagonista de nuestra vida. Entonces todo cambia de perspectiva, incluso las decepciones y las amarguras \u2014tambi\u00e9n los pecados\u2014, porque ya no se trata de mejorar componiendo algo, sino de entregarnos, sin reservarnos nada, a Aquel que nos ha impregnado en su unci\u00f3n y quiere llegar hasta lo m\u00e1s profundo de nosotros. Hermanos, redescubramos entonces que la vida espiritual se vuelve libre y gozosa no cuando se guardan las formas y se hace un remiendo, sino cuando se deja la iniciativa al Esp\u00edritu y, abandonados a sus designios, nos disponemos a servir donde y como se nos pida. \u00a1Nuestro sacerdocio no crece remendando, sino desbord\u00e1ndose!<\/p>\n<p>Si dejamos actuar en nosotros al Esp\u00edritu de la verdad\u00a0<i>custodiaremos la unci\u00f3n\u00a0<\/i>\u2014custodiar la unci\u00f3n\u2014, porque enseguida saldr\u00e1n a la luz las falsedades \u2014las hipocres\u00edas clericales\u2014, las falsedades con las que estamos tentados de convivir. Y el Esp\u00edritu, que \u201clava las manchas\u201d, nos sugerir\u00e1, sin cansarse, que \u201cno manchemos la unci\u00f3n\u201d, ni un poco. Me viene a la memoria aquella frase de Qoh\u00e9let que dice: \u00abUna mosca muerta corrompe y hace fermentar el \u00f3leo del perfumista\u00bb (10,1). Es verdad, toda doblez \u2014la doblez clerical, por favor\u2014 toda doblez que se insin\u00faa es peligrosa, no hay que tolerarla, sino sacarla a la luz del Esp\u00edritu. Porque si \u00abnada es m\u00e1s tortuoso que el coraz\u00f3n humano y no tiene arreglo\u00bb (\u00a0<i>Jr<\/i>\u00a017,9), el Esp\u00edritu Santo es el \u00fanico que nos cura de la infidelidad (cf.\u00a0<i>Os<\/i>\u00a014,5). Para nosotros es una lucha a la que no podemos renunciar, en efecto, es indispensable, como escrib\u00eda san Gregorio Magno, que \u00abquien predica la palabra de Dios considere primero c\u00f3mo debe vivir, para que luego, de su vida, deduzca qu\u00e9 y c\u00f3mo debe predicar. [&#8230;] que no se atreva a decir exteriormente lo que no hubiera o\u00eddo primero en el interior\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>. El maestro interior al que hay que escuchar es el Esp\u00edritu, sabiendo que no hay nada en nosotros que \u00c9l no quiera ungir. Hermanos, custodiemos la unci\u00f3n; que invocar al Esp\u00edritu no sea una pr\u00e1ctica ocasional, sino el aliento de cada d\u00eda. Ven, ven, custodia la unci\u00f3n. Yo, ungido por \u00c9l, estoy llamado a sumergirme en \u00c9l, a dejar que su luz entre en mis sombras \u2014tenemos tantas\u2014 para encontrar la verdad de lo que soy. Dej\u00e9monos impulsar por \u00c9l para combatir las falsedades que se agitan en nuestro interior; y dej\u00e9monos regenerar por \u00c9l en la adoraci\u00f3n, porque cuando lo adoramos, \u00c9l derrama su Esp\u00edritu en nuestros corazones.<\/p>\n<p>\u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque el Se\u00f1or me ha ungido. \u00c9l me envi\u00f3\u00bb \u2014contin\u00faa la profec\u00eda\u2014, y me envi\u00f3 a llevar una buena nueva, liberaci\u00f3n, curaci\u00f3n y gracia (cf.\u00a0<i>Is<\/i>\u00a061,1-2;\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a04,18-19); en una palabra, a llevar\u00a0<i>armon\u00eda<\/i>\u00a0donde no la hay. Porque como dice san Basilio: \u201cEl Esp\u00edritu es armon\u00eda\u201d, es \u00c9l el que crea la armon\u00eda. Despu\u00e9s de haberles hablado de la unci\u00f3n, quisiera decirles algo sobre esta armon\u00eda, que es su consecuencia. En efecto, el Esp\u00edritu Santo es armon\u00eda. Antes que nada, en el cielo. San Basilio explica que \u00abtoda esa armon\u00eda sobrecelestial e indecible en el servicio de Dios y en la sinfon\u00eda mutua de las potencias suprac\u00f3smicas, es imposible que se conserve si no es por la autoridad del Esp\u00edritu\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. Y luego, en la tierra. \u00c9l es, en efecto, en la Iglesia, esa \u00abArmon\u00eda divina y musical\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>que lo une todo;. si no, piensen en un presb\u00edtero sin armon\u00eda, sin Esp\u00edritu, no funciona. \u00c9l suscita la diversidad de los carismas y la recompone en la unidad, crea una concordia que no se basa en la homologaci\u00f3n, sino en la creatividad de la caridad. As\u00ed crea armon\u00eda en la multiplicidad. As\u00ed crea armon\u00eda en un presb\u00edtero. En los a\u00f1os del Concilio Vaticano II, que fue un don del Esp\u00edritu, un te\u00f3logo public\u00f3 un estudio en el que hablaba del Esp\u00edritu no en clave individual, sino plural. Invitaba a pensar en \u00e9l como una Persona divina no tanto singular, sino \u201cplural\u201d, como el \u201cnosotros de Dios\u201d, el \u201cnosotros\u201d del Padre y del Hijo, porque es su nexo, es\u00a0<i>en s\u00ed mismo<\/i>\u00a0concordia, comuni\u00f3n, armon\u00eda\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>. Recuerdo que cuando le\u00ed este tratado teol\u00f3gico \u2014estaba estudiando teolog\u00eda\u2014 me escandalic\u00e9, me parec\u00eda una herej\u00eda, porque en nuestra formaci\u00f3n no se entend\u00eda bien c\u00f3mo era el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Crear armon\u00eda es lo que \u00c9l desea, especialmente a trav\u00e9s de aquellos en quienes ha derramado su unci\u00f3n. Hermanos, crear armon\u00eda entre nosotros no es s\u00f3lo un m\u00e9todo adecuado para que la coordinaci\u00f3n eclesial funcione mejor, no es bailar el minu\u00e9, no es una cuesti\u00f3n de estrategia o cortes\u00eda, sino una exigencia interna de la vida en el Esp\u00edritu. Se peca contra el Esp\u00edritu, que es comuni\u00f3n, cuando nos convertimos, aunque sea por ligereza, en instrumentos de divisi\u00f3n, por ejemplo \u2014y volvemos al mismo tema\u2014 con las murmuraciones. Cuando somos instrumentos de divisi\u00f3n pecamos contra el Esp\u00edritu. Y le hacemos el juego al enemigo, que no sale a la luz y ama los rumores y las insinuaciones, que fomenta los partidos y las cordadas, alimenta la nostalgia del pasado, la desconfianza, el pesimismo, el miedo. Tengamos cuidado, por favor, de no ensuciar la unci\u00f3n del Esp\u00edritu y el manto de la Santa Madre Iglesia con la desuni\u00f3n, con las polarizaciones, con cualquier falta de caridad y de comuni\u00f3n. Recordemos que el Esp\u00edritu, \u201cel nosotros de Dios\u201d, prefiere la forma comunitaria: es decir, la disponibilidad respecto a las propias necesidades, la obediencia respecto a los propios gustos, la humildad respecto a las propias pretensiones.<\/p>\n<p>La armon\u00eda no es una virtud entre otras, es mucho m\u00e1s. San Gregorio Magno escribe: \u00abDe cu\u00e1nto valga, pues, la virtud de la concordia consta, puesto que, sin ella, queda demostrado que las dem\u00e1s virtudes no son virtudes\u00bb\u00a0<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Ayud\u00e9monos, hermanos, a custodiar la armon\u00eda, custodiar la armon\u00eda \u2014esta es la tarea\u2014, empezando no por los dem\u00e1s, sino por uno mismo; pregunt\u00e1ndonos: mis palabras, mis comentarios, lo que digo y escribo, \u00bftienen el sello del Esp\u00edritu o el del mundo? Pienso tambi\u00e9n en la\u00a0<i>amabilidad del sacerdote\u00a0<\/i>\u2014porque muchas veces los curas, nosotros, somos unos maleducados\u2014; pensemos en la amabilidad del sacerdote: si la gente encuentra incluso en nosotros personas insatisfechas, personas descontentas, solterones, que critican y se\u00f1alan con el dedo, \u00bfd\u00f3nde descubrir\u00e1n la armon\u00eda? \u00a1Cu\u00e1nta gente no se acerca o se aleja porque en la Iglesia no se siente acogida y amada, sino mirada con recelo y juzgada! En nombre de Dios, \u00a1acojamos y perdonemos siempre! Recordemos que ser agrios y quejumbrosos, adem\u00e1s de no producir nada bueno, corrompe el anuncio, porque contra-testimonia a Dios, que es comuni\u00f3n y armon\u00eda. Y esto desagrada mucho y sobre todo al Esp\u00edritu Santo, a quien el ap\u00f3stol Pablo nos exhorta a no entristecer (cf.\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a04,30).<\/p>\n<p>Hermanos, les dejo estas reflexiones que han salido del coraz\u00f3n y concluyo dirigi\u00e9ndoles una palabra sencilla e importante: gracias. Gracias por su testimonio, gracias por su servicio; gracias por el mucho bien escondido que hacen, gracias por el perd\u00f3n y el consuelo que dan en nombre de Dios: perdonar siempre, por favor, nunca negar el perd\u00f3n; gracias por su ministerio, que a menudo se realiza en medio de mucho esfuerzo, incomprensiones y poco reconocimiento. Hermanos, que el Esp\u00edritu de Dios, que no defrauda a los que conf\u00edan en \u00c9l, los llene de paz y lleve a t\u00e9rmino lo que ha comenzado en ustedes, para que sean profetas de su unci\u00f3n y ap\u00f3stoles de armon\u00eda.<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>\u00a0S\u00edmbolo niceno-constantinopolitano.<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a>\u00a0Cf. Secuencia de Pentecost\u00e9s.<a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a>\u00a0<i>Spir<\/i>. 16,39.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a>\u00a0Cf. Ireneo,\u00a0<i>Adv. haer.<\/i>\u00a0IV,20,1.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a>\u00a0R. Voillaume, \u00abLa seconda chiamata\u00bb, en S. Stevan ed.,\u00a0<i>La Seconda chiamata. Il coraggio della fragilit\u00e0<\/i>, Bolonia 2018, 15.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd<\/i>., 24.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a>\u00a0<i>Ib\u00edd.<\/i>, 16.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a>\u00a0<i>Homil\u00edas sobre Ezequiel<\/i>, I,X,13-14.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a>\u00a0<i>Spir<\/i>. XVI, 38.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a>\u00a0<i>In Ps<\/i>. 29,1.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a>\u00a0Cf. H. M\u00fchlen,\u00a0<i>Der Heilige Geist als Person. Ich \u2013 Du \u2013 Wir<\/i>, M\u00fcnster in W., 1963.<\/p>\n<p><a class=\" cleaner\" href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2023\/documents\/20230406-omelia-crisma.html#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a>\u00a0<i>Homil\u00edas sobre Ezequiel,<\/i>\u00a0I,VIII,8.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"clearfix\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Santa Misa Crismal   06 abril 2023   Papa Francisco\" width=\"500\" height=\"281\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/Xfa3wa-5hD0?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homil\u00eda del Papa en la Misa Crismal<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":73643,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_crdt_document":"","inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[114,68],"tags":[2419,1085,1379,158],"class_list":["post-73642","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-homilias","category-leon-xiv","tag-featured","tag-jueves-santo","tag-misa-crismal","tag-papa-francisco"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Sin el Esp\u00edritu del Se\u00f1or no hay vida cristiana &#8211; 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